Melisa Arzate Amaro

Domingo 22 de febrero de 2026

COLUMNISTA-Melisa-Arzate

Melisa Arzate Amaro

Promotora cultural, docente, investigadora y escritora. Es licenciada en Historia del Arte y maestra en Estudios Humanísticos y Literatura Latinoamericana. Ha colaborado para distintos medios y dirige las actividades culturales de La Chula Foro Móvil, Mantarraya Ediciones y Hostería La Bota.

Todos tenemos ganas de jugar siempre y de tomarnos lo verdaderamente importante en serio: reír a carcajadas y disfrutar de la sangre palpitando en la cabeza caliente de felicidad.
La rueda de la fortuna representa, en realidad, la posibilidad de moverse en todas dimensiones y direcciones. Lo importante es montarse, subir a eso que llamamos vida, en cualquier momento de lucidez en medio de la devoradora cotidianidad.
En este momento de horror, caos y guerras particulares, locales, entre géneros, intestinas, regionales, transfronterizas, todas absurdas, todas criminales como escribe la propia Coral Bracho, el arte es irremediablemente político.
La posibilidad de cambio puede ser esperanzadora y emocionante, pero hoy persiste de manera constante y sin tregua, al grado de la desestabilización de cualquier posibilidad de certidumbre en el presente.
Frente a aquellas obras que vi muy quieta de pie junto a mi abuela, atenta a su gesto cautivado y a los ojos entornados como quien contempla lo sagrado, pero sobre todo, en ese recuerdo del jardín con regusto frutal y manos frías, decidí que quería pasar mi vida así, frente a lienzos, óleos y esculturas.
Propongo una filosofía donde uno no combata contra los otros y, mucho menos, contra sí mismo, sino donde se aquilate el peso específico de cada quien y, reconociendo la naturaleza gremial del ser humano, nos unamos para formar una sola escultura: la del amor por la existencia.
La obra, como la vida de Artemisa, fueron signadas por el drama y la violencia de género.
Colisión terrestre, colisión astral. Encuentro y choque, hallazgo y colapso, concordar para discrepar y, entonces, ser en paz.
Que quede aquí la pregunta sobre la obra que cada quien desee levantar con sus días, cosechar con las manos puestas en tierra y remar con el amor de la poesía: a darle, con toda el alma, a la vida que nos llama.
El verdadero tiempo, crecimiento, envejecimiento y temporalidad de los humanos, como individuos y especie, se mide en función de sus experiencias de vida
Hoy, sigo experimentando ese deseo y, casi todos los viernes por la tarde, anhelo ser la pañoleta blanquecina de Tamara de Lempicka
Debemos purgar la plaga, sanar la tierra y volver a sembrar el germen de una sociedad libre de violencia hacia las mujeres, las infancias y todas las mal llamadas minorías.