Hablemos de moda y… salud mental
Zurcido invisible

Periodista de moda egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Inició su carrera con un blog y la continuó con colaboraciones en Reforma, El Universal, Quién, Elle. mx, InStyle y Harper’s Bazaar. Autodidacta, disfruta explorar todos los aspectos en la industria de la moda y sus historias. Twitter: @Aldonautico

Hablemos de moda y… salud mental
Foto: Pixabay

El domingo pasado se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que me dejó con sentimientos encontrados. Por una parte, me alegra mucho ver que son cada vez más las personas que están animándose a compartir sus historias, sin temor a los prejuicios. Pero, por otro, fue un día que me hizo confrontar una de las realidades que preferimos evitar de manera colectiva: hablar de salud mental en la industria de la moda (ya sea el medio editorial, marketing, diseño y todas las disciplinas que la conforman) sigue siendo complicado. 

Afortunadamente, y gracias a días como estos, existe una mayor apertura que en años anteriores, pero son muchos los espacios creativos y laborales que no ofrecen apoyo a sus trabajadores, e incluso mantienen prácticas que empeoran condiciones preexistentes o provocan, de manera directa e indirecta, trastornos como depresión, ansiedad y estrés postraumático, por citar solo algunos. (Esto nos da para otra columna, pero volvamos a la salud mental).

En el mundo, los meses previos a la pandemia fueron de debate sobre este y otros temas relacionados, particularmente en medios independientes. Por ejemplo, en mayo de 2019, Fashionista.com dedicó un reportaje al burnout y las circunstancias que lo agravaban: estándares irreales, salarios bajos y hasta la cultura del busyness, en la que tomarse una pausa por motivos personales (o de cualquier otro tipo) esta mal visto. 

Sin duda alguna, todos estos síntomas se han agravado con la emergencia sanitaria, pero esta discusión, junto con casos como el posible burnout de Raf Simons tras dirigir Dior, ha sentado un precedente para que más personas decidan compartir sus experiencias. Pero a nivel local, la historia es otra. 

En México no hay estadísticas oficiales sobre el estado de la salud mental en la industria de la moda, en parte porque existe una reticencia a discutir abiertamente algunos temas espinosos. Pero tomemos como referencia el resto del país: de acuerdo con cifras recopiladas por el IMSS, 75% de la población ha experimentado estrés laboral, una cifra que supera a países como Estados Unidos o China. Pero no tiene caso especular sobre números si olvidamos el factor humano detrás de ellos.

Mi experiencia personal con el tema ha dejado mucho que desear. En casi una década, ha habido de todo: indiferencia, microagresiones, una jefa que –con plena conciencia– puso mi salud mental en riesgo varias veces, gaslighting y bloqueos creativos provocados por el estrés. Pero también ha habido empatía, respeto y comprensión de personas a mi alrededor.

En ocasiones, algunos compañeros y yo nos hemos preguntado si alguna vez podremos tener una industria de la moda, y la respuesta quizá se encuentra en el cambio generacional que estamos viviendo. Según un reporte de Vogue Business, la Generación Z le está dando una importancia sin precedentes a su salud mental, especialmente porque muchos de ellos ya están viviendo niveles altos de estrés, traumas generacionales y conductas como el ciberacoso. Al hablar abiertamente de sus necesidades emocionales, poco a poco están eliminando prejuicios sobre la depresión, la ansiedad, las neurodivergencias y muchos otros padecimientos que otras generaciones dentro y fuera de la industria hemos (escribo “hemos” porque fue mi caso hasta hace poco) decidido mantener en la sombra por miedo, vergüenza o ambas.

Es posible que esta sensación agridulce con el Día Mundial de la Salud Mental no se me quite pronto, pero ver que otros se sienten más cómodos narrando sus historias me da la esperanza necesaria para seguir adelante.