Melisa Arzate Amaro

Domingo 22 de febrero de 2026

COLUMNISTA-Melisa-Arzate

Melisa Arzate Amaro

Promotora cultural, docente, investigadora y escritora. Es licenciada en Historia del Arte y maestra en Estudios Humanísticos y Literatura Latinoamericana. Ha colaborado para distintos medios y dirige las actividades culturales de La Chula Foro Móvil, Mantarraya Ediciones y Hostería La Bota.

Primero muerta que prescindir de la dádiva de tu atemporal Poesía, Pura López Colomé.
En deuda quedo contigo, David, pintor de versos transparentes, bautista de almas avistadas por las palabras, de poéticas trascendentales en este hoy tan tremebundo, sin ti, a penas incurable.
Van estas letras por ustedes, por todas las que se aman y encaran la marejada, como venga, porque tomadas de la mano sí que se puede saltar, bordando fino muy juntas, escribiendo de frente las nuevas líneas de la feminidad.
Hoy, más que nunca, la poesía será defensa y antídoto, creación y solución para salvaguardar la vida.
No pocas veces, siendo eso que llaman adulta, he intentado reproducir esos instantes de ocio tumbada en el piso o en el pasto, probando nuevamente con la cabeza colgada para ver todo patas arriba o catatónica con las piernas cruzadas en el jardín. No lo consigo.
Tú que esto lees, conviértete en esa especie nueva, arboreussocialis: sal a la calle, detente, piensa en el otro que tanto amas y ama de verdad, ama claro y sincero para, entonces, poder decirte individuo en comunidad.
Hoy todo el país es la pintura de un juramento de vida fallido: más de 100 mil desaparecidas y desaparecidos perfilan un muro como el de La Promesa de Teresa Margolles.
“Me cuidan mis amigas, no la policía. Me cuidan mis amigas de la policía. Me cuidan mis amigas, mis ancestras y mis hermanas”.
Habría querido que Debahni, Luz Raquel, Ingrid y todas las demás mujeres y niñas violentadas, asesinadas, desaparecidas, traficadas, abusadas, acosadas y aterrorizadas en México, vieran salir de su tórax dos pares de alas para volar en libertad.
Esta columna va dedicada a todas las mujeres indígenas de México, las que este país se niega a ver de frente pero le dan vida a lo que nos queda de patria.
Escribo para que no los abandone la memoria, para grabar el disco esplendoroso que amalgame mi historia con la suya hacia el futuro, para volverme una con ellos y surcar la esfera celeste de la lógica.
Estas son las historias que hoy debemos recuperar y no los montajes políticos o los relatos mediáticos fabricados, porque en nuestras familias está la auténtica verdad histórica.