Los derechos de las mujeres en Afganistán
En contraste

Es Senadora de la República, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos; recientemente nombrada Vicecoordinadora del Grupo Parlamentario de Acción Nacional, es la primer mujer en ocupar ese cargo. Twitter: @kenialopezr

Los derechos de las mujeres en Afganistán
Foto: Wakil Kohsar / AFP

Como es sabido, la ciudad capital de Afganistán, Kabul, fue tomada este fin de semana por grupos talibanes ante la retirada del ejército estadounidense, con presencia en ese país desde el 2001. 

El mundo ha visto con azoro las imágenes de caos y desesperación en Kabul, así como de las aeronaves despegando del aeropuerto donde miles de personas se aglomeraron tratando de huir del país. De acuerdo con medios internacionales, son decenas de miles de personas –hombres, mujeres y niños, miembros de minorías religiosas, étnicas y sexuales, y otros grupos vulnerables– que han tratado infructuosamente de salir de ese país.

El programa político de este grupo radical, fundado en un extremismo islámico fundamentalista y medieval, les llevó en el pasado a implementar políticas restrictivas contra las mujeres, a las que les privó de sus derechos fundamentales, a las que violentó como ningún otro gobierno en el mundo y contra las que montó una genuina guerra cultural de implicaciones catastróficas para una sociedad que normalizó la misoginia, el maltrato y el abuso sistemático contra ellas e, incluso, el feminicidio. 

Desde la llegada de los grupos talibanes, las mujeres afganas han expresado su temor por perder los derechos sociales y económicos que les fueron reconocidos en los últimos 20 años. Diversos medios de comunicación han informado que la presencia de las mujeres en los canales de televisión, las calles y las escuelas de Afganistán ha disminuido.

Es preciso mencionar que los talibanes consideran a las mujeres como objetos, por lo que no tienen acceso ni participación en la esfera pública. Dentro de sus tradiciones, las mujeres no tienen derecho a la educación o al trabajo. No pueden decidir con quién contraer matrimonio y, en algunas ocasiones, son víctimas de matrimonios forzados. Tampoco pueden mostrar partes de su cuerpo o vestir con colores llamativos. Han sido mutiladas por usar maquillaje y azotadas en público por desobedecer estas restricciones, así como lapidadas ante la sospecha de haber cometido adulterio.

Si bien en una rueda de prensa los líderes talibanes han asegurado que habrá una amnistía general y permitirán que las mujeres trabajen, desde el domingo pasado se han implementado una serie de acciones restrictivas en contra de ellas, por ejemplo, no se les ha permitido el acceso a universidades y centros de trabajo.

En ese sentido, es necesario que los gobiernos del mundo exijan la protección necesaria y eventualmente las garantías para una evacuación de todos aquellos que tienen razones fundadas para pensar que serán perseguidos y que su vida, su integridad, sus derechos y libertades esenciales se encuentran en peligro, especialmente aquellas mujeres que están siendo vulneradas en sus derechos fundamentales.

En el caso de nuestro país, el Poder Ejecutivo y la Secretaría de Relaciones Exteriores deben ofrecer –con apego a nuestra tradición diplomática en la materia y a partir de los cambios políticos recientes en Afganistán– asilo y refugio en México a los nacionales afganos quienes, por su condición étnica o religiosa, sus convicciones políticas o preferencias sexuales, por su género o por su pertenencia a cualquier grupo vulnerable o perseguido, entre otras circunstancias, requieran de esta protección a fin de salvar su vida y su integridad.