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Realeza

Lilibeth Diana: el nombre de la bebé que representa una esperanza audaz

Al combinar los nombres de la Reina y de la Princesa de Gales, Harry y Meghan destacaron dos diferentes formas de considerar la monarquía. ¿Cuál definirá el futuro?

Diana, princesa de Gales y la reina en 1982. Foto: Tim Graham Photo Library / Getty Images

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El feliz nacimiento de la bebé del príncipe Harry y de Meghan es una hermosa noticia. Pero se perdió, un poco, en la selección del nombre: Lilibeth Diana Mountbatten Windsor.

No creo que tuvieran mucha opción en cuanto a los apellidos, así es que nos quedamos con los nombres propios. Lilibet es, por supuesto, el sobrenombre de la Reina. No es una contracción de Elizabeth que solo usan los aristócratas, sino más bien la forma en que ella pronunciaba su propio nombre cuando era demasiado pequeña para hacerlo correctamente, Solo Jorge VI, la Reina Madre, la princesa Margarita, y el príncipe Felipe la llamaban así. “Lilibet es mi orgullo. Margaret es mi alegría”, decía el rey, obviamente cuando existía el manual para padres que decía que tienes que guardarte la identidad de tu hijo favorito. Cuando el príncipe Felipe murió, el sobrenombre murió con él. 

Así que ¿es sensible o insensible que Harry lo reviva tan pronto? Esta es la cuestión que ocupa a los observadores reales, junto con ¿se trata de una rama de olivo para la familia, un recordatorio de que por debajo de todas las peleas hay relaciones humanas reales? ¿O se trata de un desafío? No puedes sacarme de la familia, porque no es una casa, ni siquiera una colección de casas gigantes; es una familia. ¿O es de alguna forma una combinación de los dos? ¿Eso es posible?

Pero ¿qué es un observador real? Su experiencia es la calificación de las armas, la observación, que cualquiera podría hacer. ¿Qué tal que están haciendo las preguntas equivocadas? Porque el nombre tiene dos partes: Lilibeth, pero también Diana. Claramente la pareja escogió a los miembros más diferentes de la familia, cada uno representando una cultura diametralmente opuesta, y le dieron ambos a su hija. Puede ser que estén intentando algo novedoso, un tercer camino monárquico. 

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La Reina es sinónimo de un poderoso sentido del deber. “Si revisas el número de compromisos a los que ha faltado durante 70 años, es increíble porque solo son tres”, dijo Amy Jenkins, una de las guionistas de The Crown. El deber es un resultado más que un inicio, pero es posible inferir el carácter de allí: rigidez, obediencia, reticencia, autoanálisis, y un terror absoluto a demostrar emociones. “Es el asunto británico ¿no? Te reto a sentir algo”, dice Jenkins. “Es como el bullying británico. Lo hacemos bien y no sentimos nada”. 

Diana, Princesa de Gales, no seguía las reglas. Su único deber como esposa del heredero al trono era producir jóvenes y permanecer casada; y fracasó espectacularmente en la segunda. 

Lo que era más incómodo para la realeza y para el público era que Diana tenía emociones. Incluso antes de la entrevista de Martin Bashir (y haremos a un lado la cuestión de si tenemos que linchar a la BBC, la institución de 100 años de importancia mundial, inigualada por una entrevista que se hizo hace más de 25 años y que la mayoría de nosotros solo recordamos por el delineador) se podían ver sus sentimientos en toda la cara, desde los ojos hasta la melancolía, había muestras de alegría, pena, aburrimiento. ¿Algún otro rostro había sido tan legible alguna vez?

Nunca quedó claro si esos sentimientos eran genuinos o parte de un complicado y largo juego de relaciones públicas, pero ciertamente no estaban ocultos. Provocó mucho rencor, ya que ella llamó la atención del mundo de esa forma, después de todo, es mucho más interesante ver a una persona que siente algo que otra persona y que fue etiquetada dentro de la familia como alguien que sólo busca atención. Los que buscan llamar la atención son molestos en cualquier familia, pero son veneno para una familia cuyo modelo de operación es “nosotros no pedimos nada de esto, sólo estamos cumpliendo con nuestro deber”.

Pero Diana también llamó la atención hacia la fragilidad de la forma de hacer las cosas de la Reina. “Esa reticencia no se sostiene y una de las razones por las que no se sostiene es porque la gente tiene sentimientos”, dice Jenkins. “Pero la familia real no lo reconoce. Lo que quiere decir que se equivocan todo el tiempo porque están calculando sin ser humanos”. Si tenemos a Diana con esos enormes lagos de emoción que ella llama ojos, fue un recordatorio incómodo de que la gente, incluso con toda esa pompa, todavía actúa como gente.

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Al final, cualquier cosa que pensara un miembro de la realeza o sintiera, sus prospectos de autoexpresión estaban circunscritos, limitados efectivamente por las fundaciones que apoyan. La lista de organizaciones de la reina es exactamente lo que uno espera, aunque uno podría levantar una ceja por lo mucho que le gusta el rugby ¿Liga o unión? Todo es estudiadamente  poco controvertido. Sus intereses se centran en los niños, los animales y las instituciones augustas.

Entre el trabajo de caridad y las demandas tácitas de su oficina (que se conserve neutral frente a cualquier asunto, como un periodista de la BBC sin preguntas) es muy difícil saber lo que en verdad le interesa a la reina. Los perros y los caballos, ciertamente. Es apasionada de la Commonwealth aunque no queda claro qué es lo que inspira tanta pasión por ella: ¿los recuerdos del dominio? ¿las playas? ¿la variedad de cocinas? La gente proyecta opiniones  y comportamientos en la Reina, algunas veces de forma estratégica, como el Sun diciendo que era una Brexiter ardiente, y a veces sólo para llenar un vacío. No hay registro de que la Reina tenga una agenda política o intelectual, dice Jenkins. “En ese sentido, la Corona es una completa y gran fantasía. La idea de que está manejando sutilmente asuntos de estado detrás de escenas, de que ella es esa fuerza de sabiduría de cualquier cosa… no”.

Por su parte, Diana no sólo era abiertamente política, sino también radical al escoger sus causas. Su trabajo con Halo Trust, la fundación antiminas, empezó en Angola en enero de 1997, sólo meses antes de su muerte. Se trató de un arranque momentáneo de caminar por el campo minado, “muy característico de ella”, afirmó el CEO de la organización, James Cowan. “Ella sabía de su extraordinaria capacidad para hacer la diferencia”.

Lo que a la distancia suena como una causa poco controvertida puesto que ¿quién se opondría a prohibir armas que matan niños después del fin de un conflicto?, terminó siendo todo lo contrario. “En ese tiempo los británicos estaban muy comprometidos a mantener las minas como parte de su armadura militar”, dice Cowan. “Un ministro la llamó una bala perdida”.

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El impacto de esa foto fue más o menos inmediata: en otoño de ese año, el tratado internacional para la prohibición de minas se implementó y lo firmaron cientos de países que antes se oponían a hacerlo, incluido el Reino Unido. Se trata del tipo de impacto  que un individuo hace sólo como rebelde, una espina en el lado del establishment. Si Diana hubiera estado nadando con la corriente, ella hubiera sido una voz entre tantas. Así es que ¿fue pionera o narcisista? Tal vez todos los pioneros son narcisistas.

Sin embargo, fue el trabajo de la princesa de Gales con los pacientes de VIH y SIDA , que comenzó en 1987 con la foto en la que aparece saludando de mano y sin guantes al paciente Ivan Cohen y que dicha labor continuó hasta su muerte, lo que demostró que ella era alguien poco común.

Hay un fandom semisatírico de Diana desde una perspectiva de izquierda. Alex, de 26 años, que maneja una cuenta de Twitter llamada Princess Diana Is in All of Us, dice: “Mi viaje va de ser un amante irónico de Diana a tener una conexión espiritual genuina con ella”. Para Alex, quien sólo usa su primer nombre porque es activista  y trabaja en acciones directas, el trabajo de Diana con el HIV es un punto de partida. “Como gay, creo que hizo algo muy conmovedor”, dice de la foto de Cohen. “Cuando sostuvo la mano de un paciente con SIDA, estaba dando un espectáculo genuino de acción directa y así lo creo. Estaba tratando de construir una imagen dramática que sería un avance en el cambio social“.

“Ella estaba consciente del hecho de que la tenían en el concepto de un ángel como Cristo, y entonces ella se sale de lo establecido para sostener la mano de las personas que se consideraban contaminadas y desagradables. Utilizó el concepto de  ‘como Cristo’ con toda la intención. Era una referencia directa a Cristo limpiando los pies de los leprosos”, declaró también Alex.

Alex dice que sus acciones en torno a las minas y el VIH “crearon una imagen que sacudieron los fundamentos del discurso” y plantearon un reto directo a los valores asociados con la realeza tal como los personificaba la Reina, reticencia y estoicismo. Peter Hitchens pone de relieve las diferencias entre el funeral de Winston Churchill y Diana en cuanto a la moderación absoluta versus el “torrente de dolor”, una frase que se convirtió en una máxima del legado de Diana. La reina parece ser mucho un recuerdo de Churchill, pero claramente no lo es. Sin embargo, personifica los valores de una época previa a la suya. Su nuera, por otra parte, representaba la modernidad complicada, enfrascada en sí misma pero extremadamente pública, el yo como una marca que se maneja estratégicamente.

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En su vida diaria, en la forma en cómo criaron a sus hijos, la formalidad de su labor, Lilibet y Diana presentan contrastes que son un poco melancólicos. Hay un video de la Reina que regresa a casa después de un largo viaje y un príncipe Carlos, entonces minúsculo, se acerca y la saluda de mano. Para los ojos modernos, al menos, esto representa mundos de distancia y soledad. Se entiende que para cuando llegó el príncipe Andrés botó la norma aristócrata de contratar a una sustituta como madre y que él se convirtió en su favorito, aunque no hay evidencia real que apoye esta suposición. Además asistió a un internado. De cualquier forma, no parece haberse convertido en un ser humano completo.

Diana era lo que el psicólogo John Bowlby llama una madre más “apegada”, pero era demasiado infeliz incluso cuando estaba embarazada del príncipe Guillermo, así es que nunca se tuvo la sensación de que estuviera viviendo un sueño familiar perfecto. Ella se rebeló en contra de las expectativas nimias. Se quitaba los zapatos en el salón de belleza. Usaba vestidos de maternidad de cashmere rojo pero no encontró la forma de pertenecer a la realeza de una forma menos desgastante.

Al final, es imposible adjudicar en qué forma  cobran más sentido las cosas. No podemos saber qué tipo de realeza haría más duradera la institución, más soportable, más coherente. Lo único que puedes decir  es que eran totalmente diferentes y que ese cisma es el regalo que sigue dando, una bola de pinball del conflicto que se mueve entre el resto de la familia con energía perpetua.

La pelea putativa entre William y Harry, si es en realidad tan mala como dice la gente, puede leerse como una repetición de este enfrentamiento, frío contra caliente, cumplir con el deber en lugar de buscar la satisfacción personal. La solución obvia para Harry y Meghan fue convertirse en los ultras de Diana en Estados Unidos mientras que Guillermo se queda en Gran Bretaña y  es el canal de la Reina, y eso indica que las diferencias durarán para siempre.

Tal vez el nombre de la nueva integrante de la familia es un acto audaz de esperanza. ¿Qué tal si llega alguien con un poco de ambos? ¿Alguien capaz de ponerse en un lugar secundario a su labor sin perder la identidad? ¿Que pueda manejar su poder de estrella para  cosas buenas? Podría ser alguien como Daenerys Targaryen sin los dragones. O tal vez sólo es una bebé, y eso está bien, también.

The Guardian
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