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Latinos son los más expuestos a beber agua de mala calidad en EU

Una investigación de The Guardian indica que los sistemas en las zonas latinas violan las regulaciones de agua potable dos veces más que los que se usan en EU.

Texas tiene los sistemas de infracciones más altas, seguido de California y Oklahoma. Ilustración: Ricardo Santos y Max Whittaker / The Guardian

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Por Emily HoldenCaty EndersNiko Kommenda y Vivian Ho

Millones de personas de EU están tomando agua que no cumple con los estándares de salud e incluso viola los límites de contaminantes peligrosos.

Los latinos están expuestos de manera desproporcionada, según una revisión de The Guardian de más de 140 mil sistemas de agua pública en todo EU y la información demográfica a nivel de los condados.

Los sistemas de agua en condados cuyos habitantes son 25% o más latinos están violando las reglas de contaminación de agua dos veces más que los del resto del país.

Los peores sistemas públicos de agua de EU, que acumulan más de 15 “puntos de violación” de estándares durante 5 años, dan servicio a más de 25 millones de estadounidenses, indica la investigación. Se calcula que 5.8 millones de estas personas son latinos.

En Texas, en donde millones de residentes perdieron el acceso al agua y a la energía durante la tormenta reciente, las violaciones de los sistemas son las más altas, seguidos de California y Oklahoma. El promedio de violaciones más alto es en Oklahoma, West Virginia y Nuevo México.

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La investigación se realizó con  seis meses de información de la Agencia de Protección Ambiental, EPA por sus siglas en inglés, y otros datos indican que:

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  • El acceso al agua limpia para beber es muy desigual en EU, se basa en raza, ingreso y geografía.
  • Los condados más pobres tienen más del doble de puntos de violación que los ricos.
  • Algunos sistemas de agua reportan cientos de puntos de violación año tras año sin que el gobierno se haga cargo o notifique a los usuarios.
  • Los condados rurales tienen 28% más puntos de violación que los metropolitanos.

Algunos científicos y exfuncionarios de gobierno hablan de un sistema de regulaciones del agua que no funciona. “La mayoría de los legisladores creen que el cumplimiento de las leyes ambientales es alto”, dijo Cynthia Giles, el antiguo encargado de cumplimiento de la EPA durante Barack Obama, pero esa creencia es “errónea”.

Los expertos están preocupados por los sistemas que sirven a comunidades más pequeñas. Dicen que los latinos están particularmente en riesgo porque viven con mayor frecuencia cerca de granjas industriales en California y en el oeste en donde se ha contaminado el agua local con nitratos de los fertilizantes y el estiércol. También tienen más probabilidades de vivir en el sureste, en donde las violaciones al arsénico son comunes.

Las investigaciones indican que los latinos son los que más desconfían del agua de la llave.

Paloma Beamer, una investigadora de salud pública de la Universidad de Arizona, encontró que la mayoría de los residentes latinos de Nogales, Arizona, creen que tomar agua de la llave es tan peligroso como beber alcohol y manejar, y más dañino para la salud que fumar. Muchos compran agua embotellada pero como no está sujeta a las mismas pruebas y regulaciones puede ser tan riesgosa, o peor, que el agua de la llave, dijo Beamer.

“Tiene que haber más transparencia a la hora de explicar cómo se analiza el agua, y qué estándares se aplican y cómo se puede confiar en que es seguro tomarla. Es importante que la gente entienda en las comunidades cuáles son  las principales violaciones y qué alternativas de agua tienen”, dijo Beamer.

Las consecuencias de tener incluso pequeñas cantidades de contaminantes en el agua pueden ser altas. La EPA tiene un límite de 10 mg de nitrato por litro de agua, pero con frecuencia es superado. El estándar es para protegerse del “síndrome del bebé azul” que sucede cuando un feto no recibe suficiente oxígeno, y de enfermedades de la tiroides, que pueden provocar fatiga, aumento de peso y pérdida de cabello.

Los nitratos son un gran problema en comunidades del Valle Central de California, como en Orosi del Este, una comunidad no incorporada de unas 700 personas en donde los niños aprenden a no abrir los ojos o la boca cuando se están bañando. María Orozco, una residente de 30 años de edad, no recuerda haberse sentido segura alguna vez tomando agua de la llave. Recientemente el pelo de sus hijas se empezó a caer en la regadera más de lo acostumbrado. Su pelo  también. “Se nos hace un nudo en el estómago”, dice, por la constante preocupación  por el agua y la salud de la familia.

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Los activistas de Orosi del Este dicen que tienen grandes retos sólo para conseguir agua segura. “El Valle Central produce una gran variedad de comida de uvas, almendras, chabacanos, arándanos, y entonces creamos una mezcla variada de agua tóxica”, dice Susana de Anda, directora ejecutiva de Community Water Center. “El agua del subsuelo es una mezcla tóxica de nitratos, arsénico, 123 TCP, cromo”.

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Desde 2015, el sistema de agua de la ciudad excede en 15 veces el límite legal federal de nitrato.

Los activistas de salud pública del país están cada vez más preocupados por los nitratos en el agua potable. “Estamos viendo tantos estudios nuevos que indican que los niveles más bajos de nitrato pueden ser peligrosos. Pueden aumentar el riesgo de cáncer si te expones a ellos durante varios años”, dijo Anne Schehinger, analista económica senior  del Environmental Working Group, EWG,  que acaba de presentar un reporte de nitratos. “De verdad se pone uno a pensar si la EPA nos mantiene a salvo con todos los límites máximos de contaminantes que ha establecido”.

Cuando se le pidió un comentario, un vocero de la EPA dijo: “Es una prioridad asegurar que todos los estadounidenses tengan acceso al agua para tomar, incluyendo a las comunidades de color y de bajos ingresos”. La agencia, dijo: “aunque más de 92% de los estadounidenses tienen agua para beber que cumple con todos los estándares de salud, la EPA sigue trabajando con socios para subsanar las diferencias”.

Tan sólo en California, 5.25 millones de personas en las comunidades latinas toman agua que excede los límites federales de nitrato, según el reporte de Schechinger para la EWG. Incluso más podrían estar en riesgo de exponerse al agua contaminada de los pozos privados que no están regulados.

La administración Biden prometió que la justicia ambiental volvería a ser prioridad después de la disminución durante el gobierno de Donald Trump.

La investigación de The Guardian refleja hasta cierto punto la escala de los daños.

Ya que los estadounidenses normalmente no tienen que preocuparse sobre el tipo de contaminantes biológicos que azotan a los países en vías de desarrollo, es muy probable que se expongan a amenazas menos terribles: metales pesados, radiación y químicos que pueden causar daños significativos para la salud debido a la exposición prolongada. Los pequeños sistemas, que se ocupan en los parques de hogares móviles, los restaurantes de comida rápida, iglesias y escuelas, por lo general tienen más problemas, y menos recursos para arreglarlos.

“Las historias de horror empiezan cuando las instalaciones sirven para atender a menos de 10 mil personas”, dijo Betsy Sutherland, ex directora de la oficina de ciencia y tecnología de la oficina de agua de la EPA.

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Contaminación

La contaminación del agua en EU es extensa.

Los contaminantes peligrosos que los sistemas de agua no pueden filtrar con facilidad varían en diversos lugares del país, empezando con los nitratos de las granjas en los estados en donde la agricultura ocupa un lugar prominente como en California, a las extracción de sustancias radiactivas en estados como Virginia del Oeste.

Los efectos de salud son varios. El arsénico, el cloro y los radionucleidos se relacionan con mayores incidencias de cáncer. Los fertilizantes de nitrato pueden afectar la distribución de oxígeno a los glóbulos rojos. El herbicida, Atrazine, puede causar daños hormonales en las mujeres, nacimientos prematuros y niveles más bajos de IQ en los niños.

Entre las comunidades con mayores problemas para el agua potable, el análisis de The Guardian muestra:

Coal Mountain, West Virginia, que atiende a 118 personas, está en el punto más alto de la lista en nuestro análisis y su sistema de agua tiene más puntos violados en el país: 595 puntos en cinco años. Detectó altos niveles de radionucleidos, productos de desinfección, arsénico, plomo y cobre, nitratos y coliformes. El ingreso medio de un hogar es de 35,460 dólares, que es la mitad del ingreso promedio en EU. La comunidad ha tenido un aumento en la minería de carbón en la cima de la montaña. La Appalachian Regional Commission, que es una sociedad de estados federales, dijo que estaba gastando millones para mejorar el sistema.

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La escuela distrital independiente Klondike en Dawson y Martin en Texas, lleva 390 puntos de violación acumulados en cinco años. Sus apenas 270 alumnos en grados de preescolar a secundaria pudieron haber estado expuestos a arsénico, nitrato, bacterias coliformes, desinfectantes, cobre, químicos inorgánicos y radionucleidos. El distrito abarca 155 hectáreas de campos de petróleo y granjas de algodón y cacahuate. Cerca de la mitad de los estudiantes son latinos, considera el superintendente Steve McLaren. Klondike gastó cerca de 1 millón de dólares en mejoras para alcanzar los niveles estándar, incluyendo algunos fondos de una fundación filantrópica. “Queremos hacer lo correcto, pero en ocasiones es difícil hacer lo correcto a causa de las finanzas”, dijo McLaren.

Condado de Lubbock, Texas, alberga 24 de los principales 1000 sistemas de agua con más puntos violados, incluyendo los de los parques de casas móviles, campos deportivos para niños y asilos de ancianos.

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Mientras más pequeño es el sistema de agua, es más probable que tenga problemas. Esto sucede porque hay menos clientes a quien cobrar por las mejoras que se necesitan.

La American Water Works Association, cuyos miembros son proveedores de la mayor parte del agua potable del país, reconocieron que los sistemas más pequeños tienen menos recursos para arreglar los problemas. Pero se dice que muchas de sus violaciones se deben a un monitoreo inadecuado más que a los contaminantes.

De los más de 140 mil sistemas de agua pública en EU, más de 97% atienden a menos de 10 mil personas. Los sistemas pequeños pueden tener problemas para gastar en pruebas y tratar el agua, o para emitir las notificaciones públicas de violación que el gobierno federal necesita cuando los niveles de contaminación son demasiado altos. No hay ninguna agencia de gobierno dedicada a responder por las enfermedades crónicas que provoca la contaminación del agua. Los Centros de EU de Control de Enfermedades y Prevención sólo responden a brotes severos, como bacterias coliformes.

“Si nadie está muriendo inmediatamente, no hay prisa para hacer análisis de sustancias que preocupen”, dijo Carl Reeverts, un exdirector de programa de la EPA que estuvo en la agencia durante 38 años. “El cumplimiento de la ley es increíblemente bajo, y no tenemos un programa fuerte para supervisar a la gente”.

Sistema de reportes que no funciona

Las revisiones repetidas bajo la administración de Obama demostraron que los estados no le están reportando a la EPA sobre las violaciones. Para violaciones como plomo o tubería de cobre, por ejemplo, 92% no se reportan por parte de los estados al gobierno federal, según la auditoría más reciente de la EPA, conducida en 2008. La EPA ha descontinuado sus auditorías anuales de casos por estado a causa de los recortes presupuestales.

El actual sistema de reporte en un “desastre”, según un investigador especialista en agua, el doctor Upmanu Lall, presidente del departamento de la Tierra e ingeniería ambiental de la Universidad de Columbia y director del Centro del Agua de Columbia.

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Los estudios de Lall citan un aumento promedio de 38% de los casos no reportados de violaciones al agua potable, de acuerdo a la información del gobierno. Lall dijo que la mayoría de los sistemas del agua sólo se prueban en la planta, no en el punto de uso, lo que significa que se pueden saltar problemas mayores como contaminación por tubería de plomo.

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Lall no culpa a la gente que administra los sistemas de agua, que generalmente vive en los lugares en los que trabaja. Los sistemas no tienen dinero y los bancos cobran cada vez más  por los préstamos para actualizar la infraestructura. Así es que toman atajos, recortan el personal y dejan de monitorear o de tratar el agua, explica.

Además de la falta de seguimiento y de vigilancia, los estándares del agua no son lo suficientemente fuertes, consideran algunos exfuncionarios de la EPA. El gobierno de EU necesita monitorear 94 contaminantes, que no incluyen a las peligrosas y conocidas PFAS, los “químicos eternos” que están implicados en el cáncer, el daño de hígado, la disminución de fertilidad y las enfermedades de tiroides. Las PFAS incluyen las sustancias repelentes que se utilizan en los utensilios de cocina y la espuma para controlar incendios y se han detectado en el agua de todo el país.

En un comunicado para responder a este trabajo, un vocero de la EPA dijo que la agencia trabajaría con los estados para analizar y asegurar “el cumplimiento de los retos de los sistemas de agua potable” y para apoyar a las comunidades abandonadas. Decía que tenía una serie de programas para asistir a las comunidades con menos ventajas y proporcionar “asistencia técnica para enfrentar la contaminación por plomo y otros contaminantes regulados” y dio por entendida “la necesidad urgente” de evaluar y combatir las PFAS en el agua potable.

El arsénico fue la última sustancia que comenzó a regularse, en 2003.

De los 10 mil químicos conocidos que pueden encontrarse en los productos de consumo, de la mayoría no se ha estudiado el impacto que tiene en la salud, así que no hay información sobre lo que sucede si entran al suministro de agua.

El sistema de regulación de agua de EU desde hace décadas no ha protegido a los estadounidenses más vulnerables, ni los presidentes republicanos ni los demócratas. Donald Trump aflojó las reglas que podían combatir la contaminación del agua en la fuente, en donde los gigantes de la agricultura y las corporaciones industriales contaminan el agua del subsuelo. Joe Biden tratará de revertir estos cambios, pero establecer o reforzar un estándar para sustancias dañinas en el agua potable es un proceso arduo.

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Los defensores del agua limpia piden una inyección significativa de recursos federales y una remodelación de las regulaciones para que sea más fácil proteger al público, y más difícil para la industria resistirse a estándares más estrictos.

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“Confiar en el gobierno federal no te va a llevar muy lejos”, dice David Andres, un científico de alto rango en la EWG. “Los estándares federales caen muy por debajo de lo que sabemos que es necesario para la salud humana”.

Por Emily Holden, Caty Enders, Niko Kommenda y Vivian Ho.

The Guardian
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