La normalidad no existe: Rosa Montero
En "El peligro de estar cuerda", Rosa Montero aborda las enfermedades mentales y el estigma que existe en torno a ellas. Foto: José Arrieta

Contrario a lo que creía el poeta León Felipe, en este mundo si algo quedan son locos. O personas cuya identidad personal no encaja en eso a lo que la sociedad reconoce como un comportamiento perfectamente normal.

Este es uno de los razonamientos a los que ha llegado la reconocida escritora Rosa Montero, quien considera que, aunque existen algunos avances en el reconocimiento de las enfermedades mentales, aún falta camino por recorrer para dejar de estigmatizar a quienes las padecen.

“La normalidad se nos vende como lo más habitual, pero no es más que una construcción estadística en el punto medio de todas las posibilidades del ser. Es muy difícil realmente que haya una persona en el mundo que atine en esa media estadística en todos los parámetros de su vida, con lo cual todos somos divergentes en algo. 

Todos somos raros, pero la felicidad consiste, entre otras cosas, en reconocerlo, llevarlo bien, llevarnos bien con nuestras propias rarezas, con nuestro pequeño o gran equipaje de oscuridad que tengamos, y luego consiste también en buscar a nuestra propia manada de raros.”, señala Montero en entrevista exclusiva.

Para muestra un botón. Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades mentales son la causa de uno de cada cinco casos de incapacidad permanente y, en la última década, han crecido por lo menos en un 13% los casos registrados a nivel global.

“La OMS dice, y me parece que se queda muy, muy corta, que el 25% de la humanidad va a tener, antes o después en su vida, un trastorno mental. Eso quiere decir que absolutamente todo el mundo va a tener un trastorno mental personalmente o alguien muy cercano lo va a sufrir y, sin embargo, la locura es un tema absolutamente tabú que se silencia”, añade.

A pesar de su frecuencia, los datos aportados por la dependencia son demoledores. La OMS destaca que la gran mayoría de países no luchan adecuadamente contra las enfermedades mentales, las cuales cuestan un trillón de dólares al año de forma global. En promedio, los gobiernos dedican un máximo del 2% al tratamiento de estos padecimientos que, según los expertos, no suelen ser siquiera caros de tratar.

Dentro de las pocas cosas positivas que dejó la pandemia, prosigue Montero, destaca el hecho de que cada vez se abordan con mayor libertad las enfermedades mentales y sus efectos, sin caer en el estigma social.

“La pandemia ha abierto una pequeña rendija en esa puerta que tenemos qué terminar de abrir a patadas. A los enfermos mentales se les oculta, se les encierra, se les aparta; hay un estigma bestial y es tan absurdo, tan ridículo, que algo que forma parte tan esencial de lo que somos, de lo que es ser humano, esté tan absolutamente oculto, sea tan rechazado, es una equivocación tan salvaje que hace que esta sociedad sea mucho más enferma y mucho más dañina”, argumenta.

Montero, quien padeció entre los 16 y los 30 años de edad ataques de pánico, considera que incluso esa vieja teoría que señala que los artistas tienen algo de “loco” es, además de superficial, dañina para el diagnóstico que afecta a la sociedad en general. 

“Ya desde la época de los griegos clásicos se hablaba de esta relación entre creación y locura. Todos los expertos concluyen en que las crisis mentales graves, la psicosis, no te hacen artista, en absoluto, te deshace porque en la historia montones de artistas que enfermaron y llegaron a una crisis psicótica, dejaron de crear. 

“La gente que nos dedicamos a esto tenemos un cableado distinto al de la mayoría, no hemos pasado por una de las fases de maduración neurológica y seguimos teniendo el cerebro hiperconectado como el de los niños”, explica Montero. 

Aunque para la autora de El peligro de estar cuerda, su nuevo libro, y La loca de la casa la expresión artística no le ha servido personalmente como catarsis, lo que la ha ayudado a reconectarse con ese promedio al que se le llama normalidad es la publicación de sus obras de ficción, pues esto le ha ayudado a sentirse parte de la propia comunidad.

Lo que llamamos locura es una ruptura de la narrativa común, entonces te quedas solo. Hay una soledad psíquica, que es el dolor mayor que existe, yo la he sentido y doy las gracias por haber estado en ese lugar; la soledad psíquica es brutal, no es la soledad normal, no es la soledad de la muerte, es algo indecible, no tiene palabras y por eso no puedes hablar de la locura porque te sientes fuera del género humano, un marciano, un cosmonauta perdido en la negrura del espacio.

“Yo escribo desde los cinco años y eso no sirve; escribo y publico periodismo desde los 18 años y tampoco sirve, publicar periodismo no sirve para estructurarte, para unirte y coserte al mundo. Lo que sí sirve, el boleto ganador, es escribir ficción y publicar, porque escribir ficción es una especie de delirio controlado, lo dicen los expertos, y entonces si lo publicas es como sacarte un pedazo del cerebro y ponerlo allí y llega la gente y dice esto también lo siento, esto también me emociona, esto también lo veo así y te están cosiendo al mundo”, reflexiona.

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