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‘Mi mamá era como un puño de hierro envuelto en guante de terciopelo’: la verdadera Audrey Hepburn

Por su delicada belleza y papeles estelares, Audrey Hepburn parecía frágil, pero creció con una madre que no la amaba y en medio de la ocupación nazi. Esto la hizo impresionantemente fuerte, compasiva y resuelta.

Escena de 'Desayuno en Tiffany's'. Screenshot

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“Siempre alerta, muy lista, muy talentosa, muy ambiciosa.” Ese fue el veredicto del director William Wyler después de ver la prueba de pantalla para Roman Holiday de una joven llamada Audrey Hepburn en 1951. Se quedó con el papel, ganó un Oscar, y el resto ya es historia. Desde hace décadas todos adoran a Hepburn por su delicada belleza y estilo. Pero por alguna extraña razón, la mujer “lista”, “talentosa” y “ambiciosa” que describe Wyler nunca aparece en los libros que hablan de su encanto natural y que llevan títulos como How To Be Lovely: The Audrey Hepburn Way. Un nuevo documental, Audrey, nos presenta un retrato más complejo de esta mujer.

Dirigido por Helena Coan, el filme incluye imágenes de archivo nunca antes vistas de Hepburn en entrevistas íntimas con su familia y amigos.  Hablando por Zoom desde su casa en Italia, el hijo mayor de Hepburn, Sean Hepburn Ferrer, dice que con frecuencia se pasa por alto la cualidad de acero de su madre. “No se dejaba hacer a un lado. En Hollywood se peleaba por todo, y ella lo hacía. Pero también se hacía la ingenua. Y esa era ella también. Nadie es de una sola manera”.

Hepburn nació en Bélgica en 1929, hija de la baronesa Ella van Heemstra, una aristócrata holandesa de rango menor, y de Joseph Ruston, un inglés que se mantenía alejado de la familia. En 1935 decidió irse y regresar a Inglaterra, lo que Hepburn describe en la película como “el primer gran golpe de mi vida”. Mi papá me dejó insegura para siempre”. Ruston sólo visitó una vez a su hija cuando la mandaron a un internado en Kent.

Ruston y Van Heemstra eran simpatizantes de los nazis y él era amigo del fascista inglés Oswald Mosley. ¿Avergonzaban a Hepburn estas políticas? Ferrer dice que “más que avergonzarla, la ponían furiosa”. “Mi madre detestaba la situación”. No existen evidencias de que los padres de Hepburn comieran con Hitler; sin embargo, “así se venden más de 10 mil libros en Hollywood por un rumor”.

Hepburn pasó la Segunda Guerra Mundial en los Países Bajos durante la ocupación nazi. Su tío estuvo entre los holandeses a los que acorralaron y asesinaron. Veía cómo subían a las mujeres judías y a sus hijos a los camiones. “Esta imagen la persiguió por el resto de su vida”,dice Ferrer. Van Heemstra para entonces ya había renunciado al fascismo y trabajaba con la resistencia en los Países Bajos”. Al igual que muchos niños holandeses, Hepburn hizo su parte también. Llevaba mensajes ocultos en sus zapatos, cuenta Ferrer, en una biografía que escribió sobre su madre y hace poco publicó un libro para niños sobre la vida de su madre en colaboración con su esposa Karin. “Tal vez para protegerla, nunca le explicaron la importancia de los mensajes”, dice Ferrer. “Sabía que eran muy importantes. Pero por las historias que he escuchado, no me consta. Estoy seguro de que no le hablaban del contenido de esas cartas”.

Audrey Hepburn en una escena de Roman Holyday.

En el terrible invierno de 1944, los alemanes dejaron que los holandeses se murieran de hambre. Hepburn pasaba días sin probar alimento y la familia tenía que comer  bulbo de  tulipán para sobrevivir. “Solía contarme: ‘pasábamos días en cama con toda nuestra ropa puesta porque las cobijas no eran suficientes”. Cuando era adulta, Hepburn era tan delgada que la gente asumió que tenía un desorden alimenticio. Pesó 48 kg toda su vida. Ferrer se ríe de la suposición de su anorexia. “Podía comer por todos en la mesa familiar, y era una gran cocinera. Si padecía algún desorden alimenticio nunca lo supe”. Agrega que las experiencias de guerra le construyeron una armadura de resiliencia. “Le dio una determinación de acero, y respeto por lo que se necesita para hacerlo. He oído que describen sus puños de acero en guantes de terciopelo”.

Fuerte, pero con miedo

¿También se volvió temeraria? “No. Toda su vida tuvo miedo. Recuerdo que daba discursos para la Unicef, parada detrás del podio temblaba como una hoja”. Durante sus últimos años, Hepburn dedicó casi todo su tiempo a trabajar para esta agencia de la ONU que se formó en 1946 para ayudar a los niños enfermos y con hambre en Europa. Hepburn viajaba cuatro o cinco veces al año, en ocasiones hasta por varias semanas y con completo control de la situación. En la película se alcanza a apreciar el calor genuino que sentía por los niños, parece que no tenía la capacidad de ver un bebé y no detenerse a besarlo o acariciarlo.

Después de la guerra, Hepburn y su madre se mudaron a Londres. Todos hablan de que la aristócrata Van Heemstra era fría y muy crítica y sin embargo se puso a lavar pisos en hoteles para pagar las clases de ballet de su hija. A causa de la guerra, Hepburn perdió años de entrenamiento y no tenía la técnica para convertirse en primera bailarina. Se dedicó a la actuación para conseguir algo de dinero y a los 22 años, la escritora francesa Colette la descubrió en la Riviera Francesa. La vio y decidió que estaría perfecta para estelarizar la puesta en Broadway de su novela Gigi, sin importar que Hepburn tenía muy poca experiencia como actriz.  Después llegó Roman Holiday  e inmediatamente después el estrellato.”No supe ni lo que me pegó”, señala en el documental.

Al principio de su carrera, los productores contrataban actores de la edad de su padre para interpretar sus intereses amorosos y además le pagaban una fracción del cheque de sus coestrellas. Bogart tenía 54 años en Sabrina y Hepburn 24. Fred Astaire tenía 56 en Funny Face y ella 26.  Tal vez por esta razón, en estos primeros filmes se empezó a construir la imagen de fragilidad  y necesidad de protección que caracterizaba a Hepburn.  Pero en la vida real era más fuerte, dice Ferrer. “Piénsalo. Ella fue la primera mujer, junto con Elizabeth Taylor, en ganar un millón de dólares en una época en la que las mujeres no podían abrir una cuenta de banco sin sus maridos. Defendía su esquina. Todo esto gracias a la guerra, al ballet, a su madre”.

La película está plagada de anécdotas de Hepburn defendiendo su esquina. Discutía con su gran amigo, el diseñador de modas Hubert de Givenchy, sobre el vestuario de sus personajes. Simplificó el little black dress que le hizo para Breakfast at Tiffany’s. Cuando uno de los ejecutivos anunció que iban a cortar en la cinta su canción Moon River, Hepburn exclamó: “Primero muerta”.

Un papel inmortal

Mientras Breakfast at Tiffany’s exista nadie podrá olvidar a Hepburn. Truman Capote, autor de la novela, pensaba que Hepburn no era la actriz adecuada para el papel. Él tenía en mente a Marilyn Monroe. El veredicto final de Capote fue: “me dieron ganas de vomitar”.

¿Qué tiene Breakfast at Tiffany’s  que la hace tan perdurable? Ferrer piensa unos momentos. “Creo que una de las cualidades de sus películas es que no han envejecido. Hace algunos años leí un artículo en el que Emma Thompson hablaba con menosprecio de la capacidad de mi madre para la actuación. Mi madre habría sido la primera en decir que no era la mejor actriz del mundo. Pero era una estrella de cine”.

Hepburn tenía el control de su marca pero su vida personal era otro asunto, era su “talón de Aquiles”, dice Ferrer. En la biografía de madre escribe que su secreto  mejor guardado era la tristeza. Pasó su infancia tratando de ganarse el amor de su padre y luego después hizo lo mismo en su relación con los hombres. “Uno se vuelve muy inseguro con respecto al afecto y muy agradecido y tienes deseos enormes de darlo”, dice en la película.

La vida matrimonial

Hepburn se casó dos veces. El padre de su hijo, Mel Ferrer, fue su primer esposo. Se casó con él en 1954. Hepburn perdió un bebé antes de que naciera su hijo Sean en 1960. Este describe a su padre como “difícil y demandante” y la pareja se divorció. En 1969, se casó con el psiquiatra italiano Andrea Dotti, se mudaron a Roma y tuvo a su hijo Luca en 1969.  La pareja no era feliz. En el documental se cuenta que los paparazzi fotografiaron a Dotti con más de 200 mujeres diferentes. Después de su divorcio, Hepburn estuvo viviendo con el actor holandés Robert Wolders hasta su muerte a causa del cáncer en 1993 con tan sólo 63 años.

La familia era muy importante para Hepburn, quien tenía el don de saber lo que necesitaban sus emociones. Siempre quiso ser madre, dijo: “Desde que era niña me encantaban los bebés”. Cuando nació Ferrer, dejó de actuar un poco y dio la espalda a Hollywood por10 años durante los cuales escribía notas de agradecimiento muy amables  a todos los directores que la solicitaban, incluyendo Stanley Kubrick.

Llenaba a sus hijos del afecto que le negaron cuando era niña. Explica su decisión en la película con voz fraternal y reconoce que su decisión no es la que tomarían muchas mujeres. “No quiero sonar virtuosa. Se trató de una decisión con conocimiento, y si quieren tomarlo así, una decisión egoísta. Es lo que me hacía feliz, quedarme en casa con mis hijos. No era un sacrificio porque yo quería estar en casa”.

A diferencia de su madre, Ferrer tuvo una infancia feliz, primero en Suiza y después en Roma. “No crecí en Hollywood, ni en el lugar, ni en el estado mental. No teníamos pantallas en casa. Crecí en el campo como cualquier niño normal.  Entiendo que las estrellas de cine pierdan el contacto con la realidad. Lo entiendo. Te dicen un millón de veces al día y de mil maneras que  eres único y especial. Mi mamá no se tomaba en serio. Siempre decía que se tomaba en serio lo que hacía pero que ella no se tomaba en serio”.

Audrey estará disponible en DVD y en formato digital el 30 de noviembre. Little Audrey’s Daydream ya está a la venta.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Graciela González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

The Guardian
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