‘La gente compra menos’: Así perciben la inflación las cajeras del súper
Compras en el supermercado. Foto: Pixabay

Comprar los víveres en el supermercado comienza a ser un lujo. Con el aumento en los precios de los alimentos y bebidas, hay personas que piensan dos veces antes de adquirir un producto y buscan otras alternativas para poder llevar lo necesario a casa. 

Las personas al frente de las cajas de los supermercados ven de primera mano cómo la inflación ha golpeado los carritos, la forma en la que la gente ha modificado sus hábitos de consumo, los productos que más han aumentado de precio y las quejas y sorpresas de los usuarios a la hora de pagar. 

La inflación en México no ha dejado de subir. Tan solo en la primera quincena de septiembre se ubicó en 8.76%, de acuerdo con el Inegi, concentrando el mayor aumento en los precios de los productos alimenticios, bebidas y tabaco que fue de 13.27% más caros que hace un año.

La meta del Banco de México (Banxico) es tener la inflación en un rango máximo del 3%, pero ahora sus nuevas expectativas para alcanzarla apuntan hasta el tercer trimestre de 2024, es decir, faltan dos años para lograrlo. 

La-Lista platicó con tres cajeras que cuentan lo que ven cuando un cliente llega a pagar su despensa.

‘Mejor me compro una comida corrida’

Estefany García, de 29 años, trabaja como cajera en una tienda Soriana en la ciudad de Querétaro. Ha notado un aumento constante en el precio del pan de la marca Bimbo. Ella cuenta que los cambios en los precios se daban de manera mensual o bimestral y solo eran de 50 centavos hasta 1.50 pesos. Sin embargo, a finales de julio y principios de agosto fue cuando empezó a notar más los aumentos de precios. En tan solo 15 días han hecho cambio de precios dos veces y fueron de entre cinco y 10 pesos.

“Cuando los precios aumentaron en Bimbo, los clientes me decían que ya había subido mucho. Nosotros no decíamos nada, solo que sí estaban exagerados los precios”, cuenta. 

Algunos de los que llegan a pagar con ella han optado por dejar productos que ya no entran dentro de su presupuesto y casi siempre son antojos como galletas o chicles. 

“Sí me han llegado a decir cuando se compran un Gansito y una Coca-Cola que mejor se compran una comida corrida porque prácticamente se gastan lo mismo, el Gansito ya está en 20 pesos”, explica.

Un carrito más vacío 

Brisia Valenzuela tiene 35 años y trabaja como cajera en la Bodega Aurrerá de La Viga, en la Ciudad de México. Últimamente nota que los carritos de los clientes van más vacíos.

“Hay familias que llevaban carros llenos y ahora llevan tres cuartas partes, en algunos casos sí hay una disminución en cuanto al consumo de productos. Los montos se mantienen, pero se llevan menos”, dice.

Ella, al igual que Estefany García, ha notado cambios en los precios de diversos productos, especialmente desde enero de este año, como las sopas que estaban entre 3.50 pesos o 4 pesos y ahora las más económicas rondan los 7 y 9 pesos.

Pero no solo ha notado aumentos en la comida, también en los detergentes, en el caso de la marca Roma, costaba entre 18 o 20 pesos el kilo, ahora está entre 32 o 38 pesos. 

“Precisamente por el incremento en el precio están volviendo a vender las bolsitas de medio kilo y mucha gente está empezando a llevar su detergente de medio, pero hay veces que, comparando los precios de bolsas de medio con las de kilo, conviene llevarte el kilo, gastar un poco más porque sale más caro el de medio. Esta presentación es nueva en el supermercado”, describe Brisia.

También los botes de aceite se venden ahora en presentaciones de menos de 500 mililitros.

Otra opción de consumo es consumir marcas menos caras. Tal es el caso de los refrescos. Brisia explica que la Coca-Cola de 3 litros cuesta casi 40 pesos y muchas personas prefieren llevarse la Red Cola, del mismo sabor, pero tiene un precio de cerca de 30 pesos. 

“Por ejemplo, si antes optaban por productos de La Costeña y Del Monte, ahora optan por Great Value o productos más pequeños o más económicos. Comienzan a cambiar marcas, como en el papel higiénico”, narra la cajera. 

Otra opción es dejar cosas en la caja. “Muchos llevan un presupuesto de 500 pesos y creen que van a llevar muchas cosas pero no es así. Con 500 pesos ya no te llevas la gran cosa, o te llevas carne o verduras, pero no les alcanza para mucho. Entonces dejan algunos antojitos como galletas o chocolates, o si llevan productos repetidos de uno mismo, dejan algunos”, dice. 

Para ella, una despensa surtida, que contenga fruta, verduras, sopas, semillas y enlatados, cuesta 2 mil pesos. Las mejores despensas son de 3 mil pesos en adelante, pero reconoce que son pocos clientes los que las llevan.

“La gente se queja bastante en cuanto al incremento de los precios”, relata. Le reclaman que no es posible que la semana anterior  o 15 días antes iban con el mismo monto de dinero y ahora se llevan la mitad de los productos.

Un ticket promedio más bajo

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Foto: Creative Commons / Culinaria México.

Al inicio de la pandemia, Lucia –quien prefiere no dar su nombre real– fue testigo de las compras de pánico. Hoy ve cómo el ticket promedio ha bajado en el supermercado de Tuxpan, en Veracruz, donde labora. 

Cuando empezó la pandemia, dice que las metas diarias de venta eran de un millón de pesos, pero las compras de pánico hicieron que superaran los dos millones de pesos. En 2021, por ejemplo, el ticket promedio era de entre 500 y 560 pesos, hoy apenas alcanza los 348 pesos.

Esto, a raíz del aumento de precios en productos de abarrotes y perecederos que ha alcanzado hasta el 15%, mientras que en años anteriores los incrementos eran de cerca del 5%. Lucía explica que desde febrero no han bajado. 

El aumento se ha reflejado en precios de detergentes y suavizantes de ropa, hasta en cereales, fruta, verdura, tortilla y pan. 

“La forma de señalizar la tienda cuando hay una oferta es poner una bandera, y en el pasillo del pan Bimbo, por lo regular, no veo que tenga banderas, ni en granos. Sí ha habido un incremento en los precios”, dice.

También la merma en algunos productos ha aumentado, como en los yogures bebibles, tipos de quesos, carne de res, jitomate, pasteles y frutas como durazno, kiwi y ciruela.

Además ha notado que los clientes optan por marcas más económicas, como la leche Marsella, que el litro cuesta 15 pesos, y dejan de lado otras más caras como Santa Clara. 

“Sí ha bajado la venta. Hemos crecido en clientes, pero están comprando menos, consumen menos”, concluye. 

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Las personas deciden comprar productos menos exclusivos y a un precio más accesible. Foto: @CCAltaria.