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Los NFT y yo: conoce a las personas que intentan vender sus memes por millones

Una vez, las personas que tenían fotos virales ganaban poco dinero con ellas. Ahora, el ‘original’ puede venderse potencialmente por una suma enorme. Pero, ¿son los compradores inversores inteligentes o incautos involuntarios?

Un cuadro del gif del Nyan Cat, de Chris Torres. Foto: Chris Torres

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Los memes de Harambe favoritos del fotógrafo Jeff McCurry son aquellos en los que el gorila muerto está en el cielo, retocados con Photoshop junto a Diana, la princesa de Gales, Tupac y Muhammad Ali. “Es como: guau”, expresó McCurry. “¿En qué lugar más sublime puedo colocarte? Harambe está en la cima de la colina, esperando conocerte allí”.

McCurry tomó la fotografía de un gorila de 17 años habitante de las tierras bajas occidentales que se convirtió en un meme. En el encuadre, Harambe se arrodilla, proyectando un aura temible de fuerza, nobleza y calma. McCurry, exfotógrafo voluntario del zoológico de Cincinnati, estuvo allí el 28 de mayo de 2016, el fatídico día en que un niño de tres años se subió al recinto del gorila, lo que obligó a los cuidadores del zoológico a matar a Harambe a tiros. “Al principio no parecía real”, confesó McCurry, quien visitaba regularmente el zoológico. “Cuando alguno de tus amigos muere, es difícil de procesar. Yo estaba en shock.”

Después de la muerte de Harambe, McCurry, que ahora vive en el norte de Kentucky, se sorprendió al ver que su fotografía se volvió viral. Se usó en camisetas, almohadas, tazas, arte mural. “No me importaba la gente de los memes”, señaló. “No me preocupaban por ellos. Pero cuando las publicaciones profesionales usaron la foto sin mi permiso, fue decepcionante. Me sorprendió lo mucho que lo hicieron”.

Aunque McCurry era el propietario de los derechos de autor de la imagen, no podía hacer mucho más que enviar correos electrónicos a corporaciones individuales, amenazando con demandar a menos que dejaran de robar su trabajo. McCurry ganó dinero con la imagen de Harambe, pero para nada lo que sentía que se merecía, dada la amplitud de su uso.

La imagen de Harambe de McCurry. Foto: Jeff McCurry

Luego aparecieron los no fungibles tokens (NFT; a veces pronunciados como niftys). Estos son activos digitales únicos que se almacenan en un blockchain, un libro de transacciones descentralizado, que utiliza la misma tecnología para comprar y vender criptomonedas. Los NFT se pueden utilizar para registrar la propiedad de casi cualquier cosa: arte digital, música, películas, juegos y pornografía. Una vez que los archivos son cargados y verificados por un tercero, adquieren un estado único, igual que un sello difícil de encontrar o una pieza única de alta costura. La banda de rock Kings of Leon ha generado más de 1.4 millones de libras esterlinas en ventas NFT de su música solo este año.

Desde principios de 2021, los coleccionistas adinerados han comenzado a comprar fragmentos de la historia inicial de internet: las versiones originales de los rudimentarios videos virales y memes de los primeros días de internet. Los coleccionistas quieren “poseer” el archivo digital original del que posteriormente surgieron todos los memes: en el caso de McCurry, la imagen sin editar y sin recortar de Harambe, directamente de su tarjeta de memoria.

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En la mente de estos coleccionistas, los NFT de estos memes y videos virales son similares al arte rupestre, pintado en las paredes de la web por la luz parpadeante de un módem de acceso telefónico: el video viral que Charlie Bit My Finger vendió (la oferta real se hizo en la moneda ethereum) por el equivalente a 538.000 libras esterlinas en mayo; el meme Disaster Girl se vendió por 350.000 en abril, y el meme Overly Attached Girlfriend se vendió por 289.000, también en abril. Increíblemente, en junio un NFT de “Doge”, la imagen de un perro shiba inu considerado durante mucho tiempo como uno de los memes más populares de internet, se vendió por 2.8 millones de libras en el sitio de subastas Zora.

Como muchos otros creadores de memes, McCurry ha visto esta tendencia emergente y quiere probarla. El día que hablamos, es el quinto aniversario de la muerte de Harambe. Esta tarde, el archivo original de la foto de Harambe se subastará; esta noche, McCurry asistirá a una vigilia a la luz de las velas por el gorila muerto afuera del zoológico. Mientras esté allí, McCurry estará contemplando ansiosamente un futuro en el que Harambe, después de la tumba, tenga el poder de cambiar su vida más allá de lo que él pueda concebir.

“A quién le importa lo decepcionante que fue durante cinco años”, preguntó McCurry, con una voz llena de esperanza. “Puede que me gane la lotería”.

Las imágenes han sido objeto de apropiación indebida desde que contamos con la tecnología para reproducir los medios en gran medida. Los caricaturistas difamatorios de la Francia revolucionaria representaron a María Antonieta en poses pornográficas, mientras que, en 1989, el artista Shepard Fairey utilizó una imagen de André el Gigante en su campaña de arte callejero Obey Giant, para enojo de la familia del luchador. Pero Internet ha sobrealimentado el proceso mediante el cual las personas pueden adjudicarse la propiedad intelectual de los demás, ya sea música (a través de la desaparecida plataforma de intercambio de archivos Napster) o películas. Las mujeres en la vida pública tienden a sufrir más como resultado de este abuso, ya sea a través de falsificaciones profundas sexualmente explícitas o filtraciones de fotos de desnudos, como en el Fappening de 2014. El año pasado, la modelo Emily Ratajkowski escribió un sincero ensayo sobre su intento de impedir que un libro no autorizado de sus fotografías saliera a la venta.

Cada vez que se sumergen en las aguas digitales, los usuarios de internet aceptan el riesgo de que se vuelvan virales; sus imágenes pueden usarse sin su consentimiento; los extraños pueden burlarse de ellos, tomar lo que dicen de mala fe o incluso convertirlos en el villano del día en Twitter. Nadie se propone convertirse en un meme. Es algo que te sucede a ti, una fuerza externa completamente fuera de tu control, como enamorarte o ganar la lotería.

“Fue duro”, confesó el ilustrador Chris Torres, de 35 años, de Dallas, sobre los primeros años después de que su meme se volviera viral. “No sabía cómo manejar las cosas. Tuve que sentarme y ver cómo la gente robaba mi arte y lo usaba sin preguntar“. Publicado por primera vez en línea por Torres en abril de 2011, Nyan Cat, un gif pixelado de un gato con el cuerpo de una tarta de cereza, rápidamente se volvió viral, convirtiéndose en tema de los videojuegos (“Nyan Cat: Lost in Space”) y un video musical al son de ¡Nyanyanyanyanyanyanya!, del artista japonés daniwellP.

Pero nadie quiso pagarle a Torres por usar su imagen. “Ha sido una constante para mí que mi propiedad de Nyan Cat se haya puesto en duda”, recalcó. En 2013, Torres demandó a Warner Bros por usar Nyan Cat sin permiso (la disputa se “resolvió amistosamente” el mismo año). Desde entonces juega al descontón, persiguiendo entidades comerciales que usan su imagen protegida por derechos de autor sin permiso. “Cuando algo está en internet, la gente asume que es algo que puede tomarse para uso comercial, sin atribución”, dijo.

Felizmente para Torres, él es dirigido por Ben Lashes, de 42 años, un exmúsico independiente del sur de California que representa a los creadores de otros memes como Disaster Girl y McCurry. “He estado inmerso en el mundo de los memes desde 2009… Siempre quise representar lo que veo como los mejores memes del mundo”, me confesó Lashes. “Como si fuera de los Avengers del mundo de los memes”.

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Al crecer, a Lashes le fascinaba el cruce entre entretenimiento y comercio. “Iba a Disneylandia y estudiaba el mapa”, señaló Lashes, “y pensaba en cómo funcionaba el merchandising. O leía libros sobre cómo se hizo Star Wars y cómo llegaron después los negocios de los juguetes”.

Lashes se convirtió en manager de memes por accidente. Su padre era amigo de Charlie Schmidt, el creador de Keyboard Cat, uno de los primeros videos virales. “Charlie me llamó en 2009 y me dijo: ‘Hice este video, todo el mundo lo está robando y nadie quiere pagar nada por él’. Respondí: ‘Este es el futuro de la propiedad intelectual. El próximo Mickey Mouse saldrá de internet’”. Schmidt se convirtió en el primer cliente de Lashes.

Durante años, la principal prioridad de Lashes fue gestionar sociedades de marca y ayudar a sus clientes a proteger su propiedad intelectual. Pero en enero, Torres expresó su interés en vender Nyan Cat como un NFT, y decidieron intentarlo. La corazonada dio sus frutos, y generosamente: en febrero, un NFT de la animación original de Nyan Cat se vendió por 416.000 libras, lo que dio inicio a la ola de ventas de memes que aún continúa hasta el día de hoy.

“Cuando se vendió Nyan Cat, el NFT, recibí mensajes de muchos otros creadores de memes”, recordó Torres. “Todos tenían la misma historia. Crearon algo y lo publicaron sin saber qué pasaría. Internet se hizo cargo y ellos perdieron el control… estas personas me buscaban para que los ayudara a tener un poco de control”. Ahora, Torres los pone en contacto con su manager.

Las ventas de memes NFT a veces pueden compensar a los creadores por el daño ocasionado al volverse virales sin su consentimiento. “A veces puede ser un poco confuso comprender que: oye, esto es mío, porque todo el mundo lo tiene y está haciendo lo que quiere con él”, destacó Lashes. “Mis clientes me han dicho que poder establecer la propiedad sobre su propiedad ha sido fortalecedor”.

Ciertamente, Zoë Roth lo siente así. En 2007, el padre de Roth tomó una foto de ella cuando tenía cuatro años, sonriendo pícaramente frente a un edificio en llamas (el fuego era un incendio controlado y los bomberos permitían que los niños locales se turnaran para combatirlo con mangueras). Así, Zoë Roth se convirtió en Disaster Girl, uno de los primeros memes de internet. Estaba superpuesto con leyendas que decían: “El viejo McDonald tenía una granja… TENÍA” y “Había una araña… ahora ya no”.

Roth, que ahora tiene 21 años y vive en Carolina del Norte, explica lo que se siente volverse viral cuando era niña. “Es como si hubiera un meme, esta foto tuya que siempre estará viviendo una vida propia en internet. Cada vez que alguien busque tu nombre, eso es lo que aparecerá”, aseguró ella. “Así que se siente como si siempre estuvieras reducida a algo. Es un poco frustrante porque soy una persona dinámica a la que le suceden muchas otras cosas. Una imagen nunca puede definir completamente a alguien en su vida”.

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Dado que Roth sabía que no podía controlar a Disaster Girl, trató de no dejar que eso la molestara. “Sabía que, incluso si me sentía frustrada, todavía estaría en la vida real, haciendo lo mío”. Lo peor fue cuando las personas con las que no estaba de acuerdo la usaban. “El hijo de Donald Trump la usó una vez“, afirmó Roth, “y yo decía algo como: uf, eso es asqueroso“.

En abril, Roth vendió Disaster Girl por 341,000 libras esterlinas. Ella planea usar el dinero para pagar sus deudas estudiantiles. La venta del NFT se siente como una forma de reparación. “Fue agradable tener algún tipo de control sobre lo que estaba pasando, por una vez. Fue un sentimiento único en la vida. Quizás el control sobre todo sea la palabra adecuada. Finalmente tuve algo que decir sobre lo que sucedió con la imagen”.

Roth se detuvo. “Sabes, nunca di mi permiso para que esto sucediera en primer lugar”.

Las personas que operan dentro del espacio de la economía de los memes tienden a hablar con la grandiosa confianza del sabio visionario o del tonto que se engaña a sí mismo.

“Una cosa que quisiera compartir con ustedes”, dijo Kayvon Tehranian, director ejecutivo de Foundation, la plataforma en la que se venden la mayoría de los NFT, “es que Nyan Cat valía casi 1 millón de dólares cuando se subastó. Y puedo decir ahora mismo, que si la subastas de nuevo, valdría más que eso”. Foundation proporciona la infraestructura para listar un NFT: acuñarlo (es decir, cargarlo en el blockchain de ethereum) y verificar su procedencia; es un poco como eBay, pero para NFT. A cambio, Foundation cobra una comisión del 15%.

Tehranian considera que el mercado de los memes de NFT no es diferente del mercado del arte establecido. “¿Puedes llamar meme a La Mona Lisa?” él reflexionó. “Yo diría: sí. Es una obra de arte que todo el mundo conoce; se convierte en un referente cultural. La Mona Lisa vale cientos de millones de dólares. ¿Por qué el creador de algo quizás de mayor impacto cultural no puede recibir ese nivel de compensación?”

En otras palabras, Leonardo da Vinci caminó para que Nyan Cat pudiera volar. No sé si estoy escuchando un esquema de marketing multinivel o el próximo Steve Jobs. De cualquier manera, estoy intrigada. “Creo que es hermoso que las personas que crean cultura no tengan que recurrir a patrocinios tontos”, comentó Tehranian, “o imprimir camisetas”.

Hay un televisor Samsung Frameen el departamento de Harry Jones en Nueva York que muestra una presentación de diapositivas de los memes que ha comprado, incluidos Bad Luck Brian, Success Kid, Ermahgerd Girl y Tips Fedora. El desarrollador e inversor de criptomonedas de 21 años, originario de Worthing, West Sussex, estima que ha gastado alrededor de 70,000 libras esterlinas en estos memes NFT. “Se trata de recompensar a los creadores de memes”, argumentó Jones. “Estas son cosas culturalmente significativas, al menos para mi generación… y las personas que proporcionaron estas cosas interesantes y culturalmente significativas hace años no recibieron dinero por ello”.

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Después de la venta de Bad Luck Brian, un célebre meme de un estudiante universitario nerd con un suéter-chaleco, Brian (su nombre real es Kyle Craven) y Jones se hicieron amigos. “Bad Luck Brian es una leyenda”, dijo Jones. “Es uno de los memes originales… Nunca podría imaginar que sería amigo de todos estos famosos memes”.

Además de compensar a los creadores, Jones cree que su colección de memes NFT apreciará su valor. “Honestamente, creo que son inversiones decentes… a medida que envejecemos, algunos de los activos más coleccionables serán las cosas que valora nuestra cultura”, recalcó. “Y eso son los memes”.

Jones es tan sincero en su creencia de que los memes algún día serán tan valiosos como los lingotes de oro o las minas de diamantes, que está financiando un proyecto llamado Dank Bank, que será la primera bolsa de valores del mundo para los memes. “La idea es fraccionar todos estos memes”, comentó, “y convertirlos en piezas pequeñas y negociables”.

Dejando a un lado la cuestión de si deberíamos aplicar el capitalismo de libre mercado a los memes, lo único realmente bueno en internet, lo que se hace evidente al hablar con Jones es que, como con cualquier otro mercado de coleccionistas, hay un grado de riesgo y bravuconería en el trabajo. “Como ocurre con la mayoría de las cosas coleccionables”, comparó Jones, “se trata de comprar los derechos de fanfarronear”.

Cuando una pieza importante como el NFT de Harambe sale al mercado, la puja puede volverse feroz. “Hay mucho ego herido en estas guerras de ofertas”, comentó Jones. “Como el chico de 3F Music”. Jones se refiere al enigmático productor musical emiratí que compró Disaster Girl por 341,000 libras esterlinas. “Este tipo se niega a perder subastas. Si terminas en una subasta con él, sabes que te costará medio millón de dólares”.

Jones está consciente de la posibilidad de que se haya gastado decenas de miles de libras en una inversión basura. “Si los memes se vuelven inútiles”, dijo, “no me arruinaré económicamente. Me enfadaré. Pero no se puede entrar en nada tan ridículamente extraño y especulativo sin estar preparado para que valga cero”.

Por otra parte, tal vez Jones realmente esté en lo cierto. “Tres semanas después de que compré Bad Luck Brian“, recordó, “recibí mensajes de conocidos capitalistas de riesgo que me preguntaban: ‘Oye, ¿estás vendiendo?'”

¿Es Jones un inversor inteligente o un engañado involuntario? Incluso los expertos parecen no saberlo. Lo que está claro es que, animados por el increíble aumento de las criptomonedas (bitcoin ha subido un 230% desde octubre de 2020), una nueva generación de emprendedores tecnológicos, recientemente ricos a través de la especulación criptográfica, entra al mercado del arte por primera vez y compra NFT.

“El mundo del arte ha estado tratando de resolver el problema de cómo lograr que la gente en tecnología invierta en arte durante mucho tiempo”, afirmó el crítico de arte Ben Davis, autor de 9.5 Theses on Art and Class. “No ha sucedido porque una de las razones por las que los ricos coleccionan arte es el capital social o porque han ganado dinero de manera desagradable y quieren respeto. Pero la gente en tecnología no necesita eso. A ellos mismos los tratan como a artistas”.

Sin embargo, en marzo, una obra del artista digital Beeple, cuyo nombre real es Mike Winkelmann, se vendió en Christie’s por 48 millones de libras, el tercer precio más alto jamás alcanzado por un artista vivo. Everydays: The First 5000 Days fue una combinación de las imágenes digitales que Beeple ha estado publicando en línea todos los días desde mayo de 2007. “Es una locura”, exclamó Davis. “No creo haber visto nunca algo así. Apareció una nueva categoría de arte con nuevos nombres y nuevas estrellas en cuestión de meses”. Las casas de subastas, como Sotheby’s y Christie’s, tienen programadas ventas de NFT de gran éxito.

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Max Moore, de Sotheby’s, lideró una venta de obra NFT del artista digital Pak, especializado en formas abstractas esféricas y cuboides, por 11 millones en abril de este año. “Es un movimiento en sí mismo”, confesó Moore sobre el arte NFT, “como el arte conceptual o el cubismo. Es un reflejo en respuesta a los tiempos cambiantes”. Pero incluso Moore reconoce que los 48 millones de libras obtenidos por Beeple son indicativos de un mercado sobrecalentado. “Ha sido como una startup tecnológica durante los primeros cuatro meses”, dijo Moore, “pero creo que ahora veremos cómo se convierte en un mercado tradicional más orgánico, que crece a un ritmo mucho más saludable”.

“La palabra burbuja se usa con demasiada facilidad”, afirmó el profesor John Turner de Queen’s University Belfast, autor de Boom and Bust: A Global History of Financial Bubbles. “No sabemos si hemos tenido una burbuja hasta que estalla. Los precios siguen subiendo. Pero es solo cuando colapsan que realmente podemos decirlo”. Turner traza un paralelo entre las burbujas del pasado impulsadas por la tecnología, incluida la burbuja puntocom de la década de 1990, y el colapso de Wall Street de 1929 (que fue impulsado en parte por la inversión en tecnología de electrificación). En la década de 1890, la invención de la bicicleta dio lugar a la formación de cientos de nuevas empresas, que cotizaron en la Bolsa de Valores antes de colapsar a principios del siglo XX. “Bitcoin es de ese tipo”, aseguró Turner. “La nueva tecnología es el blockchain“.

Todas estas burbujas estallan de la misma manera. “Los inversores aficionados entran en el mercado por primera vez”, confirmó Turner. “Añaden impulso a los precios… luego una operación sale mal y los aficionados se asustan y salen del mercado”. Aunque los objetos de colección no forman burbujas de la misma manera (como la alta costura o los sellos, su valor no es predecible, ya que están sujetos a los caprichos de los coleccionistas adinerados), Turner cree que el mercado de las criptomonedas es una burbuja y está al borde del colapso inminente. “Los precios en todo el mundo van a bajar”, resaltó y explicó que los gobiernos pueden intervenir para bloquear los intercambios de criptomonedas: “China ya lo ha hecho”, dijo.

Si la criptomoneda falla, los especuladores ya no tendrán montones de dinero para derrochar en blockchain comprando NFTs virales. Pero por ahora, los curadores tienen signos de dólar de dibujos animados en sus ojos. Moore incluso está abierto a la idea de que Sotheby’s algún día subaste memes. “Las personas valoran comprar un pedazo de historia”, señaló. “Vuelve a la naturaleza humana y al deseo de poseer”. Él señala a las personas que no poseen ningún activo físico, pero que están “exclusivamente dedicadas a construir sus propios perfiles en el metaverso”, o el espacio virtual compartido. “La propiedad de algo que es parte de la cultura pop es muy atractiva para ellos”.

A pesar de estos partidarios de alto perfil, ya ha comenzado la reacción. “El mercado NFT es incomprensiblemente absurdo y derrochador”, declaró recientemente la añeja publicación de música y entretenimiento Paste Magazine. Anil Dash, un cocreador de NFTs junto con el artista Kevin McCoy durante una conferencia en la ciudad de Nueva York en mayo de 2014, recientemente desautorizó su creación en un ensayo para el The Atlantic. “Nuestro sueño de empoderar a los artistas aún no se ha hecho realidad, pero ha generado una gran cantidad de publicidad explotable comercialmente”, escribió Dash.

Este rechazo se debe en gran parte a la creciente conciencia del ruinoso impacto ambiental de bitcoin, generalmente extraído por bancos de computadoras que funcionan con combustibles fósiles. Los detractores señalan que al menos puedes hacer cosas prácticas con las criptomonedas, incluso si solo compras medicamentos. ¿Pero derretir los casquetes polares para crear un gif de un gato volador en el blockchain? Eso es más difícil de justificar. Al menos hay algunos mercados de NFT que compensan las emisiones de carbono.

Los NFT se han posicionado como una solución al robo de derechos de autor. En lugar de apreciar grandes trozos del meme Partenón, los coleccionistas pueden poseer antigüedades de internet de forma ética. “No existe una conexión inherente entre un NFT y una obra protegida por derechos de autor o la imagen de una persona”, exclamó la profesora Rebecca Tushnet, experta en propiedad intelectual de Harvard. Ella sostiene que las leyes existentes ya hacen un trabajo decente al proteger la propiedad intelectual de las personas. “Nunca ha habido un uso más autorizado de la fotografía”, declaró, y la razón por la que a los artistas y fotógrafos se les paga mal no es porque la gente les esté robando su trabajo: “Es porque a los precios los derriba mucha competencia”.

Los compradores de NFT realmente no poseen nada en absoluto, más que una URL y algunos derechos de fanfarronear. Los creadores casi siempre se reservan sus derechos de autor, lo que significa que el NFT no puede tener una licencia para uso comercial. “Están comprando un certificado”, dijo Tushnet.

Si bien Tushnet cree que las leyes de derechos de autor existentes son perfectamente adecuadas cuando se trata de proteger a los creadores de memes, Tehranian sostiene que, en la práctica, las personas pueden pasar desapercibidas. “Los derechos de autor no son globales”, afirmó. “Internet es global. No es jurisdiccional. Esto es algo mucho más grande. Tenemos artistas en Ghana, Tailandia, Australia. Todos comparten el mismo blockchain. En el futuro, si hay una disputa sobre el origen de algo, haremos referencia al blockchain, y veremos sistemas de derechos de autor y regalías construidos sobre eso”.

A diferencia de Beeple, la mayoría de los artistas no se enriquecen con los NFT. Según una investigación publicada en Medium por la artista canadiense Kimberly Parker, la mayoría de las obras de arte cuestan menos de 100 dólares. Incluso los NFT de memes de renombre no están garantizados para funcionar bien. Algunos se venden por seis cifras; otros por un pequeño cambio.

En 2009, David Devore Sr. llevó a su hijo de siete años, David Jr., al dentista para una extracción dental. Grabó a su hijo en el camino a casa, tropezando con la anestesia, haciendo preguntas existenciales sobre el significado de la vida. Devore Sr. subió el video a Facebook; en cuestión de días, entró en el panteón de los primeros videos virales. En mayo, el NFT de David After Dentist se vendió por 8.142 libras. Tres semanas después, Charlie Bit My Finger se vendió por 538.000 libras.

“Estábamos contentos con la venta”, señaló David Sr., de manera poco convincente. “Parece que estamos siendo ingratos. Pero nos sorprendió lo bajo que fue en comparación con los demás“. Es fácil comprender su frustración. Ambos videos muestran a niños encantadores que son adorables en imágenes de baja resolución: ¿cómo explicar la enorme diferencia de precios?

“Creo que lo hemos reducido a dos cosas”, comentó Devore Sr. Él señala las fluctuaciones en la criptomoneda utilizada para las compras de NFT: “No ayudó que ethereum estuviera en su punto más alto esa semana. Además, hay muy pocas personas interesadas en comprar este tipo de artículos, tal vez menos de 20 personas. Quizás estaban ocupados. Podría tener que ver sólo con el tiempo”.

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La disparidad entre Charlie Bit My Finger y David After Dentist va al corazón de lo que hace que los NFT sean un activo imposible de predecir. No hay una lógica interna detrás de por qué algunos NFT virales funcionan bien y otros fallan. Es pura especulación. El NFT no tiene un valor inherente más allá del capricho de lo que un millonario pagará por él en un día determinado. Quien pierde el juego de las sillas musicales se queda con algo sin valor.

Durante los días siguientes, yo vigilo la página de subastas de Harambe. No parece que vaya bien. Cinco días después de la publicación del anuncio, no se ha alcanzado el precio base de 10.145 libras.

Luego tocó base con un McCurry desconcertado. Está tratando de mantener el optimismo. “La forma en que elijo verlo”, argumentó, “es que todos están sentados en la línea de salida, diciendo: ¡vas tú primero!

Hasta cierto punto, es difícil sentir mucha simpatía por McCurry: está tratando de monetizar una fotografía de un gorila muerto y cautivo, y parece estar fallando. Pero McCurry no ve la venta como de mal gusto. “Harambe era mi amigo”, recordó. “Si alguien supiera si esto es inapropiado, ese soy yo. Creo que Harambe diría: ‘Hazlo. No creo que me faltes el respeto en absoluto’”.

Al parecer, el sobrecalentado mercado de NFT puede estarse enfriando. Los precios están estrechamente relacionados con el rendimiento de las criptomonedas, y desde que China tomó medidas enérgicas contra el bitcoin en mayo, los inversores están nerviosos. McCurry es optimista sobre la posibilidad de que Harambe no se venda. “Espero lo mejor”, me confiesa. “Pero si sucede lo peor, todavía tendré a Harambe”.

Hay un gran problema en el corazón de los NFT de memes. Independientemente de lo que argumentan sus defensores, en sí mismos no tienen un valor inherente, siendo fundamentalmente no monetizables en su esencia. El meme solo asume capital cultural a través de la transmisión masiva, y la transmisión masiva sólo tiene lugar cuando el meme es libre de compartir. Nunca pagarías por enviar un meme, como tampoco pagarías por contar un chiste o por enviar un desnudo. El meme es un regalo de una persona a otra, de forma espontánea, voluntaria, sin ninguna expectativa de recompensa económica. Los memes son de todos y de nadie. No se pueden aplicar los principios del capitalismo de libre mercado a un meme porque, por su propia naturaleza, un meme no es una clase de activos sino un organismo vivo.

“Lo importante e interesante de los memes desde una perspectiva crítica es que no pertenecen a nadie”, declaró el crítico de arte Davis. “Se distribuyen entre las personas, pero es lo que hicieron miles de personas con él: ese es el meme. Y cuando tomas un meme y lo tratas como un objeto de arte convencional diciendo: ‘Aquí está lo único, es tu propiedad’, se crea confusión sobre lo valioso del meme. No es la imagen en sí lo que es valioso. La imagen era sólo un contenedor para una gran cantidad de chistes”.

Esto no quiere decir que no valga la pena estudiar o conservar los memes. “Estas son formas importantes de cultura”, dijo Davis. “Son imágenes que dan forma a la vida de las personas”. Daría la bienvenida a la apertura de un museo de memes. “Podría haber exhibiciones que muestren cómo el meme afectó la cultura de diferentes maneras”, planteó Davis, “y la forma en que la imagen fluyó a través de una comunidad. Pero un NFT no hace eso. Hace lo contrario. Te lleva de vuelta a esta cosa única y original”.

Poseer un NFT de tu meme favorito es muy parecido a poseer una porción de tierra en la Luna o una estrella en la Vía Láctea. No significa nada, pero es un poco chido, especialmente si tienes criptomonedas para quemar. Afortunadamente para McCurry, el tren del NFT está aceptando nuevos pasajeros, al menos por ahora. El 3 de junio, una semana después de la puesta en marcha de la subasta, Harambe se vendió por 57,000 libras.

“Esto es una locura”, me dijo McCurry con una sonrisa de alegría cuando lo llamo para felicitarlo. Planea mudarse a Hawái. “Voy a limpiar mis cosas aquí y comprar un lindo condominio allá”, exclamó. “¡Estoy listo!”

Después de colgar, reflexiono que, incluso si estos memes de NFT se sienten como una estafa, en comparación con las grandes transas, son bastante inocuos. Los inversores obtienen su derecho a fanfarronear, Tehranian obtiene obtiene una tajada, McCurry saca para su condominio y Harambe, allá arriba en el cielo, sabe exactamente lo que vale. McCurry cree que su viejo amigo estaría encantado.

“Harambe estaría encantado”, recalcó McCurry. “Él estaría tan feliz. Quería que tuviera éxito”.

The Guardian
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