No solo los hombres, también las suegras ejercen violencia de género: Estudio de la UNAM
Violencia contra las mujeres no es exclusiva de los hombres. Foto: Pedro Pardo/AFP

La violencia de género hacia las mujeres ocurre en diversos espacios, uno de ellos es el privado como en la familia y la vida en pareja. Aunque esto ocurre en zonas rurales y urbanas, en las comunidades indígenas las suegras ejercen de manera regular esa violencia.

La investigación “Violencia de género en las familias de las mujeres indígenas: el papel de la suegra”, coordinada por Sonia Frías Martínez, secretaria académica del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la investigadora perteneciente al CRIM, Carolina Agoff Boileau, documenta el papel de la suegra como el de una perpetradora de actos violentos de género en contra de la nuera. 

El estudio expone que la desigualdad de género y la dominación masculina tienen en la suegra un aliado importante. En los casos donde existe una convivencia en el mismo espacio habitacional resulta el garante más leal y fiel del funcionamiento del patriarcado, expone el documento.

Otro de los datos reveladores de dicha investigación es que el valor de la familia puede estar por encima de la integridad de quien sufre agresiones de su pareja, así como que en las poblaciones originarias no se sugiere la separación ante agresiones de pareja, pese a que existen leyes como la General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, pues en numerosas comunidades se rigen por usos y costumbres.

“Generalmente cuando hablamos de violencia de género pensamos solo en un hombre y una mujer, donde él la ejerce y ella es la víctima; hacerlo así nos limita en la comprensión de un fenómeno que es mucho más complejo, porque se asienta en instituciones, en la cultura y en las personas cercanas del entorno social; en este caso, la familia, puede contribuir a esas dinámicas”, precisó Agoff en un comunicado publicado por la máxima casa de estudios.

La más reciente Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2016) muestra que aproximadamente 42% de indígenas o no, quienes se casaron o iniciaron su actual o última unión, se fueron a vivir con los padres u otros parientes de su marido o pareja.

Es decir, varias de ellas tienen un patrón de residencia patrivirilocal (donde el varón habita con su esposa el hogar paterno), situación que puede favorecer dinámicas de abuso por la injerencia de miembros de la familia de él, apunta el documento.

El estudio señala que en el caso de México, estudios previos han mostrado el control que ejercen las suegras en contextos migratorios donde mantienen a las mujeres aisladas socialmente. Ellas controlan la salud sexual y reproductiva de sus nueras, así como racionan o limitan los recursos que envían sus parejas.

Pero la violencia de género no solo es ejercida por las suegras y los maridos, también por otros actores del vínculo familiar como las cuñadas y hasta las concuñas. “No necesariamente es maltrato físico, sino humillaciones, chismorreos o rumores sobre la conducta de la esposa”, comentó Agoff. 

Para realizar la investigación, se llevaron a cabo grupos de discusión para recabar información cualitativa con 15 mujeres líderes en sus comunidades, provenientes de diferentes poblaciones indígenas, como rarámuri, otomí, nahua, maya y mixe para conocer las agresiones a las que se enfrentan. Posterior a eso se realizaron cuatro grupos más: dos en Oaxaca con mixes, y dos en Yucatán, con mayas.

“Lo que está en juego es el sistema patriarcal; y el patriarcado en este tipo de sociedades se define por la subordinación al varón, la residencia y la propiedad. Ellas quieren asegurar lealtad con el varón que trae dinero a la casa. Asimismo, está en juego la ‘decencia’, que la mujer joven no ponga en riesgo el ‘honor’ de la familia”, expuso la invetigadora.

Agoff señaló que su “mala conducta” tiene que ver con la reputación sexual: ella no debe provocar a los hombres, ni acudir a los centros de salud con el propósito de planificar su familia, por ejemplo. Hay un control estricto sobre su conducta pública que, en general, ejerce la suegra porque el marido está trabajando.

“Con frecuencia, las mujeres indígenas afirman que la agresión verbal, en forma de humillaciones, desprecios o ataques a la dignidad, es más dolorosa en el sentido de que no se puede olvidar, y expresan más indignación por la que proviene de la suegra, que la del propio marido”, apuntó Agoff.

Se cree que ese comportamiento ocurre, dijo, porque no le son simpáticas a las suegras, o porque hubieran preferido a otra joven como nuera; no logran observar que el problema es sistémico. Sin embargo, al preguntarles cómo serían como suegras en el futuro, afirmaron: “probablemente igual”.

Carolina Agoff reconoció que las políticas públicas que han acompañado a la legislación contra la violencia de género, han sido exitosas en términos de conciencia de derechos, sobre todo entre las jóvenes. Se entiende que ese es un delito, por lo que ellas hablan de “demandar” al marido “si sigue así”; sin embargo, es el sistema de justicia el cual aún no logra darle solución.