Nostalgia por las ‘cascaritas’
Hat-Trick
Nostalgia por las ‘cascaritas’
Foto: Pixabay

Todos (o la mayoría) de a quienes nos gustas los deportes, crecimos jugando en las cascaritas. Nos juntábamos, reíamos, aprendíamos a ser competitivos y a crear rivalidades con los de la calle de enfrente, la colonia cercana o entre grupos de amigos antagónicos. Hoy, hacer lo mismo es jugarse la vida.

Es triste pensar que esta generación de niños, que ha pasado casi un año de estar en casa, no pueda salir a las canchas o a los parques a jugar y que estén condenados a ver una pantalla todo el tiempo. Los contagios de Covid-19 están a la orden del día y nadie quiere que adquieran la enfermedad para la cual aún no hay control y/o que la transmitan a alguien mayor.

Para nada es estar en contra de los eSports, pero nunca se podrá igualar a un gol-para, el portero ambulante o la disyuntiva del gol o penal, a tener un control en las manos y la comunicación virtual que hoy se estila. Sí, es un mundo digital, pero el deporte siempre requiere de la socialización cara a cara, de los abrazos, festejos, reclamos y hasta broncas presenciales en el llano.

¿Dónde quedarán las charlas post partido en el estacionamiento de una unidad? Y las piedras que se usan para crear porterías…¿Sufrirán de melancolía? Los balones desinflados, los botes de frutsi para patearlos, la ilusión de creerse un ídolo del futbol balompié profesional que juega la Champions o la Copa del Mundo…¿Son ya de ahora en adelante un espejismo, una ilusión rota?

Eso sí, hay quien se arriesga. Se organizan partidos en canchas de Futbol 7 que se habilitan de manera discreta y donde los cuates se encuentran. No es un secreto para nadie, porque así como hay fiestas clandestinas, también hay cascaritas que se llevan a cabo de ese modo. Otros más se reúnen en canchitas con escasa vigilancia para jugar, porque eso les da vida, aunque en una de esas les pueda llegar la muerte a ellos o alguno de sus seres queridos.

Resulta paradójico que un país de obesos, hipertensos y demás comorbilidades que hacen aún más cruda la panedemia, el hacer ejercicio colectivo sea una situación de riesgo. Lo es y que nadie tenga duda. Si el futbol profesional se echó a andar fue porque hay dinero de por medio y eso es más importante para un mundo como en el que vivimos.

Esperemos que los partiditos en las calles no sean una víctima más de esta situación que llen de luto y entristece todo a medida de que avanzan los días, las semanas, los meses. Realmente la sociedad requiere que sus nuevas generaciones encuentren en las calles la manera de hacer deporte sin temores.

Que esta pesadilla pandémica se acabe pronto. Queremos jugar otra vez, que el balón gire, porque cuando eso pasa, el mundo mejora.