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Cultura

Así es como la cultura pop da forma a nuestro concepto de extraterrestres

Durante décadas, la fascinación del cine y la TV por los extraterrestres reflejó nuestros temores, ansiedades y esperanzas, antes de que un reporte del Senado los tomara en serio.

Gillian Anderson y David Duchovny en ‘Expedientes Secretos’. Foto: Snap Stills/REX/Shutterstock

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No sorprende que la anticipación de un reporte no clasificado del Equipo Especial de Fenómenos Aéreos No Identificados echara a andar la fascinación de Estados Unidos con los ovnis.

La confirmación de “cosas” sin explicación, incluso por parte del expresidente Barack Obama, es extraña, como si se tratara de un titular engañoso. ¿El gobierno de Estados Unidos se está tomando en serio los objetos voladores no identificados? Resulta confuso que ellos se muestren preocupados explícita y públicamente por los ovnis, como en las películas, que desde hace tiempo han sido el carril apropiado y accesible para el interés por los objetos extraños en el cielo.

El reporte del Pentágono que no especula sobre naves extraterrestres pero que tampoco cierra las puertas a los 120 avistamientos por parte de pilotos de la marina, tienen desconcertados a los científicos y a los expertos militares y requiere de una investigación científica seria y también invita a la imaginación ¿Cómo explicar lo inexplicable y lo desconocido? Durante décadas la falta de interés del gobierno o el silencio sobre el asunto ha hecho que la gente se vuelque a la cultura pop, especialmente al cine y a la televisión, que cambiaron la fascinación con lo desconocido por historias de extraterrestres que dieron forma a nuestra idea de los extraterrestres: platillos voladores y hombrecillos verdes mucho más poderosos que uno.

Por medio de Los expedientes secretos X, Los hombres de negro, Encuentros cercanos del tercer tipo, La guerra de las galaxias y algunas películas de Marvel durante décadas, Hollywood ha proporcionado un circuito de retroalimentación cada vez más grande para el interés en lo extraterrestre: una reflexión de nuestros temores y capacidades. Su gran popularidad ha fomentado el interés en los ovnis como tropos y atractivos del entretenimiento que no deben tomarse en serio. Si lo vasto desconocido era desalentador, angustiante, abrumador, entonces explorar sus contornos por medio de historias ofrecía algo de control gracias a los autores y por las expectativas de una audiencia popular. Las historias de ovnis y de extraterrestres siempre han dicho más sobre nosotros, sobre nuestros temores, ansiedades, esperanzas y adaptabilidad que cualquier visitante en potencia.

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El término ovni se acuñó rodeado de historias de extraterrestres y se cree que entró a la cultura popular el 24 de junio de 1947, cuando Kenneth Arnold, un piloto privado de Idaho, reportó haber visto volando a velocidad supersónica cinco objetos circulares cerca del monte Rainier de Washington. Medio siglo antes, la revista Pearsons publicó en forma de serie la Guerra de los Mundos, del famoso escritor británico de ciencia ficción H.G. Wells, que transformaba las preocupaciones imperiales británicas en una de las primera historias de invasión extraterrestre: Marcianos, en el sur de Inglaterra, y Orson Welles, en su famosa lectura de la historia en la radio en 1938, cambió la locación a Nueva York. La fascinación con la invasión alienígena ha prevalecido durante décadas y es lucrativa. Steven Spielberg hizo con mucho éxito su versión de la historia de Welles en 2005 y con Tom Cruise como protagonista, y en 2019 se hizo una serie de televisión.

La fascinación con los encuentros sombríos no cobró seriedad sino hasta que las noticias cubrieron la historia de Arnold, quien le puso la etiqueta de “platillos voladores” a su avistamiento. Esta idea es tan emblemática del período de la guerra fría que los Ovnis son, como estética, considerados retro. Surgieron los reportes de Ovnis. El Project Blue Book del gobierno analizó más de 12 mil avistamientos entre 1952 y 1969 de los cuales 701 no tuvieron explicación. Mientras tanto, la cultura popular recurrió a esta locura para usarla como espejo de los temores de la Guerra Fría, de una aniquilación nuclear y de infiltración comunista en películas como El día en que la tierra se detuvo y La invasión de los usurpadores de cuerpos en 1956.

Las películas de extraterrestres por lo general reflejan ansiedades culturales que cambian, el terror existencial de la guerra nuclear, el esclavismo a manos de los extranjeros, y la pérdida del control del cuerpo. Diana Palsh Pasulka, profesora de filosofía y religión en la Universidad de North Carolina, y autora de American Cosmic: UFOs, Religion, Technology, dijo a NBC News que generalmente el entretenimiento relacionado con los ovnis se divide en dos categorías: extraterrestres: en donde “el evento del ovinis daña a los humanos “ como en Día de la independencia y Cloverfield; o en donde se trata un encuentro benévolo que amplía horizontes, como Encuentros cercanos del tercer tipo o ET: el extraterrestre de Steven Spielberg. Por alguna razón hay cursos universitarios sobre los extraterrestres en la cultura popular: la fascinación con lo desconocido fantástico se ha diversificado durante décadas en numerosos subgéneros y explorado varios temas, incluyendo la invasión extraterrestre como en Oblivion Al filo del mañana; transferencia de cuerpos y control de la mente en Hombres de negro y El ente; parábolas de xenofobia humana, como Avatar y Distrito 9; sagas espaciales no humanas como La guerra de las galaxias y Viaje a las estrellas y cooperación entre humanos y extraterrestres como en las películas de Marvel.

Sigue el hilo: ‘Va a ser una gran sorpresa’: los expertos en ovnis esperan el informe del Pentágono

Las películas de extraterrestres sacan todo de nuestros mundos emocionales y de nuestros eventos culturales interiorizados. El creador de los Expedientes secretos, Chris Carter ha dicho que su exitoso programa de culto, que se transmitió de 1993 a 2002 y que presenta el encubrimiento que el gobierno hace de la intromisión extraterrestre, refleja la desconfianza hacia el gobierno que queda después del Watergate. Cloverfield de Matt Reeves, en la que algo oscuro y peligroso ataca Nueva York, canaliza el terror del 9/11 por medio de un alien desconocido. En La llegada de Denis Villeneuve, con Amy Adamos como una lingüista llena de angustia, se trata la atractiva cuestión de cómo vamos a encontrar la comunicación con una presencia extraterrestre. El gran éxito de Netflix, Stranger Things, está dividido en la nostalgia generacional de la ciencia ficción de extraterrestres de los 80 y los monstruos de extradimensionales que acechan una ciudad pequeña como Hawings, Indiana, un círculo cerrado de la fijación de la cultura pop con lo extraterrestre.

Resulta atractivo querer una respuesta concreta de si existen los aliens, una confirmación que francamente sería demasiado cinematográfica como para creerla y que seguramente no vamos a obtener por parte del gobierno a menos de que se diera una situación tipo Día de la independencia. Pero es poco probable que sea satisfactoria, o que acabe con la fascinación de la cultura pop con lo extraterrestre. Las historias de ovnis pueden ser aterradoras, tontas, exageradas, insidiosas. También son divertidas y una forma legible para explorar los poderes y las ideas más allá de la percepción humana por medio de una estructura familiar y partes de historias creadas por el hombre. Por alguna razón muchas películas de extraterrestres se esperan al final para presentar a sus criaturas. Existe la esperanza de los finales abiertos, del espacio en lo indefinido, del momentum para buscar respuestas. ¿Qué va a pasar cuando las tengamos? Y si la especulación sobre lo extraterrestre, en películas o en la vida real, nos permite canalizar emociones abismales mediante la imaginación de lo desconocido? ¿Las queremos?

The Guardian
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