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Economía

¿El barrio chino más antiguo de Estados Unidos podrá sobrevivir al Covid-19?

La pandemia devastó negocios pequeños en todo Estados Unidos, y al Barrio Chino de San Francisco le pegó particularmente duro.

Las calles vacías de Chinatown en San Francisco, California. Fotografía: John G Mabanglo / EPA

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Rejas de hierro y puertas metálicas aparecieron en todos los frentes de muchas tiendas, sus antes bulliciosas entradas llenas de chucherías coloridas ahora silenciosas y contenidas. Algunas tiendas de arte todavía tienen algunas esculturas de ornato a la vista, mientras se llenan de polvo en la oscuridad detrás de las rejas. Otras estaban completamente vacías y cavernosas. 

La calma a lo largo de la calle principal del Barrio Chino de San Francisco en una tarde reciente reveló el desastre que causó la pandemia en negocios pequeños en todo Estados Unidos. Pero el barrio chino más grande y antiguo del país siente el impacto más profundamente que la mayoría, debido a la gran dependencia del barrio en turismo y peatones para generar ingresos. 

“¿Está mal, verdad?”, dice Betty Louie, la consultora de la Asociación de Comerciantes del Barrio Chino de San Francisco. “Es como un pueblo fantasma”

Después de nueve meses de pandemia, algunas tiendas están clausuradas. Otras tiendas cerradas tienen letreros de que ahora solo abren los fines de semana. Otras están cerradas aunque sus horas de atención dicen otra cosa. Louie estima que el área sufrió una pérdida de negocio de 85% a 90%. “Hay lugares que, yo creo, nunca regresarán”. 

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Las calles del Barrio Chino se vaciaron incluso antes del primer caso dentro de los límites de la ciudad, el miedo racista a un virus que se detectó en China mantuvo lejos a los visitantes. 

Las preocupaciones llegaron tan lejos que la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en febrero hizo una parada en el barrio para implorar a la gente para que “por favor vengan y visiten y disfruten el Barrio Chino”. Ella visitó la fábrica de galletas de la fortuna Golden Gate Fortune Cookie Company y dobló galletas. 

En ese entonces, el dueño de la fábrica, Kvin Chan, pensó que el racismo sería lo peor que le podría pasar a la economía del Barrio Chino. Después llegó la pandemia. “Ya no es vibrante”, dijo Chan. 

“Ibas al Barrio Chino los fines de semana y estaban todos estos eventos, y todos eran tan felices. Ahora nadie viene. Hasta a los restaurantes les afectó porque la gente no puede entrar. No pueden sobrevivir”. 

San Francisco fue de las primeras ciudades en Estados Unidos en imponer una orden de confinamiento, con la idea de que la acción rápida y agresiva controlaría la transmisión de coronavirus. La ciudad logró tener pocas infecciones, pero el impacto a los negocios fue inmediato. 

Los miembros de la Asociación de Comerciantes del Barrio Chino hicieron lo que pudieron. Cuando las restricciones se relajaron para permitir comer en exteriores y servicios limitados dentro de las tiendas, lucharon por espacios compartidos donde parte de la calle o de la acera podría bloquearse para que los restaurantes pusieran más lugares. Cerraron calles. Decoraron árboles. Cuando no pudieron tener su festival anual de la Luna de Otoño, lo hicieron virtual por Facebook. 

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Louie, la consejera de la Asociación de Comerciantes, y algunos voluntarios ayudaban al Far East Cafe a construir un espacio con estilo de pagoda para comer afuera cuando se anunció que San Francisco sería uno de cinco contados que pondrían una nueva orden de confinamiento por un aumento de casos de coronavirus en el estado. 

El gobernador de California, Garvin Mewsom, ordenó confinamientos regionales para cualquier área donde la capacidad de las unidades de cuidados intensivos fuera menor a 15%. En la región Bay Area era de más de 25%, pero London Breed, la alcaldesa de San Francisco, dijo que la ciudad tendría que tomar las medidas drásticas para “salvar vidas”

Para Louie y los voluntarios ese día, la decisión fue “devastadora”. 

“Siento que todavía nos recuperamos del shock de todo”, dijo Louie. “Estábamos todos tan molestos. Somos una de las pocas ciudades en las que se puede comer afuera en los meses de invierno. No tenemos nieve como las ciudades de la costa este. Podemos sobrevivir un poco más si nos dejan”. 

En adición a su enojo, el Barrio Chino tuvo relativamente menos casos de Covid-19 que el resto de la ciudad, debido a su tamaño. Solo hubieron 102 casos reportados en el Barrio Chino, mientras que en vecindarios como la Marina, en donde reprendieron a los residentes por el tamaño de sus reuniones para el brunch de fin de semana en Fort Mason, tuvieron más del triple con 376 casos. “Hicimos nuestra parte”, dijo Chan. “Nos pusimos mascarillas todos los días, pero la gente quería ir a bares y fiestas. ¿Por qué tenemos que sufrir nosotros?”.

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Muchas tiendas en Grant Avenue anunciaban ventas de remate. La tienda de Sue LAu, Arts of China, fue una de ellas, aunque ella cerraba para poder retirarse. Sin embargo, su vecino no fue tan afortunado, se tuvo que mudar a un local más pequeño por la disminución en el negocio, dijo Lau. 

“Me siento herida, me siento mal”, dijo Lau, de 73 años. “En 54 años, nunca vi esto en el Barrio Chino. Es la primera vez que veo esto en mi vida”. 

Aunque le duele ver a su barrio así, para una mujer de negocios como Lau, no fue inesperado. El Barrio Chino se construyó por inmigrantes para inmigrantes, y mientras que los inmigrantes y sus hijos siempre se adaptan y cambian para lograrlo en sus nuevos mundos, la belleza del Barrio Chino es que siempre se mantuvo igual. “En el Barrio Chino, todo era como hace 50 años”, dijo Lau. “Cincuenta años, lo mismo. Cincuenta años sin cambios. Y a la gente, no le interesa el cambio”. 

Un ente que no cambia en un mundo que cambia todo el tiempo es casi reconfortante. Pero desde una perspectiva de negocios, está claro que tiene que hacer el Barrio Chino para sobrevivir, dijo Louie. 

Muchos en el Barrio Chino dudan que el vecindario se recupere del golpe económico de la pandemia. Pero Louie todavía cree. “No sé qué veremos cuando pase esto”, dijo. “Pero el terremoto de 1906 destruyó nuestra comunidad por completo. No quedó ningún edificio. Y aquí estamos, más de un siglo después, y aquí seguimos. Tengo la esperanza de que nos mantendremos, solo en un contexto diferente”. 

Justo antes del segundo confinamiento, Louie ayudó en la instalación de otro mural de la leyenda de las artes marciales y nativo de San Francisco Bruce Lee en el Barrio Chino. Ella dice que lo sintió adecuado para el momento. 

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“En ese mural pusimos la frase de Bruce que lo dice todo: ‘Sé como agua’,” dijo Louie. “Esa es la lección que nos llevamos de esto”.

The Guardian
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