Bobby Kennedy tenía razón: el PIB no es bueno para medir la salud de un país
En la campaña electoral de 1968, Bobby Kennedy pronunció un discurso definitivo sobre las deficiencias del crecimiento económico como medida. Fotografía: Warren Winterbottom / AP

El próximo mes será oficial. Las cifras proporcionarán el primer estimado de qué tanto se encogió la economía del Reino Unido en 2020. Dependiendo de lo que sucedió cuando las restricciones del confinamiento se relajaron en diciembre, lo más probable es que haya caído un 10%.

Eso será una señal para toda clase de comparaciones. Alemania, que ya publicó su información, se contrajo en un 5%. Los números de Estados Unidos aún no están disponibles pero probablemente mostrarán que la economía más grande del mundo sufrió una caída del 4% o 5% en su producto interno bruto. China creció un 2%.

Históricamente, 2020 fue malo para el Reino Unido, el peor año desde 1709, la era de Isaac Newton, el Duque de Marlborough y Daniel Defoe. Prepárense para ver las imágenes del Támesis congelado que ilustran el colapso del 15% de la economía provocado por el Gran Invierno.

¿Algo de esto importa? Mirar al Siglo XVIII en retrospectiva es divertido, pero el mundo era distinto en aquel entonces. El Reino Unido tenía una población de 5 millones en 1709 y la economía dependía de la agricultura. Una contracción de 10% del PIB en 2020 efectivamente borra una década y media de crecimiento. Una caída de 15% en 1709 significó la muerte por inanición de muchas personas.

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No hay muchos discursos memorables sobre el producto interno bruto, pero eso puede ser porque el que declamó Bobby Kennedy en su campaña de 1968 lo dijo todo. Como él señaló, la producción de napalm y bombas nucleares formó parte del PIB, pero la salud de los niños estadounidenses y su alegría al jugar no lo hizo.

“No incluye la belleza de nuestra poesía ni la fuerza de nuestros matrimonios, la inteligencia de nuestros debates públicos o la integridad de nuestras autoridades”.

“No mide nuestro ingenio ni nuestro valor, tampoco nuestra sabiduría ni nuestro aprendizaje, nuestra compasión o nuestra devoción al país. En breve, mide todo, menos aquello que le da valor a la vida. Y nos puede decir todo sobre Estados Unidos menos por qué estamos orgullosos de ser estadounidenses”.

Esas palabras eran verdad en 1968 y repercuten con más fuerza el día de hoy. Si se mide su PIB, Estados Unidos es el país más rico del mundo. Si se mide su PIB per cápita, es uno de los más ricos. Si se mide de otras formas, como la esperanza de vida por ejemplo, Estados Unidos está muy lejos de las primeras posiciones internacionales. Y como los eventos recientes han demostrado claramente, no es un país que está en paz consigo mismo.

A través del tiempo, las personas se hacen más inteligentes y encuentran mejores formas para hacer las cosas. Cuando los economistas hablan de productividad, quieren decir que más bienes y servicios pueden distribuirse con menos esfuerzo. Los países cosechan dividendos de productividad, que pueden considerarse de diferentes maneras: pueden producir la misma cantidad de cosas y tener más tiempo libre, o pueden trabajar el mismo número de horas y producir más. La mayoría de los países europeos tienden a preferir la primera opción, y EU la segunda. El Reino Unido está entre las dos.

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El PIB mide aquellas actividades por las que el dinero cambia de manos o a las que se les puede atribuir un valor monetario. El cuidado remunerado de los niños se incluye, pero el no remunerado por parte de los familiares o amigos no. Si el detrimento de la salud del Reino Unido ocasiona más cirugías para el NHS, eso se añade al PIB. Si el número de cirugías disminuye porque el público hace más ejercicio, se reduce el PIB.

Todo eso nos lleva de regreso con Bobby Kennedy. Lo que nos dicen las cifras del PIB es que la economía colapsó entre finales de febrero y abril, después comenzó a recuperarse y tomó buen ritmo durante el final del invierno y el principio del verano. De ahí en adelante, el paso del crecimiento se frenó conforme se apretaron las restricciones, lo cual culminó en el otoño con un rendimiento nacional del 2.6% en noviembre.

Pero como una medida simplemente cuantitativa, las cifras del PIB no nos dicen nada sobre la calidad del crecimiento. Por ejemplo, las ventas minoristas son más altas ahora que antes del inicio de la pandemia, aunque las tiendas no esenciales hayan sido inconstantes durante una buena parte del año pasado. Sabemos que los gastos migraron de las calles y los edificios al internet; lo que no sabemos es si los bienes distribuidos por mensajería realmente son deseados o si las personas se sienten tan mal que intentan aliviarse con compras impulsivas.

En el presente, hay mucha especulación sobre una probable recesión doble en el Reino Unido, o sea dos episodios separados donde el PIB cae durante dos o más trimestres consecutivos. Probablemente no sucederá, pero aún si lo hiciera, sería mucho menor que algunos daños causados por la pandemia que son más difíciles de cuantificar.

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El colapso del PIB es enorme, pero, a menos que haya nuevas olas de la pandemia, sólo temporal. Una vez que se levanten las restricciones, la actividad aumentará. Si todo sale bien, el terreno perdido en 2020 se recuperará para 2022. Pero, ¿cómo mides el impacto del cierre de las escuelas para las posibilidades de vida de un niño que vive en una familia con desventajas? ¿Qué precio tendrá sobre la salud mental de las personas confinadas en sus casas sin poder ver a sus amigos y familia durante meses? ¿Es posible poner un valor monetario sobre la soledad y la depresión?

El hecho de que en años recientes los estadistas intentaron juzgar el progreso de diferentes maneras dice mucho sobre las limitaciones del PIB como vara medidora. Algunas cosas se pueden medir con facilidad pero otras no. El hecho de que el PIB cayó un 10% el año pasado nos dice algo, pero no todo.