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‘La resistencia ha sido heroica’: inmigrantes indocumentados de Nueva York sobre la pandemia

Se estima que medio millón de residentes indocumentados en la ciudad se encontraban entre los más afectados por Covid-19.

Un mitin por los derechos de los inmigrantes en enero. Cuando repuntó la pandemia, el trabajo del que los inmigrantes habían dependido desapareció, aparentemente de la noche a la mañana; especialmente los trabajos en hotelería, eventos y limpieza. Foto: Lev Radin / Pacific Press / REX / Shutterstock

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Este artículo se publicó junto con Documented

JCR había sido cocinero durante 15 años y nunca había tenido problemas para encontrar un trabajo en la ciudad de Nueva York, donde sus amigos siempre le encontraban un lugar en la cocina de un restaurante.

Pero cuando el Covid-19 azotó a la ciudad en marzo del año pasado, el trabajo del que los inmigrantes habían dependido desapareció aparentemente de la noche a la mañana, especialmente los trabajos en hotelería, eventos y limpieza.

Si bien la industria de los restaurantes en la ciudad ahora se está recuperando y luchando por volver a emplear a los trabajadores que había despedido, fue extremadamente difícil encontrar trabajo el año pasado, declaró JCR.

Después de perder su trabajo, no pudo encontrar otro en la industria alimentaria, ya que la ciudad se convirtió en el epicentro mundial de la enfermedad. “Solo se contrataba a trabajadores esenciales o muy experimentados”, concluyó.

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Muchos de sus amigos en la industria de los restaurantes se mudaron a la construcción, y allí finalmente consiguió un trabajo a tiempo parcial después de meses de búsqueda.

Las experiencias de JCR son similares a las de miles de inmigrantes de América Latina (y una que Documented, una redacción local que cubre la inmigración en el área, pudo identificar rápidamente a través de su servicio de WhatsApp, un canal en español que brinda información valiosa a los neoyorquinos indocumentados.

En agosto pasado, cinco meses después de que se declaró la pandemia, la redacción preguntó a sus lectores indocumentados cómo estaban lidiando con la crisis de Covid-19 y cuando comenzaron a llegar decenas de respuestas, algunas luchas comunes se hicieron evidentes.

Las preguntas sobre lugares para encontrar comida o formas de obtener ayuda económica fueron cada vez más frecuentes, comentó Mazin Sidahmed, codirector ejecutivo de Documented.

“A partir de los mensajes y las entrevistas que estábamos haciendo, pudimos ver con demasiada claridad lo difícil que ha sido la pandemia para lo que ya es un grupo vulnerable y del que ciudades estadounidenses como Nueva York dependen tanto”.

“Las luchas han sido desgarradoras y la resistencia ha sido heroica”.

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Una muestra de los mensajes durante el año (los nombres se han resumido o cambiado):

· “Soy un dominicano indocumentado que trabaja en dos restaurantes. Cuando comenzó la pandemia, ambos cerraron y no volvieron a abrir. Llevo cuatro meses desempleado y no puedo pagar la renta. Busco comida en las despensas públicas y por eso no hemos muerto de hambre, pero no he recibido ninguna ayuda para la renta”, dijo AM.

· “Ya no tenía trabajo y no tengo ingresos. Como soy indocumentado, no califico para ningún tipo de asistencia”, escribió LP.

· “Perdí mi trabajo. Debía tener mucho cuidado porque estaba embarazada. Al principio tenía algunos ahorros, pero se me acabaron”, dijo G.

Inspirado por las docenas de presentaciones, Documented creó un cortometraje sobre la experiencia de un inmigrante. La película, Sé lo que significa pandemia, fue creada con la productora Waterwell y dirigida por Frisly Soberanis, un cineasta de Queens, Nueva York.

Las cuentas se amontonan en medio de las amenazas para la salud del Covid-19

Sin trabajo o ningún tipo de ingreso, muchos inmigrantes latinoamericanos indocumentados han tenido problemas con el pago de la renta, las cuentas de electricidad y teléfono y otros gastos. Nueva York se tardó hasta abril pasado en anunciar ayudas especiales para inmigrantes. El llamado Fondo de Trabajadores Excluidos se espera que beneficie a 290,000 personas según el Instituto de Política Fiscal, una cifra considerablemente inferior a la de 560,000 inmigrantes indocumentados que se estima viven en la ciudad.

R intentó sobrevivir en los peores meses de la pandemia vendiendo comida en su propia casa. Originaria de Perú, R está orgullosa de las especialidades de su país de origen y comenzó a servirlas.

Pero el superintendente de su edificio le dijo que tenía que dejar de hacerlo.

“Estamos muy asustados. Tenemos miedo de salir a vender comida. Porque tal vez la migra esté ahí. Entonces no podemos hacer nada. Y ese es nuestro miedo. Queremos seguir adelante con nuestras vidas y sobrevivir”, dijo a Documented en una entrevista.

Las tasas de desempleo se dispararon en todos los grupos en Estados Unidos cuando el Covid-19 repuntó, pero el efecto de la pandemia fue particularmente devastador entre mujeres inmigrantes como R, de acuerdo con una investigación del Instituto de Política Migratoria en junio de 2020.

“La pérdida inicial de empleos ha sido excepcionalmente alta entre los inmigrantes, particularmente entre los latinos”, concluyó el informe.

Además de las dificultades económicas, los inmigrantes tuvieron que lidiar con el virus en sí. Si se contagiaban de Covid-19, no podían ir a un hospital. Algunos sospechan que contrajeron la enfermedad, pero no están seguros. No podían pagar la atención médica en ese momento. El seguro médico nunca ha sido común entre los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. En 2020, justo al comienzo de la pandemia, la Kaiser Family Foundation informó que 4 de cada 10 personas indocumentadas nacidas en el extranjero no tenían seguro en comparación con menos de 1 de cada 10 ciudadanos.

Además, los cambios en la política de inmigración bajo la administración Trump contribuyeron a aumentar los temores entre las familias inmigrantes, según la misma investigación.

Ese fue el caso de MC, quien se contagió, pero se negó a salir de su casa. “La gente se estaba muriendo y tenía miedo porque era un inmigrante. Y si moría, quería morir en mi casa y estar cerca de mis hijos”, confesó.

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Eventualmente, ella mejoró. No sabe cómo se enfermó, pero sospecha que fue a través de su esposo, pues algunos de sus compañeros de trabajo habían muerto a causa del virus. Esa debe haber sido la única forma, piensa, de que el virus se infiltrara en su casa. “Nunca me fui. Nunca salí. Tenía miedo”, dijo C.

Y todavía tiene miedo.

Para los inmigrantes indocumentados en Nueva York, el miedo a una pandemia mortal se sumó a la ansiedad cotidiana sobre su estado. Y les pasó la cuenta. Para C, eso significaba no poder hacer nada fuera de su casa. Incluso las compras de comestibles podrían causarle pánico. “Cuando iba comprar comida y veía a mucha gente en la tienda, mejor no entraba. Me empezaba a doler la cabeza. No quería entrar”, recordó.

Amabilidad

En su llamado, Documented también quería saber qué mantuvo a los inmigrantes latinoamericanos atravesando los meses más duros de la pandemia en Nueva York. Y así surgieron historias como el propietario que recortó el 50 por ciento del monto del alquiler, el sacerdote que brindaría apoyo en línea, el amigo que le daba comida a alguien con Covid-19. Los nombres cambian en los mensajes, pero muchas palabras permanecen iguales: hermanos, hermanas, familia, vecinos, Dios.

Para C, fueron sus hijos. “Los vi y dije: ‘No, tengo que seguir. Tengo que salir adelante por ellos’”.

Para una comunidad, cuyos miembros han enfrentado diferentes crisis en sus países de origen y los han abandonado en busca de un futuro mejor, parece que siempre hay esperanza, incluso en el peor momento de la pandemia. “Hemos pasado por muchas cosas. Vamos, la vida no es fácil, pero hay que mantener una actitud positiva”, argumentó uno de los lectores del Documented en su mensaje.

“También tuve que ser fuerte por mis hijos”, dijo R a Documented. Su hijo luchaba contra la ansiedad, temblando por la noche, sin dormir. Ella dice que todavía siente ese miedo en su pecho. Cuando eso sucede, le dice que se relaje, que piense en otra cosa.

“Hago tortillas y trato de darle incentivos. Le digo: ‘Sigamos. Esta pandemia no nos va a vencer, hijo mío’”.

*Aldana Vales es una periodista estadounidense especializada en medios y política.

The Guardian
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