Cómo se desinfló la denuncia contra Peña Nieto
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Periodista. Editor de Política en La-Lista.

Cómo se desinfló la denuncia contra Peña Nieto

Casi cuatro años tuvieron que pasar para que Enrique Peña Nieto fuera tocado con el “pétalo” de una denuncia en este sexenio.

Si bien excolaboradores del expresidente –como Rosario Robles y Emilio Lozoya– están actualmente en la cárcel, Peña Nieto era omitido en las investigaciones del gobierno por alguna razón que sus malquerientes traducen como un pacto de impunidad entre Andrés Manuel López Obrador y Peña Nieto.

Pero si había tal pacto, eso se rompió esta semana, pues la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de Pablo Gómez presentó una denuncia por operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Nueve meses después de dejar la presidencia, se detectó un depósito por 16 millones de pesos, y esta operación se repitió el siguiente año, en 2020, cuando le depositaron otros 10 millones.

Se apunta en específico contra una familiar consanguínea –que no se dice pero podría ser su mamá o su hermana–, quien además depositó 29 millones de pesos a un hermano de Peña Nieto, y se le detectaron retiros por más de 189 millones de pesos y depósitos por más de 47 millones de pesos entre 2013 y 2022.

Pero fue cuestión de horas para que la denuncia se fuera desinflando.

Primero, por la relación que se hizo de Peña Nieto con empresas que habrían recibido contratos de su propio gobierno.

La liga es tan frágil que fueron los periodistas que señalaron que si bien Peña Nieto aparece como socio de la empresa Plasti-Estéril S.A. de C.V., en el Registro Público de Comercio (RPC) de la Secretaría de Economía, éste vendió sus acciones desde 1992 y esa operación solo quedó registrada en los libros físicos del Estado de México, lo que no ha sido actualizado en la versión digital.

¿Acaso Pablo Gómez se dejó llevar por una versión desactualizada del Registro Público?

Lo que llama la atención es que no habla de una sino de dos supuestas empresas relacionadas con Peña Nieto, pero de ninguna da sus nombres.

Para abonar a desinflar la denuncia, salió el extitular de la UIF, Santiago Nieto, en busca de la medalla perdida. En un tuit, dijo que desde 2019 –cuando él era el encargado de esa unidad– se detectó la información relacionada con Peña Nieto y fue “reportada” a las autoridades.

Si es así, entonces han pasado tres años sin que ocurra alguna novedad en este tema.

Además, hay que notar que no se informó del congelamiento de las cuentas de las dos empresas familiares, como ocurría comúnmente cuando con Santiago Nieto presentaba una denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR).

El tercer factor que desinfla la denuncia contra Peña Nieto es a dónde llega: la Fiscalía General de la República, con un fiscal desacreditado por los cuatro costados.

Esta semana precisamente se le preguntó al presidente Andrés Manuel López Obrador si no pensaba removerlo, y dijo que no porque no había cometido ningún delito grave. Al parecer al mandatario no le parece de gravedad que haya usado la justicia a su servicio en el caso de su familia política, por citar solo un caso.

Para colmo, como si la FGR no tuviera carpetas por desahogar, esta semana se dio a conocer la reapertura del caso de Luis Donaldo Colosio, algo que había impulsado el propio presidente López Obrador y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

La fiscalía será la encargada de definir qué pasa con la denuncia contra Peña Nieto y podría citar a comparecer al expresidente.

Pero el cuarto factor es la reacción de Peña Nieto, prácticamente en cuestión de horas.

En redes mostró una completa seguridad en que puede demostrar la legalidad de su patrimonio y dice confiar “en las instituciones de procuración y administración de justicia”.

Lo que termina por desinflar todo son las comparaciones. Son tantos los casos que abren la posibilidad de investigar y denunciar a Peña Nieto (Odebrecht, Casa Blanca, Ayotzinapa), pero se termina eligiendo un tema de depósitos extraños y ya comienza a sonar no a justicia, sino al intento por revivir el aplauso fácil al presidente, que se quiere ir con altos niveles de aprobación, aunque no cumpla con todo lo que prometió ni con las expectativas que levantó su llegada al poder, pero parece querer dejar la idea de que lo intentó.