Apple sin Steve Jobs: la empresa sigue siendo la más valiosa del mundo
Foto: Tom Coates / Wikimedia Commons

EFE.- Steve Jobs, cofundador de Apple, murió el 5 de octubre de 2011. Una década después, la empresa tecnológica se ha consolidado como la más valiosa del mundo, pese a no haber sacado al mercado dispositivos revolucionarios de la talla del iPhone o el iPad.

Con Tim Cook al frente, quien tomó el relevo a Jobs pocos meses antes de su fallecimiento, la empresa ha seguido ganando valor en Bolsa hasta convertirse en 2018 en la primera compañía estadounidense en alcanzar el billón de dólares.

A partir del estallido de la pandemia de Covid-19 el año pasado, esta cifra se duplicó y superó los dos billones, un hito que la compañía ha mantenido hasta hoy.

La estrategia de Cook ha sido clara desde el principio: consciente de haber perdido la creatividad y visión que Jobs aportaba a la empresa, el nuevo consejero delegado se centró en reforzar y perfeccionar los productos que su antecesor le dejó en herencia, el iPhone y el iPad, además de las computadoras Mac.

Así, los teléfonos siguen representando la mayor fuente de ingresos de la compañía (54%, según los resultados más recientes) y cada cierto tiempo se presentan versiones mejoradas de iPads, MacBooks e iMacs.

Entre los pocos nuevos productos de hardware lanzados desde el fallecimiento de Jobs que han logrado una penetración significativa en el mercado –aunque sin representar el cambio de paradigma que supusieron el iPhone y el iPad– están los relojes inteligentes Apple Watch y los auriculares inalámbricos AirPods.

Además de ser la principal fuerza creativa en Apple, Jobs era un visionario que profetizó los mayores cambios tecnológicos de principios del siglo XXI.

Su fallecimiento a consecuencia de un paro respiratorio, derivado de las metástasis del cáncer de páncreas que le había sido diagnosticado ocho años antes, dejó pasmados a los cientos de miles de fanáticos y seguidores que ya acumulaba y que todavía crecieron más con su leyenda.

Jobs falleció justo un día después de que Cook –quien fue nombrado en agosto de ese mismo año y sigue en el cargo hasta hoy–, presentó el último modelo de teléfono de la compañía, el iPhone 4S. Ese fue el primer evento de presentación de un iPhone sin el cofundador de la empresa.

Como todo inventor destacado, Jobs fue un profeta que ya esbozaba en su mente y en declaraciones públicas nuevos productos que varias décadas después se convertirían en realidad.

En un discurso en la Conferencia Internacional de Diseño de 1983, cuando las laptops apenas habían penetrado en la mayoría de hogares, Jobs explicó que su idea era trabajar para “poner en un libro una computadora increíblemente potente que se pueda llevar a donde uno vaya y que se pueda aprender a usar en 20 minutos”.

Veinticuatro años más tarde, la empresa que él dirigía mostró por primera vez en público un teléfono iPhone y tres años después, la primera tableta iPad.

Con sus funciones innovadoras y su diseño impecable, tanto el iPhone como el iPad fueron los dispositivos que abrieron el camino a dos nuevos mercados, el de los teléfonos inteligentes y el de las tabletas.

Resulta difícil pronosticar si estas dos revoluciones hubiesen ocurrido igual sin la iniciativa de la compañía de Jobs –los teléfonos inteligentes, por ejemplo, ya eran una realidad incipiente antes del iPhone–, pero lo que está claro es que los aparatos de Apple marcaron un antes y un después tanto en funcionalidades como en diseño.