Los probióticos son fuertes para el estómago ¿Te lo agradecerá el intestino?
Foto: Kellie French / The Guardian.

Seguro has oído de los probióticos, porque eran del 2015, que es cuando todo el mundo comenzó a hablar de la salud del intestino, la frase fauna intestinal entró poco después al lenguaje vernáculo. La versión condensada es que quieres que las bacterias del intestino sean tan variadas y excitantes como sea posible, y la mejor manera de hacerlo es con alimentos fermentados como yogurt, kefir, kombucha, col agria. Cultivos que están vivos a la hora de consumirlos.

Los prebióticos son diferentes porque se trata de fuentes de fibra indigerible. En pocas palabras, la fibra es el elemento de las plantas y las legumbres que no se disuelve en agua, y por tanto, se mueve intacta por tu cuerpo, no deja calorías pero hace cosas útiles como regularizarte. Existe una subcategoría dentro de eso que son las fibras indigeribles que las bacterias pueden digerir, como lo crudo, o lo extraño, como los dientes de león, la goma de acacia, y eso aumenta el medio ambiente de las bacterias en general.

Si de algo sirve, piensa que tu intestino es una ciudad, y no un órgano, llena de criaturas vivas que necesitan alimentos interesantes para vivir. Así es que primero usa probióticos para aumentar la variedad bacteriana y luego dales prebióticos como alimento. El gurú de los probióticos es Tim Spector, mejor conocido por su seguidor de Covid, y que explica de manera brillante el intestino en su libro Spoon Fed.

Ya que quieres lo indigerible, sea lo que sea, tiene que estar crudo a menos que sea una cebolla. Así es que primero conseguí un rallador. Cualquier cosa cruda se puede comer si se hacen rebanadas muy delgadas. Si tuviera más tiempo podría deshacerme del horno. Los espárragos crudos son un gusto adquirido porque al principio saben muy raro. Con el tiempo ya saben a espárrago, pero más fresco. Y por último, los plátanos verdes son, aunque parezca extraño, una fuente sorpresa de prebióticos, y son fáciles de comer. Todo esto es extra y no para cambiar mi dieta anterior porque nunca dejé de comer vegetales cocidos. Si lo tomas como un proceso de inclusión más que de exclusión, es más fácil de hacer a largo plazo.

Lo que no se sabe es si hay alguna diferencia porque un intestino con un ambiente saludable tiene efecto sobre muchas cosas como el sueño, el estado de ánimo, la inflamación y todo lo que depende de los pilares fundamentales de la salud y es difícil poner el dedo sobre lo que en realidad se está midiendo. Hay que tomar una postura gestalt: “¿Me siento increíblemente bien desde cualquier ángulo?” Y la respuesta es: “no del todo”. Tal vez no porque los puerros no sean suficientes. Tal vez es demasiado de algo, como la cerveza.

Después de un mes me sentí con más energía, pero tengo que aclarar que eso coincidió con el regreso de los niños a la escuela. Yo diría que es que hay que poner la mejor actitud en la dirección correcta. Una vez que haces una antropomorfosis con tus bacterias, empiezas a tratar a tus intestinos con más respeto, menos como un aparato estándar con el que naciste y más como un Tamagotchi, como algo que tienes que atender.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Andrés González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo: