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‘El duelo también es una vergüenza en China’: dicen mujeres de Wuhan

Tres escritoras con blogs sobre la vida en la ciudad en donde nació el Covid todavía enfrentan constantes amenazas y vigilancia.

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La cineasta disidente china Ai Xiaoming en su casa en Wuhan. Foto: Sim Chi Yin/Magnum Photos

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“Si personas de otros lugares llegan a Wuhan pueden tener la sensación de que no pasó nada aquí”, dijo Ai Xiaoming, sentada en el estudio lleno de libros de su casa en el corazón de la ciudad en donde empezó el coronavirus de China el pasado enero.

“Parece que no saben nada de los muertos, o de los sentimientos de las familias”, dijo la escritora de 67 años, escritora y documentalista. “Los medios chinos pocas veces informan  sobre esto.  No hay espacio para que estas personas cuenten sus historias”.

Ai fue una de las tres escritoras que fueron censuradas por compartir sus diarios en las principales plataformas de redes sociales durante el confinamiento de 76 días en la ciudad del centro de China, Wuhan. Un año después, todavía luchan por hacer que sus voces se escuchen.

Ai y Fang Fang de 65 años fueron censuradas por sus llamados estridentes para la libertad de expresión y para que los funcionarios locales se hicieran responsables por haber ocultado la información  a los residentes de la ciudad durante el mes anterior al abrupto cierre de la ciudad el 23 de enero de 2020.

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La mayoría de los encabezados de sus diarios sólo tenían la intención de  compartir sus reflexiones personales y de hacer conciencia sobre la situación de los vecinos, los voluntarios y los trabajadores de la salud.

Otra escritora de 29 años, Guo Jing, fue censurada en repetidas ocasiones por compartir contenido con la intención de crear conciencia sobre los casos de violencia doméstica, aislamiento y la pesada carga de los deberes familiares que recayeron en las mujeres durante el periodo de aislamiento en la capital de la provincia de Hubei.

A Guo Jing la han censurado por escribir sobre violencia doméstica. Foto: Guo Jing

Después del terremoto de Sichuan en 2008, Ai escribió sobre la corrupción que había llevado a que las escuelas colapsaran y también realizó crónicas sobre las personas infectadas con sida. Su cuenta de WeChat, de la plataforma social que pertenece a  Tencent, fue cerrada permanentemente durante el confinamiento.

Wang Fang, quien escribe con el pseudónimo de Fang Fang, es la más conocida de las tres. Su Wuhan Diary se publicó en inglés el año pasado aunque eso le provocó problemas en casa porque los nacionalistas radicales la persiguieron  por publicar la cuenta en el extranjero.

En un principio, sus publicaciones diarias las leían y compartían millones de personas en China, pero después comenzó la censura. “Se da prioridad a la corrección política aún cuando nos encontremos en crisis. Llorar y hacer duelo también resultan ser una vergüenza para el país y una manera de otorgar control al mundo exterior”, dijo a The Observer.

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En su diario de confinamiento, la residente de Wuhan relataba sus batalla constante con la censura y los comentarios cuando publicaba partes de su diario en WeChat y Weibo, la plataforma de redes sociales que es propiedad de SIna. Y aunque a ella la censuraban con frecuencia, otras voces que la atacaban eran libres de hacerlo.

Las cuentas de WeChat y de Weibo de Fang Fang no se suspendieron, pero sí las bloqueaban en ocasiones, cuenta.

El bloqueo selectivo de cierto tipo de discurso al tiempo que se permite que prevalezca otro tipo de discurso “frenético” se vuelve un obstáculo para una reforma mayor y la apertura de China, considera ella. “Las consecuencias de eso son peligrosas por naturaleza”, dice.

Fang Fang dice que las editoriales chinas dejaron de publicar sus libros, incluyendo sus novelas, aunque sus libros anteriores todavía pueden encontrarse en las librerías.

“Se trata de un castigo muy cruel para un escritor profesional, que no se publique ni se dé a conocer su trabajo”, dijo.

Ese castigo, obviamente palidece en comparación con la sentencia de 4 años de la corte de Shanghai para una abogada de 37 años que se convirtió en periodista ciudadana, Zhang Zhan, y que se anunció el 28 de diciembre. Zhang fue sentenciada “por pelearse y causar problemas” por reportar desde el confinamiento en Wuhan y por postear videos e información en YouTube, Twitter y otras plataformas sociales.

“Con sus acciones, Zhang Zhan demostró  que esas reglas son ridículas”, dijo Ai. “A ella no le importa eso. En ese sentido, ella representa cierto tipo de personalidad que no pertenece a este siglo, o al siglo pasado, sino a alguien del futuro.  Es tan valiente”.

La escritora feminista, Guo Jing, también se enfrentó a la dificultad de publicar reportes durante y después del brote. El sufrir la censura y los castigos por hablar tuvieron el efecto acumulativo de alterar lo que la gente creía que podía discutir en línea y fuera de ella.

“Creo que lo terrible de la censura es que te hace censurarte a ti misma y todo el mundo se dedica a censurar a los demás”, dijo Guo. “Es como… ‘Le congelaron la cuenta a alguien por publicar esto y esto, tal vez no deberías publicar esas cosas’, dicen”.

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Otro aspecto importante es el constante cambio de definición de los temas sensibles, y la poca claridad de las reglas de lo que puede decirse”. “Nunca sabemos cuál es el parámetro”, explica.

En cuanto a la culpabilidad de las plataformas de las redes sociales de China por la censura, las escritoras coinciden en que sí juegan un papel muy importante, pero últimamente las autoridades son las que ordenan que se retiren las publicaciones o que se vigilen ciertos temas”.

“Otras redes sociales quieren tráfico, así es que borrar los temas candentes no es bueno para ellas, tampoco”, dijo Guo.

The Observer preguntó a Tencent la razón de la censura a las publicaciones de los escritores, o la causa de que se les siguiera censurando. Tencent respondió: “La misión de Tencent es crear plataformas para que los usuarios se conecten y se comuniquen abiertamente. Tencent sigue leyes locales sobre el contenido para internet y nos adherimos a todas las reglas y leyes de los países y mercados en los que operamos”.

Sina no respondió a la solicitud de un comentario similar.

The Guardian
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