Las tatuadoras de areolas que ayudan a sobrevivientes de cáncer de mama
Foto: Instagram @btoskistudio

Una en la Ciudad de México y la otra en Mérida, Yucatán. Brenda Toski y Luisana Conopoima trabajan desde sus trincheras con mujeres sobrevivientes de cáncer de mama para, a través de un pequeño tatuaje, ayudarlas a cerrar el ciclo de una enfermedad que es, entre los tumores malignos, una de las principales causas de muerte en las mujeres en México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

El tatuaje de areola es una técnica que se aplica a mujeres que pasaron por una mastectomía como parte de su lucha contra el cáncer de mama. En la sesión, se reconstruye la imagen de una areola y pezón para simular una real. 

Ambas llegaron a los tatuajes de reconstrucción casi por accidente. En el caso de Conopoima, de 37 años, vivía en Venezuela cuando comenzó a dedicarse a los trabajos de micropigmentación de cejas, pero no fue hasta que pacientes oncológicas buscaron su ayuda, que descubrió que a través de su tinta podía cambiar la vida y autoestima de muchas personas. 

“El área de micropigmentación paramédica no es solo areola, es mucho más, lleva tratar quemaduras, cicatrices por cirugías estéticas, labio leporino, vitiligo…”, explica la venezolana que ahora vive en Mérida, y quien reconoce que este tipo de tatuajes aún no tienen la difusión suficiente. 

“Hay unas pacientes que luego de una mastectomía se hacen un tatuaje normal, una flor o algo que les cubra la cicatriz y que no tienen pezón, pero no saben que hay alguien que les puede recrear su areola”, agrega. 

Conopoima ofrece su trabajo de manera gratuita, durante todo el año, a dos mujeres por mes que superaron el cáncer de mama, regalándoles el tatuaje de areola o la micropigmentación de ceja, que simula el pelo que se cayó por las quimioterapias. ¿El pago? su sonrisa. 

Aunque recalca que también ha aplicado este tipo de trabajos a personas trans, que después de sus cirugías buscan que su pezón encaje con el cuerpo físico que ahora tienen. 

Explica que para estos tatuajes existen distintas técnicas que se adaptan a los diferentes estados de la piel. Por ejemplo, en algunas pacientes se utiliza un demógrafo, que puede ayudar a hacer una mejor cobertura de cicatriz, mientras que en otras una máquina conocida como pen rotativo, en forma de un bolígrafo, que no llega a tener la vibración de una máquina de tatuaje, sino que es un intermedio. 

“Una paciente decía que no se atrevía a mirarse al espejo, le deba ‘cosa’ verse y no tener areola, mucho menos quería desvestirse delante de su pareja. Cuando te cuentan ese tipo de cosas y (te das cuenta de) que con algo que a nosotros no nos cuesta tanto trabajo hacer, das mayor seguridad y satisfacción a la persona, es una sensación indescriptible”, dice Luisana. 

No se olvida, pero ya quedó atrás

Al estudio de Brenda Toski han llegado, desde 2018, por lo menos 40 personas que buscan este servicio. 

“Se me hizo increíble cómo el tatuaje evolucionó. Antes ‘era de carceleros y de marineros’, pero ahora es ya casi 2022 y tenemos que quitarnos esos tabúes y entender que el tatuaje puede ayudarnos de otras formas. Me voló la cabeza que algo tan mal visto por la sociedad te puede ayudar“, relata la mujer de 29 años, al recordar las razones que la hicieron renunciar a su trabajo de diseñadora interactiva para dedicarse a los tatuajes de reconstrucción.

¿Cuál es el proceso? Toski indica que las mujeres, de manera previa a su cirugía, acuden a su estudio para que ella pueda tomar una foto de sus senos y así, tras 8 meses de su mastectomía, puedan recrearlos lo más parecido posible. 

Explica que lo curioso es que, aún con la influencia de estereotipos de “senos perfectos” que venden las revistas, televisión, redes sociales y medios de comunicación, las sobrevivientes de cáncer buscan que sus senos sean exactamente igual a como los tenían desde un inicio, sin importarles que la forma de su areola, el color o tamaño no entre dentro de estos estándares. 

Así, “apegándome a todas las reglas de dibujo, de la luz, las sombras, voy cambiando de agujas, el grosor, haciendo mezclas de tintas, escojo el color base y de ahí ese color va a subir en tonos y bajar”, dice Brenda, quien realiza estos procedimientos en dos sesiones, siendo la segunda solo para el retoque. 

Tatuar una areola “es completamente diferente y creo que por eso no todos los tatuadores lo hacen, porque si tienes que saber la historia de tu cliente y saber qué tan lastimada está la piel. Hay veces que llegan pieles muy delgadas o quemadas. (…) Yo tuve que estudiar cómo funcionan los tejidos, adentrarme en la piel“, explica. 

Para Toski, lo más gratificante es compartir con sus clientas las 3 horas que dura la sesión y escuchar sus historias, en donde ha conocido tanto a personas trans, como a sobrevivientes de cáncer y mujeres violentadas. 

El caso que recuerda con más fuerza es el de una mujer a quien tuvieron que hacer una reconstrucción mamaria después de que su ex pareja la golpeó tan fuerte que destruyó sus senos. 

“Ella me contó y empezó a llorar. En ese momento yo no lloré, hasta que llegué a mi casa y dije “no puedo creer que estuve tan cercana de alguien a quien le pasó”. Fue fuerte pero a la vez bonito porque me escribió y me dijo “no se me va a olvidar lo que me pasó, pero sé que ya quedó atrás”, recuerda Toski. 

“Yo siempre quiero que más que un tatuaje y un servicio, sea una experiencia”, agrega la mexicana al explicar que este tipo de tatuajes tienen un valor agregado, al ser parte “de una historia que tuviste tan cerca de la muerte y con este tatuaje termina, es el punto final“. 

En un futuro, Toski espera poder dedicarse al 100% a los tatuajes de reconstrucción para ayudar cada vez a más personas que necesiten dar un cierre a una etapa de dolor. 

“Cuando termino y se ven al espejo, hay veces que han llorado y me dicen “muchas gracias, ya me veo diferente, sé que ya terminó“, dice. 

tatuajes de areola
Foto: Brenda Toski