Khalida Popal: ‘El equipo femenino de futbol de Afganistán se creó para luchar contra la ideología talibán’
Quemen sus kits y eliminen sus fotos, dice la excapitana del equipo femenino de futbol  de Afganistán.

“Mi poder es mi voz, pero los gobiernos internacionales tienen el verdadero poder“, dice Khalida Popal, excapitana del equipo femenino de futbol de Afganistán. Tras la toma del poder por parte de los talibanes el pasado domingo, Popal y sus excompañeras internacionales y cuerpo técnico le han pedido a la comunidad deportiva que se una a ellos para “ser la voz de las mujeres sin voz de Afganistán”.

Quieren garantizar “protección y apoyo” para las atletas que se encuentran en gran riesgo por desafiar la interpretación de la sharia de los talibanes con solo pisar el campo de juego y usar sus voces para abogar por los derechos de las mujeres para practicar deporte. Popal vive en Dinamarca después de que se vio obligada a huir de su país natal en 2011 temiendo por su vida debido a su papel en la creación de la selección nacional. Desempeñó un papel fundamental en la denuncia de 2018 sobre los abusos que sufrieron las jugadoras de la selección femenina a manos de Keramuudin Karim, el entonces presidente de la federación de futbol de Afganistán, la cual obligó a la FIFA a realizar una investigación y posteriormente inhabilitarlo de ejercer el cargo.

Ahora, después de años de elevar las voces y los perfiles de las futbolistas de Afganistán, Popal les está aconsejando que quemen sus camisetas del equipo nacional y que eliminen de las redes sociales todas las imágenes y referencias que las relacionen con el futbol, para tratar de evitar repercusiones de su activismo a través del deporte.

Popal comenta: “Durante tanto tiempo he luchado para dar visibilidad a las mujeres de Afganistán y para alentar a las mujeres de Afganistán a usar sus voces. Ahora les estoy pidiendo que silencien esa voz, que no hablen, que no conozcan gente, que derriben todo, que eliminen sus identidades. Eso es muy doloroso”.

“Es muy doloroso para mí usar estas palabras, decirles que la camiseta que se han ganado, su identidad nacional, tiene que desaparecer, recuerdo el día en que usamos por primera vez la camiseta nacional. No puedo describirlo, tal vez fue un sentimiento más grande de lo que sería ganar una Copa Mundial para muchos otros países. Poder vestir y ganar esta camiseta de la selección nacional del país después de tanto tiempo y de una lucha tan larga fue el momento más hermoso de mi vida. Estábamos felices y orgullosas. Nos sentimos como ganadoras. ¿Y ahora tengo que decirles a las chicas que quemen sus camisetas y eliminen sus fotos?”.

La exentrenadora en jefe del equipo nacional femenino de futbol, la exjugadora internacional estadounidense Kelly Lindsey, secunda a Popal al pedirle al mundo que ayude a estas mujeres y niñas: “La comunidad deportiva internacional les ha pedido que defiendan sus derechos. Les hemos dicho que es lo correcto. Tenemos la responsabilidad como deportistas de asegurarnos que estén a salvo ahora. Son una parte importante del viaje para la igualdad de todas las mujeres en todo el mundo: si pueden hacerlo en Afganistán, pueden hacerlo en cualquier lugar. Los organismos gubernamentales del deporte, boxeo, taekwondo, futbol, todos ellos, tienen que asumir su responsabilidad”.

¿Y quién soy yo para decir que mis jugadoras son más importantes que esta periodista o esta activista? Evacúenlas a todas“.

Las afirmaciones de que los talibanes han relajado su enfoque son muy preocupantes para Popal, a quien le quitaron su derecho a la educación en la década de 1990, vio cómo le quitaron el derecho a trabajar a su madre y cómo golpearon a su padre por trabajar con el gobierno.

Es traumatizante para mi generación ver que la historia se repite“, dice. “Esta vez viene con una venganza añadida. Dicen que siguen la ley sharia, pero en su régimen anterior experimentamos qué tipo de democracia quieren para las mujeres”.

De forma similar, Human Rights Watch ha pedido cautela y ha dicho que los talibanes deben ser juzgados “por su historial, no por sus comentarios actuales de que permitirán que las mujeres trabajen y participen en la sociedad”.

Minky Worden, directora de iniciativas globales de la organización, que trabaja en documentar toda la extensión de los abusos y la protección para todos los civiles, advirtió que las atletas y sus familias, así como también sus instructoras, árbitros, médicas de equipo, funcionarias de la federación y entrenadoras están “en especial riesgo de persecución o represalias por parte de los talibanes precisamente porque se les alentó no ser solo atletas, sino también íconos de alto perfil y modelos a seguir para los derechos de las mujeres y la igualdad de género“.

“La comunidad internacional y las federaciones deportivas han instado a las atletas a utilizar sus plataformas como atletas de alto nivel de Afganistán para promover los derechos de las mujeres, pero ahora están más expuestas y podrían estar en peligro a causa de ese perfil“.

“Las atletas afganas también han destacado por ganar becas y hacer entrevistas nacionales sobre temas como la salud y la educación para las niñas, algo que ahora probablemente quede prohibido”.

Worden insta a la FIFA y al Comité Olímpico Internacional a ejercer su “enorme poder sutil” para ayudar a proteger a las mujeres: “Es probable que, en algún momento, los talibanes buscaran participar en el deporte internacional de alguna manera, ya sea en el futbol o en los Juegos Olímpicos, y eso podría servir como un punto de presión para proteger a las mujeres ahora y en el futuro”.

Un vocero de la FIFA calificó la situación a la que se enfrentan las futbolistas en Afganistán como “muy preocupante” y señaló que le prestaba atención minuciosa y que ofrecería apoyo en la medida de lo posible: “Es evidente que la situación en tierra se está desarrollando muy rápido. En este sentido, estamos en contacto con la Federación de Futbol de Afganistán y otras partes interesadas, y continuaremos monitoreando la situación local y ofreciendo nuestro apoyo siempre que sea posible en las próximas semanas y meses“.

Lindsey teme que los gobiernos internacionales y los organismos deportivos no se den cuenta de hasta qué punto las mujeres que practican deporte representan una forma de acción y protesta.

“Simplemente jugar y participar en los deportes es una violación a la ley sharia”, señala. “Incluso si es solo una vez. Si la ley es estricta, eso significa la muerte por ejecución. Cada vez que nuestras jugadoras salían al campo se contaban historias de ser escupidas y apedreadas, o de comentarios horribles. Llevan 20 años viviendo esto. Si eso era aceptable en una supuesta democracia, ¿cómo va a ser ahora?”.

Popal añade: “El equipo nacional femenino de futbol de Afganistán se creó para luchar contra los talibanes y contra la ideología talibán, contra las personas que robaron el derecho a la educación y el derecho a la participación social de las mujeres y que mantuvieron a las mujeres en silencio, en casas oscuras, sin poder salir, encarceladas. La creación del equipo, del cual fui una de las fundadoras, fue una forma de activismo para nosotras, una manera de defendernos y de mandar el mensaje a los talibanes de que las mujeres de Afganistán están unidas.