K-Trump podría dinamitar a Corea del Sur… y sí, le va a afectar a México
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y la crisis en Corea del Sur es una combinación explosiva para Asia y el mundo.

El nuevo gobierno surcoreano podría enfrentar presiones económicas, militares y diplomáticas de Washington nunca antes vistas.
/Portada: La-Lista
En medio de un panorama internacional ya convulso, el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos este enero de 2025 coincide con una de las mayores crisis políticas en Corea del Sur desde su democratización.
Esta peligrosa sincronía, analizada a fondo en el informe “Dual Uncertainty” del profesor Mason Richey, plantea múltiples riesgos para la estabilidad regional en Asia Oriental y para las relaciones internacionales en su conjunto.
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Una Corea fracturada y el colapso institucional
La situación en Corea del Sur es crítica. El presidente Yoon Suk-yeol intentó ejecutar un fallido autogolpe mediante un decreto de ley marcial que buscaba concentrar todo el poder en el Ejecutivo y suspender al Parlamento. El intento duró menos de tres horas antes de ser revocado por una contundente votación legislativa (190-0). Yoon fue arrestado, acusado de insurrección y suspendido de sus funciones tras ser sometido a juicio político.
El país es ahora gobernado por un presidente interino con poderes limitados, a la espera de una elección especial que probablemente ganará Lee Jae-myung, líder opositor con posturas tibias hacia la alianza con EU y proclive a mejorar relaciones con China y Corea del Norte.
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Esta debilidad institucional hace que Corea del Sur esté mal preparada para negociar con una administración Trump 2.0 conocida por su estilo agresivo, impredecible y transaccional.
Según Richey, el nuevo gobierno surcoreano podría enfrentar presiones económicas, militares y diplomáticas sin precedentes por parte de Washington.
¿Qué podemos esperar de Trump 2.0?
Trump vuelve al poder con un equipo más leal, un Partido Republicano alineado a su visión y sin los contrapesos que limitaron su primer mandato. En su política exterior, sigue priorizando relaciones personales con líderes autoritarios, desprecia las alianzas multilaterales y no oculta su preferencia por acuerdos que beneficien directamente a EU, incluso a costa de sus aliados.
Durante su primer mandato, Trump menospreció la alianza con Corea del Sur, cuestionó el tratado comercial KORUS, suspendió ejercicios militares conjuntos y exigió un aumento del 400% en las contribuciones coreanas para el mantenimiento de tropas estadounidenses. Aunque muchas de estas amenazas no se concretaron por oposición del Congreso y de su propio gabinete, el panorama ahora es diferente: los frenos institucionales en Washington han disminuido.
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Riesgos inmediatos en la península coreana
El informe “Dual Uncertainty” del profesor Mason Richey identifica al menos seis áreas críticas donde la administración Trump podría generar tensiones en la alianza con Corea del Sur:
- Incremento de aranceles y presión financiera: Trump planea imponer aranceles de hasta el 10% a casi todos los países, incluyendo Corea del Sur, y podría exigir una nueva renegociación del acuerdo sobre contribuciones militares coreanas, a pesar de que ya se extendió hasta 2030.
- Reducción o redefinición del papel de las tropas estadounidenses: Aunque un retiro completo es poco probable, Trump podría reducir personal rotativo o cambiar el enfoque estratégico de la presencia militar en Corea para enfrentar a China, lo que chocaría con las prioridades de seguridad coreanas centradas en Corea del Norte.
- Desarticulación de la cooperación trilateral con Japón: Uno de los logros de la administración Biden fue reforzar los lazos entre EU, Corea del Sur y Japón. Pero con Trump y un presidente coreano renuente a colaborar con Tokio, esta alianza podría debilitarse.
- Erosión de la disuasión militar ante Corea del Norte: Trump podría suspender nuevamente los ejercicios militares conjuntos, lo que afectaría la capacidad de respuesta ante provocaciones del régimen norcoreano y pondría en duda el compromiso estadounidense de defensa nuclear extendida.
- Debate nuclear en Corea del Sur: La desconfianza hacia Washington podría reavivar las voces que promueven un arsenal nuclear independiente. Aunque improbable en el corto plazo, el simple debate ya genera tensiones en el régimen internacional de no proliferación.
- Uso de Corea del Sur como peón en la confrontación con China: Trump podría presionar a Seúl para redirigir su alianza hacia la contención de China, afectando su relación económica y diplomática con Beijing.
Corea del Norte: ¿una nueva oportunidad para Kim Jong Un?
En contraste con el caos en Seúl, Pyongyang se encuentra en una posición de relativa estabilidad, fortalecida por su alianza con Rusia y por la falta de presión efectiva por parte de EU o China.
Trump podría reactivar la vía diplomática con Kim Jong Un, como lo hizo en su primer mandato, aunque con escasas probabilidades de éxito si insiste en exigir la desnuclearización. Un escenario más plausible, aunque controversial, sería que Trump acepte un acuerdo de “congelamiento y control” del arsenal nuclear norcoreano, a cambio del levantamiento de sanciones y de un alejamiento de Corea del Norte respecto a China.
¿Qué tiene que ver México con todo esto?
Aunque estos eventos ocurren al otro lado del mundo, tienen implicaciones globales. Corea del Sur es uno de los principales socios comerciales de México, después de Estados Unidos, China, Canadá y Alemania; y un actor clave en la cadena de suministro global. Una crisis militar en la península o una guerra comercial impulsada por Trump afectaría inversiones, exportaciones e insumos tecnológicos en nuestro país. Además, el debilitamiento del orden internacional basado en derecho impacta directamente en la estabilidad económica global de la que México depende.
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La combinación del regreso de Trump con el colapso institucional en Corea del Sur no solo reconfigura el equilibrio de poder en Asia, sino que amenaza con desencadenar tensiones diplomáticas, económicas y militares cuyas consecuencias podrían sentirse incluso en América Latina.