‘Me ofrecieron 35 mdd por un día de trabajo’: George Clooney sobre los salarios, la política y la paternidad
'Todo el país se ha enfrascado en el odio y la ira, y yo he formado parte de ello'… George Clooney. Foto: Magdalena Wosinska/New York Times/Redux/eyevine

George Clooney es más ligero que una taza de esos cafés Nespresso que ha anunciado durante dos décadas y por los que ha ganado más de 30 millones de libras (unos 800 millones de pesos) con un alto contenido de cafeína. Con eso, además de la empresa de tequila Casamigos, que cofundó y luego vendió hace cuatro años por un potencial de mil millones de dólares, el gigante de ER y –¡oh, sí!– la exitosa carrera cinematográfica como actor, director y productor, parece seguro suponer que Clooney podría, si fuera un poco menos genial, empezar todas las mañanas sumergiéndose en un montón de monedas de oro. Así que, George, pregunto, ¿alguna vez pensaste: “¿Sabes qué? Creo que ya tengo suficiente dinero“.

Imperturbable como el cabello plateado de su cabeza, Clooney se inclina hacia delante, como si estuviera a punto de confiarme algo. “Bueno, sí. Me ofrecieron 35 millones de dólares por un día de trabajo para un comercial de una aerolínea, pero lo platiqué con Amal (Clooney, la abogada de derechos humanos con la que se casó en 2014) y decidimos que no valía la pena. Estaba (asociado con) un país que, aunque es un aliado, es cuestionable en ocasiones, así que pensé: ‘Bueno, si me quita un minuto de sueño, no vale la pena'”.

Personalmente, perdería un minuto de sueño por un billete de 10, pero Clooney se mueve en una escala diferente a la del resto de nosotros.

Nos reunimos en la terraza de un hotel en Londres para hablar sobre su nueva película, The Tender Bar, que dirigió y que protagoniza Ben Affleck, pero se siente más como si estuviéramos en Beverly Hills en los años 50, con Frank Sinatra y Clark Gable en la mesa contigua. Clooney, de 60 años, es un tipo de estrella de cine muy anticuado. No se preocupa realmente por mostrarse identificable, porque sabe que no tiene sentido fingir que es uno más cuando la razón por la que no fue a la fiesta del 60º cumpleaños de Barack Obama este verano fue porque “estábamos en Italia”, es decir, en su villa en el Lago de Como.

VIDEO: ‘Una historia tan cálida’… ve el tráiler de The Tender Bar.

Pero a pesar de ser extremadamente famoso durante casi 30 años, no ha sufrido ninguno de los inconvenientes habituales de la fama moderna. No existen fotos de él cayéndose de borracho, ni apariciones en reality shows, ni tatuajes mal hechos, ni aventuras con la niñera. Incluso su boda en Venecia en 2014 tuvo el toque de glamour retro; las fotos muestran a Clooney con un esmoquin recorriendo a toda velocidad el Rialto en una limusina de color caoba.

Si Clooney tiene un sello característico, es el de la elegancia cuidadosamente cultivada. Ha sido, en general, inteligente con sus elecciones cinematográficas, optando por un material reflexivo y con estilo. Probablemente, sus películas más conocidas son las de la franquicia Oceans, que se remontan deliberadamente al Hollywood de los años 60. La tía de Clooney era Rosemary Clooney, quien actuó junto a Bing Crosby en White Christmas. Le pregunto si el hecho de haber crecido junto a ella le proporcionó un modelo de cómo manejar la fama.

“En realidad no crecí con ella, porque yo vivía en Kentucky y ella estaba en Los Ángeles. Pero todos la adorábamos y me encantaba la idea de Hollywood, ¡yo soñaba con ello!”, sonríe.

Sin embargo, incluso la estrella de su película, Ben Affleck, ha tenido sus momentos menos que ideales en el centro de atención, le digo. “Claro, claro”, responde. Entonces, ¿cómo has evitado cualquier vergüenza pública real? “Tenía 33, 34 años cuando comenzó ER, así que era mayor, ¿no? Además, Rosemary era una gran cantante, ¡enorme! Y entonces llegó el rock’n’roll y perdió su carrera. Y ella no lo entendía, porque a los 21 años creía que era lo mejor y a los 26 ya no lo era. Así que soy lo suficientemente afortunado como para entender lo poco que tiene que ver conmigo la parte de la fama“.

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Rompecorazones… Clooney como el doctor Doug Ross en ER. Foto: NBCU Photobank/Rex Features

La mayoría de los famosos actúan dentro de un campo de fuerza que repele cualquier información que no les concierne. Pero cuando le menciono a Clooney que, al igual que él, tengo gemelos pequeños, lo asimila, haciendo repetidas referencias a nuestra conexión de padres de gemelos durante toda la entrevista. Es el equivalente conversacional del truco de Bill Clinton de agarrar los brazos de alguien cuando lo conoce, creando inmediatamente una sensación de proximidad. Y funciona, maldita sea, el típico encantador.

“¿Qué edad tienen tus gemelos? Tengo que preguntarte, ¿son niños muy diferentes? Los nuestros son muy diferentes; son como la noche y el día. A Alexander le encanta reír y Ella es muy seria, siempre se asegura de que todo el mundo cumpla las reglas. ¡Realmente nacen con sus personalidades!”, sonríe.

Debido a que su padre es una estrella de cine extremadamente exitosa y su madre es una abogada extremadamente exitosa, asumo que los gemelos tienen un ejército de niñeras, pero él insiste en que no.

“No las tenemos, porque para Amal es muy importante (estar involucrada). Tenemos una niñera cuatro días a la semana y el resto del tiempo solo somos nosotros. Y durante el confinamiento fuimos solo nosotros, ¡durante todo un año! Me sentía como mi madre en 1964, lavando platos y lavando seis cargas de ropa al día”, dice. Tiene el porte relajado de un hombre que recuerda unas vacaciones en la playa en lugar de una paternidad pandémica.

A diferencia de muchos famosos, Clooney mantiene a sus hijos, que ahora son cuatro, firmemente alejados de la atención pública. Le digo que me agrada que les haya puesto nombres clásicos en lugar de las habituales acuñaciones de Hollywood. “Lo hablamos desde el principio y dijimos: ‘Sus vidas van a ser inusuales, ¿verdad? Eso no se puede negar. Así que vamos a darles una ventaja poniéndoles nombres normales'”, dice.

Sospecho que la paternidad y las tiernas emociones que inspira es, en parte, lo que lo llevó a dirigir The Tender Bar. A diferencia de sus muchas otras películas, como The Ides of March y, mi favorita de todas sus películas, Good Night, and Good Luck, ambas producidas, dirigidas y protagonizadas por él, aquí no hay matices políticos espinosos. Se trata de una historia de transición directa a la edad adulta sobre un joven, JR (Daniel Ranieri y posteriormente Tye Sheridan), cuya madre soltera (Lily Rabe) y su iracundo tío (Affleck) lo ayudan a salir adelante en la vida. Está bien interpretada, especialmente por Affleck, aunque a veces se aproxima al territorio de Wonder Years.

Ese era el punto, dice Clooney: “Todo el país, durante los últimos cinco años, ha estado enfrascado en el odio y la ira, y yo he formado parte de ello en ocasiones. He estado enojado, y esta era una historia muy cálida. Es una película tan cálida, y quería formar parte de ella, y pensé que tal vez el público querría formar parte de una experiencia cálida”, comenta.

Después de Suburbicon, esta es la segunda película que Clooney dirige y no actúa en ella. Resulta llamativo que disminuyó su ritmo de actuación desde que se casó. ¿Se debe a la edad o al deseo de pasar tiempo con su familia?

“En general, no hay muchos grandes papeles, y, mira, no tengo que actuar. Mi esposa y yo tuvimos esta conversación cuando cumplí 60 años este verano. Dije: ‘Todavía puedo desenvolverme bastante bien, y ambos amamos lo que hacemos. Pero tenemos que asegurarnos de no reservarnos como tontos. Así que, en parte, simplemente nos aseguramos de vivir nuestra vida”.

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‘No tengo que actuar’… con Daniel Ranieri en el set de The Tender Bar. Foto: Claire Folger/Amazon Content Services

Como dato adicional, después menciona que está a punto de ir a Australia para hacer una película con su frecuente coprotagonista Julia Roberts, mientras que el próximo verano estará en Reino Unido para hacer una película con otro coprotagonista habitual, Brad Pitt. Así pues, la idea de Clooney de bajar su ritmo de trabajo no es, de nuevo, la habitual.

Clooney creció en Kentucky y Ohio, hijo de una consejera municipal y de un presentador de noticias. Su padre, Nick, es respetado por su integridad periodística: “Mi padre dice: ‘Pasé la primera mitad de mi vida siendo el hermano de Rosemary Clooney y la segunda mitad siendo el padre de George Clooney“. Siempre ha sido evidente la influencia de su padre en Clooney, sobre todo en Good Night, and Good Luck que trata sobre el presentador de noticias Edward R Murrow, que se enfrentó a Joe McCarthy.

“Mis dos padres son muy respetados en nuestro país y no me gustaría hacer algo que los avergonzara. Además, mi padre me impuso una regla que era: ‘No me importa lo que hagas en la vida, pero desafía a la gente con más poder que tú y defiende a aquellos con menos poder‘”, cuenta.

Sería interesante saber qué opinaba Nick de los inicios de la carrera de actor de su hijo en clásicos como Return of the Killer Tomatoes, pero desde que saltó a la fama como el rompecorazones Dr. Doug Ross en ER, Clooney ha intentado cumplir la regla de su padre. Durante 20 años, ha luchado incansablemente por causas como la búsqueda de una solución al conflicto de Darfur y la ayuda a los refugiados sirios, además de enfrentarse a enemigos que van desde Donald Trump hasta el Daily Mail, después de que este último publicó una historia falsa sobre la madre de Amal.

Siempre le ha “gustado una buena pelea”, dice con gusto, aunque es muy consciente de la reacción que provoca que los actores se metan en política; puede citar cómo se han burlado de él presentadores de televisión como Bill O’Reilly y Bill Maher. “Pero me sentiría muy avergonzado si, por ejemplo, en este último gobierno de Trump, no hubiera hecho constar que estoy en contra de algunas de las cosas horribles que hizo. Mis hijos se quedarían como: ‘Entonces, ¿estaban metiendo a los niños en jaulas y tú no dijiste nada?‘ La reacción no es ni remotamente tan mala como la vergüenza que sentiría”.

Debido al carácter político de muchas de sus películas, incluidas Michael Clayton y Syriana, con la que ganó un Oscar, comienzo a preguntarle si la interpretación de Gregory Peck como Atticus Finch en To Kill a Mockingbird fue una influencia para él. Responde antes de que termine la pregunta.

“Enorme. ¡Enorme! Los dos actores que fueron amigos míos y que más me influyeron fueron Paul Newman y Gregory Peck, dos hombres a los que admiraba mucho por su forma de ser y por su comportamiento en la pantalla. Eran auténticas estrellas de cine chapadas a la antigua y se mezclaban en (la política). Así que fue muy divertido ser amigo de ellos y copiar algunas de las cosas que hicieron”.

¿Le preocupa el hecho de que Peck y Newman perdieron un hijo, respectivamente, por suicidio y sobredosis?

“Eso no me ha pasado desapercibido. Las presiones para un hijo de un hombre famoso son muchas. Pero tengo una ventaja, y es que soy considerablemente mayor, así que los impulsos competitivos serán diferentes. Tendré 75 años cuando mi hijo sea comparado de alguna manera conmigo, así que no será la misma sensación. Además, para Amal y para mí es muy importante que crezcan sabiendo que su propio camino es el único, y que no tienen que cumplir más que sus propias expectativas“.

Para alguien que es bastante reservado, Clooney menciona a su esposa sorprendentemente en muchas ocasiones. ¿Sabía yo que sus dos últimas clientas, Maria Ressa y Nadia Murad, ganaron cada una el premio Nobel de la Paz? ¿Sé a cuántos periodistas ha sacado de la cárcel? Espera, ¿veía ER cuando estaba de licencia por maternidad? También lo hizo Amal, ¡porque nunca la había visto! ¡Es una locura!

Sin embargo, no hace mucho tiempo, Clooney era tan famoso por su estilo de vida, digamos, de soltero como por su política. ¿Qué tenía Amal que lo persuadió, a los 53 años, de dejar la soltería?

“Es cierto, llevaba bastante tiempo saliendo con mujeres. Pero ¡ella es una persona impresionante! Es hermosa, inteligente, divertida y nos enamoramos enseguida y nos casamos a los seis meses. Y ahora vivimos un momento maravilloso”, comenta, algo que no se escucha con frecuencia de un padre de gemelos pequeños.

Rico, guapo, exitoso, inteligente: no sé si Clooney es el hombre perfecto, pero sin duda es el entrevistado perfecto. Es excelente para venderse a sí mismo, lo que no quiere decir que no sea auténtico, sino todo lo contrario. Pero un hombre puede ser genuino e hiperconsciente de lo que la gente quiere de él. Sus respuestas a mis preguntas, ni demasiado vagas ni demasiado concisas, revelan lo suficiente para satisfacerme, pero no demasiado para avergonzarlo. Sabe adelantarse a las críticas antes de que se produzcan. Cuando menciono sus acuerdos publicitarios, avanza con facilidad para hablar de lo orgulloso que está de trabajar con Nespresso, añadiendo que siempre que la gente señala algún problema con la empresa, ellos lo solucionan, con lo que evita las preguntas sobre el informe del año pasado sobre el trabajo infantil en la cadena de suministro de la empresa antes de que yo pueda plantearlas. “Es divertido poder (cambiar) las cosas de esa manera”, sonríe.

A estas alturas, estoy convencida de que somos los mejores amigos, así que le digo que tengo una pregunta muy importante. “Adelante”, dice, enderezándose.

¿Cómo puedo conseguir que me inviten a su casa en Como?

“No es difícil; normalmente se trata de alguien que pasa en carro. Recuerdo a Ernest Borgnine: un día, él y su esposa pasaron por ahí en barco y escuché: ‘¡George!’ y me asomé por encima de la cerca y él dice: ‘¡Soy Ernie Borgnine! ¿Qué estás haciendo? Y yo contesto: “No lo sé, ¡sube! Así que nos sentamos y bebimos prosecco y pasamos un rato divertidísimo”, se ríe.

Genial, llevaré a los gemelos, digo. “Oh sí, porque no hay nada más divertido que más gemelos. Ahora, dime, ¿los tuyos son idénticos?”.

Por desgracia, se nos acabó el tiempo. Dejamos la terraza y entramos en la habitación del hotel, donde esperan su equipo de relaciones públicas y asistentes. Me doy la vuelta para despedirme, pero él está ocupado. “¿Qué sigue?”, pregunta a su equipo. Clooney ya está en el siguiente proyecto.