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Bibliotecas en camellos llevan libros a los niños más pobres de Pakistán

Los servicios de bibliotecas móviles son una forma de mantener con vida la educación para los estudiantes en Balochistan, en donde las escuelas siguen cerradas a causa de la pandemia.

El maestro y voluntario Ismail Yaqoob, distribuyendo libros a niños en el distrito de Gwadar en Baluchistán. Fotografía: Faisal Faiz / The Guardian

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Sharatoon quería seguir estudiando pero tuvo que dejar la escuela y sus amados libros cuando se casó a los 15 años.

Ahora tiene 27 años y Sharatoon está feliz porque puede leer de nuevo ya que todos los viernes llega un camello a su pequeño pueblo con las alforjas llenas de libros.

Tiene cuatro hijos, el mayor tiene 11 años y el menor 18 meses. Les lee a todos y a otros niños en el pueblo.

Cada semana, cuando Roshan el camello llega a su casa en Mand, a unos 19 km de la frontera con Irán, en la provincia de Baluchistán en Pakistán, Sharatoon intercambia los libros que pidió prestados  por otros nuevos.

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“Cuando el camello llegó por primera vez, los niños se pusieron felices y estaban muy emocionados. Las escuelas continúan cerradas a causa del Covid y no tenemos librerías, así es que a los niños les encantó”, dice Sharatoon, quien sólo usa un nombre.

Baluchistán es la provincia más pobre de Pakistán y ha sido blanco de ataque de la insurgencia separatista desde hace dos décadas. De las mujeres sólo un 24% sabe leer, en comparación con los hombres leen en un promedio de 56%. También tiene el porcentaje más alto de niños que no asisten a la escuela en el país.

Roshan visita cuatro pueblos y se hospeda en la casa de un “movilizador” como Sharatoon, en donde todos los niños de entre 4 y 16 años pueden ir a leer, a pedir libros prestados o a intercambiar libros con otros.

“Los padres y los hijos están muy emocionados. Les da esperanzas a muchos de que pueden leer, y los miembros del programa también trabajan en la movilización para tener mayor alcance”, dice Fazul Bashir, un coordinador de la librería.

Cuando el Covid cerró las escuelas en Baluchistán, dos mujeres en Mand – Zubaida Jalal, una ministra federal en el gobierno de Pakistán, y su hermana Rahina Jalal, directora de una preparatoria local, tuvieron la idea del camello.

En realidad la idea de usar camellos proviene de Mongolia y de Etiopía”, dice Rahima. “Nos acomoda para nuestros terrenos desolados, distantes y difíciles. Hemos tenido una gran respuesta, algo que no esperábamos”.

Los libros fueron donados por Alif Laila Book Bus Society en Lahore, que opera bibliotecas móviles en la ciudad.

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La prueba con la biblioteca en camello ha salido bien y va a empezar su siguiente ronda de tres meses.

Sharatoon dice: “Los niños esperan ansiosos. Quieren leer libros y me piden más. Tendría que haber más libros de temas científicos para que nuestros niños puedan aprender mediante la experimentación”.

Las hermanas Jalal dicen que el esquema ha despertado gran interés en otras zonas, y ya empezaron una biblioteca en el distrito de Gwadar, Baluchistán, con un camello llamado Chirag.

Ana Syed Mohammad es un alumno de 10 años de cuarto grado en la ciudad de Abdul Rahim Bazar, a cerca de 50 km de la ciudad de Gwadar.

Desde que la biblioteca en camello empezó a visitarnos hace 3 semanas, Mohammad ha leído un libro diferente en cada ocasión. “Me encantó leer Khazane Ki Talaash, En busca del tesoro. Hablo de estos libros con mis amigos”, dice.

Chirag visita cinco pueblos cada semana acompañado por su cuidador y por Isamil Yaqoob, un voluntario y maestro. Un día, cuando Yaqoob fue a trabajar a su escuela en lugar de ir al pueblo, recibió una llamada en su celular por parte de uno de los niños.

“Me preguntó que por qué no había ido con el camello. Estaban esperando los libros”, dice Yaqoob. “Los niños están tan interesados en leer y en sus estudios, pero tristemente el estado no invierte en educación”.

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Jawad Ali, de 10 años, que tiene la ambición de ser maestro, también empezó a pedir libros a la biblioteca del camello. Dice: “Estoy aprendiendo cosas nuevas de estos libros y leyendo historias, entendiendo historias con fotos. Pero quiero leer más libros. Los libros están escritos en mi idioma, balochi, pero también en inglés y en urdu. Queremos más libros y bibliotecas y escuelas, también”.

The Guardian
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