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Entrevista

The Offspring, los punks de platino: ‘Éramos inadaptados entre los inadaptados’

Tuvieron un éxito enorme en el Reino Unido y el álbum independiente más vendido en la historia. Tras 37 años de carrera, la banda de California reflexiona sobre el sexo de mediana edad, y no recibir el respeto que merecen.

'Nuestro estado de ánimo es siempre esperanzador'... The Offspring

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“Ahora está de moda decir: ‘Cuando éramos jóvenes, no encajábamos’“, dice Dexter Holland, líder de los punks con múltiples premios The Offspring, en una llamada por Zoom desde el afelpado estudio de la banda en Orange County. “Pero era cierto para nosotros cuando íbamos a la escuela, donde todo lo que importaba eran las apariencias, los deportes y la popularidad. Quiero decir, ¡míranos!”

Kevin “Noodles” Wasserman, guitarrista y viejo amigo de Holland, se asoma y muestra sus lentes de fondo de botella. “Tenías que haberme visto cuando usaba frenos y sombrero”, sonríe.

Después de 37 años de carrera, y dos décadas después de su sorpresivo éxito en el Reino Unido Pretty Fly (for a White Guy), la banda aún se asemeja a los arquetípicos geeks del cine adolescente, pero en su nuevo álbum Let the Bad Times Roll, el enojo adolescente maduró en enojo de la mediana edad. Hay diatribas de políticas centristas estilo papá, una balada de piano, e incluso una divertida representación de las dificultades en la habitación para los de mediana edad llamada We Never Have Sex Anymore (tiene muchas trompetas).

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“La radio ha cambiado tanto que se siente como si el mundo dijera, ‘¿Aún tocan la guitarra en 2021? ‘¿Qué clase de dinosaurio son?’ “, se ríe Holland, por la realidad de ser punks con más de 50 años. “Pero ser inadaptados es un espacio muy natural para nosotros, y conforme avanza el tiempo, parece que las personas nos aceptan cada vez más, si tomamos riesgos musicales ahora, las gente no se desconcierta”.

Igual que muchos inadaptados, el dúo encontró la salvación en el punk rock. Y también les resultó lucrativo: su álbum de 1994, Smash, vendió 11 millones de copias, y aún es el álbum independiente más vendido. “Pero de nuevo nos repudiaron, desde la comunidad del punk-rock”, añade Holland. “Creí que finalmente había encontrado mi hogar, a mi gente, pero me dijeron, ‘¡Púdrete! ¡Eres un vendido!’ “

“Inadaptados entre los inadaptados”, dice Noodles, sin emoción. “¿Qué le vamos a hacer?”

Esa fortuna tan escandalosa no estaba programada cuando el grupo se formó una década antes. Llenos con la misma energía y mensajes que los punks de California, pero atrapados en los suburbios conservadores clasemedieros de Orange County, The Offspring comenzó simplemente “como algo que hacer en los fines de semana, por el amor al arte y a la cerveza”, dice Noodles.

“No pensábamos en una carrera o algo así”, asiente Holland. “Sólo queríamos ser geniales. En aquel entonces el hair metal era todo, no había escenarios que contrataran a las bandas de punk”. Y así comenzó lo que el dúo describe como “el éxito de un día para otro de diez años” de The Offspring, un arduo camino de tocar en fiestas y en salones para veteranos de guerra, hasta que el grupo aseguró un puesto regular en 924 Gilman Street. Un sitio comunitario para todas las edades en Berkeley, que según Noodles tenía “una vibra ética”. Era equitativo, chicos haciendo cosas por otros chicos”. The Offspring construyó su primera base de aficionados ahí, junto con sus similares y también multipremiados Green Day y Rancid. Firmaron con Epitaph Records, dirigida por Brett Gurewitz de los pioneros del punk californiano Bad Religion, y concretaron un par de álbumes que les dieron credibilidad y ventas modestas.

Y entonces llegó Nirvana. “Cuando vi el video de Smells Like Teen Spirit en MTV pensé: se parece a nuestros shows en Gilman”, recuerda Holland. “De pronto, pareció que la puerta se abría. Tal vez no estamos tan perdidos como creíamos”. Esa puerta se abrió de par en par después del suicido de Kurt Cobain, la misma semana que se estrenó Smash. MTV luchaba por encontrar una banda que llenara el vació de Nirvana, y encontraron la respuesta en Green Day y su mezcla de ruidos punk, melodías pop y canciones sobre masturbarse. Sus viejos colegas del Gilman no estaban tan atrás. “De cierto modo nos agarramos del éxito de Green Day”, admite Noodles.

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Smash era el álbum apropiado para el momento adecuado. El sencillo “Come Out and Play” fue un éxito en MTV, era una piñata llena de momentos buenos para la radio con letras inspiradas en la rutina de Holland para asistir a la University of Southern California, donde intentaba obtener un doctorado en biología molecular. “Esa ruta me llevó por los barrios más duros de Los Ángeles”, dice. Fue durante las mayores tensiones entre Bloods y Crips, con los disturbios por Rodney King frescos en la memoria, y Holland dice que se expuso “a lo que estaba pasando, a la locura y el caos, pero desde la seguridad de mi auto”.

Gracias a “Come Out and Play”, Smash se convirtió en el primer álbum dorado de Epitaph, y posteriormente en el primero de platino, y las ventas siguieron creciendo. “Fue genuinamente increíble”, recuerda Noodles, cuya fe en el éxito de The Offspring era suficientemente inestable como para tener dudas de abandonar su trabajo “limpiando vómito de niños” como conserje en una primaria de Anaheim. “Teníamos un video todo el tiempo en MTV, y mientras recogía la basura en la escuela, los niños se acercaban y me decían ‘Vaya, ¿qué haces aquí? ¡Te vi en MTV en la mañana!’ El director me permitía faltar algunos viernes y lunes, para poder tocar muchos shows. Era agotador. Al final solicité un permiso para ausentarme durante tres años, me preocupaba que si la banda fracasaba tenía que reiniciar mi carrera desde el primer escalón otra vez”, dice.

“No compramos Maseratis, no fuimos a fiestas en Hollywood”, recuerda Holland, sobre el momento en que Smash rompió las expectativas. “No tenía 21 años, tenía casi 30, y eso hace una gran diferencia para lidiar con estas cosas. Mi objetivo principal era no reaccionar exageradamente al éxito de Smash y hacer un álbum ‘de regreso a las raíces punk’, o aparentar que capitalizábamos con él y hacer un álbum obviamente ‘pop’. Sabíamos que todos esperaban nuestra caída”.

Mientras las voces más duras de la escena punk aseguraban que los miembros del grupo eran unos vendidos, The Offspring cometió el peor de los pecados punks, cambiar a Epitaph por una disquera más grande. El siguiente álbum, Ixnay on the Hombre fue noventero en varios sentidos: un éxito comercial a pesar de solo vender cuatro millones de copias. Pero su siguiente álbum, Americana, de 1998, fue otro paso hacia adelante en el pop, a pesar del tono más oscuro y satírico.

Americana era nuestra opinión sobre la cultura estadounidense en ese entonces, en ese momento tan sensacionalista”, recuerda Holland. “Todo se trataba de Jerry Springer, el escándalo de Bill Clinton, y el consumismo descontrolado. Y yo nunca quise verme como predicador o como si estuviera sobre un pedestal, pero somos observadores, y yo pongo mis observaciones sociales en las canciones y ustedes pueden formar su propias opiniones”. Americana echaba un agudo vistazo sobre la cultura slacker (Why Don’t You Get a Job?), el suicidio juvenil y las adicciones (The Kids Aren’t Alright), pero fue otra viñeta de la rutina de Holland lo que inspiró el éxito más grande de la banda hasta ahora.

“Iba hacia un Starbucks y vi a un sujeto blanco estereotípico haciendo lo que hoy llamaríamos ‘apropiación cultural’, con una gorra de baseball de lado y todo. Yo grité, ‘Tiene mucho estilo para ser blanco’. Y de pronto encontré un verso y una inspiración. Me apuré para volver y grabar la canción. Sentía que, si no lo hacíamos ahora, alguien más iba a escribir algo así, como los Beastie Boys o alguien más, porque era un evento cada vez más común en la cultura de esa época. Pero aunque me imaginé que habría muchos ‘tipos con estilo’ en Los Ángeles, jamás pensé que se me acercarían personas en Italia a decirme, ‘¡Oye, yo conozco a alguien así!’ “

“Estos sujetos blancos suburbanos que fingen venir de barrios pesados, son simplemente farsantes”, reflexiona Noodles. “Todo el mundo conoce a un farsante. En el punk-rock hay bastantes. Diablos, nosotros éramos farsantes cuando iniciamos”.

Gracias a que era todavía más pop que Come Out and Play, Pretty Fly for a White Guy llegó hasta la cima de las listas en el Reino Unido, lo que llevó a The Offspring a Top of the Pops, y a que la solicitaran tanto en el programa de MTV’S Total Request Live, dice Noodles, “que tuvieron que retirarla”. El éxito fue suficiente para que Noodles por fin renunciara a su trabajo de conserje, mientras que Holland retrasó tanto sus estudios que a penas en 2017 obtuvo su doctorado.

Desde entonces, The Offspring lograron hacer las paces con ser inadaptados, y se mantuvieron como un acto que vende muchos boletos y álbumes. Let the Bad Times Roll es su respuesta típicamente hímnica para la era de Trump y lo que Noodles describe como “el ascenso de las fuerzas antidemocráticas en todo el mundo. Pero nuestro humor siempre es de esperanzas”.

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Entre el agitado pop, We Never Have Sex Anymore podría fácilmente darle al grupo otro éxito masivo. “Todos hemos estado ahí”, dice Holland. “En cada relación, en algún momento piensas, ‘Cielos, la pasión murió, ¿ahora qué hago?’ Si Get Lucky de Daft Punk habla sobre tí, ya sabes, si tienes ‘suerte’, entonces esta canción es para el resto de nosotros. Porque no tenemos ni un poco de suerte. Creo que puede resonar con más personas que el otro lado de la moneda, para ser honesto. Las mejores canciones son las que tocan algo que las personas pueden identificar y que no se ha dicho de tal manera”.

Esta canción es perfecta para la inagotable actitud de punks buena onda del grupo. Pero tal vez su capacidad de empatizar explica en parte por qué, como Billie Joe Armstrong de Green Day argumenta en la excelente crónica de la explosión punk de la década de los 90 de Ian Winwood, Smash! The 90s Punk Explosion, The Offspring “jamás recibieron el respeto que merecen”. ¿Está de acuerdo el grupo con Armstrong?

“Bueno, nunca ganamos Grammys ni nada similar, creo”, responde Noodles. “Pero no nos abruma. Somos como los Rodney Dangerfield del punk rock, supongo”.

No le agradamos a nadie más que a la gente”, dice Holland, tal vez haciendo un repaso mental de la envidiable colección de discos de platino de la banda. “Y estamos en paz con eso”.

-Let the Bad Times Roll está disponible desde el 16 de abril a través de Concord Records.

The Guardian
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