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Entrevista

‘La neutralidad de carbono en una década es una fantasía’: Bill Gates

Después de invertir 100 millones de dólares en la investigación de Covid, el multimillonario aborda la crisis climática. Y arranca enfrentándose a algunos de sus colegas en este tema.

Bill Gates: 'El Green New Deal es un cuento de hadas. ¿Por qué vender fantasías? Fotografía: John Keatley/The Guardian

Bill Gates aparece a través de una videoconferencia, obvio, por Microsoft Teams y no por Zoom, desde su oficina en Seattle, un gran espacio con ventanas del piso al techo con vista al lago Washington. Afuera es un día sombrío y Gates, de forma algo excéntrica, se coloca muy lejos de la cámara, detrás de un gran escritorio en forma de frijolito; su gerente de comunicaciones se sienta a un lado. Esta sería una escena perfecta de intimidad entre dos personas que conversan si se toma en cuenta que Gates es un hombre para quien 5,000 kilómetros de distancia entre ambos es… demasiado cerca. “Para comenzar”, dice el asistente de Gates, “¿sería útil que Bill hiciera un par de comentarios sobre por qué escribió su nuevo libro?” Es útil y no soy un ingrato, pero no es así como suelen comenzar las entrevistas.

Hay una necesidad de hacer deferencia cuando se habla con Gates que requieren pocas personas de fama comparable. Ser una celebridad es una cosa, pero la riqueza, la verdadera riqueza del antiguo hombre más rico del mundo, es algo completamente distinto; uno tiene la sensación de que se te conceden una audiencia con el Gran Hombre, un hecho que se vuelve más surrealista por su famosa personalidad silenciosa. El hombre de 65 años tiene el aire elevado y levemente sufriente de alguien acostumbrado a ser el tipo más inteligente de la sala, fermentado por la diversión irónica e interrumpido, según la evidencia de entrevistas pasadas, por uno que otro arrebato de mal humor. El más memorable fue en 2014, cuando Jeremy Paxman le preguntó sobre una supuesta evasión fiscal de Microsoft. (“Creo que esa es la caracterización más incorrecta de cualquier cosa que haya escuchado”, dijo Gates, prácticamente retorciéndose en su asiento con molestia.)

Sin embargo, a diferencia de los Elon Musk o Larry Ellison de este mundo, Gates es percibido como sensato, fiel a su mujer, modesto, y alguien que promete no arruinar a sus hijos con una herencia ilimitada o desperdiciar energía tratando de enviar cosas a Marte. A finales de la década de 1990, el gobierno de Estados Unidos entabló una demanda antimonopolio contra Microsoft, acusándolos de ser un monopolio en el mercado de las PC. Un acuerdo final en 2001 anuló una orden anterior de disolución de la empresa. Desde entonces, Gates ha disfrutado de una reputación como el Buen Multimillonario, repartiendo una fortuna a través de su fundación y eclipsando lo que sus detractores dirían que es su mayor defecto: su fe incondicional en el progreso como función del crecimiento capitalista.

La llave del progreso sin ensuciar

Todos estos aspectos se unen en el nuevo libro de Gates, Cómo evitar un desastre climático, que, como me dice, surgió de dos cosas: su interés por las ciencias y lo que le pareció un desafío irresistible: el problema diabólicamente difícil de cómo promover el desarrollo global mientras se reducen las emisiones. Durante las últimas décadas, gran parte del enfoque de Gates se ha centrado en ampliar el acceso a la electricidad en las partes más remotas del mundo. “Y sin embargo”, dice, “la idea de agregar nueva capacidad de electricidad, no se puede simplemente mandar a construir plantas de carbón. Comprender lo caro que debe ser y cómo va a funcionar me hizo leer mucho”.

Existe otro obstáculo mayor para alcanzar cero emisiones, que es el desafío político, parte del cual involucra a los activistas climáticos que limitan su exposición a acusaciones de hipocresía. A Gates le encantan los jets privados; los llama su “placer culpable”. Le encantan las hamburguesas y comer uvas durante todo el año. Unas semanas después de que hablamos, se informó que está involucrado en una oferta para comprar Signature Aviation, una empresa que maneja servicios terrestres para 1.6 millones de vuelos en jets privados al año. Hoy dice: “Consigo combustible de aviación sostenible que utilizo cuando vuelo”, y menciona otro servicio que suena vagamente futurista: “He pagado para compensar mi huella de carbono. Hay un grupo, Climeworks, que captura directamente el aire en Islandia”. Sobre el tema de los alimentos importados, dice: “Bueno, cultivar alimentos localmente a menudo es peor, porque estás poniendo cosas en invernaderos que tienen una huella climática insana. No soy el único que come comida fuera de temporada, que yo sepa. Pero si esa es la principal objeción de la gente y adoptan mi plan, entonces… (Gates sonríe, de una manera bastante brillante) cederé mi consumo de uvas”.

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Para Gates, este enfoque en las uvas y los viajes en jet privado es, en términos relativos, como reorganizar los camastros del Titanic. “¿Qué meses del año tengo que dejar de comer hamburguesas?” dice con sarcasmo. “No necesito el tomate. O la lechuga. Bastará con el pan y la carne”. No hay ninguna sugerencia de que el uso de la “captura aérea directa” para compensar los vuelos, si acaso un servicio de este tipo estuviera al alcance de la gente normal, haría la menor mella en el problema. Pero al usar un jet privado, Gates facilita que otros lo soslayen. Uno se imagina que no es la herramienta más poderosa en su libro de estrategias para hacerse el tonto y echarse en la bolsa a los mortales.

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Bill Gates en su chala TED sobre la malaria y mosquitos en 2009. Foto: Steve Jurvetson/Wikicommons

Gates, el hombre de los datos

En cambio, lo que hace es bombardearnos con datos y experiencia. Su libro abarca sabiduría de fuentes que van desde científicos climáticos menos conocidos, como Vaclav Smil y Ken Caldeira, hasta John D Cox, autor de Weather For Dummies, que, según Gates, sigue siendo uno de los mejores libros sobre el clima jamás escrito. Sin embargo, el libro de Gates es de lectura compulsiva. Su ambición era “cortar el ruido” y brindar a los consumidores mejores herramientas para comprender lo que funciona, una ambición que cumple admirablemente. Sin embargo, es más que eso. Gates puede conseguir una audiencia con cualquiera, puede reunir recursos casi ilimitados y es obstinado en los detalles. El resultado, particularmente a raíz de la presidencia de Trump, es emocionante.

También es, ocasionalmente, cómico. “No puedo negar que soy un tipo rico con una opinión”, escribe, haciendo un gesto con la cabeza a la otra cara de su condición de visionario: la del despreciado multimillonario que hace lo necesario para seguir un hobby. Y se ve algo de trivialidad nerd en algunas de sus pasiones. En un episodio, Gates lleva a su hijo de 15 años, Rory, a una planta de energía en unas vacaciones familiares, algo que considera un día alegre. “Estoy asombrado por la infraestructura física”, explica.

La parte deprimente del libro es su relato del desafío a enfrentar, que Gates presenta como extremadamente urgente y, para evitar el derrotismo, lo mira como casi factible. Señala una cifra principal: 51,000 millones. Esta es la cantidad de toneladas de gas de efecto invernadero emitida a nivel mundial cada año y la cual tenemos que reducir a cero para 2050. El primer paso hacia esto es comprender a qué nos enfrentamos. “Tengamos más artículos entendibles sobre el clima para que la gente pueda comprender si se trata un gran avance y qué tan grande o pequeño asunto es”.

Por ejemplo, la industria del transporte, en la que se centra tanta atención, representa solo el 16% de las emisiones globales, razón por la cual, a medida que los viajes aéreos se han detenido, los gases de efecto invernadero han disminuido apenas alrededor del 5%. Como señala Gates, el futuro de los viajes en automóvil está en los vehículos eléctricos; pero si la electricidad proviene de centrales eléctricas de carbón, el cambio tiene un valor limitado. Los automóviles son una parte menor del problema en comparación con el gigante de las emisiones generadas por las industrias mundiales del cemento y el acero.

La mayoría de la gente no entiende qué es el cemento”, dice Gates, que se enciende en el interés de este tema. “Pasé literalmente semanas entendiendo por qué es tan milagroso, y si ¿pudiésemos usar menos?” Lo mismo ocurre con la producción de carne. “Para entender, sí, ¿cuál es la relación entre la generación de las calorías de la vaca y la producción? ¿Cuál es la genética de la vaca?” Los eructos y pedos de las vacas representan alrededor del 4% de las emisiones globales; sin eliminar la carne de res de nuestras dietas, ¿cómo se pueden compensar o eliminar esas emisiones?

¿Ciencia o ficción?

Como mucha gente, me he entregado a un pensamiento un tanto mágico sobre esto, reciclando obedientemente mi plástico cada semana y asumiendo que, cuando llegue el momento, el gobierno de EU dedicará todo el presupuesto anual de defensa al control climático e inventará un escudo, o algo así. Y Gates trata sobre algunas innovaciones geniales de ciencia ficción, la mayoría de ellas relacionadas con tecnologías de captura directa de aire, que absorben (no es su término científico) gases de efecto invernadero de la atmósfera. Hay un deshumidificador de energía solar para sacar el agua potable del aire y una tecnología para almacenar calor en “sal fundida”. Existe la geoingeniería, que quizás algún día pueda reducir la cantidad de luz solar que golpea la superficie del mundo al “distribuir partículas extremadamente finas” en la atmósfera superior o usar un aerosol de sal para “iluminar las nubes”. Pero estas innovaciones son terriblemente caras e imprecisas. Si te entrometes con las nubes sobre EU, no hay garantía de que la temperatura en China no baje.

El gesto más grande que las autoridades más poderosas están dispuestas a hacer es desinvertir en industrias contaminantes. El año pasado, el estado de Nueva York se comprometió a desinvertir su fondo de pensiones de 226,000 millones de dólares de las empresas de combustibles fósiles. Esto le parece a Gates totalmente inadecuado; desvía el foco de preocupaciones más urgentes, como encontrar una fuente de energía neutra en carbono para alimentar la red eléctrica. “Sería trágico tener a toda esta generación detrás de la causa, y luego hacer las cosas fáciles como desinvertir en acciones y valores bursátiles. Puedes decir: ‘Está bien, no quiero más de esas acciones malvadas de la compañía petrolera. ¡Hurra!’ Bueno, ¿cuántas toneladas [de carbono] evitaste al hacer eso?”.

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Lo mismo aplica con todos los que prometen comer menos carne. “Quiero decir, estas son cosas buenas; de hecho, comprar Beyond Burgers (una empresa de” carne “basada en plantas en la que Gates invierte) en realidad impulsa la demanda, lo que aumentará la calidad y reducirá la prima de su costo, por lo que el comportamiento del consumidor es importante. Pero a menos que reemplace el acero, es una broma. Obligar a las empresas a informar sobre sus emisiones de Co2 es algo bueno; pero cuando abres el informe de la empresa siderúrgica, dirás: ‘¡Oh, esto es impactante, tienen emisiones!’ ¿Y qué? ¿No vamos a construir edificios en India para proporcionar a las personas un refugio básico? (…)

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“Si se tratara de una reducción del 20%, debería ser bastante fácil. Los países ricos podrían reducir los coches y casas grandes, así como las cantidades ridículas de carne que comemos en un 20%. Lo que dificulta tanto el clima es que no se trata de una reducción del 20%, se trata de reducirlo a cero. Así que cosas como (cambiar) el transporte público para que tenga un 20% menos de kilómetros conducidos en la ciudad no van a ninguna parte”.

Lo único que neutralizaría el impacto climático del transporte público es si todos los vehículos estuvieran propulsados ​​por un combustible de cero emisiones. Una solución que cita Gates es el hidrógeno limpio. Todavía no existe en una forma utilizable generalizada, pero si la tecnología avanzó para crear hidrógeno “súper, súper barato y totalmente limpio, que ayuda a muchos procesos industriales. Podrías usar eso para hacer fertilizantes de forma limpia, para ayudar a fabricar acero de forma limpia. Eso por sí solo ayudaría con aproximadamente el 30% de las emisiones, lo cual es bastante sorprendente: tener una cosa que pueda hacer el 30%”.

¿En qué mundo vive Bill Gates?

Si hay una brecha de credibilidad al escuchar a Gates sobre este tema, proviene de la sospecha de que vive en un mundo tan alejado del resto de nosotros como para generarse grandes puntos ciegos. Es algo pequeño, pero en una entrevista con Rolling Stone en 2014, Gates mencionó un almuerzo con Charles Koch, el multimillonario libertario que ganó enormes sumas del negocio del petróleo y durante décadas presionó para reducir las regulaciones ambientales de EU. “Es una persona muy agradable”, dijo Gates en esa entrevista, “y tiene un historial comercial increíble”. Koch, junto con su difunto hermano David, pasó décadas financiando a los negacionistas del clima. El respeto de Gates por él parece vertido enteramente en su éxito como hombre de negocios; no importa cuán filantrópico sea, en algún nivel la clase multimillonaria es principalmente leal a sí misma.

Pero no se puede negar que Gates está alerta ante la desigualdad. “Son los países ricos los que hicieron todas las emisiones”, dice, “pero son los países pobres (los que sufrirán). La injusticia de esto a nivel mundial es bastante alucinante“. Aún así, a menudo está en desacuerdo con otros activistas climáticos, particularmente con los de izquierda. Del Green New Deal, la propuesta respaldada por (la legisladora) Alexandria Ocasio-Cortez que eleva el objetivo de la neutralidad de carbono en una década, es rotundamente desdeñoso. “Bueno, es un cuento de hadas. Es como decir que las vacunas no funcionan, es una forma de negacionismo científico. ¿Por qué venden fantasías a la gente?” Esto parece un poco duro, y uno sospecha que a la vehemencia de Gates la impulsa una desaprobación más amplia de la política de Ocasio-Cortez. Pero su punto es que no hay tiempo, dinero o voluntad política para reconfigurar la industria energética en una década; al fomentar una meta imposible, te condenas a ti mismo a medidas coyunturales que resultan insuficientes.

¿Qué tan útiles considera que los movimientos de protesta como Extinction Rebellion, con su hábito de cerrar las calles concurridas en las horas pico? “Bueno, lo que necesitamos es innovación. Entonces, si son realmente estratégicos sobre la calle que cortan, y un pobre tipo está bloqueado en el tráfico y se sienta allí y dice: ‘Dios, tengo que encontrar una manera de hacer acero (como ser carbono neutral). Era un perezoso, pero ahora que estoy sentado aquí en medio del tráfico, voy a ir a casa esta noche y averiguar cómo hacer esto’. Entonces hay una conexión directa entre bloquear el tráfico y solucionar el cambio climático”. Sonríe sarcásticamente. “No pretendo burlarme de ello, en cierto modo su pasión es valiosa. Pero se manifestará de formas que no son tan constructivas. Así que necesitamos canalizar esa energía de una manera que requiera 51,000 millones y la mueva hacia cero“.

¿Y Greta Thunberg? “Hasta cierto punto en cuanto a la resonancia del problema: si el cambio climático no fuera importante, ella no aparecería en las portadas”. Me gusta bastante Gates por esto. Uno puede imaginarlo hablando de Malala Yousafzai también; el sentimentalismo popular no es algo que le interese. “No estoy tratando de quitarles nada. Y cada movimiento necesita líderes icónicos que hablen, y eso es algo bastante bueno. Pero probablemente haya algún adolescente que crea que los rohingya deberían ser tratados mejor, y otro que piensa que no estamos invirtiendo lo suficiente en una buena educación. Entonces, el mundo la ha buscado (a Greta) para hablar de esta manera clara, casi inocente, sobre una causa en la que estamos tratando de orquestar nuestra energía, y decir, oigan, ¿podemos mantener esto y convencer a la gente de que haga sacrificios? ¿Y qué tan grandes deben ser estos sacrificios? Así que me alegro: no se puede tener un movimiento sin figuras de alta visibilidad. Espero que no arruine su educación. Parece muy inteligente”.

Bueno, espere, le digo: usted mismo desertó de la universidad.

“Eso es cierto. Aprender cosas por sí mismo funciona muy bien para algunas personas, y probablemente para ella”.

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De millones y pandemias

Bill Gates abandonó Harvard en 1975 para formar Microsoft. Durante los siguientes 20 años, se centró únicamente en construir la empresa; en 1996, tenía una capitalización de mercado de 100 mil millones de dólares. Gates se convirtió en el hombre más rico del mundo en 1995, un lugar que ocupó de forma intermitente hasta que Jeff Bezos lo sacó de ahí en 2018 .

Bill y Melinda Gates. Foto: Kjetil Ree/Wikicommons

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Es tentador leer la estética de Gates, simple, funcional, alérgica a cualquier cosa que no esté al servicio de sus objetivos, como la clave de su éxito, y al menos tan importante como su genio de la codificación. En estos días, según Forbes, su fortuna personal ronda los 120,000 millones de dólares. Pero no fue hasta los 40 años, dice, que comenzó a pensar en la filantropía, aunque siempre estuvo presente en su crianza. Su padre, Bill Gates Sr., fue un abogado que jugó un papel decisivo en la creación de la Fundación Gates. Su madre, Mary, que trabajó en varias juntas caritativas, brindó en la boda de Gates por Melinda y dijo: “De aquellos a quienes se les da mucho, se espera mucho”. Así que sí, dice Gates: “La idea de que el éxito de Microsoft es demasiado dinero para un individuo (y que devolver eso a la sociedad de alguna manera constructiva podría ser algo que terminaría haciendo), fue algo de lo que cuenta de forma lenta pero segura“. Fue asesorado en esto por su amigo Warren Buffett. Gates todavía está molesto por algo que el fundador de CNN, Ted Turner, dijo de ambos hombres hace años, “afirmando que queríamos estar más arriba en alguna lista de riqueza. Y, sinceramente, no estábamos muy concentrados en eso”.

El tema de las pandemias es uno que lo ha obsesionado durante dos décadas, desde la donación inicial de 750 millones de la fundación a la Gavi Vaccine Alliance en 1999 que culminó en 2014 cuando dio una charla Ted sobre el fracaso de la comunidad internacional en prepararse para la próxima gran brote. Gates ha donado 100 millones de dólares a la investigación de Covid y, en CNN, antes de Navidad, predijo que “los próximos cuatro a seis meses podrían ser los peores de la epidemia”. ¿Esperará su turno para la vacuna, como todos los demás? “Así es. Soy una persona sana de 65 años y la delegaré en los estados. Así que probablemente en marzo o abril, me filmarán tomando la vacuna”.

Que esté filmado es importante. Gates se ha convertido en el centro de las teorías de conspiración en línea sobre cómo “creó” el virus y ahora está usando la vacuna para implantar microchips. Durante meses, ha estado rechazando estas teorías; En una entrevista con Reuters en enero, repitió con hartazgo lo “loco” y “malvado” que era todo eso.

¿Cree que el lanzamiento de la vacuna en EU, que ha sido bastante caótico, podría haberse manejado mejor? “Es increíblemente complejo, especialmente cuando se intenta hacerlo a la escala y velocidad requeridas. Como contexto, la campaña de la India para dar a 400 millones de niños la vacuna contra el sarampión y la rubéola tomó más de dos años con un año completo de planificación. El liderazgo nacional es crucial: espero que la administración entrante pueda ayudar a lograrlo“.

Mientras tanto, Gates señala que la experiencia de la pandemia tiene “fuertes conexiones” con lo que sucederá si no abordamos la emergencia climática. “Dependemos de los gobiernos para que mire hacia el futuro, de modo que incluso si aparece algo poco probable, la gente no muere y la economía no se arruina. Y así, para la pandemia, a pesar de que muchas personas, incluyéndome a mí, dijimos que deberíamos estar preparados (literalmente, el título de mi charla en Ted era “No estamos listos”), el gobierno nos defraudó. Y así con el cambio climático: queremos que el gobierno mire hacia adelante y haga lo correcto”. Es un panorama mucho más complicado, en el que lo más útil que pueden hacer las personas, en opinión de Gates, es educarse para juzgar mejor el impacto de las diversas soluciones. “No hay nada tan simple como vacunarse y la pesadilla termina. Estás hablando de reemplazar todas las fábricas de acero y cemento, todo lo que haces con la electricidad y el transporte, incluso la comida. Es mucho más amplio y el tiempo para hacer estas cosas a gran escala es mucho más largo”.

Cuestión de grados

Uno de los hechos más alucinantes que comparte Gates en su libro es que durante la edad de hielo la temperatura global era apenas seis grados más fría de lo que es hoy; y cuando los dinosaurios estaban alrededor, solo cuatro grados más caliente. Entonces, como les encanta decir a los negadores del clima, ¿cuál es el problema si las cosas se calientan un poco?

“Eso me confundió un poco”, dice Gates. “Tenemos estos enormes rangos de temperatura, ha habido bosques en el polo sur, así que oye, ¿qué tan malo puede ser esto? Pero comprende que es la tasa de cambio; que la velocidad a la que sube el Co2 es tan rápida que la evolución no puede ayudar. Si esto sucediera durante decenas de millones de años, en lugar de 100 años, entonces la Tierra podría adaptarse”. Hace una pausa para considerar otro detalle aterrador. “El hecho de que haya tanta agua en el hielo de la Antártida, y que pueda elevar el nivel del mar en más de 30 metros, también es alucinante”.

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Si él tuviera 30 años menos, ¿consideraría no tener hijos? “Los países ricos están preocupados por la contracción. Así que no, no le diría a nadie, por favor no tenga hijos. Haremos del mundo un lugar razonable para vivir y así los niños estarán bien“. Lo piensa por un momento. “Es extraño que en 2050 tenga 95 años. ¿Viviré para ver cómo se desarrolla esto, en términos de lo que funciona y lo que no funciona? Por eso hay que involucrar a los jóvenes”.

El método de Gates para involucrar a sus hijos está en línea con sus propios intereses, los cuales su hijo, Rory, ahora de 21 años, comparte con pasión. (Sus hijas, Phoebe y Jennifer, tienen 18 y 24 años respectivamente, y parecen haberse salvado de las excursiones de un día de vacaciones). “La historia del acero se remonta a unos 4,000 años”, dice Gates soñadoramente, y vuelve a mencionar lo mucho que ama el concreto. ¿Rory nunca se quejó de que lo arrastraran a mirar una fábrica? “Tiene una gran curiosidad”, dice Gates. “Había algunas (quejas), como ir a la planta de aguas residuales, que olían bastante. Yendo a donde procesan basura, y a la fábrica donde hacen papel higiénico y toallas de papel, que también tenía mal olor. Aunque para los dos eso fue bastante interesante”.

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Gates se considera a sí mismo “ingenuo sobre el mundo físico” y le fascina cómo funcionan las cosas. “Ambos somos un poco así. Entonces era plantearse: ¿cómo se hacen realmente las cosas? Este tipo Smil (el académico de la energía Vaclav Smil) escribe todos estos libros sobre esto, libros tan fascinantes, pero nunca se venden. La gente simplemente da por sentado el hecho de que acciona el interruptor y la luz se enciende, y detrás de eso hay innovaciones tan increíbles. Asimismo, la creación del acero y lo barato que es todo eso. Viéndolo directamente, lo recomiendo mucho. Quiero que las visitas a las plantas de acero aumenten drásticamente”.

Le sugiero que existe la suposición de que cualquiera en la categoría de riqueza de Gates tiene un plan de contingencia personal: un cohete secreto, digamos, o una isla fortificada, o al menos, un búnker extremadamente bien abastecido. “No, no lo sé. En mi vida, el clima será peor, pero principalmente en el ecuador. No soy un superviviente”. En cambio, su versión de supervivencia es financiar la innovación. “Estoy invirtiendo dinero en la captura de carbono y la fisión nuclear. La fundación (Gates) hace lo que llamamos trabajo de adaptación, que es mejorar las semillas”. (Esto es para que los cultivos puedan sobrevivir a sequías e inundaciones en las zonas más afectadas por la crisis climática). También está invirtiendo en el desarrollo de baterías que podrían, por ejemplo, alimentar a Tokio durante tres días si un ciclón la deja sin energía. (Costarían 400 mil millones de dólares).

¿Existe alguna área de innovación que, si lo hacemos bien, podríamos salvarnos? “La respuesta básica es no”, dice Gates. La escala de la amenaza es tan omnipresente, tan exigente de cambios radicales en el transporte, los edificios, la industria, el uso del suelo y la voluntad política, que “no existe un avance único que pueda resolver todas esas cosas”.

Hay, dice, “un par que está muy arriba en la lista”. Si hay algo de talismán en Gates, y la fe que tenemos en nuestros multimillonarios y genios para sacarnos de este agujero, él no está aquí para alentarlo. “Pero si nada más obtienes los primeros en la lista”, dice, con una especie de calma aterradora, “estás en un problema profundo, profundo, profundo”.

The Guardian
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