Para entender la estructura social dictada por el binarismo
Foto: Jack Dylan

El binarismo de género clasifica a todas las personas en dos géneros que corresponden a su sexo—sus genitales: masculino o femenino. Esta organización social excluye cualquier matiz intermedio, y la sociedad formada alrededor de ella, dificulta la funcionalidad y elecciones personales de quienes no encajan en estas dos clasificaciones.

La mayoría de las religiones e ideologías políticas refuerzan este sistema binario a través de sus estructuras, de los medios de comunicación y de la educación tanto académica como familiar.

La sociedad se conforma exclusivamente por hombres y mujeres, y las normas sociales se utilizan como herramientas de mantenimiento de la organización social actual (especialmente en las culturas occidentales). La convivencia se complica porque este sistema, además de creer que solo existen dos géneros, asigna roles y características a cada uno de ellos.

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Este modelo asume que el sexo y el género son la misma cosa. Y no: el “sexo” lo dicta la biología pero el “género” (o expresión de género) es una elección personal independiente. Entonces este modelo no solo dicta la expresión de género basándose en el sexo, además dicta la “sexualidad” (orientación sexual). Sexo biológico, expresión de género y sexualidad, se asumen como alineados por defecto: un hombre es de aspecto, cuerpo y carácter masculino, experimenta atracción sexual por las mujeres y toma su lugar adoptando los roles correspondientemente masculinos dictados por la sociedad.

Estas asignaciones limitantes van desde cómo vestir y peinarse, condiciones de comportamiento y educación, hasta la ocupación y las actividades de entretenimiento. En esta premisa existen dos únicas formas de vida que regulan el cuerpo, la apariencia, el carácter y el comportamiento. Esta idea no solo limita la experiencia personal de los individuos, sino que es excluyente y discriminatoria con quienes no se identifican con ella.

Es un sistema que deja de lado incontables identidades de género, ya que hoy en día sabemos que el género es más un espectro que una clasificación. No tiene que ser definitivo, sino que las personas pueden moverse fluida y libremente dentro del espectro en diferentes momentos o aspectos de sus vidas. Esto se conoce como gender fluidity.

Las llamadas feministas radicales proponen una sociedad en la que el género sea totalmente abolido y este no dicte ningún aspecto de la vida de un individuo. A lo largo de la historia no existen muchos ejemplos de sociedades sin género, en todas de una u otra forma figura el género. Sin embargo existen muchos ejemplos de sociedades en las que el sexo no necesariamente define el género, y la expresión de género no altera el rol o valor del individuo dentro de la estructura social.

Eso sería ideal.

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Referencias:

  • Mujeres Activando
  • Ajuntament de Barcelona
  • Merriam-Webster
  • ResearchGate