La respuesta ‘genocida’ de Bolsonaro causó la catástrofe brasileña, dice Dilma Rousseff
Dilma Rousseff le dijo a The Guardian: ‘Estamos a la deriva en un océano de hambre y enfermedad… Realmente es una situación extrema la que presenciamos en Brasil’. Foto: Ricardo Maldonado Rozo/EPA

La respuesta perversa y “genocida” de Jair Bolsonaro a uno de los brotes más mortales de Covid del mundo dejó a Brasil “a la deriva en un océano de hambre y enfermedad”, afirmó la expresidenta del país Dilma Rousseff

Al hablar con The Guardian esta semana, mientras que el número de muertes por coronavirus alcanza nuevos niveles devastadores, con más de 12,000 muertes en los últimos tres días, Rousseff dijo que su país se enfrenta al que puede ser el momento más grave en su historia. 

“Vivimos una situación extremadamente dramática en Brasil, porque no tenemos gobierno, nadie que maneje la crisis”, dijo Rousseff, una exguerrillera de izquierda por poco más de cinco años hasta su destitución controversial en 2016. 

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“Ahora vemos 4,200 muertes al día y todo sugiere que si nada cambia llegaremos a 5,000… Aún así hay una normalización repulsiva de esta realidad. ¿Cómo puedes normalizar las 4,211 muertes que se registraron (el martes)?” Preguntó Rousseff mientras la cifra de muertes oficial llegó a más de 345,000 solo después de EU. 

La primera presidenta de Brasil, como cada vez más ciudadanos, cree que mucha de la culpa es de Bolsonaro, un populista de ultraderecha cuya respuesta anticientífica a lo que él llama una “pequeña gripa” lo volvió un monstruo internacional. Las encuestas de opinión y las protestas con cacerolas sugieren que el enojo público en aumento en contra del político admirador de Trump que fue elegido en 2018 después de que el mentor de Rousseff, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, fuera encarcelado y que un juez que después se unió al gabinete de Bolsonaro le prohibiera postularse. 

Rousseff sostiene que el sabotaje de Bolsonaro a la contención y trabajos de vacunación, el rehusarse a ordenar un confinamiento y el fracaso de ofrecer apoyo económico adecuado para los pobres contribuyó a una tragedia de “proporciones catastróficas”. 

“No digo que Brasil no habría tenido muertes (con una respuesta diferente), todos los países tuvieron”, dijo ella. “Digo que parte del nivel de las muertes aquí es fundamentado con decisiones políticas incorrectas que todavía se toman”. 

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El colapso de Brasil también fue una amenaza internacional. “La ausencia de un combate efectivo en contra de la pandemia terminó en algo extremadamente serio. La emergencia de las llamadas nuevas variantes, que son altamente infecciosas y aumentan el número de muertes en los países cercanos”, dijo Rousseff, señalando cómo los vecinos sudamericanos cierran sus fronteras por temor a la variante más contagiosa P1 vinculada al Amazonas de Brasil. 

Muchos críticos ahora discuten que las acciones de Bolsonaro equivalen a “genocidio”, y Rouseff dice que ella está con ellos.

“Yo uso esa palabra. Lo que caracteriza el acto de genocidio es cuando tomas un papel deliberado en la muerte de una población a escala masiva”, dijo la expresidenta de 73 años desde su hogar en Porto Alegre, una de muchas ciudades con hospitales rebasados de capacidad con doctores forzados a hacerla de Dios. 

“No es la palabra lo que me interesa. Es el concepto. Y el concepto es este: la responsabilidad por las muertes que se pudieron evitar”. 

El jueves, la suprema corte de Brasil ordenó una investigación de la conducta del gobierno, una medida que los expertos llamaron un golpe grande para Bolsonaro, quien todavía tiene el apoyo de un tercio de votantes pero se enfrenta a niveles récord de rechazo. 

El desastre de Brasil, que está turbocargado por la variante P1, se profundizará en los días que vienen. Se perdieron más de 66,000 vidas por Covid en marzo. Se espera que el número de defunciones en abril exceda 100,000. El viernes Bruce Aylward, consejero principal de la Organización Mundial de la Salud, llamó al bote “un infierno devastador”. 

“Es desesperante. Para ser honesto, no puedo dormir bien. Me voy a la cama con estos números y simulaciones en mi cabeza y creo que no puedo pensar bien”, dijo Miguel Nicolelis, un científico prominente cuyas proyecciones sombrías sobre el brote se han confirmado en varias ocasiones. 

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“EU tuvo un día con más de 5,000 muertes y vamos a superarlos, en el número de decesos diarios y probablemente en el número total de defunciones”, predijo Nicolelis. 

“Comenzaremos a ver pilas de cuerpos en las clínicas de salud y a gente morir en las calles pronto en la ciudad más grande de Brasil”, dijo de São Paulo, pidió un confinamiento nacional de un mes y el cierre de caminos, aeropuertos y ríos. 

Rousseff también pidió un confinamiento inmediato, aunque Bolsonaro rechaza repetidamente esta idea, aparentemente teme que dañará la economía y sus esperanzas de reelección en 2022. “No habrá confinamiento nacional”, insistió Bolsonaro en un viaje al sur de Brasil esta semana. 

Fuera de su residencia el martes, Bolsonaro, de 66 años, se sacudió el criticismo. “Me han llamado homofóbico, racista, facista, torturador… Ahora soy un genocida”, sonrió. “¿Hay algo de lo que no me culpen en Brasil?”

Rousseff concedió que Bolsonaro no es el único culpable de la calamidad de Covid que sacude a su país, y al mundo. También culpó a las élites económicas, jefes militares, dueños de medios y políticos que ayudaron a que el extremista de derecha ganara poder al apoyar su destitución y después aplaudir la caída de Lula y el ascenso de Bolsonaro. Los líderes mundiales incluido Donald Trump también manejaron la pandemia desastrosamente. 

“Habrán responsables por la catástrofe que se desarrolla en Brasil”, dijo Rousseff, quien traza las tribulaciones actuales desde su remoción de oficio exactamente hace cinco años por supuestamente manipular el presupuesto para enmascarar males económicos. 

“Bolsonaro es un producto de este… pecado original: la destitución”, dijo de lo que sus seguidores llaman un “golpe” con motivaciones políticas. 

El domingo 16 de abril de 2016, Bolsonaro, un entonces congresista, fue uno de los 367 diputados de aprobaron la destitución de Rousseff durante una sesión revoltosa en la que él le dedicó su voto a un torturador de la era de la dictadura que supervisaba el abuso de rebeldes de izquierda como ella. 

En ese entonces, Rousseff dijo que nunca imaginó que Bolsonaro se convertiría en presidente algún día. Tampoco pudo prever a Brasil enfrentándose a esta emergencia bajo un liderazgo menos adecuado. “La realidad es peor que cualquier cosa que podría imaginar. Es como si estuviésemos a la deriva. Estamos a la deriva en un océano de hambruna y enfermedad… Realmente es una situación extrema la que vivimos en Brasil.