‘Negociando con el enemigo’: Biden en pláticas para pagar a Brasil para salvar el Amazonas
Un hombre con una máscara de Ricardo Salles, ministro del Medio Ambiente de Brasil. Foto: Amanda Perobelli/Reuters

EU está negociando un acuerdo climático por miles de millones de dólares con Brasil que los observadores temen pueda contribuir a la reelección del presidente Jair Bolsonaro y tomarse como recompensa por la tala de árboles ilegal en el Amazonas.

Esa es la preocupación de los grupos indígenas, ambientalistas y activistas de la sociedad civil, que dicen que los están dejando fuera de las conversaciones más importantes para el futuro de la selva tropical desde 1992.

Funcionarios de alto rango de EU realizan reuniones semanales sobre el tema del Amazonas previamente a una serie de grandes conferencias internacionales. Ministros y embajadores de Gran Bretaña y Europa también participan. Pero sus interlocutores no son los que realmente saben más sobre cómo proteger la selva tropical sino el ministro del medio ambiente de Brasil, Ricardo Salles, que ha estado a la cabeza durante la peor deforestación que se ha vivido durante la última década.

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Salles está pidiendo mil millones de dólares anuales a cambio de los cuales, dice, la deforestación se reduciría en 30% ó 40%. Sin el dinero extra del exterior, dice que Brasil no podrá comprometerse a un objetivo. 

Sólo una tercera parte del dinero irá directamente a la protección de la selva, y el resto se gastará en “desarrollo económico” para proveer alternativas a aquellas personas que dependen de la tala de árboles, la minería y la agricultura en el Amazonas. Esto ha generado preocupación de que Salles desviará el dinero hacia los campesinos e invasores de terrenos que apoyan a Bolsonario y los recompensará por invadir, robar y quemar el bosque.

El martes, una red de 199 grupos de la sociedad civil publicó una carta conjunta para la administración de EU diciendo que cualquier acuerdo con el gobierno brasileño era un equivalente al apaciguamiento. “No es razonable esperar que las soluciones para el Amazonas y su gente vengan de las negociaciones que se hacen a puerta cerrada con tu peor enemigo”, dice la carta. “El gobierno de Bolsonaro está tratando de legalizar a toda costa la explotación del Amazonas, y está provocando daños irreversibles a nuestro territorio, a nuestra gente y a la vida del planeta”.

Los científicos dicen que la acción internacional tenía que haberse hecho desde tiempo atrás en el bosque tropical más grande del mundo. El Amazonas es esencial para la estabilidad del clima, pero la actividad humana está convirtiendo la región en una fuente, y no en un lavadero, de carbón atmosférico. Algunas áreas están en el límite en donde el bosque se encoge, se seca y se degrada para convertirse en sabana. 

Los próximos meses podrían ser la oportunidad más grande para dar la vuelta a esta situación. El presidente de EU, Joe Biden, invitó a líderes del mundo  a una cumbre climática en Washington el 22 de abril y prometió 20 mil millones de dólares para los bosques tropicales durante su campaña electoral. Durante este año, Reino Unido realizará la Cop26, la conferencia climática más importante de la ONU desde París, en Glasgow. Mientras tanto, los líderes mundiales tienen programada una reunión en Kunming, China, para establecer objetivos de biodiversidad para los próximos 10 años.

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Pero no puede haber soluciones sin el Amazonas, lo que significa que cualquiera que busque un progreso tendrá que tratar con Bolsonaro y sus ministros, con todo y sus políticas nacionalistas, anticientíficas y antiambientalistas.

“Brasil es demasiado importante como para que no participe en la mesa de negociaciones”, dijo un participante cercano a las negociaciones. “Muchos miembros de la sociedad civil dicen que ‘no hay que tratar con el gobierno brasileño’. Pero EU dice que tienen que negociar con los líderes electos porque no se puede posponer la discusión dos o más años”.

Este es un riesgo para Biden,que está a punto de hacer lo que Trump nunca hizo: darle dinero a un presidente brasileño que ha destrozado a las agencias de protección forestal, manejado de manera equivocad y letal la crisis de Covid y que se considera un peligro, no solo para Brasil sino para el mundo.

Izabella Teixeira, la anterior ministra del medio ambiente de Brasil, dice que EU y Reino Unido están a punto de pagarle a un gobierno que mantiene secuestrado al planeta. “Tienen que ofrecerle dinero a Bolsonaro para que no bloquee las reuniones Cop”, dice Texeira, que representó a Brasil en diferentes conferencias internacionales durante la administración de Dilma Rousseff.

Las posturas de ella y Salles sobre los mercados de carbón y los pagos por los servicios de ecosistemas encuentran apoyo en el ala más conservadora del sector de las empresas agrícolas, y podrían generar ingresos para una versión reinventada del programa de beneficios sociales de Bolsa Verde en el Amazonas y en todos lados. Este dinero y el prestigio de un acuerdo internacional podría proporcionar una línea de vida política para Bolsonaro, cuya popularidad va para abajo. En los últimos meses, el presidente perdió o despidió a su ministro de justicia, a su ministro del exterior, al ministro de defensa y a los comandantes de las tres fuerzas armadas.

Salles, confidente de Bolsonaro, encabeza las negociaciones y tuitea capturas de pantalla de sus reuniones virtuales con el equipo de EU, encabezado por Jonathan Pershing, y la cabeza de la Cop26, Alok Sahrma. Entre otras propuestas, está buscando más apoyo del exterior para un esquema que fomente la adopción corporativa de los parques nacionales, más uso de créditos de carbón y un servicio de pagos de ecosistema para campesinos para el mantenimiento de bosques y plantar árboles.

Pero Salles, que se convirtió en ministro de medio ambiente en 2019, no tiene credibilidad con los defensores del bosque. Ha tratado de monetizar la región y promovido la minería y las empresas agrícolas y durante su gestión el libro de reglas para la protección del Amazonas, que redujo la deforestación en 80%, se guardó, se destruyeron las agencias de monitoreo, se talaron 15 mil km cuadrados de bosque y Brasil dio marcha atrás a su compromiso para recortar las emisiones de carbón.

En la actualidad, Salles tiene acceso a un importante financiamiento internacional. Cerca de 3 mil millones de Noruega y Alemania se encuentran en el Amazon Fund, que el ministro del medio ambiente congeló porque no le gustaron las condiciones estrictas para combatir la tala de árboles que lo condicionan. Con esto se generan dudas sobre el destino de los nuevos fondos y de quién lo podrá usar.

Los activistas y los académicos dicen que cualquier trato debe involucrar pagos para esos resultados, que el dinero debe ser canalizado mediante los gobernadores de los estados y no por el gobierno federal y que no debería recompensarse a los dueños de las tierras sólo por obedecer las leyes, y que las recursos para la vigilancia deberían destinarse a guardabosques especializados y no a reclutas de la fuerza policíaca pro Bolsonaro.

Quieren que Brasil proporcione un plan detallado para alcanzar un nivel cero de deforestación. Lo más importante, dicen, es que la distribución de fondos deberían enfocarse en la protección de los bosques más antiguos que se encuentran en territorios indígenas más que la de las nuevas plantaciones de tierras que talaron los campesinos. Un acuerdo efectivo, argumentan, sería involucrar a las comunidades tradicionales del bosque que son los mejores guardianes del medio ambiente.

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Fuentes cercanas a las conversaciones dicen que no hay un acuerdo bilateral con Brasil para abril, así que es probable que EU haga un acuerdo fuerte pero amplio de apoyo a los bosques tropicales en todo el mundo. Este serviría como señuelo para fomentar la competencia entre los países del Amazonas para competir por fondos con reducciones cuantificables de deforestación. Brasil podría perder frente a sus vecinos Colombia, Bolivia y  Perú.

Esto es parte de una iniciativa diplomática coordinada. Un grupo de cinco embajadores de EU, Reino Unido, Alemania, Noruega, y la UE se reunieron recientemente con Salles y otros ministros de alto rango para presionar por un cambio en las políticas del Amazonas y que la deforestación en Brasil tiene que reducirse para poder llegar a un acuerdo y acabar con la reputación internacional que tiene de vándalo ambiental.

La presión del tiempo puede acabar con las resoluciones. Biden quiere un éxito para anunciar su cumbre climática más adelante en este mes y Reino Unido busca avances para la Cop26 en noviembre. Los ambientalistas temen que un acuerdo apresurado con un socio negociador poco sincero podría ser peor que ningún acuerdo. A menos que los pagos vayan estrechamente relacionados con los resultados de la reducción de emisiones, podrían quedar desperdiciados en créditos dudosos de carbón, planes vagos de desarrollo, beneficios para invasores de tierras y un nuevo y enorme sistema de greenwashing de las compañías de combustibles fósiles.

La forma de evitar esto es, dicen, hacer que las conversaciones sean transparentes e invitando públicamente a la sociedad civil a participar. En la actualidad, Bolsonaro es el único brasileño invitado a participar en la cumbre del clima de Biden, lo cual es una señal preocupante para los que han peleado desde hace tiempo por la protección de los bosques.

“Brasil es ahora un país dividido. Por una parte, se encuentran los pueblos indígenas, quilombolas, o descendientes de esclavos afrobrasileños, científicos, ambientalistas y personas que trabajan en contra de la deforestación y por la vida”, dice Marcio Astrini, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima de Brasil, una red de 50 organizaciones de la sociedad civil. “Por otra parte, está el gobierno de Bolsonaro, que atenta en contra de los derechos humanos, la democracia, y pone en riesgo el Amazonas. Biden tiene que escoger de qué lado va a estar”.