‘Sólo soy un maldito ser humano’: Marianne Faithfull, cantante y musa de los 60
"Realmente hice enojar a mucha gente. No era una artista convencional y no sabían cómo tratar con ello": Marianne Faithfull. Foto: Rosie Matieson

Marianne Faithfull está al teléfono desde su hogar en Putney, en el suroeste de Londres. Su voz es tal cual lo espera uno: ronca, como la de todos los álbumes que ha hecho en los últimos 40 años y, como se espera de la hija de una baronesa, muy elegante. Su vocabulario es sin duda el de alguien que se hizo adulto en los 60. Expresa exasperación cuando empieza  las oraciones con “Oh, man…” y las cosas que la molestan son un “drag”, un rollo. Pero antes de empezar, se disculpa. Su memoria , dice, no es la que era. “Es una locura, todo lo que olvido”, dice. “A corto plazo. El pasado lejano lo recuerdo muy bien. Son las cosas recientes las que olvido. Y eso es horrible. Terrible. No creerías lo horrible que es”.

La pérdida de memoria es resultado del Covid-19. Estaba en un buen momento de su carrera en abril cuando la atacó el virus a la mitad de la grabación de su álbum como solista número 21 She Walks in Beauty, También se está rodando una película basada en su autobiografía. Considera que “podría estar muy buena, pero no requiere de mi aportación artística. Yo viví la vida y eso es suficiente”. No recuerda nada de cómo se enfermó, o de que la llevaron de urgencia a cuidados intensivos. “Sólo sé que estaba en un lugar muy oscuro, supuestamente era la muerte”.

“La verdad es que no tenía que haber sobrevivido. El que lograra hacerlo es una locura”

-Warren Ellis

En el mundo exterior se prepararon los obituarios. No sólo los fatalistas asumieron que su  suerte se había terminado ya que en el pasado sobrevivió a la heroína, bulimia, intentos de suicidio, indigencia, cáncer de mama, hepatitis C y, en 2014, se fracturó la cadera y se le infectó después de la cirugía. Como ella misma lo dice, era blanco perfecto para el Covid puesto que tenía 73 años, una serie de condiciones de salud que incluyen el enfisema como resultado de décadas de fumar. “Oh man, suspira ahora.. “Ojalá no hubiera fumando un cigarro en mi vida”.

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“La verdad es que no tenía que haber sobrevivido”, dice su colaborador musical Warren Ellis, mejor conocido por su participación en la banda Nick Cave and the Bad Seeds. “El que lograra hacerlo es una locura”. El panorama era tan sombrío que Ellis recibió una carta del amigo de años y productor de Faithfull, Hal Willner, en el que le comentaba sobre la situación económica de la cantante y que él también estaba enfermo de Covid. Willner murió un día después de enviar la carta.  Su manager publicó un comunicado diciendo que Faithfull estaba respondiendo bien al tratamiento, pero ella dice que en el hospital los doctores se mostraban menos optimistas. Una vez recuperada, revisó sus notas médicas y se topó con la frase “paliativos únicamente”.

Marianne Faithfull en un programa de la TV holandesa en 1966. Foto: A. Vente/Wikicommons

Se recuperó, aunque con secuelas de largo plazo. “Tres cosas: la memoria, la fatiga, y mis pulmones no están bien. Tengo que usar oxígeno y todo eso. Las secuelas son algo muy extraño. Algunas personas regresan pero no pueden caminar o hablar. Terrible”.

De manera increíble, pronto regresó a trabajar y terminó She Walks in Beauty, lo cual tal vez explique su pasión por el álbum que sale en abril. Se trata de un proyecto inesperado aún cuando tiene una buena discografía como solista bastante ecléctica que la ha llevado a reinterpretar el ballet Chanté de 1933 de Kurt Weill ,The Seven Deadly Sins, en el que colabora con Blur y Pulp. También ha hecho covers de todo el mundo, desde Duke Ellington hasta Black Rebel Motorcycle Club. En She Walks in Beauty, Faithfull lee el trabajo de los poetas románticos, To Autumn y Ode to a Nightingale, de Keats, Ozymandias de Shelley, y el Prelude de Wordsworth. Warren Ellis creó la música con colaboraciones de Brian Eno y Nick Cave.

Los poemas llamaron su atención desde la escuela. “Bueno, era bastante obvio, ¿no?”, se ríe. “Era una niña inteligente, bonita, y pensaba que todos hablaban de mi”. Quería grabarlos “desde hace tiempo pero no sabía cómo, ni qué disquera querría hacerlo, o quién querría escucharlos. Incluso yo pensaba en lo comercial, y ese nunca ha sido mi estilo. Sólo no podía imaginarlo. Pero finalmente, gracias a Warren y a mi manager Francois, vi que podía hacerlo en estos momentos y, esto suena terrible, pero es perfecto a causa de lo que estamos pasando. Es lo más perfecto para este momento que estamos viviendo. Lo grabamos durante el confinamiento y lo pensé así mientras lo hacía. Me parecía muy reconfortante y algo muy hermoso. Ahora, cuando los leo veo la eternidad. Son como un río o una montaña, son hermosos y reconfortantes. Y me di cuenta (dice con una risa gutural) de que no tratan de mí”.

“Tomé la decisión de darle mi corazón a todo eso y eso es lo que pasó. Yo era suficientemente lista para darme cuenta de que tenía mucho que aprender”

Su álbum 2018 de Negative Capability, fue otra colaboración con Ellis y es una meditación extraordinaria sobre la edad, la soledad y la pérdida, sobre todo la de Anita Pallenberg, su vieja amiga y compañera entre las amantes de los Rolling Stones, quien murió en 2017. Incluye una recreación del sencillo As Tears Go By  que Mick Jagger y Keith Richards escribieron para su debut, dice Ellis, y que hizo llorar a todos en el estudio. El álbum recibió reseñas tan entusiastas que hicieron declarar a Faithfull que Gran Bretaña “finalmente la había entendido y lo que estaba tratando de hacer, y eso es lo que he querido toda mi vida”.

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“De alguna manera siempre molestaba a la gente”, dice ahora, pensando en su carrera. “Tal vez todo en mi era molesto en ese entonces. Ya saben, yo no era una artista convencional, nunca, y además, quedaba claro que no era un defecto de carácter y eso le molestaba a la gente, creo. No podían manejarlo, simplemente no querían que fuera cierto”.

En Reading cantaba en clubes de folk cuando era adolescente y dice que no quería ser una cantante pop. “Oh man, yo estaba tan feliz. Iba a ir a Cambridge o a Oxford para estudiar literatura inglesa, filosofía y religión comparada. Recuerdo que le decía eso a la gente y se horrorizaban. Pero no lo hice, ¿o sí? En realidad mira lo que hice. Cumplí todas sus fantasías”.

Su carrera en la academia se terminó el día que fue a una fiesta de los Rolling Stones con el que pronto sería su esposo, John Dunbar. La vio el manager de los Stones, Andrew Loog Oldham, dijo que sólo era “un ángel con grandes tetas” pero pensó que podría hacer una estrella de ella. “Fue una idea terrible”, dice Faithfull ahora.  “Me tomó mucho tiempo curar el resentimiento que sentía por Andrew Loog Oldham y por su socio Tony Calder, e incluso por Mick y Keith. Ya sabes. Amaba a MIck y a Keith, y a Charlie, y a Ronnie, de verdad, pero me tomó años aceptarlo… que esta era yo, que estaba hecha para esto, era mi destino”.

Oh man, yo estaba tan feliz. Iba a ir a Cambridge o a Oxford para estudiar literatura inglesa, filosofía y religión comparada”

Y tiene toda la razón. De hecho, si quieres dar un recorrido por el sexismo de la industria musical de los 60  durante tus horas de confinamiento, la historia de Faithfull es un buen lugar para empezar. La trataron, como dice ella, “como a alguien que ni siquiera puede cantar, que ni escribe ni nada, como a algo que puedes convertir en otra cosa. Yo era un pastel de queso, y eso era terriblemente deprimente”. Al parecer Oldham la quería como medio para vivir sus fantasías de volverse un Phil Spector británico con un establo a juego. Faithfull sería el depósito de las canciones que les sobraran a Jagger y a Richards y un entretenimiento ligero: una niña bien cuyo nicho sería el de las canciones folk para una audiencia de sábado en la noche.

Marianne Faitfull, embarazada, al lado de Mick Jagger, con Brian Jones (extrema derecha) y el Maharishi Mahesh Yogi. Foto: Ben Merk (ANEFO)/Wikicommons

En su peor momento, los resultados fueron catastróficos, pero en ocasiones Faithfull brillaba, un poco de melancolía en sus singles de 1965 This Little Bird y Go Away From My World, en donde su voz proyectaba mucha tristeza y anhelo en canciones que en teoría eran de poco peso. “Sí, tristesse”, dice. “¡Es parte de mi! No sé de dónde vino. Tal vez sea mi estrella de nacimiento, aunque no creo en esas cosas. Sólo es mi carácter”.

Puso un alto a su carrera de cantante en 1967. El resto de la década lo pasó siendo famosa y llegó el arresto en la casa de Richards, Redlands, por posesión, perdió fama por ser la novia de Jagger, o tal vez mejor, su musa, la mujer que le dio una copia del libro de Bulgakov, El maestro y Margarita, que plantó la semilla para Sympathy for the Devil, la inspiración detrás de Wild Horses, Dear Doctor y You Can’t Always Get What You Want. “¿Una musa. Ser eso es basura”, dice molesta. “Es un trabajo terrible. No hay hombres musos, ¿o sí? ¿Puedes pensar en alguno? No.”

Marianne Faithful en Estambul en 2008. Foto: Andrew34, Wikicommons

Su casa disquera retiró su sencillo de 1969, Something Better, horrorizada por su lado B, Sister Morphine, que es un retrato de la adicción tan clara que era evidente que la había escrito alguien que sabía de lo que hablaba. Cuando los Rolling Stones la grabaron quitaron su nombre del crédito de la letra, evidentemente porque sabían que el dinero que ganara por la canción se lo gastaría en drogas, en los 90 volvieron a darle su crédito. Rompió con Jagger y cayó aún más en las adicciones. Perdió la custodia de Nicholas, el hijo que tuvo con John Dunbar. Dice que su decisión de regresar a Londres desde París hace un par de años se debe a su deseo de estar más cerca de su hijo y de sus nietos.”Lo abandoné todos esos años. Fui muy infeliz cuando me lo quitaron pero es momento de perdonar y de olvidar y de estar aquí para él y mis hermosos nietos”.

Sus amigos trataban de ayudarla en ocasiones pero no fue sino hasta 1979 que se recuperó lo suficiente como para hacer un impresionante Broken English, un álbum que al parecer la hizo revivir con todo y colmillos. Sus canciones hablan de adicciones, terrorismo e infidelidad y la hacen ver como el fantasma que era de las fiestas de la nostalgia sesentera. La última canción, Why D’Ya Do It es tan explícita en su descripción de un romance que los trabajadores de EMI se negaron a imprimirlo. “Tomé la decisión de darle mi corazón a todo eso y eso es lo que pasó. Yo era suficientemente lista para darme cuenta de que tenía mucho que aprender. Ya sabes. No fui a Oxford, pero estuve en los Olympic Studios y vi a los Rolling Stones grabar sus discos, y también vi a los Beatles. Vi trabajar a los mejores y cómo trabajaban y,  por MIck, supongo, vi a la gente escribir, también. Un artista brillante en la cima. Vi cómo escribía y aprendí mucho, y siempre voy a estar agradecida”.

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Con esto empezó el segundo acto de la carrera de Faithfull, que ha demostrado ser una artista admirable e implacable. “Bueno, no tengo nada que perder” y ríe cuando sugiero que con el tiempo se volvió más valiente y con gran capacidad para atraer colaboradores con una reputación y que difícilmente otros músicos de los 60s tendrían. Ha trabajado con Pulp, Blur y Nick Cave and the Bad Seeds, con Beck, PJ Harvey, Anna Calvi, Mick Jones de the Clash, Lou Reed, Cat Power y Anohni. “Ya sé”, dice. “Soy muy afortunada. No sé lo que es pero allí está, y tienen más onda, son más geniales y más atractivos”.  

“Ella es real”, sugiere Warren Ellis. “Es realmente hermosa, es única. 
Es todo lo que crees que es. Es algo único y sigue siendo importante. 
No se dedicó a hacer un acto de nostalgia. Es muy ingeniosa, es 
inteligente y extraordinaria, también, porque ha vivido. Fue un parteaguas 
para muchos sin siquiera saberlo. No hay molde para su carrera. 
Y cualquier cosa que te diga es verdad: dispara siempre a la primera 
y a la cabeza”.

Ellis dice que She Walks in Music es el álbum que Faithfull “quiso hacer toda su vida”. Es posible que sea el último. Las secuelas del Covid en sus pulmones no le permiten cantar. “Y tal vez no pueda volver a hacerlo”, dice Marianne. “Tal vez ya se acabó. Me altera mucho pensar que ese puede ser el caso pero, por otra parte, tengo 74 años. No siento que sea una maldición y no me siento invencible. Soy sólo un maldito ser humano. Pero en lo que creo es lo que me da esperanzas, y creo en los milagros. Y sabes, la doctora, esa doctora tan amable del servicio de salud vino a verme y me dijo que no creía que mis pulmones pudieran recuperarse. Y yo sólo pensé: bueno, tal vez no, pero tal vez, por un milagro lo hagan. No sé por qué pero creo en milagros. Sólo lo hago. Tal vez tengo que hacerlo, por el viaje que he vivido, por las cosas que he hecho, porque he llegado tan lejos y estoy bien. ¿Suena cursi?

No, digo. No creo que suene cursi. Suena esperanzador. “Sí”, dice. “Tenemos que tener esperanza. Es muy importante. Y sí, yo la tengo y por alguna maldita razón aquí estoy”.