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Entrevista

‘Jugué con la idea de encurtir personas’: Damien Hirst

Mientras inicia una revisión de su obra en las nieves de St. Moritz, el artista habla sobre su obsesión por la sangre, su desconexión del mundo del arte y por qué extraña el relajo con su ejército de asistentes.

Hasta el lomo en la nieve limpia y fresca ... Templo de Damien Hirst de 21 pies de altura en St Moritz, Suiza. Fotografía: Felix Friedmann / Damien Hirst y Science Ltd, DACS 2021

Si alguien debiera haber estado preparado para esto, ese es Damien Hirst. Treinta años antes de la pandemia que ha hecho que el mundo moderno se sienta mortal, un joven artista de Leeds colocaba animales muertos en tanques de vidrio y ordenaba drogas en botiquines para enfatizar la fragilidad de la vida.

Ahora Hirst está encerrado como todos nosotros y, mientras conversa a través de Zoom desde lo que debe ser la habitación menos impresionante de su casa (un espacio pequeño y espartano con una tela azul y blanca sobre una pequeña ventana) está de acuerdo en que ese trabajo inicial de repente se siente muy actual.

“Representa un filo de cuchillo entre la vida y la muerte. Y así es como se siente ahora. Es algo inútil si no tienes cuidado: la crisis de lCovid, el Brexit… Puede llevar a que te metas en un lugar sin esperanza. Estoy preocupado por mi mamá, ella está en Devon, aislada. Me preocupan mis hijos“.

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Al menos él ha tenido un gran proyecto para distraerse durante el confinamiento. Se trata de una espectacular revisión de su arte que acaba de abrir en St Moritz, Suiza. Él la orquestó en su totalidad a través de las redes sociales y el teléfono. La imagen que más me atrae es una imponente estatua pintada de un hombre con la piel despegada para revelar los órganos internos: una aorta azul brillante, corazón con venas rojas, hígado marrón, intestinos como salchichas, todo enmarcado contra el cielo azul y las montañas blancas de una vista a los Alpes. Él hombre parece enterrado hasta el lomo en nieve limpia y crujiente. Me encantaría estar allí en persona, empequeñecido por este coloso de 6.4 metros de altura llamado Temple, una de las variaciones sobre el tema de la disección humana que comenzó con su estatua HYmn (1999-2005). Pero solo puedo explorar el programa suizo de Hirst en mi pantalla. Y Hirst va en el mismo barco que yo.

Un gigante del cual emanan algas… El Monje, de Hirst. Foto: Felix Friedmann/©Damien Hirst and Science Ltd. All rights reserved, DACS 2021

De hecho, dice, “nunca he estado en St Moritz. Pero sé dónde está todo ahí. Es como cuando jugaba a Tomb Raider en los primeros días y entré en una plaza en Venecia que reconocí por el videojuego”.

No en vano la exhibición se llama Escapología Mental. Hirst se divirtió dirigiendo su creación a través de FaceTime, obsesionado con las alturas y la colocación de exhibiciones en la iglesia protestante de la ciudad y observando con ansiedad cómo la tripulación luchaba por instalar un gigante del que brotan algas llamado El Monje en medio de un lago antes de que se congelara.

Me sorprendió un poco cuando el agente de relaciones públicas de Hirst se puso en contacto para ofrecerme una entrevista. En ocasiones he sido muy grosero con él: una vez escribí que sus pinturas se asemejan al arte de un dictador rodeado de lacayos que están demasiado asustados para decirle que no tiene talento. Pero la verdad es que soy un fan que se enoja cuando algo no cumple con mis expectativas. Cuando vi por primera vez a su tiburón nadar hacia mí en la Galería Saatchi, no se parecía a nada que hubiera visto antes: me mordió el alma. Es agradable en la extraña intimidad de Zoom poder decirle la verdad, que cuando a mi madre la operaban del corazón en la década de 1990, deambulé por el hospital viendo sus vitrinas en mi cabeza. Hoy sigo pensando que es un gran escultor, aunque sea un pésimo pintor.

Le hago a Hirst una pregunta que siempre he querido hacerle. ¿Por qué nunca pasó de poner animales en formaldehído a encurtir personas?

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“Jugué con la idea”, dice. Maquinó la idea de obtener un cadáver masculino y uno femenino, cortarlos por la mitad y encajarlos con su pene dentro de ella: “¡Como el dibujo de Leonardo da Vinci!”, yo digo. Es cierto, tenía la intención de recrear un dibujo de Leonardo que abre a un hombre y una mujer para mostrar la anatomía de la cópula.

Pero Hirst nunca trabajó con cuerpos humanos. “Prefiero cuando tienes un objeto descuidado, como una oveja, que es carne— estás pensando ¿por qué siento empatía? — Eso es genial porque deberías, porque no es solo carne”. Esa imagen del cadáver “descuidado” de una oveja recuerda su obra de 1994 Lejos del rebaño, una oveja en una vitrina con profundas raíces en las imágenes cristianas. El catolicismo, confiesa, impregna su forma de ver las cosas.

Profundas raíces en las imágenes católicas… Lejos del rebaño, de Hirst. Foto: Prudence Cuming Associates/© Damien Hirst and Science Ltd. All rights reserved, DACS 2021

“Fui católico hasta los 12 años. Entonces mis padres se divorciaron y mi madre dejó la Iglesia. Me encantaban las imágenes: la sangre. Pero trae a Dios y me convierto en científico y digo que no hay Dios”. Todavía se puede ver la sangre en su arte, brillando contra la nieve alpina desde su colosal juguete científico donde la biología y la metafísica chocan.

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El mundo del arte ha pasado de idolatrar a Hirst en la década de 1990 a burlarse de su trabajo reciente, incluido su vasto museo de arqueología falsa en la Bienal de Venecia. ¿El mundo del arte?: “He perdido de vista dónde están todos”. Mira a la gente en las vistas privadas a través de las ventanas de la galería: “No sé quiénes diablos son, bebiendo vino y comiendo queso. Alguien que me gusta mucho es Banksy. Jay (Jopling, su marchante) me dijo que no es importante en el mundo del arte. Y yo le dije: pero es importante en el mundo“.

Y eso es lo que quiere ser Hirst, aunque no comparte el lado polémico de Banksy. Considera que Picasso creó un verdadero arte político cuando pintó Guernica.

“Creo que tal vez Picasso es más político que yo. Las cosas tendrían que ponerse muy mal antes de empezar a concentrarme en un evento”. Aunque creó un trabajo pro-UE que solo decía IN… “y salió bien…”

A Hirst no le interesa el arte de la política, solo la vida o la muerte. Es por eso que la pandemia es uno de los “eventos” que se han apoderado de él. La primavera pasada, cuando los niños estaban colocando sus propias obras del arco iris en las ventanas, él también hizo un arcoiris, a partir de mariposas digitalizadas, en apoyo al Servicio Nacional de Salud del Reino Unido. En otoño inauguró la primera exposición de su propio arte en su Newport Street Gallery, el cautivador y gratuito espacio en blanco que ha creado en el sur de Londres y que ofrece un panorama de sus primeros trabajos con todas sus imágenes de muerte y medicina. Incluso había una vitrina rellena de mascarillas quirúrgicas azules. La ciencia médica ofrece “inmortalidad en pequeñas dosis”, dice. Y, sin embargo, hemos sido llevados a métodos medievales de cuarentena y bloqueo por un virus que atrapó a nuestra civilización científica durmiendo.

Un poco de Houdini… Hirst en su Newport Street Gallery, en donde exhibe parte de sus primeras obras. Foto: Prudence Cuming Associates/© Damien Hirst and Science Ltd. All rights reserved, DACS 2021

Cualquiera que sea hostil a Hirst, que no esté convencido ni siquiera por su simple apoyo del NHS, podría pensar que, si alguien pudiera escapar a una isla privada, él podría hacerlo. Pero no lo ha hecho. Su encierro en Londres le ha hecho darse cuenta de algo sobre la forma en que trabaja habitualmente. Es bien sabido que emplea grandes equipos de asistentes para hacer realidad sus ideas, y no se disculpa por eso: “nadie espera que un arquitecto como Frank Gehry coloque sus propios ladrillos”, refiere. Pero, cuando comenzó el primer encierro y todos sus ayudantes se tenían que marchar, lo que él extrañaba era el “relajo”.

Me he retirado más a mi arte. Pintar en mi estudio. Aislamiento absoluto, no hay nadie”. Tiene una muestra de pinturas psicodélicas de flores de cerezo rosa que se inaugurará en París esta primavera: otro antídoto extremo contra el bloqueo.

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Tal vez sea el aislamiento y la ansiedad, “uno sólo tiene que superarlo”, lo que le hace hablar tan afectuosamente sobre su madre y su vida temprana en Leeds. Ella fue su primera audiencia y le hizo darse cuenta de que podía conseguir una “reacción” con el arte: todo empezó con “darle un dibujo a mi madre y ella lo colgaba en la pared”. A medida que creció y descubrió el arte moderno, adquirió el gusto por provocar a la gente y lo probó “discutiendo con los amigos de mi madre en el club social”.

Sin embargo, una obra de arte que lo influenció en Leeds cuando era adolescente no era moderna ni polémica en absoluto. Es una estatua de bronce de una figura corpulenta que lleva un barril de cerveza, un obsequio a la ciudad por su ciudad gemela Dortmund en 1979, y conocida localmente como El hombre gordo con barril. “Cualquiera de mi edad en Leeds sabe lo que es”. Cuando eran niños, todos “se encontraban en El gordo del barril”.

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Esta imagen un poco surrealista y sin contexto, que es en parte una broma y en parte un tesoro comunitario, le parece un poderoso ejemplo de lo que puede ser el arte público. Y la escultura pública es la verdadera vocación de Hirst. En un momento en el que todo el mundo discute sobre quiénes deberían y no deberían representar las estatuas, las estatuas de Hirst proceden de otro lugar, uno de ensueño, y son difíciles de explicar. El Monje en el hielo del lago St Moritz es grotesco y hermoso, y el hecho de que su peso parezca apoyado en el hielo por medio de la magia aumenta el misterio.

Es, por supuesto, una ilusión. Hirst tuvo que supervisar, en su computadora, la instalación de una panga para soportarlo. Su espectáculo también incluye pelotas de playa flotando en el vacío, suspendidas por chorros de aire. Es una fantasía de libertad que ha orquestado en el encierro. Tienes que ser un poco “Houdini”, dice.

Algo en las imágenes cristalinas de su sueño invernal helado de su exhibición de arte habla de lo que todos necesitamos en este momento: un poco de escapología mental. Hirst en su mejor momento hace un arte que se queda contigo, como un hueso en la garganta o un gordo con un barril.

“Me gusta cuando la gente ama mi arte. Me gusta cuando la gente odia mi arte. Simplemente no quiero que ignoren mi arte”.• Damien Hirst, Mental Escapology, en St Moritz y en línea hasta el 24 de marzo. Damien Hirst, Cherry Blossoms se inaugura en Fondation Cartier, París, el 1 de junio.

The Guardian
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