El abogado que desafió a Chevron cumple 600 días en arresto domiciliario
Steven Donziger, quien el 28 de marzo cumplió 600 días bajo arresto domiciliario. Foto: Laylah Amatullah Barrayn / The Guardian

Muchos de nosotros hemos padecido los efectos de la aislación claustrofóbica durante el último año, pero el abogado Steven Donziger ha experimentado un confinamiento extremo y muy personal con la llegada de la pandemia y el alboroto que causó a su alrededor en la ciudad de Nueva York.

El domingo 28 de marzo, Donziger cumplió su día 600 de un arresto domiciliario sin precedentes que resultó de un creciente y kafkiano proceso legal contra el gigante del petróleo Chevron. Donziger lideró una enorme cruzada contra la compañía en nombre de decenas de miles de indígenas en el bosque del Amazonas, cuyas casas y salud se vieron devastadas por la contaminación del petróleo, sólo para convertirse, como él lo describe, en la víctima de un “ataque planeado por una corporación para destruir mi vida”.

Desde agosto de 2019, Donziger se encuentra encerrado en su elegante departamento en Manhattan, un aparatoso brazalete impuesto por la corte que él llama “la garra negra” está atado a su tobillo izquierdo. Ni siquiera puede salir al pasillo o recoger su correspondencia. Para asistir, como única excepción, a consultas médicas o eventos escolares importantes de su hijo de 14 años, necesita obtener un permiso por adelantado. Una bicicleta fija se ubica en la entrada principal, a falta de opciones alternativas para hacer ejercicio.

El brazalete de vigilancia de Steven Donziger, colocado en su tobillo. Fotografía: Laylah Amatullah Barrayn

No puedo compararlo con la cuarentena porque ni siquiera puedo salir a caminar. Si mi hijo se enferma no puedo ir a la farmacia”, dijo Donziger. “Nunca comprendí realmente la libertad hasta que me vi en esta situación”.

Las noches son lo más difícil para Donziger, pues tiene que batallar para pasar sus jeans por encima del aparatoso brazalete y poder acostarse junto a su esposa “con el gobierno aún alrededor de mi tobillo”. Cada mañana despierta enfadado. Una bandera con la leyenda “SOS Liberen a Steven” a veces ondea afuera de su ventana, pero los esfuerzos para acabar con la detención inusualmente larga aún no surten efecto.

“Ha sido brutalmente complicado para él”, dijo Paul Paz y Miño, director asociado de Amazon Watch, un grupo conservacionista aliado de Donziger. “Le ha costado mucho y también a su familia. Chevron quiere que la narrativa cuente que él es un criminal. Las implicaciones de eso para el movimiento ambientalista contra las compañías petroleras son aterradoras”.

Ha tenido momentos de alivio, como cuando saca su cabeza por la ventana para tener una probadita de sol o para hablar con su creciente legión de defensores escandalizados, que ahora incluye a Alec Baldwin, al vocalista de Pink Floyd Roger Waters, y a decenas de ganadores del Nobel. “Nunca tengo días libres, nunca me puedo relajar por completo”, dijo Donziger. “Pero en una situación como esta creces o te mueres. Y yo he crecido”.

La disputa con Chevron se centra en la icónica decisión de las cortes ecuatorianas en 2011 para ordenar a la compañía el pago de 9.5 mil millones de dólares en daños a las personas afectadas por décadas de contaminación en el agua y aire. Chevron jamás pagó, pues afirman que hubo “niveles estremecedores de mala conducta” y fraude por parte de Donziger y el poder judicial ecuatoriano.

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Pero la subsecuente red de eventos que llevó al arresto de Donziger y la remoción de su licencia de abogado confunde incluso a los expertos legales. “Francamente, me rasco la cabeza cuando miro este caso”, dijo Larry Catá Backer, un profesor de derecho internacional en la Penn State University. “Es una extraña batalla de múltiples frentes con un suceso extraordinario y explosivo tras otro. Tiene la mágica cualidad de enfurecer a todas las partes involucradas”.

Donziger se conmovió por el caso que consumiría su vida cuando era un joven abogado actuando como defensor público en Washington. En 1993, se unió a un equipo legal que investigaba los reportes de contaminación en la región del lago Agrio al norte de Ecuador, situada junto a la frontera del país con Colombia.

La compañía petrolera Texaco había excavado centros de extracción en esta parte del Amazonas desde la década de los 60, dejando lo que Donziger llama “grotescas” fosas de desechos de petróleo del tamaño de albercas olímpicas. La contaminación fluía libremente hacia los ríos y riachuelos que la población indígena utilizaba para beber agua. Según reportes, los cánceres de estómago, hígado y garganta se volvieron más comunes en la región, igual que la leucemia infantil. “Las personas del lugar viven una crisis humanitaria de proporciones épicas”, dijo Donziger.

Donziger, quien habla español, se involucró aún más en el caso, viajó cientos de veces a Ecuador para armar un caso en nombre de los habitantes locales. A pesar de los extensivos esfuerzos de Chevron (que adquirió a Texaco) para bloquear el caso, la demanda terminó por ir a juicio y resultó en un fallo histórico contra la compañía petrolera.

No obstante, la alegría de Donziger duró poco, pues Chevron aseguraba que su equipo cometió fraude en lo que supuestamente tenía que ser una valoración independiente y que ofreció un soborno de $500,000 dólares para influenciar el fallo. Donziger negó todas las malas prácticas y más tarde la suprema corte de Ecuador reafirmó la decisión original, pero Chevron se ha rehusado a pagar los 9.5 mil millones de dólares en daños.

Una corte federal de Estados Unidos se mostró de acuerdo con las acusaciones de fraude, con lo que se negó la posibilidad de confiscar el dinero a Chevron dentro del país. Encontraron que Donziger condujo un “patrón de crimen organizado” bajo estatutos más comúnmente utilizados para combatir a los jefes de la mafia.

Donziger fue declarado responsable de los millones de dólares en costos legales de Chevron y le otorgaron el permiso a la compañía para confiscar su laptop y celular. Cuando apeló la decisión, afirmando que los dispositivos contenían información sensible de sus clientes, el juez, Lewis Kaplan, lo castigó con cargos de desacato criminal, reafirmados tras su apelación, que llevaron a su arresto domiciliario.

En uno de los episodios más extraños de la saga, Chevron reubicó a Alberto Guerra, un juez ecuatoriano, y a su familia, en Estados Unidos, pagaron su seguro de vida y un auto, y se reunieron con él en más de 50 ocasiones antes de que diera su testimonio de que Donziger discutió la con él en un restaurante en Quito. Desde entonces, Guerra ha admitido que exageró algunas partes del testimonio y que en otras no dijo la verdad.

Este engaño, la duración sin precedentes de la detención por un cargo menor, la remoción de su licencia y la quiebra financiera personal ha impulsado el sentimiento de persecución de Donziger. La conducta de Kaplan, dijo Donziger, ha sido una “abominación, poco ética y abusiva. James pensé que esto podría pasar en EU”. Otros abogados han emitido preocupaciones más mesuradas sobre Kaplan. Chevron “capturó” al juez, dijo Donziger, y ahora la compañía petrolera parece omnipresente en su destino.

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Su cargo de desacato será reconsiderado por la jueza Loretta Preska, quien formó parte del consejo de la división de Nueva York de la Federalist Society; ella tomó la decisión inusual de designar a un despacho jurídico llamado Seward & Kissel, que ha trabajado previamente para Chevron, para enjuiciar a Donziger, luego de que el departamento de justicia se negara a tomar el caso. “¿Por qué me va a juzgar una jueza vinculada con Chevron, y por qué me va a enjuiciar un abogado vinculado con Chevron? Simplemente está mal”, dijo Donziger. “Todo esto es parte de un plan elaborado por Chevron para desmantelar mi vida. Quieren hacer esto para evitar pagar y para convertirme en un arma de intimidación contra la profesión legal entera”.

Christiana Ochoa, experta en ley ambiental en Indiana University, dijo que los vínculos de Kaplan y Preska por sí mismos no demuestran algún tipo de sesgo, y que el juicio con palabras duras de Kaplan sugiere “una conducta no excelente” por parte de Donziger. Pero añadió que la severidad del trato a Donziger es “inusual” y que aún hay dudas sobre el conflicto de intereses en su enjuiciamiento.

“Ciertamente es muy importante que corporaciones como Chevron se protejan a sí mismas de responsabilidades por daños ecológicos”, dijo. “Se han negado a disculparse con las víctimas. No quieren que se dañe su armadura”.

Un portavoz de Chevron dijo que un tribunal internacional ha confirmado que la decisión ecuatoriana fue “fraudulenta” y negó que la compañía haya perseguido a su adversario durante tantos años. “Donziger no puede culpar a nadie más que a sí mismo por sus problemas”, dijo el portavoz. La corte inició el caso criminal pendiente contra él. Chevron no está involucrado en el caso”.

En la opinión de Donziger, la única corrupción verdadera ha ocurrido en el sistema de EU, no en el de Ecuador, es un síntoma de lo que él considera una perspectiva “colonial” que ha descartado los juicios hechos fuera de EU y ha oscurecido a los verdaderos protagonistas de la saga, el pueblo de Lago Ario. Poco antes de su arresto domiciliario, en el verano de 2019, Donziger visitó algunas aldeas de Ecuador, y descubrió que muchas personas que conoció antes habían muerto de cáncer. Las fosas tóxicas permanecen, a pesar de un endeble intento del gobierno para limpiarlas.

“El sufrimiento humano es inmenso”, dijo. “Es difícil verlo. Al final, no se trata de mí. Se trata de lo que le ha pasado a estas personas”.