‘Me encantaría llevar el apellido de mi padre’: Moses Farrow
Moses de niño (frente a la derecha) con Woody Allen y Mia Farrow y los niños Satchel, Lark, Dylan, Fletcher, Daisy y Soon-Yi. Fotografía: MediaPunch Inc / Alamy Stock Photo

Moses Farrow está hablando conmigo, reflexionando y con cuidado, sobre lo que la gente no hace bien en las adopciones. “Existe una narrativa muy poderosa que cuenta que los padres adoptivos están salvando niños y que todos vivirán felices para siempre, y que los hijos adoptivos tienen que vivir agradecidos porque los adoptaron. Pero esas historias no dan cuenta de las experiencias individuales”, dice desde su casa en Connecticut.

Farrow, un terapeuta de 42 años, con un remolino en el pelo de su frente, se especializa en terapia para los traumas por adopción, especialmente entre niños que fueron adoptados por padres de diferente grupo racial y que se conocen como adopciones transraciales. Le pregunto por la razón de su interés en esta área específica, y ríe. 

“¡Ah!”, dice. “Sí”, empieza, y vuelve a sonreír.

Moses Farrow es el hijo adoptivo de Mia Farrow y Woody Allen, y esta es la primera vez que da entrevista a un periódico. Hay muchos Farrows en esta historia, así es que por efectos de claridad me voy a referir a ellos por su nombre propio. Mia lo adoptó en 1980. Era un pequeño de dos años proveniente de Corea del Sur y con parálisis cerebral. Era su séptimo hijo, y el primero que adoptó después de que se divorció de André Previn, con quien tuvo tres hijos biológicos, Mathew, Sascha y Fletcher, y tres hijas adoptivas, Lark, Daisy y Soon-Yi. “Yo fui el primer hijo Farrow”, dice Moses.

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Después de cinco años adoptó a su hija Dylan, y dos años después nació su hijo con Woody Allen, el periodista Ronan, quien entonces era conocido como Satchel. En 1991 Allen adoptó también a Moses y a Dylan. Después de que rompieron, Mia adoptó a cinco niños más: Tam, Quincy, Frankie-Minh, Isaiah y Thaddeus Wilk, nombrado así en honor del juez Elliot Wilk, quien dio la custodia a Farrow de sus hijos con Woody Allen en 1993.

Como todo el mundo sabe, la saga de los hijos Previn Farrow no deja a todos viviendo felices para siempre. En 1992, poco después de que Allen se convirtiera en el padre de Dylan y Moses, Mia descubrió que Allen tenía una relación con su hija y la de Previn, Soon-Yi. En contra de la percepción popular, Allen no es el padre adoptivo de Soon-Yi porque él y Mia nunca estuvieron casados ni vivieron juntos. Siete meses después, Mia acusó a Allen de molestar sexualmente a Dylan de siete años cuando la visitaba en su casa en Connecticut.

Allen siempre ha negado la acusación. Lo investigaron dos veces pero nunca levantaron cargos, y según Moses, la vida en casa se volvió casi insoportable. “Muchos de mis hermanos más grandes empezaron a no estar en casa, y eso era muy desequilibrante.  A veces quería ser el padre de mis hermanos más pequeños y de Mia, así es que pasaba horas escuchándola”, cuenta. Yo le pregunté que si eso era por la acusación de abuso sexual. “Estás considerando que ese es el evento que desencadenó todo, pero cuando se descubrió la relación con Soon-Yi se creó una atmósfera de odio y furia, y Mia decía que mi padre era un monstruo”, cuenta Moses.

En ese entonces, lo que impactaba al público era el romance de Allen con Soon-Yi. Pero, durante los últimos años, el interés del público se dirigió al supuesto abuso sexual, y los deberes de la batalla se delegaron en la segunda generación de la familia. En 2014, Dylan escribió un artículo en The New York Times detallando el supuesto abuso de Allen: “Woody Allen me llevó a un lugar oscuro, parecía un ático, en el segundo piso de la casa. Me dijo que me acostara sobre mi estómago y me pusiera a jugar con el tren eléctrico de mi hermano. Después abusó sexualmente de mi”. En 2016, Ronan escribió un artículo en el que acusaba a los medios de ignorar las acusaciones de Dylan sólo porque nunca se había arrestado a Allen ni se le habían levantado cargos.

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El público estaba muy sensible a los alegatos de abuso por parte de personajes poderosos y todo dentro del movimiento del #Me Too y no quería repetir los errores del pasado y pronto el nombre de Allen cayó en el fango. Ahora los diarios normalmente lo incluyen en la misma oración que a Bill Cosby y que al violador Harvey Weinstein.

Moses siempre había evitado los reflectores, pero en 2018 decidió no seguir haciéndolo. Publicó un blog en el que hablaba de la inocencia de su padre y señalaba que los alegatos de Dylan eran “ridículos”. No había trenes eléctricos en ese ático. De hecho, no había forma de que los niños pudieran jugar allí, aunque quisiéramos”, escribió. “Como profesional, estoy consciente de que el abuso sexual a los niños es una enfermedad compulsiva… sin embargo, hay alguien que quisiera hacernos creer que de repente, a los 56 años, Allen se convirtió en un abusador de menores”.

Escribió que dos de sus hermanos, Tam y Thaddeus se habían suicidado, la familia dice que Tam murió de un problema cardíaco. Escribió también que Lark murió en la pobreza a causa de una enfermedad relacionada con el SIDA. Sí había abuso en esta familia, escribió, pero no provenía del padre. Su madre, señaló, maltrataba físicamente a los niños,  y les “lavaba” el cerebro hasta que dijeran lo que ella quería oír, aunque se tratara de una mentira. “Yo tenía una discapacidad y sentimientos encontrados, y justo por eso me convertí en blanco”, me cuenta. Dylan contestó a Moses diciendo “mi hermano es una persona con problemas”, y Ronan lo desacredita argumentando que es parte de una “repetida campaña para desacreditar a mi hermana atacando a mi madre”. Soon-Yi dio entonces una entrevista  en la que respalda las declaraciones de su hermano de que Mia los maltrataba. A principios de los 1990s, los medios escribían de la enorme y feliz familia de Mia, pero durante las siguientes tres décadas, las líneas de batalla se han traspasado varias veces y los hijos ahora pelean tan fuerte como lo hicieron sus padres.

Moses tenía 14 años cuando sus padres rompieron de esa forma tan espectacular. Pero, dice, la familia siempre fue disfuncional. Corrobora la aseveración de Soon-Yi de que Mia favorecía a los niños rubios y de ojos azules, especialmente a Fletcher y a Stachel. En su trabajo, Moses se ha dedicado a estudiar el impacto de la adopción transracial en la salud mental de los adoptados. Los problemas más comunes son la depresión, la ansiedad, el cambio de estado de ánimo, la adicción, los problemas alimenticios y  el racismo internalizado, que en ocasiones surge de una pérdida de identidad. 

Le pregunto sobre los efectos de su niñez en su salud mental a largo plazo. Se ríe brevemente. “¡Hay mucho que contestar! He tenido pensamientos suicidas, he estado en terapia para la depresión, tengo problemas en mis relaciones y con mi autoestima, necesito complacer a la gente y tengo que ser el hijo perfecto. El trauma de la adopción proviene del sentir de que algo no está bien con nosotros y que por eso nos rechazaron, nuestros padres biológicos. Inherentemente creo que soy un mal niño. Y luego los regaños en casa agudizaron eso”. Cuando el rompimiento de mis padres estaba en su peor momento, Moses hizo una declaración para denunciar a su padre. Pensó que con eso iba a complacer a su madre.

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Moses era un gran defensor de su madre, al principio. Pero al crecer se puso a pensar en la acusación y en la forma en que lo “manipulaba su madre”. En la actualidad está más cercano a su padre y alejado de su madre. ¿Se debe esto a que empezaste a dudar de su historia? ”Si pongo todo junto, tengo que reconocer que es importante rodearte de un sentimiento de seguridad, y en algunas ocasiones eso quiere decir que hay que mantener distancias”, dice. Por el momento, conserva el apellido Farrow, pero dice: “me gustaría tomar el apellido de mi padre”. Decidió quedarse en Connecticut, cerca de donde vivió de niño porque, dice: “no hay mucho apoyo aquí para la comunidad de niños asiáticos adoptados y tengo la misión de hacer lo que pueda por ellos”. Le pregunto qué es lo que siente sobre las respuestas de Dylan y Ronan a su blog. Suspira y se hace un silencio. Su voz se quiebra un poco cuando habla: “Crecimos juntos. Soy su hermano mayor. Compartimos la misma madre. Aún cuando no recibas ese abuso directamente, aunque sólo lo veas, el impacto es profundo. La verdad es que siento compasión por todos mis hermanos y entiendo su necesidad de sobrevivir, de cualquier forma posible”.

De los hijos Farrow Previn, sólo Moses y Soon-Yi han puesto en duda públicamente la acusación de abuso. Pero son los únicos que lo han hecho. Es fácil olvidarlo ahora que se da por hecho que Woody Allen es culpable aunque no se haya probado. Lo investigaron en el hospital New Haven de Yale en la clínica de abuso sexual que concluyó que: “En opinión de nuestros expertos Dylan no sufrió abuso por parte del señor Allen”. También se vio sometido a una investigación que duró 14 meses por parte de la administración de bienestar para los niños de la Ciudad de Nueva York. Concluía que: “no existen evidencias creíbles de que la niña que se nombra en este reporte haya sufrido abuso o maltrato”. El doctor John Leventhal, quien encabezó la investigación de Yale, declaró bajo juramento  que había algunas “inconsistencias” en las declaraciones de Dylan. El doctor Leventhal declinó hacer comentarios sobre este artículo.

Se trata de un asunto público. En una entrevista de Mia con Vanity Fair, la periodista Maureen Orth escribe que cuando Dylan le dijo al pediatra que su padre había tocado su “parte privada”, el doctor le pidió que le mostrara cuál era esa y “Dylan señaló su hombro”. Mia y Dylan salieron del consultorio y fueron por un helado. Orth escribe que “según las personas cercanas a la situación”, Dylan le contó a su madre que había sentido “vergüenza” en el consultorio. Cuando regresaron al día siguiente, Dylan le dijo al doctor que Allen había tocado su vagina. “El doctor examinó a Dylan y estaba intacta”, Orth escribió, pero tuvo que llamar a la policía y reportarlo.

Moses dice que “está de parte de otros niños que sufrieron abuso”. Le pregunto que cómo empata esto con el contradecir a su hermana. ¿No piensa que exista la posibilidad de que su padre abusara de su hermana? 

“Seguro que no”, dice, y recuerda los argumentos de su blog: no había un tren en el ático, no había forma de que Allen hubiera estado solo con Dylan ese día, Dylan no mostró señales de trauma ni ese día ni el siguiente.

Le pregunto sobre las declaraciones de que en los 1970s, Allen molestaba o salía con adolescentes, incluida Mariel Hemingway,  y que si eso no lo hacía dudar de él.

“No para el registro, no”, dice.

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La primera vez que leo el blog de Moses, me sorprende que no tenga problemas con la relación de su padre con Soon-Yi, que fue tal vez lo que inició todo este problema. De seguro fue confuso darse cuenta de que su papá y su hermana tenían una relación. ¿No? Y esquiva la pregunta de alguna manera y habla sobre la atmósfera tóxica de la casa y los supuestos abusos de Mia. Cualquiera que sea la verdad sobre el supuesto abuso ya descartado, ambos padres fallaron en la obligación de cuidar a sus hijos. Allen se involucró con la hermana de sus hijos, quien no es su hija, aunque resulte confuso, pero es importante aclararlo. Mia supuestamente permitió que la consecuencia emocional afectara en gran medida las vidas de los niños. Moses ya se apartó de su madre. Y aparentemente no quiere perder a su padre.

Moses sabe que su familia era poco común. “Era y es”, ríe. Pero está seguro de que hay otras lecciones que aprender de esto en términos de cómo la adopción muchas veces decepciona a los involucrados, piensa, y habla de los índices desproporcionados de suicidios entre los adoptados. “Es muy importante que cualquiera que decida adoptar resuelva los traumas que tenga. He escuchado muchas historias de adoptados que se separan de sus padres adoptivos”, dice. Aunque la historia de los hijos Previn Farrow es extrema, si hay precedentes. Antes de Mia,estuvo Joan Crawford, quien adoptó a cuatro hijos, y la mayor, Christina, escribió la famosa biografía Mommie Dearest. Le pregunto a Moses sobre lo que piensa de las celebridades  que adoptan niños de todo el mundo y que los medios presentan como madres generosas, igual que su madre. “Yo sólo espero que escuchen las historias de otros adoptados que ahora son adultos, lo que sentimos. Porque somos muchos, y estamos alzando la voz”.