Estamos obligados a rehacer nuestra vida diaria en un nuevo contexto, esquivando un virus. Pero también tenemos el derecho de que se nos den las herramientas suficientes para hacerlo.
Comunidades como Xalpatláhuac han tenido que lidiar solas durante la pandemia. Al mismo tiempo, el gobierno federal hace un despliegue innecesario de recursos para eventos que solo sirven para llenar agenda.
Es probable que el documento que circula se haya dosificado para medir la temperatura en cuanto sus ejes torales, registrar reacciones y eventualmente ajustar o modular sus alcances en una versión final.
Si bien ahora los talibanes prometen una nueva era de paz en Afganistán, muchas afganas no olvidan. Y por ellas, no podemos bajar la voz ni la guardia.
López Obrador ha dado la instrucción a sus incondicionales en el Congreso para diseñar el ataque final: exige cambio completo, renovación tajante en la Sala Superior del TEPJF y en el Consejo General del INE.
Los mexicanos merecemos una verdadera Estrategia Digital Nacional, una política pública digital que nivele el piso ante las desigualdades y nos haga competitivos con el desarrollo de habilidades digitales.
Los gobiernos del mundo deben exigir la protección y las garantías para una evacuación de todos aquellos que en Afganistán tienen razones fundadas para pensar que serán perseguidos.
Hoy y en adelante buena parte de la salud de la república dependerá del éxito en el ejercicio de este tipo de mecanismos y, por ello, es pertinente confiar en las instituciones.
En lugar de prohibir las motos o los dobles remolques, prohibamos a los imprudentes en las carreteras. Quitémosle su derecho a manejar al que recurrentemente rompe las normas.
No vamos a dejar que el gobierno ruin e inhumano, que insiste en mentir y negar el desabasto de medicinas, se salga con la suya. En México sigue habiendo amor por el prójimo.