El rock sí tiene la culpa… de que seamos más libres: Picky Talarico y su documental
Picky Talarico, Director de "Rompan todo". Foto: Netflix.

Picky Talarico cuenta que una de las anécdota más extremas en su relación con el rock latinoamericano es  la descripción de uno de los hoyos fonky, el tipo de lugares en donde se realizaban las tocadas cuando esta música estaba proscrita en la sociedad mexicana.

“El rock (en México) no desapareció”, dijo en entrevista con La-Lista el director de Rompan Todo, el documental en que Talarico cuenta su historia del rock en América Latina. “Si yo vivo es gracias a estos dementes que tocaban en esos lugares no conocidos”.

Eran los años en que Álex Lora y Three Souls in My Mind cantaban “y las tocadas de rock ya nos las quieren quitar (…) ya sólo va a poder tocar… el hijo de Díaz Ordaz”; el tipo de canciones que resonaban hasta en la cueva de una mina. “Había un lugar en las afueras de (Ciudad de) México que era una vieja mina y que te bajaban y había un cable que tiraban hasta abajo y tocaban en el pozo de la mina. Es una locura”, dice Talarico.

No lo dice así, pero suena como una alegoría de lo que fue por años el rock mexicano. Este director de videoclips, quien lo mismo trabajó con leyendas como Ceratti y Julieta Venegas que con artistas pop en la región, dice que había un orgullo y una adicción al peligro por parte de las audiencias de entonces y los grupos que tocaban para ellos.

Fue un parteaguas que Talarico inserta en su monumental historia del rock en la región que Netflix liberó a mediados de diciembre pasado. En lo que muchos simpatizantes y haters describen como una antología incompleta, Talarico pasa revista de los movimientos y momentos que han acuñado los gustos rockeros en la región.

Así, desde los precursores bien peinados y muy sonoros como los Teen Tops o Los Locos del Ritmo, en México, a Los Saicos de Perú y Los Shakers, de Uruguay (intérpretes de Rompan todo, que da título a la serie), el documental trata de incluir a los principales exponentes de lo que se considera el rock latinoamericano.

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“No puedes dejar contentos a todos”, dice en una entrevista vía Zoom. Y es que, a pesar de que el rock regional tiene tantas aristas como expresiones de lo que es ser latinoamericano, Talarico tuvo sus Virgilios, que lo guiaron por las cimas y simas de la escena en el continente, desde Tijuana a la Patagonia.

Leyendas como Javier Bátiz y Gustavo Santaolalla aparecen con exponentes como Humberto Calderón (de Neón y el sello Culebra), ofreciendo ante Talarico sus experiencias, anécdotas, filias y fobias en el hacer rockero.

L-L: ¿Cuál fue la dificultad para realizar un documental de ese calibre?

AT: Pues hay muchos desafíos cuando haces un documental de este tamaño. Obviamente conseguir casi 100 entrevistas, conseguir material de archivo, eso podría ser un documental en sí mismo. Ver los lugares a los que llegamos, de pronto nos convertimos todos en detectives privados al salir a buscar cosas, levantar cada piedra que había. Pero creo que el mayor desafío es cuando tienes todo ese material y tratar de meter 50 años de rock en seis horas; 50 años de rock en nueve o diez (…). Algunos países los tocamos sólo en un pasar, como España porque meterse en España sería otro mundo nuevo, otro documental. Pero no queríamos dejar pasar a las bandas que tanta injerencia tuvieron en el renacimiento del rock mexicano en los 80.

Ese fue el mayor desafío (…) No puedes dejar de contar cada decisión. A medida que vas avanzando se hace más difícil. Al principio es más claro ver cuáles son los momentos esenciales como: “bueno, hay que contar lo de Avándaro, hay que contar las dictaduras. Pero después cuando vas en los detalles hay momentos en que quitar cada cosa da un dolor quieres quitarte un brazo

Siento que en los próximos 15 años, para ser clarísimo, la evolución del rock va a estar en el lado de las mujeres, lo siento como muy fuerte.

L-L: ¿En qué periodo lo rodaron? ¿Todo esto fue previo a la pandemia?

AT: Mira, me acuerdo de que arrancamos el primero de abril de 2019 filmando en Uruguay. De ahí a Argentina, México, Colombia, Estados Unidos, Chile, España, después volvimos, paramos un poco, volvimos y siempre vas descubriendo que con esta historia me falta alguna entrevista. Entonces volvías. Fue una locura, un desarrollo, un recorrido fascinante. Y nos agarró la pandemia; así que quedaron cosas afuera que me duelen. Yo estaba en Argentina editando, me acuerdo que era un miércoles y me estaba yendo el jueves a la mañana a México porque el viernes teníamos entrevista con Caifanes. Y nos llamaron de Netflix nos dijeron: “Cancelen todo porque no sabemos bien de qué se trata, pero parece que una pandemia. No queremos que nadie se arriesgue, queremos que todos estén a salvo”. Así que, nada Caifanes nos queda fuera, Natalia Lafourcade se quedó fuera (…) Hay cosas que están como en cualquier antología. Siempre hacer una antología va a dejar a gente contenta y gente enojada.

L-L: En los primeros episodios del documental, además de presentar las raíces de lo que llamamos rock latinoamericano, también se pasa revista a hechos históricos que movieron estas sociedades.

AT: Mira, cuando cuando empezamos las primeras charlas con Netflix hace ya casi tres años, en un momento nos preguntaban: “Qué dirían que tiene diferente el rock en Latinoamérica del rock anglo”. Y la respuesta la dio Nico Entel, que es productor y el creador de la idea. Dijo que fue como automático el contexto sociopolítico, la relación entre el rock y el contexto sociopolítico es innegable, es algo que muchas veces la gente no lo tiene tan presente. Pero lo que ocurre, ya cuando contamos eso, que se cuenta mucho en los 60, de que por ser rockero, por andar con una guitarra, por tener el pelo largo, te paraban y te metían preso (…) Claro eso genera hoy caos

El rock no es parte de un partido político, es algo político en un lugar clave, pero nos parecía que era fundamental contarlo desde ahí y sobre todo porque es una decisión. Yo también, como documentalista, que dice: “Yo podría haber elegido contarlo como se contaban esos increíbles documentales que vimos de chicos (…) pero eran documentales más enciclopédicos”. Yo sentía que era muy difícil que alguien te cuente: “Ah bueno, sí hice tal banda, bueno, pero para haer algo… anda, tuve que ir preso varias veces, que teníamos que ensayar en lugares donde se pudiera ensayar y debía tener cuidado con lo que decían las letras porque las prohibían”.

No puedes separarte de eso, no está escindido el rock de lo político, porque nos parecía que era fundamental y había un poco una idea ambiciosa, de bueno contemos la historia de Latinoamérica a través del rock.

L-L: Es evidente que cuentas varias historias paralelas. Por ejemplo, en Argentina y Sudamérica estaban las dictaduras. En México el PRI y Televisa, un agente que se encargó presentar sólo caras bonitas, y el rock estaba confinado a los hoyos fonky…

AT: Hay una palabra que es perfecta que es brutal. Fue brutal para mí, haciendo el documental (…) Yo conocía mucho la historia de México; había (tenido) la suerte de filmar muchos videoclips con muchos mexicanos y (estaba) muy metido en la historia de México. Pero ya cuando me empecé a adentrar y entender más lo que había pasado en los en los 70, el pensar en un país como México, con el universo musical que tiene, pensar que (el rock estuvo) 10 años brutalmente reprimido, me genera como una especie de opresión en el pecho, me da como un dolor, viste, cuando hablas con Álex Lora, cuando hablas con Javier Bátiz, y te cuentan en primera persona. Te genera un nivel de impotencia de pensar cómo esta gente siguió sobreviviendo en los hoyos fonky. Como esa cosa de que el rock no muriera es una locura.

La Argentina por ejemplo, que supongo que conozco bien, a pesar de los gobiernos militares el rock si bien estaba prohibido y había listas negras y todo era más visible y eso que pasa en México (…) Rubén Albarrán (de Café Tacuba), lo dice: “es claro que (México) fue y seguirá siendo una dictadura”. Y la dictadura sí que la tuvimos en Argentina, en Chile, en Uruguay, en Perú, es como que de alguna manera nuestras jóvenes democracias se hablan ahí

L-L: ¿Tú crees que ya se están componiendo los siguientes hits del rock del confinamiento? Como en su momento fue el Rock de la Cárcel… ¿alguien estará escribiendo Persianas Pandémicas?

AT: No sé cómo vamos a salir de esto, eh. Mira, pasó algo alucinante, que en pandemia estalló la venta de guitarras eléctricas, no me acuerdo qué marca, estaba leyendo algo (…) o era alguien que decía que nunca llegaron (como ahora) al récord de ventas de guitarras eléctricas y dentro de esa venta desmedida el mayor comprador de guitarras fueron mujeres (…) Yo creo creo que el rock ha sido tan misógino en algunos casos, o ha sido el Club de Toby. (Nosotros) hicimos mucho esfuerzo por ir a buscar a todas las mujeres que fueron pioneras del rock (…) creo que vamos a ver que el futuro va a estar más del lado de la mujer. David Byrne nos dijo que él siente que el futuro del rock está en América Latina. No, perdón, dijo que está en el tercer mundo (…) Y, como dice como dice nuestro querido Alex Lora, no, mientras existan políticos el rock seguirá existiendo. Pero, sí, siento que en los próximos 15 años, para ser clarísimo, la evolución del rock va a estar en el lado de las mujeres, lo siento como muy fuerte.