Cuatro adultos hablan de cómo les afectó el bullying escolar en su niñez
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La escuela tendría que ser un espacio de educación, pero también una oportunidad de hacer amigos, crear relaciones y sumar experiencias que nos permitan ir aprendiendo de la vida. Sin embargo, para algunas personas, víctimas de bullying escolar, ir a clases puede convertirse en una historia de sufrimiento y terror que suele dejar secuelas.

El acoso escolar, o bullying, es una forma de violencia entre compañeros en la que uno o varios alumnos molestan y agreden de manera constante a otra persona u otro grupo de estudiantes, explica la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Los indicadores sobre el porcentaje de las y los alumnos que sufren bullying o acoso escolar no señalan que al menos el 20% de los estudiantes en nuestro país sufren de algún tipo de violencia por parte de sus compañeros, esta cifra, según los resultados de la prueba PISA 2015. La Consulta Infantil y Juvenil del Instituto Nacional Electoral 2019 indica que el 53.4% de niñas y niños entre diez y diecisiete años que dijo enfrentar violencia dijo que esta ocurre en la escuela. La incidencia de violencia escolar es mayor en escuelas privadas, con un 23.3% contra 21.3% en escuelas públicas, en edades de seis a nueve años; en edades de diez a diecisiete años en escuelas privadas y oficiales, el promedio es el mismo, de 13%.

Muchas experiencias de bullying escolar tienen repercusiones en la vida adulta de quienes las vivieron. La organización internacional Bullying Sin Fronteras considera que México ha tenido en los últimos cuatro años un crecimiento explosivo de acoso escolar. De acuerdo a sus datos, en 2020 y 2021 se acumularon 180 mil casos de bullying escolar y ciberbullying (a través de internet).

Mientras tanto, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) dice que quienes suelen ser víctimas de este tipo de violencia son menores de 10 a 17 años.

La-Lista contactó a distintas personas que han sufrido bullying escolar. Estas son sus historias:

‘Cuando busqué apoyo de mis papás, la respuesta fue ‘deja de buscarte problemas’, María José Gómez, 24 años

“Mi historia de acoso escolar ocurrió cuando ingresé a una preparatoria al sur de la ciudad. Mi primer semestre fue horrible, nadie me hablaba, tenía solo una amiga. En ese entonces tuve un novio y desde ese momento algunas niñas que buscaban tener una relación con él empezaron a molestarme. Utilizaban la plataforma de Ask.fm para insultarme anónimamente y me decían cosas horribles, como ‘zorra´, ‘puta’, ‘eres la del rato’, entre otras cosas.

“La etapa más dura fue cuando la exnovia de uno de mis mejores amigos comenzó a hacerme bullying, ella y sus amigas me encerraban en el baño para insultarme y no me dejaban salir, tomaban plumones y pintaban mi coche o dejaban animales, todo eso duró cerca de un año. En una ocasión, una de esas niñas me golpeó en las escaleras y me jaló tanto del cabello que se me cayó durante varios días. El acoso fue tanto que fueron a mi casa para golpearme, pero como no salí de mi casa, le aventaron ácido a mi carro. También me metían a grupos de WhatsApp o de Facebook para insultarme.

“Me operé la nariz por una cuestión estética y esas niñas imprimieron varias copias de mi foto junto a una de Michael Jackson y las pegaron en la escuela para burlarse. Yo nunca he sido ‘dejada’, pero me daba miedo que me hicieran algo. Cuando busqué apoyo de mis papás, la respuesta fue ‘deja de buscarte problemas’, mientras que los profesores no hacían nada”.

‘Decidí salirme de la escuela cuando una de mis compañeras se suicidó’ Anónimo

“Todo empezó en el kínder. Mis papás me metieron a una escuela religiosa y únicamente para mujeres. El bullying estuvo presente desde que entré, hasta que salí en la preparatoria. Nunca hubo agresiones físicas, pero desde que tengo memoria mis compañeras siempre me aislaron, me dejaban sola en todas las actividades y no me hablaban, estaba sola. Las cosas mejoraron un poco en la secundaria, pero en general siempre fue igual. En la primaria había una persona en específico que me robaba las cosas, pasaba junto a mí y me daba ‘sapes’, en una ocasión rompió mis cosas y me regaló unas galletas con hormigas. El ambiente era muy tóxico. 

“Cuando busqué el apoyo de mis papás o de autoridades escolares la respuesta era que le tuviera paciencia porque ella tenía muchos problemas, sin embargo, yo no era la única niña a la que le pasaban cosas, aunque mi caso sí era el más notorio porque quedé fuera de la generación en muchos aspectos. Todo aumentaba porque las mismas mamás de las estudiantes generaban un ambiente de competencia en la escuela y entre nosotras. Sentía que, si me salía de la escuela, era sinónimo de que yo estaba perdiendo. Todos los principios de curso pensaba que las cosas iban a cambiar, pero siempre era igual. Finalmente, decidí salirme de la escuela cuando una de mis compañeras se suicidó, si me quedaba no sabía a dónde podía llegar.

El bullying afectó mi autoestima y me dificultó generar mi propia identidad, me generó ansiedad y dificultades para acercarme a otras personas, que hasta la fecha sigo tratando de superar en su totalidad. Hoy, viendo hacia atrás, creo que lo más importante para evitar ese tipo de situaciones es fomentar la empatía en la gente. Además, es esencial que haya escarmientos reales, porque es muy fácil para las autoridades de las instituciones educativas castigar por unos días, pero se esperan a que haya problemas más fuertes para tomar otro tipo de medidas”.

‘El bullying que viví me dejó muchas inseguridades que siguen hasta hoy’, Benilde Vertiz, 24 años

“Mi historia de bullying empezó cuando cursaba segundo de primaria, y vino de una de las personas que formaban parte de mi grupo de amigos. En esa época yo era una niña gordita, motivo que una compañera aprovechó para burlarse de mí. Lo hacía en la escuela pero también a través de internet. En ese momento, era común que mis amigos y yo utilizáramos la plataforma de Hi5 que permitía publicar imágenes en tu perfil. La niña que me molestaba publicaba dibujos que ella hacía de nuestro grupo de amigas, a todas las dibujaba flacas y a mí, gorda. También me decía continuamente que yo era fea. Pese a que era mi amiga, las burlas y comentarios incómodos fueron recurrentes hasta que yo empecé a bajar de peso. 

“En quinto de primaria todo el salón dejó de hablarme porque ella los amenazó para que lo hicieran. Y el bullying me siguió hasta secundaria, cuando mi agresora y otro grupo de niñas me encerraron en un baño. Yo no podía salir ni tenía celular para hablarle a nadie, tuve que subirme a la taza del baño para alcanzar la ventana y poder gritar que alguien me ayudara a salir. Aún así, seguí considerándola mi amiga e invitándola a salir conmigo. Además, mis papás eran amigos de los suyos, por lo que aunque yo intentaba contarle a mi mamá que me molestaba, ella me decía que intentara entenderla porque tenía muchos problemas, y los maestros nunca creyeron que realmente me molestaba. Todo acabó cuando me cambié de escuela para iniciar la preparatoria y no volví a saber de ella. 

“El bullying que viví me dejó muchas inseguridades que siguen hasta hoy. Cuando entré a la preparatoria le tenía mucho miedo a subir de peso y tomaba pastillas para poder adelgazar, además de que algunas veces vomitaba lo que comía. También creía que nunca iba a ser atractiva para los hombres que me gustaban. Aunque toda esa situación empezó hace años, hoy sigo trabajando contra esas inseguridades en terapia. Los niños pueden ser crueles y por eso es importante educarlos y hacerlos entender que no tienen por qué hacer a los demás sentirse inseguros porque al final del día no sabemos emocionalmente cómo está el otro”. 

‘Asumí que los que me molestaban tenían razón en lo que decían sobre mí’, Anónimo

“Muchas veces, el bullying puede manifestarse a través de supuestas bromas que hacen más difícil el poder identificar y denunciar este tipo de casos. Yo tuve mi primera menstruación cuando estaba cursando tercero de primaria en una escuela privada de la Ciudad de México que era una de las más caras en la capital. Mi cuerpo empezó a desarrollarse muy rápido desde ese momento y subí de peso, además de que mi pecho creció mucho en comparación con mis compañeras. Eso fue motivo para que los otros estudiantes, especialmente un grupo de 15 personas, entre hombres y mujeres, comenzaran a agredirme. Llegaron a decirme ‘antes tenías el cuerpo de una Barbie y ahora tienes cuerpo de una cosa gorda’, o ‘bola de manteca, sudas grasa’. Un día, al llegar al salón, fui a sentarme a mi lugar y todos en el salón brincaron simulando que lo habían hecho por mi peso, como si yo los hubiera levantado. Todos se rieron y a mí no me quedó de otra que también reírme.

“Los hombres me molestaban diciendo que yo usaba relleno en mi ropa interior. Incluso, en una clase de deportes me subieron la blusa y empezaron a reírse. La situación escaló hasta mi último año de secundaria, cuando dejé de comer para no engordar y cuando ya no aguantaba el hambre, me iba a comer al baño para que nadie me viera. Asumía que no tenía que comer por ser gorda. Nunca dije nada a los maestros ni a mi mamá porque asumí que los que me molestaban tenían razón en lo que decían sobre mí.

“La situación de bullying me desencadenó un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), que empezó cuando inicié preparatoria y me cambié de escuela. Tuve anorexia, bulimia y trastorno por atracón. 

“Actualmente, tengo 25 años y una sobrina a la que me preocupa mucho que le pase lo mismo que a mí. La veo y pienso ‘ojalá no viva lo que yo viví’, soy consciente de que el bullying escolar me afectó mucho en mi desarrollo y autoestima. Superarlo fue un trabajo de mucha terapia y de aprender que mi peso y mi cuerpo no es ningún limitante”.

Las Comisiones Unidas de Educación y Derechos de la Niñez y Adolescencia aprobaron en julio un proyecto de de reforma, propuesto por la diputada del PRI Ana Lilia Herrera Anzaldo, para que la SEP diseñe lineamientos para detectar y prevenir el acoso escolar. Se prevé que el dictamen sea sometido a discusión en el próximo periodo de sesiones.

Ante una situación de acoso escolar, la organización Bullying Sin Fronteras puso a disposición del público el correo electrónico [email protected] para obtener ayuda.