Del antiguo Egipto a Cardi B: una historia cultural del manicure
Ilustración de Nail art-5: Guardian Design

“¡Cómo tomar una selfie de uñas!” “¡Inspiración para manicure frutal!” “Fans critican a Kylie Jenner por casi sacarle los ojos a Stormi con sus ridículas uñas de garra”. 

El exceso de los encabezados hiperbólicos sobre las uñas señala nuestra obsesión con las posibilidades ilimitadas de las puntas de nuestros dedos. En la era del internet, el manicure, en todas sus encarnaciones, es un ganador del tráfico. Sazona un sinfín de tableros de Pinterest. El hashtag #nails se ha posteado 151 millones de veces en Instagram. Los manicuristas son estrellas por sus propios méritos. Y cientos de mujeres están de acuerdo con que los manicures son un tipo de autocuidado. Los detractores dicen que es pura frivolidad. 

Cuando la pandemia llegó, las reflexiones en línea sobre el manicure fueron cada vez menos sobre embellecimiento. En su lugar, hubo una realización repentina de que pintar, decorar y embellecer las uñas de las manos es, para muchas, no solo una preocupación sino una ocupación. Desde el furor en las redes sociales que provocó un artículo del New York Times que cuestionaba el futuro de la industria del cuidado de las uñas en la era del distanciamiento social a la acusación de misoginia a Boris Johnson por rehusarse a considerar los negocios de belleza en los planes de salida del confinamiento del gobierno, el inocuo manicure de repente entró a un atolladero de controversia. 

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Sin embargo, al mirar más de cerca, se revela que no es nada nuevo. La cultura de la cutícula siempre ha estado envuelta en asuntos importantes, desde el clasismo y la discriminación racial hasta la política y asuntos de derechos humanos

El origen del manicure no se le puede atribuir a una sola cultura. Los arqueólogos descubrieron momias egipcias (que datan del 5,000 AC) con uñas doradas y las puntas de los dedos pintadas con henna. Casi al mismo tiempo, las mujeres indias entintaban sus uñas con henna, mientras que los hombres babilonios usaban kohl para colorear sus uñas

De acuerdo a Nails: La historia de la manicura moderna, unos arqueólogos desenterraron un set de manicure de oro sólido en el sur de Babilonia, que data del 3,200 B, que aparentemente era parte del equipamiento de combate. Dado que ahora los manicures son considerados, y ridiculizados, como un pasatiempo femenino, esto le da al término “pintura de guerra” un significado completamente nuevo.

A las mujeres chinas se les da el crédito de la creación del primer “barniz de uñas”, en 3,000 AC. Las mujeres sumergían sus uñas en una combinación de claras de huevo, gelatina, cera de abejas y tintes de pétalos de flores, las rosas y orquídeas eran las más populares. El resultado eran uñas brillosas con un tinte rojizo o rosa. Las uñas largas pintadas,usadas generalmente con guardas decorativas de láminas de latón con piedras semipreciosas, eran un indicador de riqueza y estatus social. La asumpción era que no era posible que tuvieras esas uñas si eras de una clase baja. Trabajar la tierra y las uñas de 15 cm no coexisten bien. 

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Las uñas en media luna de Joan Crawford en ‘Dancing Lady’.

El significado social de las uñas rojas ha sido una constante durante los años. Han estado reservadas para la élite y resaltan las uñas y las desigualdades. Las miembros de la dinastía Ming usaban uñas carmesí con largas extensiones, mientras que las reinas egipcias Nefertiti y Cleopatra eran famosas por usar uñas rojas, los ciudadanos de clases más bajas solo podían usar tonos pálidos. Eso es sorprendente ahora, considerando como los tonos más claros, con el ejemplo del famoso manicure francés, que se creó en 1975 por el estadouidense Jeff Pink, el presidente de Orly Nails, están asociado con los círculos sociales de élite de los Wasp y los Chelseaitas. (Con esto dicho, el estilo después se volvió popular en Essex y una vez más se volvió mal visto). 

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A los franceses, específicamente a la maquillista Michelle Menard, se les da el crédito de introducir el barniz brillante de uñas en la década de 1920 usando pintura para autos, aunque era exclusivo. Eso cambió en 1932 cuando Revlon lanzó lo que conocemos como barniz de uñas y abrió este aspecto de la manicura a las masas. La popularidad del color de uñas continuó por décadas, incluso en tiempos de inestabilidad económica, cuando se consideraba un lujo accesible y justificable. Algunos tonos como el Rouge Noir de Chanel, se volvieron famosos. En 1995, este tono sangre seca, popularizado por el personaje de Uma Thurman en Pulp Fiction de Quentin Tarantino, se agotó en su primer día de lanzamiento. La demanda creó una lista de espera de 12 meses y todavía es el producto más vendido de Chanel. 

El ritual de pintarse las uñas con un profesional era algo de ricos hasta la llegada de las barras de uñas. Thea Green, la fundadora de Nails In, fue instrumental para llevar las barras de uñas al Reino Unido. “Mi momento de inspiración fue en un viaje de trabajo a Nueva York, donde vi barras de uñas que ofrecían manicures baratos y rápidos para profesionistas ocupadas. En ese tiempo yo era una editora de moda de 23 años en Tatler, pero sabía que había un hueco en el mercado aquí, así que me lancé”, le dijo a Management Today. Abrió su primera barra de uñas en 1999 y se expandió rápidamente en el país. Recientemente lanzó una línea de barniz de uñas “clean”. 

Mientras Green se enfocaba en las rápidas barras de uñas para clientes con predilección por un manicure clásico, la emprendedora de belleza Sharmadean Reid creó un movimiento para una tribu de uñas que buscaba algo más atrevido. En 2009, ella lanzó Wah Nails en Dalston en el este de Londres. Este salón de manicure vanguardista se especializaba en decoración de uñas, un antídoto para los manicures discretos y clásicos que eran la moda, y un estilo que venía de la cultura negra y de la pasión por el hip-hop de Reid. 

Fue un éxito inmediato con la gente cool. Por estos tiempos, conocí a una estilista influyente, que era blanca, en el este de Londres. Lo primero que noté fueron sus uñas, llamativas, con decoraciones brillantes que yo sabía que eran icónicas para las estrellas de rap como Missy Elliot y Lil’ Kim (el manicure de dinero) y las mujeres jamaiquinas, ya sea en las calles de Brixton, donde yo vivía, o en la escena dancehall donde las chicas movían sus cabezas al ritmo de Shabba Ranks. Sentí un híbrido de sorpresa, consternación y furia por ver una tendencia que se consideraba vulgar, ghetto y poco refinada cuando la usaban las mujeres negras en una mujer blanca como si fuera toda una precursora. Destacó, una vez más, que las cosas que nacen de la cultura negra son rara vez aceptadas a menos que vengan en un empaque blanco. 

Las uñas decoradas, de todo tipo, eran populares en la década de los 30s, cuando Joan Crawford usó el estilo de luna creciente que era popular en ese entonces, casi al mismo tiempo que la revista Life publicó una pieza sobre uñas monogrameadas. Pero fueron las mujeres negras quienes estuvieron al mando del renacimiento cultural de las uñas decoradas modernas. Les dieron vida nueva, desde Donyale Luna, la primera mujer de color en la portada de Vogue estadounidense, y la cantante Glodean White, la esposa del cantante de soul Barry Ehite, a ejemplares de los 80 y 90 como Coko de SWV y Janet Jackson en el video futurista de Busta Rhymes para What’s it Gonna Be?!, donde ella usó uñas de acrílico con perforaciones y aros. 

Estas artistas ayudaron a crear un estilo, enjoyado, flamboyante y exagerado, que se sentía como las mujeres negras que se resistían a las expectativas eurocéntricas de que deberían encoger su prominencia. En lugar de esto, las mujeres negras crearon su propio lenguaje alrededor de la belleza. No es coincidencia que la gimnasta estadounidense Nia Dennis usara uñas largas y afiladas para una rutina, que se hizo viral esta semana, y fue aplaudida por introducir elementos de la cultura negra a un deporte tradicionalmente eurocéntrico. 

A las mujeres negras las estigmatizan repetidamente por las uñas decoradas. En 2016, por ejemplo, un escritor estimado blanco cuestionó en una conferencia de medios la validez del empleo de la escritora del New York Times Nikole Hannah-Jones. Él le preguntó que si se iría a hacer las uñas. Mientras tanto, la atleta olímpica tres veces ganadora del oro Florence Griffith Joyner, que todavía tiene el récord de la mujer más rápida del mundo, siempre encuentra que sus logros son opacados por la obsesión, y repulsión oculta, de los medios con sus uñas de acrílico con decoraciones. Aún así, en 2020, a Kylie Jenner se le celebra y da crédito por la tendencia. 

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Hoy en día, las uñas decoradas no son raras, incluso los salones tradicionales en áreas elegantes ofrecen este servicio, como las barras de uñas de vietnamitas. Algunas barras de uñas, que ahora están en cada calle de moda, ofrecen manicures desde 14 dólares, lo que los vuelve inmensamente populares, una indulgencia accesible para todos. ¿Seguramente esto es inclusividad para todos?

Tristemente, un “lujo barato” no es solo un oxímoron, también tiene un lado siniestro. Muchos reportes, como uno de 2017 de Kevin Hyland, el comisionado antiesclavitud del Reino Unido, muestra los vínculos impactantes entre salones de uñas y trata de personas. Los salones de uñas son una manera fácil de esconder víctimas a plena vista, porque la industria de las uñas no está regulada. Muchos salones de uñas traen a hombres y mujeres vulnerables, generalmente indocumentados y los forzan a trabajar. Las terribles muertes de 39 vietnamitas en un camión en octubre de 2019, muchos quienes eran traficados para trabajar en salones de uñas, reencendieron las demandas para combatir la explotación en la industria. En noviembre, la falta de regulación en la industria hizo que Marian Newman, la manicurista de la película OG, que ha trabajado en algunos de los desfiles y campañas de moda más grandes, lanzara la Federación de Profesionales de Uñas. Ella espera representar a la industria a nivel gubernamental y elevar los estándares en el sector para minimizar y eventualmente erradicar las prácticas poco éticas de trabajo. 

Hacer eso también beneficiaría la legitimación de los salones de uñas de personas del sureste de Asia, muchos que me dijeron que experimentan una caída de clientes, a comparación de sus contrapartes blancas, desde que el Covid llegó, incluso antes del primer confinamiento. En EU, la retórica xenofóbica de figuras como Donald Trump legitimó el sentimiento antiasiático. También le dio licencia a aquellos como la TikToker Amy Shark de burlarse de los trabajadores vietnamitas de salones de uñas, un acto racista disfrazado de comedia del que después pidió disculpas. 

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La escala de la pandemia amenaza a toda la industria de la belleza. La compañía londinense Local Data Company reportó a finales de 2020 que, desde marzo, 4,578 negocios de servicios de belleza en Gran Bretaña quebraron. El impacto devastador del Covid es tal vez por lo que los artículos que predicen el fin del manicure causan tanta ira. Cuando, después del primer confinamiento, el gobierno permitió que las barberías abrieran, pero no los servicios de belleza como los salones de uñas, un movimiento que se criticó como sexista, Caroline Hirons, la estetista e influencer, creó Beauty Backed. Esta iniciativa, en conjunto con el British Beauty Council, recauda dinero para los profesionales de la belleza sin trabajo que no calificaron para apoyo del gobierno. Casi 30,000 personas firmaron una petición de change.org para que el primer ministro reabriera la industria de la belleza. El gobierno finalmente cedió. 

Ahora estamos en otro confinamiento y, una vez más, los técnicos de uñas, como muchos otros, no tienen trabajo. Muchos optaron por dar clases virtuales y colaborar con marcas en redes sociales. Se siente como, a través de su ausencia, el amor por el manicure se intensificó. 

Esto no es una sorpresa. Hay una razón por la cual artistas como Chaun Legend (con clientes como Kylie Jenner y Cardi B), Mei Kawajiri (nombrada una de las New Wave Creatives en los premios de la moda británica en 2019) y Betina Goldstein (responsable de las uñas de Zoë Kravitz, Florence Pugh y Gemma Chan) son conocidos como “artistas de las uñas”. Y hay una razón por la cual salones como DryBar (responsable del manicure de bodas de la duquesa de Sussex), el súper cool Reecey Roo en Camberwell y Ama Nails, el salón de Brixton de la favorita de British Vogue Ama Quashie, generan ondas en la industria. Bajo su guardia, el manicure se elevó a una forma de arte. 

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Más allá del talento y creatividad que alimenta, forma parte de una economía de belleza que genera 30,000 millones de libras para la economía del Reino Unido cada año. Así que, para todos los encabezados relacionados con las uñas, exagerados, aparentemente superficiales, generadores de tráfico, reducir el manicure a una frivolidad sería ingenuo. Pero tampoco debe separarse de la raza, cultura, clase o género. Esta intersección garantiza que los manicures no solo se mantendrán políticos, sino que continuarán en existencia, de alguna forma, por mucho tiempo después de que termine la pandemia.