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Género

Gladys West: el talento oculto que ayudó a inventar el GPS

Gladys West creció en una granja en Virginia durante la segregación. West sabía que la educación sería su medio de escape. Pero no sabía su trabajo silencioso en una base naval cambiaría vidas en todo el mundo.

Gladys West, en su casa en Virginia. Fotografía: Andre West

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Aama Mohdin/The Guardian

Gladys West supo desde niña que ella no quería ser granjera. Pero la matemática nacida en 1930 en Dinwiddie County, Virginia, sí tuvo que recolectar cosechas en la pequeña granja de su familia. El trabajo duro empezaba antes del amanecer y se alargaba hasta el calor sofocante de la tarde. Ella odiaba la tierra, pero mientras trabajaba su mente iba al edificio detrás de los árboles al final de la granja. Era su escuela, e incluso entonces ella sabía que sería su boleto a la libertad. 

“Yo iba a tener una educación y me iba a salir de ahí. No estaría atrapada ahí por el resto de mi vida”, dice West, de 89 años, firmemente por Zoom desde su casa en Virginia. 

Lo que ella no podría adivinar fue que esta determinación destruiría las percepciones de las mujeres de raza negra de la época e incluso llevaría a la invención de uno de nuestros más usados inventos, el GPS, el sistema de posicionamiento global. 

La escuela roja, como se le llamaba a la escuela de West, estaba a 5 kilómetros caminando, entre el bosque y sobre los arroyos. Los alumnos de séptimo, quienes eran todos de raza negra, tomaban clase en un mismo salón, pero West se destacó rápidamente. 

Sus padres trataron de ahorrar dinero para mandarla a la universidad, pero los gastos inesperados no se detenían. Si West iba a ir a la universidad, tendría que encontrar la manera de pagarla ella misma. Ella trató de ahorrar dinero, pero se frustró del poco progreso que logró. Después un profesor anunció que el estado daría una beca para la universidad para los dos mejores estudiantes de su año. Era su oportunidad dorada. 

“Empecé a hacer todo para estar en la cima”, dice West. “Por supuesto, cuando me gradué de la preparatoria me dieron una”. La beca le permitió a West asistir al Colegio Estatal de Virginia, una histórica universidad negra. 

Ella no tuvo mucho tiempo para celebrar. Mientras que su colegiatura se pagaba, ella necesitaba dinero para alojamiento y comida. Sus padres la podrían ayudar el primer año, pero necesitaría fondos para los demás. Ella le contó a su profesora de matemáticas, quien después de ver su potencial, le ofreció un trabajo de niñera de medio tiempo. 

Ella se dió cuenta rápido de que aunque fue la mejor en su escuela rural, ella tendría que trabajar más para estar al nivel de los estudiantes de ciudades más grandes. “Era tan dedicada que no me importaba perderme de la diversión. Pero ahora miro hacia atrás y sí debí divertirme”, dice antes de reírse.

Ella decidió estudiar matemáticas porque son una materia muy respetada. La mayoría de los estudiantes eran hombres, pero no les hacía mucho caso. “Sabía en el fondo de mi corazón que nada se interpondría en mi camino”. 

Después de graduarse, se convirtió en profesora y ahorró dinero para su posgrado. Ella regresó a la universidad unos cuantos años después y obtuvo una maestría en matemáticas. Después tomó otro puesto de profesora al graduarse. Luego le ofrecieron un empleo en una base naval en Dahlgren, Virginia. Esto la hizo la segunda mujer negra en ser contratada como programadora en la base y ella era una de solo cuatro empleados afroamericanos. 

Cuando ella comenzó su empleo, la marina estaba llevando computadoras. A ella la contrataron para hacer programas y códigos para las máquinas enormes. Ella estaba orgullosa de obtener ese trabajo, pero sabía que el trabajo duro apenas comenzaba. A pesar de sus habilidades intelectuales y su exitosa carrera, West luchó mucho contra la sensación de que ella era inferior. Según ella fue esta sensación tan arraigada en tantos afroamericamos la que la hizo trabajar tan duro como pudo. 

West en la base naval de Dahlgren en 1981.

 Ella todavía recuerda su primer día. La base militar era gris, y la gente conversaba antes de trabajar, reían y tomaban café. Ella conoció al hombre que se convertiría en su esposo, Ira West, pero ella se rehusó a distraerse y al principio lo ignoró. “Yo acababa de llegar y era una mujer seria. No tenía tiempo para estar jugando”. 

Sus colegas blancos eran amigables y respetuosos, pero al principio no socializaban con ella fuera de la oficina, algo que ella trató de ignorar. “¿Sabes cómo sabes que eso pasa, pero no dejas que te tome ventaja? Empecé a pensar de mí misma que sería una modelo a seguir como la mujer negra que soy, como West, ser la mejor que pueda ser, haciendo mi trabajo y siendo reconocida por él”. 

La base naval era su propio mundo, se sentía aislante a veces. Aunque la oficina de West no estaba racialmente segregada, una feroz batalla por los derechos civiles se desplegaba en el país, particularmente en el sur, en parte se enfocaba en la segregación. Fuera de la base habían plantones para desegregar restaurantes y lugares de transporte. Sus amigos de la universidad estaban muy involucrados. West y su marido “apoyamos lo que ellos estaban haciendo… y mantuvimos nuestros ojos en lo que se desarrollaba”. 

West estaba conflictuada. Ella apoyaba las protestas pacíficas, pero le decían que no podía participar por su trabajo en el gobierno. Decidió enfocarse en una revolución más silenciosa, una que podría continuar desde la base. Visitó las demostraciones y regresó determinada a comprometerse con su trabajo. Ella esperaba que, al hacer lo que mejor sabía hacer, ella rompería el estigma que los afroamericanos enfrentan. “Ellos no trabajaban con nosotros, ellos creían que solo trabajábamos en casas y jardines, así que tenías que demostrarles quien eras en realidad”, ella explica. “Tratamos de hacer nuestra parte al ser un modelo a seguir como una persona de raza negra: se respetuoso, has tu trabajo y contribuye mientras todo esto pasa”. 

West hizo eso. Ella subió rápido de rango y ganó la admiración y respeto de sus colegas. El trabajo era duro y tenía que lidiar con mucha información. “Tenías que ser particular. Puedes aprender el proceso, pero después te tienes que asegurar de crear bien el proceso para que todo salga bien”. 

A principio de los 60, West participó  en un estudio premiado que probó “la regularidad del movimiento de Plutón con relación a Neptuno”, según un comunicado de prensa de 2018 de la fuerza aérea de EU. En 1979, ella recibió una distinción de su jefe de departamento por su trabajo duro. Después se convirtió en líder de proyecto para el proyecto de altimetría del radar Seasat. Seasat fue el primer satélite que pudo monitorear los océanos. Ella supervisó a un equipo de cinco personas. Ella programó una computadora IBM 7030 Stretch, que era significativamente más rápida que otras máquinas de la época, para proporcionar cálculos para un modelo geodésico preciso de la Tierra. Este modelo matemático detallado de la forma de la Tierra fue un ladrillo para lo que sería la órbita del GPS. 

Mientras que su equipo sentó las bases para el GPS, West tomó cada oportunidad que la base le dio. Ella fue a clases en las tardes y obtuvo una maestría en administración pública, esta vez de la Universidad de Oklahoma. 

En 1998, con 68 años, West supo que era tiempo de retirarse, pero le aterrorizaba la idea de no trabajar. Así que después del retiro trató de enfocarse en su doctorado. Pero luego tuvo un infarto. 

“Estaba ahí sentada trabajando en la computadora y de repente empecé a dar vueltas”, dice West. En cuanto dejó el hospital ella empezó a trabajar en su recuperación. “Nunca me detuve a sentir lástima por mí misma y decir: ‘Oh cielos, nunca lo lograré’. Solo dije: ‘¿Qué sigue?’”

Finalmente terminó su disertación y obtuvo su doctorado en administración pública y asuntos políticos en el 2000 a los 70 años. 

En retrospectiva, West dice que no sabía que estaba revolucionando la tecnología en todo el mundo. “Nunca piensas que alguna cosa militar que hagas va a ser tan emocionante. Nunca pensamos en que se transferiría a la vida civil, fue una agradable sorpresa”. 

Las contribuciones de West pasaron desapercibidas no solo por ella, sino también por otros. Su carrera de 42 años en la base naval pasó casi inadvertida. Pero años después, ella mandó una autobiografía corta a una función de una sororidad. Para su sorpresa, sus hermanas de la sororidad se impresionaron. “Yo solo pensé que era mi trabajo, y nunca hablamos con amigos sobre el trabajo. Nunca pensé en eso. No presumía sobre lo que estaba haciendo”, West dice. “Pero ver que las demás se emocionaron por eso fue increíble”. 

De sorpresa en sorpresa

Con su esposo, Ira

Sus hermanas de la sororidad no fueron las únicas sorprendidas. West empezó a ganar reconocimiento como uno de los “talentos ocultos” por su contribución al desarrollo del GPS. En 2018, la indujeron al salón de la fama de la fuerza aérea de EU. Al menos se ha escrito de su trabajo en la historia. Sabe que es un logro raro para las mujeres de raza negra. 

“Siempre nos mandan al fondo porque generalmente no somos las que escriben el libro del pasado. Siempre son ellos los que escriben y escriben sobre gente a la que consideran aceptable. Ahora tenemos más ganas de elevar a todos los demás que hicieron una diferencia”. 

Cuando West vio la película Talentos Ocultos, un drama de un trío de matemáticas afroamericanas que trabajan para la Nasa, finalmente se sintió vista. “Realmente amé la película y yo no sabía que eso estaba pasando con ellas. Pero estaban haciendo algo similar”. La hizo darse cuenta de que seguro hay más grupos ocultos de mujeres negras haciendo contribuciones científicas importantes en todo el mundo.

“Me sentí orgullosa de mí como mujer, sabiendo que puedo hacer todo lo que puedo hacer. Pero como una mujer negra, ese es otro nivel en el que le tienes que probar a una sociedad que no te ha aceptado por quien eres. Lo que hice fue tratar de probar que soy tan buena como tú”, ella dijo. “No hay diferencia en el trabajo que podemos hacer”. 

Ella aprecia a todos los manifestantes que se han unido recientemente para marchar por Black Lives Matter. “Espero que, a partir de eso, nos convirtamos en mejores personas, más cercanos a la realidad de quienes somos, y que el mundo se vuelva más unido que ahora”. 

Ella espera que el llamado por la justicia en la calles se convierta en propuestas concretas que apoyen a más mujeres y a personas de raza negra en la ciencia y matemáticas. Ella quiere hacer más para alentar a grupos subrepresentados a través de becas y programas de entrenamiento personalizados. 

Pero aunque West está increíblemente orgullosa de su trabajo que ayudó a desarrollar el GPS, ella no lo usa. Prefiere los mapas de papel. “Soy una persona que le gusta meter las manos. Si puedo ver el camino, en dónde gira y a dónde se va, estoy más segura”. 

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Andrés González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

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