La política de ‘cuotas de género’ hoy resulta limitada

¿Cuánto ha avanzado la paridad de género a partir del sufragio en México?

Sin lugar a dudas, se han dado pasos gigantescos desde el reconocimiento del derecho a las mujeres para ejercer su derecho a sufragar, ya que de ver el ejercicio de esos derechos como una “concesión” hoy se constituyen como obligatorios para todas las sociedades democráticas y forman parte del entramado político indispensable para construir una política en materia de derechos humanos en países como el nuestro.

La reforma constitucional del año 2019 de “paridad en todo” es el mejor ejemplo del avance que se ha tenido en este tema en las últimas décadas. El incluir en la Carta Magna que en todos los puestos y cargos de elección popular e incluso aquellos de nombramiento directo debe imperar el principio de paridad entre hombres y mujeres ha sido un gran avance en términos legales que, poco a poco, abonará también a cambiar algunas de esas viejas prácticas discriminatorias y de desigualdad que siguen imperando en los espacios políticos y de toma de decisiones en México.

Debemos reconocer que hay avances, como por ejemplo que por primera vez en la historia la Cámara de Diputados está conformada por más mujeres que hombres, aunque eso no signifique que estemos en los espacios de toma de decisiones, porque ninguna mujer es coordinadora de algún grupo parlamentario. Desde luego, destacar, en este sentido, que actualmente existen nueve mujeres gobernadoras, cifra histórica en este país.

Incluso a nivel discursivo, a nivel de temas de debate, de políticas públicas, de discusiones legislativas y hasta en las comunicaciones cotidianas de la población la paridad de género se ha convertido en un asunto obligado sobre el cuál reflexionar, ya que no es suficiente el contar con instrumentos legales que hablen sobre el ejercicio del derecho a la igualdad y la no discriminación si estos no logran transformar la vida de las millones de mujeres y niñas de nuestro país.

¿Cuál es el estado actual de la mujer en las decisiones de poder?

Mucho se ha hablado del “techo de cristal” como ese conjunto de normas no escritas al interior de las instituciones, las empresas y de las estructuras sociales que dificulta a las mujeres tener acceso a los puestos de dirección o de toma de decisiones.

El carácter de invisibilidad de ese tope o ese límite no dicho, se traduce también en la ausencia del reconocimiento de que esas limitaciones impuestas son un problema que limita el ejercicio profesional y personal de las mujeres, sobre todo en el ámbito público y político.

Esta analogía se ha utilizado  para hacer referencia a las barreras que la mujer tiene para avanzar en la escala laboral, que no son fácilmente detectables, pero en muchos de los casos suelen ser la causa de su estancamiento profesional, y ello implica que tampoco puedan acceder a espacios de toma de decisiones.

Es cierto y hay que reconocer, que se ha avanzado mucho en este tema, pero seguimos teniendo prácticas institucionales e informales que limitan el crecimiento de las mujeres y que limitan su desarrollo.

Según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, la igualdad de género en los espacios políticos o de toma de decisiones se logra mediante la promoción de la flexibilidad, la transparencia y la equidad de los sistemas y políticas de empleo público, de modo que garanticen una remuneración justa y la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres.

Para las mujeres con cargas familiares resulta especialmente complicado disponer del tiempo necesario para cumplir con ciertos requisitos académicos, especialmente para promociones y ascensos, en la práctica, esto puede excluir a mujeres que, en muchos casos, no cuentan con el tiempo extra después de la jornada laboral ni con los recursos para llevar estos cursos.

Otro de los principales obstáculos para la promoción de las mujeres son las cargas familiares, en general, son las mujeres las que asumen la crianza de los hijos, el cuidado familiar y las labores domésticas y quienes piden bajas por maternidad. Esta circunstancia las coloca en desventaja, pues les genera obstáculos a la hora de retomar su labor profesional y conseguir una promoción porque no cuentan con el número de años o la antigüedad necesaria para competir en igualdad de condiciones.

Por ello es necesario no sólo hablar de la necesidad de romper “ese techo de cristal” sino primeramente reconocer su existencia y trabajar en el sentido correcto para eliminar esas condiciones -no escritas- que pesan sobre las mujeres y que les limitan o impiden crecer asumir esos puestos de toma de decisión, tanto en el sector público como en el privado.

¿Qué políticas públicas o programas hacen falta enfocados para reducir la brecha de desigualdad de género?

Primero hace falta asumir como sociedad que la desigualdad de género es un problema que nos afecta e involucra a todas y a todos, que no se trata sólo de “asuntos de mujeres”. Que se trata de dejar atrás las políticas de las “cuotas de género” pues esa vieja fórmula de asegurar espacios políticos y públicos para las mujeres a través ciertos porcentajes -aunque efectiva en su momento- hoy resulta ser limitada pues no garantiza el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres pues limita el reconocimiento de sus cualidades y capacidades.

Hace falta una política pública efectiva para la erradicación de la violencia contra las niñas y las mujeres, pues seguimos siendo nosotras las que nos encontramos en mayores condiciones de vulnerabilidad frente el ejercicio abusivo y violento del poder, tanto en la esfera privada como en la pública. Una política efectiva en ese sentido es un tema de urgencia en nuestro país, pues mientras haya violencia de género, mientras se exprese la violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, seguiremos en una clara condición de desigualdad frente a los hombres que en la mayoría de los casos ejercen ese poder.

Sumaría también la necesidad de construir una política pública muy ambiciosa para transformar las construcciones sociales basadas en estereotipos de género y en prejuicios a través de los cuáles se les asignan a las mujeres roles, patrones y prácticas que históricamente las han excluido y limitado en el ejercicio de sus derechos. Si aspiro a una sociedad donde se rompan esos roles históricos de género que nos discriminan, aspiro a una sociedad en donde cada persona pueda asumir los roles y las cargas que quiera, donde nadie le asigna a una o a otra lo que le corresponde hacer en esta vida, aspiro a una sociedad de libertades donde el respeto a la diferencia y la erradicación de las desigualdades sean una realidad.

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Legisladoras, feministas y líderes de opinión reflexionan sobre los logros alcanzados a partir del voto de la mujer en México. Ilustración: Samantha Guerrero