¡Todo es culpa de Tepeyóllotl!
Tepeyóllotl, el dios jaguar de los sismos, ha sido tendencia reciente en redes sociales. Foto: Adobe

Para los aztecas, los sismos tenían voz de jaguar. Al menos eso es lo que revela su mitología, pues el dios de estos fenómenos telúricos, Tepeyóllotl, tenía la forma de este felino, venerado y temido por los pueblos originarios.

De acuerdo con las investigaciones del especialista Guilhem Olivier, Tepeyóllotl, cuyo nombre se puede traducir como “corazón de la montaña”, era un dios jaguar, relacionado con Tezcatlipoca, el “espejo humeante” creador de uno de los soles que rigieron la Tierra.

“Tierra, noche y jaguar estaban entonces estrechamente asociados en el pensamiento indígena”, señala el investigador, quien señala que Tezcatlipoca, quien implantó el primer sol, se transformó en jaguar al ser derrotado por Quetzalcoátl. 

Tanto el rugido del jaguar como el sonido que hace la tierra al moverse, de acuerdo con el investigador, sonaban como presagio de desgracias en el mundo prehispánico, pues era casi seguro el ataque de Tepeyóllotl o algún felino salvaje.

“El jaguar reina en espacios a la vez celestes y terrestres que siempre están en relación con la oscuridad: cielo nocturno, donde lo encontramos bajo la forma de estrellas, principalmente la Osa Mayor, y la luna; y por último la tierra, estos lugares se confunden en el pensamiento indígena con la imagen turbadora de la cueva, residencia privilegiada del felino”, argumenta Olivier.

Según la tradición azteca, el mundo en que vivimos, Nahui-Ollin o cuatro movimiento, concluirá cuando los tzitzimime, una especie de demonios nocturnos cuyo nombre literalmente significa gente enojada, emerjan de la oscuridad para comerse a las personas, mientras que la tierra se perderá en un terremoto sin igual.