‘Tal vez el tipo es masoquista’: así se convirtió Anthony Fauci en una superestrella
'No he conocido a nadie con más humildad en toda mi vida'… Anthony Fauci en el Instituto Nacional de Salud de Bethesda, Maryland. Foto: Visko Hatfield/National Geographic para Disney+

Cerveza y muñecos cabezones. Velas, libros para colorear, cupcakes y cojines. Muñecas, donas, sudaderas, tazas y calcetines. Camisetas y carteles en el jardín que proclaman: “El Dr. Fauci es mi héroe” y “Confiamos en Fauci“.

Anthony Fauci, científico, médico y funcionario público de 80 años, se ha convertido en un insólito héroe de culto para millones de personas durante la pandemia de Covid-19.

Este fenómeno dice mucho de su devoción por salvar vidas, así como de su disposición a escuchar y de su papel como franco revelador de la verdad. Pero también revela mucho sobre Estados Unidos, un país polarizado donde los cubrebocas y las vacunas se han convertido en algo tan controvertido como el aborto y el derecho a las armas, y donde la propia ciencia está bajo asedio.

El centro de la popularidad de Tony es que la gente intuye que se trata de un hombre que dice la verdad y que no dejará que nada se interponga en el camino”, señala John Hoffman, codirector del nuevo documental, Fauci. “Tony es la señal en medio del ruido. La gente es capaz de percibir que hay mucho ruido y sus oídos intentan encontrar la señal y Tony es la señal”.

Héroe de culto… un cartel en un jardín en Rockport, Massachusetts. Foto: Brian Snyder/Reuters/Alamy

El documental comienza con una pantalla dividida: el Fauci de hoy y el Fauci de hace cuatro décadas recorriendo el mismo camino hacia su oficina. Es el retrato de un hombre cuya carrera ha abarcado a siete presidentes de Estados Unidos y ha estado marcada por las dos grandes pandemias del último siglo: el VIH/SIDA y el Covid-19.

En ambos casos, se convirtió en un pararrayos de la emoción pública: venerado como un héroe por algunos, injuriado como un villano por otros. Janet Tobias, la otra directora del documental, comenta que Fauci tiene un “carisma arraigado“: “Se forjó en la pandemia del SIDA y fue puesto a prueba en la pandemia del Covid-19”.

Fauci trabajó en la farmacia de sus padres mientras crecía en Brooklyn, Nueva York. Fue una infancia sin pretensiones, en la que no se dejaba intimidar, cuenta en el documental, “o, como solíamos decir, no aceptabas estupideces de nadie”.

Se dedicó a la medicina clínica durante sus prácticas y residencia en el New York Hospital-Cornell Medical Center, y después llegó al Instituto Nacional de Salud (NIH) en Bethesda, Maryland, como becario clínico en 1968.

En 1981, Fauci enfocó su investigación en los primeros reportes científicos de una misteriosa enfermedad que en un principio afectó a personas homosexuales, consumidores de drogas por vía intravenosa y personas con hemofilia. Llegaría a conocerse como SIDA.

En una de las seis entrevistas que concedió a los realizadores, se ve que Fauci retiene las lágrimas al recordar a un paciente con SIDA que perdió la vista. Cuando se le pregunta por qué todavía le afecta, hace una pausa, aprieta la mandíbula y contesta: “Síndrome de estrés postraumático. Eso es lo que es”.

En 1984 se convirtió en el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, en inglés), cargo que todavía ocupa. Un adicto al trabajo confeso, que tuvo poco tiempo para el romance.

Pero un día, cuenta el documental, estaba atendiendo a un brasileño que no sabía hablar inglés. Christine Grady, una enfermera que pasó dos años en Brasil y hablaba portugués, fue llamada para actuar como intérprete. Fauci le pidió que le dijera al paciente que sus úlceras no estaban completamente curadas, por lo que, si le daban el alta, tendría que mantener las piernas elevadas y cambiar los apósitos con frecuencia.

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Pero el paciente, que había pasado meses en el hospital, dijo que “de ninguna manera” y juró ir a la playa todos los días e ir a bailar en las noches. “Tragué saliva y pensé: ¿qué diablos haré ahora?”, cuenta Grady. Decidió asegurarle a Fauci que el paciente haría exactamente lo él que decía.

“Un día después, vi al Dr. Fauci en el pasillo. Me dijo: ‘Me gustaría verte en mi despacho’, y yo estaba segura de que me habían descubierto y que me iban a regañar o despedir”. En realidad, la invitó a cenar.

La pareja se casó en 1985 y tiene tres hijas. El documental ofrece una visión poco común del impacto que tuvo en su familia su horario de trabajo de 12 horas al día, seis días a la semana. “No diría que descuidé la crianza de las niñas, pero no sacrifiqué los aspectos profesionales tanto como tal vez debí hacerlo“, comenta. “No fui a todos los partidos de futbol, a todos los encuentros de atletismo, a todos los encuentros de natación. Chris lo hizo todo”.

Sin embargo, los Faucis tenían la regla de cenar siempre juntos en familia, sin importar lo tarde que fuera la noche. Su hija mayor, Jenny, recuerda con humor que llegaba a casa solo para ponerse a bailar con su madre, mientras los niños estaban desesperados por comer.

A algunos espectadores que prenden velas o comen cupcakes de Fauci les sorprenderá saber que, a finales de los 80 y principios de los 90, los activistas del VIH/SIDA lo condenaron como “asesino” por avanzar con demasiada lentitud en la búsqueda de tratamientos. Se ve a manifestantes afuera del Instituto Nacional de Salud con carteles que dicen: “Dr. Fauci, nos está matando“. Algunos lo quemaron simbólicamente o llevaron una imitación de su cabeza en un palo.

Peter Staley, activista del VIH/SIDA desde que lo diagnosticaron en 1985 y participante en el documental, recuerda en una entrevista telefónica: “Era el jefe de facto de la investigación sobre el SIDA para el gobierno de Estados Unidos y estábamos muy insatisfechos con la forma en que se desarrollaban los avances de la investigación. Creíamos que el grupo de ensayos clínicos sobre el SIDA que Tony creó en el NIAID tenía grandes problemas y no hallaba los medicamentos que necesitábamos para prolongar nuestras vidas, por lo que tuvimos grandes problemas con la forma en que dirigió la investigación ahí“.

Fauci prestó atención al enfado y se preguntó qué estaba omitiendo. En octubre de 1989 se adentró en la guarida de los leones en una reunión con el mayor grupo activista, Act Up, y escuchó las preocupaciones de sus miembros.
Steven Wakefield, activista por los derechos humanos y el VIH/SIDA, lo recuerda por teléfono: “Reveló quién era. La mayoría de los individuos, cuando se les echa en cara y se les dice: ‘Estás equivocado, eres un asesino, eres la peor persona del planeta’, se alejan. Lo que dijo fue: ‘Eso no es lo que soy. Voy a entrar a un lugar y decirles quién soy realmente y escuchar por qué han llegado a creer que puedo ser un monstruo’“.

Fue una muestra de humildad que cambió la forma de realizar los ensayos clínicos, reconoció los límites del establecimiento científico e incorporó a diversas poblaciones en el proceso. Esta lección de participación comunitaria se aplicó en los ensayos clínicos para el Covid-19, asegurando la inclusión de afroamericanos, latinos y otros grupos.

Fauci se ganó el respeto y la amistad de los activistas del SIDA, como Staley, que sigue siendo su asesor en la pandemia del Covid-19 y comenta: “Casi creo que nuestra amistad tiene un fuerte componente de sadomasoquismo. Me encanta el tipo, pero la mitad del tiempo me siento muy frustrado con él y casi furioso a veces, incluidos los dos últimos años durante el Covid-19”.

“Soy un activista, por lo que le digo en términos muy francos casi semanalmente cuáles son mis frustraciones y no parece que eso debilite la amistad; en todo caso, la refuerza. Eso demuestra un carácter que muy pocas personas tienen. Me parece extraordinario y lo llamo sadomasoquismo porque quizás el tipo es masoquista. No lo sé. Le doy golpizas de forma bastante constante”.

El Covid-19 resultó ser, en palabras de Fauci, una “repetición diabólica” de la crisis derivada del SIDA. Esta vez tuvo la mala suerte de trabajar en un grupo de trabajo de la Casa Blanca bajo el mando de Donald Trump, que dudó sobre el uso de los cubrebocas, promovió remedios no científicos y minimizó el peligro, insistiendo en que el virus desaparecería “como un milagro”.

Como siempre, Fauci se muestra prudente frente a las cámaras, dejando en claro que no estuvo de acuerdo con el presidente, pero absteniéndose de utilizar un lenguaje frívolo. Pero, ¿qué le pareció a Staley esas reuniones informativas televisadas que le causaron escalofríos? ¿Temía que su amigo se estuviera muriendo por dentro?

Verlo tener que respaldar una verdadera locura fue algo incómodo. Esas fueron las conversaciones en las que comencé a enojarme y empecé a presionarlo para que renunciara al grupo de trabajo, diciéndole: ‘No puedes seguir respaldándolo cuando dice “virus de China”‘.

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‘Creo que ha demostrado que es un tipo con mucha clase’… Brad Pitt como Fauci en Saturday Night Live.

“Afortunadamente, después de que Trump hizo lo del cloro (sugiriendo que se podía inyectar desinfectante como remedio para el Covid-19), no hubo más casos en los que Tony tuvo que respaldar a Trump, así que ese problema desapareció. Pero, sí, fue doloroso. La gran noticia es que el 20 de enero de este año, Trump se fue y Tony siguió en su puesto“.

De repente, en el crepúsculo de su larga e ilustre carrera, Fauci se encontró con el protagonismo: un baluarte de la verdad frente a la falsedad de Trump y los torrentes de desinformación en internet. Se convirtió en un personaje ubicuo en la televisión, en las portadas de las revistas y en los productos comerciales. Miles de personas firmaron una petición para convertirlo en el “hombre vivo más sexy” de la revista People y fue interpretado por Brad Pitt en el programa de humor nocturno Saturday Night Live.

El sketch fue una perfecta ilustración de la naturaleza circular de la fama y de cómo Fauci se encuentra en el centro de la misma. Cuando los entrevistadores de televisión le preguntaron de forma amena qué actor podría interpretarlo mejor en una película, él bromeó diciendo que debería ser Pitt. El programa SNL lo cumplió, con Pitt sentado detrás de un escritorio de un médico con una peluca gris, los lentes de Fauci y una corbata de Fauci. Imitando la voz de Fauci, Pitt presentó clips de Trump diciendo: “Esta noche me gustaría explicar lo que el presidente quiso decir, y recuerden, ¡mantengamos todos la mente abierta!”.

Pitt obtuvo una nominación al Emmy y el sketch fue visto más de 14 millones de veces en YouTube. El propio Fauci comentó: “Creo que demostró que es un tipo con mucha clase cuando, al final, se quitó el pelo y me dio las gracias a mí y a todo el personal de salud”.

‘Es divertida, es interesante, pero no te la puedes tomar en serio’… Fauci sobre su fama. Foto: Visko Hatfield/National Geographic para Disney+

Quizás era inevitable que, después de que el entretenimiento y la política se volvieron indistinguibles el uno del otro (el presentador de The Apprentice fue elegido presidente), ocurriera lo mismo con los científicos atrapados en la órbita de los políticos.

Uno de los rivales satíricos de Fauci es Larry David, que interpreta una versión malhumorada de sí mismo en la serie de comedia de improvisación Curb Your Enthusiasm. Ambos son habitantes de Brooklyn de la misma generación, con voz grave y sin aires de grandeza. Fauci comenta en el documental: “Yo era un niño de Brooklyn, y Brooklyn para Manhattan es lo que el estado de Nueva York para Roma”.

Cuando Fauci tuvo que tratar con Trump, se enfrentó a innumerables situaciones socialmente incómodas que recuerdan a las que le ocurren al personaje de David en la televisión. En una sesión informativa de la Casa Blanca, el presidente intentó hacer una broma llamando al departamento de Estado “el departamento del Estado profundo”. Un youtuber enfocó la reacción de Fauci, mirada desesperada hacia abajo, mano en la frente, y añadió la canción de Curb Your Enthusiasm.

No se podía acusar a Fauci de eludir su moneda cultural. En abril del año pasado, realizó una videollamada privada con más de 30 famosos, entre ellos Orlando Bloom, Kim Kardashian West, Mila Kunis, Ashton Kutcher, Gwyneth Paltrow, Katy Perry y 2 Chainz.

La llamada, de una hora de duración, al parecer fue idea de Kardashian West y permitió que los participantes preguntaran lo que quisieran sobre el Covid-19. Fauci comentó a CNN que lo hizo porque los famosos tenían “megáfonos” y “podían hacer correr la voz sobre mantenerse a salvo” a sus numerosos seguidores en las redes sociales.

Para sus críticos, es otro ejemplo del extravagante viaje del ego de Fauci. Para sus admiradores, es una prueba de su astucia como comunicador. Wakefield comenta: “Este documental demuestra que es alguien que ha cumplido con su trabajo, que es íntegro en lo que dice y que no busca la fama. No he conocido a nadie con más humildad en toda mi vida“.

En el documental, el propio Fauci dice sobre la fama: “Es divertida, es interesante, pero no te la puedes tomar en serio, porque entonces comenzarás a pensar que eres algo que no eres. Sin embargo, dentro de ella se encuentran cosas divertidas”.

¿Qué explica su repentino ascenso al estatus de tesoro nacional y a estrella del corazón? “La gente buscaba a alguien en quien confiar, que fuera su guía“, sugiere Tobias. “Él representaba eso, porque se comunicaba a diario sobre Covid-19.

“A menudo pensaba, estando cerca de él, que había aspectos de Estados Unidos que eran como estar en un gigantesco foro romano digital. Existía una situación en la que había gente que animaba a la multitud a tirar rosas y luego animaba a la multitud a tirar basura. A Tony le tocó ser la persona que entró en el foro romano y tuvo que lidiar con todo eso en una era digital, donde está tan amplificado y adquiere características que no podrías haber imaginado en Roma”.

Adicto al trabajo… Fauci en el Instituto Nacional de Salud. Foto: Visko Hatfield/National Geographic para Disney+

La inesperada fama de Fauci viene acompañada de un lado oscuro en un país en el que más de 80 millones de personas siguen sin vacunarse y se producen furiosos enfrentamientos por la imposición del uso de cubrebocas en las escuelas, incluso cuando la variante Delta arrasa en Estados Unidos y mata a mil 500 personas al día.

Fauci personifica este Estados Unidos dividido e hiperpolitizado, uniéndose a Barack Obama y Hillary Clinton como fantasma de la derecha anticientífica y teórica de la conspiración. Comenta Bill Gates: “Este fenómeno, el simple hecho de decir la verdad, lo ha convertido en un enemigo y en una estrella de rock al mismo tiempo“.

Trump con frecuencia lo ataca y está especialmente obsesionado con burlarse del pobre primer lanzamiento ceremonial de Fauci en un partido de béisbol. Las multitudes en los mítines del expresidente responden al nombre de Fauci con demandas llenas de bilis de: “¡Enciérrenlo!” El senador republicano Rand Paul envió una denuncia penal contra Fauci al departamento de justicia. La congresista republicana Marjorie Taylor Greene propusó la “Ley de despido de Fauci“.

El médico recibió un dispositivo de seguridad después de recibir amenazas de muerte. En el documental, se le ve hablando por teléfono en el verano de 2020 quejándose con Staley: “Esta maldita gente de la dark web se está volviendo realmente mala; están acosando de verdad a Chris. Uno de ellos llamó hoy ocho veces por teléfono celular para hacer amenazas violentas… Están acosando a mis hijas constantemente, y eso es lo que más me molesta“.

Staley fue uno de los que esperó que lo peor hubiera pasado con el término de la presidencia de Trump. Pero dice por teléfono: “Se volvió el doble de malo desde el año pasado. Ahora, Fox News (parece haberlo) convertido en el enemigo número 1 y la situación se está volviendo absolutamente desquiciada. Las amenazas de muerte son implacables. Hace un par de meses detuvieron a un tipo que envió correos electrónicos terriblemente amenazadores y que no estaba muy lejos. Creo que ahora le pesa”.

Pero Fauci es fuerte desde sus días de infancia en Brooklyn y aquellos inquietantes años como enemigo público de los activistas del VIH/SIDA. Cuando alguien lo ataca, su instinto no es el de contraatacar de forma inmediata. Como comenta en el documental: “Tomando El Padrino como el gran libro de la filosofía, no es nada personal. Es estrictamente un negocio“.

Fauci se estrenó en Estados Unidos el 10 de septiembre y en Reino Unido el 17 de septiembre.