Cómo se extendió la locura por la ivermectina por todo el mundo
Durante el último año, la popularidad de la ivermectina ha provocado presiones sobre los proveedores ganaderos, un auge del tráfico ilegal y una desinformación desenfrenada. Ilustración: Rita Liu/The Guardian

Cuando los casos de Covid-19 en Perú aumentaron rápidamente durante los primeros meses de la pandemia, creció el interés de la población por el medicamento ivermectina.

Los médicos explicaron a The Guardian que la información engañosa que sugería que el medicamento, utilizado para tratar los parásitos en los seres humanos y el ganado, había demostrado su eficacia contra el coronavirus llegó a muchos peruanos a través de internet.

Con las vacunas aún en desarrollo, los médicos desesperados pronto comenzaron a recetar ivermectina a los pacientes y, a pesar de la falta de pruebas de la efectividad del medicamento en el tratamiento del Covid-19, el gobierno de Perú lo incluyó en las guías de tratamiento a principios de mayo de 2020. Se produjo un frenesí.

Nos quedamos sin ivermectina en todas las farmacias“, recordó la doctora Patricia García, exministra de Salud del país. “Después, surgió un mercado negro, y fue entonces cuando las cosas empeoraron aún más porque comenzó el uso veterinario de la ivermectina”.

Al igual que otros países de América Latina, Perú experimentó en 2020 una grave emergencia por el Covid-19 que saturó su sistema de atención médica, que no contaba con fondos suficientes. Muchos residentes recurrieron a la automedicación con ivermectina, explicó García. Los políticos locales y los conductores de televisión recomendaron al pueblo que tomaran el medicamento. Algunos peruanos comenzaron a tomar ivermectina formulada para el ganado y administrada a través de inyecciones, y las imágenes de personas con tejido necrótico en la piel debido a las inyecciones llegaron a la oficina de García. Los grupos evangélicos promovieron la ivermectina como un equivalente a una vacuna, enviando voluntarios encargados de inyectar a miles de personas en las comunidades indígenas mientras se referían al medicamento como una “salvación”.

La experiencia de Perú con la ivermectina fue un primer indicador de lo que estaba por suceder. En el último año, el revuelo internacional en torno a esta medicina ha provocado presiones sobre los proveedores ganaderos, un auge del tráfico ilegal y una desinformación desenfrenada en varios países.

Todavía se están realizando ensayos clínicos para determinar si la ivermectina tiene algún beneficio contra el Covid-19. Pero mientras tanto, las autoridades de salud estadounidenses e internacionales han alertado contra su uso para el virus y han recalcado que las vacunas son un medio seguro y efectivo para prevenir la enfermedad. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) han emitido avisos advirtiendo sobre el uso de la ivermectina como tratamiento o prevención del Covid-19. Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) declararon en febrero que no existían suficientes pruebas “ni a favor ni en contra” de recomendar el medicamento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconsejó igualmente en marzo que el medicamento solo debía utilizarse en ensayos clínicos, al igual que la Agencia Europea de Medicamentos (EMA).

Sin embargo, surgió una red mundial de especuladores, grupos de defensa y comunidades en línea en torno a él. Los defensores de la ivermectina en varios países han promovido el medicamento como una solución a la pandemia, provocando que los funcionarios de salud pública se esfuercen por corregir la situación.

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El auge de la ivermectina

La ivermectina se creó en la década de 1970 para tratar los parásitos del ganado, pero el medicamento cobró nueva vida en las últimas décadas como un antiparasitario económico y efectivo cuando se formuló para los humanos. Cuando los investigadores y los médicos, al principio de la pandemia, estudiaron la posibilidad de readaptar una gran cantidad de fármacos existentes para ver qué podía ser efectivo contra el Covid-19, algunos dirigieron su atención a la ivermectina.

Un estudio de marzo de 2020, revisado por pares, que incluyó pruebas de laboratorio in vitro en cultivos celulares en Australia, mostró resultados prometedores contra el virus en los cultivos, desencadenando una ola de interés entre los investigadores y los médicos que buscaban cualquier cosa para frenar la pandemia. Un mes más tarde, un estudio no revisado por pares y publicado en internet señaló que el medicamento también reducía la mortalidad en humanos.

El problema, según los expertos médicos, es que los estudios presentaban graves errores o carecían de pruebas de que el medicamento pudiera funcionar en humanos. Los médicos que evaluaron el estudio australiano lo criticaron por utilizar concentraciones extremadamente elevadas del medicamento que probablemente no pueden obtenerse en el plasma sanguíneo humano, señalando que incluso el uso de una dosis 8.5 veces superior a la aprobada por la FDA para su uso en humanos produjo una concentración sanguínea muy inferior al nivel que mostraba los efectos antivirales. Los expertos también señalaron que los resultados del estudio se limitaron a un entorno de laboratorio y no a seres humanos, y que el uso de la ivermectina, incluso en dosis regulares, puede producir efectos secundarios significativos

“Si los premios Nobel se concedieran por curar enfermedades potencialmente mortales en una placa de Petri, entonces yo (y prácticamente todos los científicos de investigación trasnacional) tendríamos uno”, dijo el Dr. Jorge Caballero, cofundador de Coders against Covid, una organización que analiza los datos sobre Covid-19.

El segundo estudio suscitó aún más preocupaciones, ya que los investigadores descubrieron que se basaba en datos defectuosos de una empresa de análisis médicos, ahora desacreditada, llamada Surgisphere. El descubrimiento de Surgisphere propició que destacadas revistas científicas se retractaran de varios estudios basados en esos datos, así como que se retractaran de la preimpresión de la ivermectina.

Sin embargo, los estudios hicieron que los gobiernos desesperados en América Latina, donde la ivermectina se encuentra comúnmente como un medicamento de venta libre, añadieran el medicamento en sus guías terapéuticas, incluso cuando algunos expertos médicos se opusieron.

En Perú, el uso de la ivermectina proliferó en la primavera y el verano de 2020. La desinformación desenfrenada sobre los poderes curativos del medicamento se propagó a través de las redes sociales y las plataformas de mensajería en línea, ofreciendo a la gente una falsa sensación de lo que el medicamento podía hacer.

La primera vez que García vio mencionar la ivermectina en relación con el Covid-19 fue en un grupo de WhatsApp en el que alguien compartió un artículo que falsamente aseguraba que la FDA había aprobado el medicamento como tratamiento para el coronavirus.

Información falsa similar sobre tratamientos no probados circuló por las redes sociales y las plataformas de mensajería en todos los países de América Latina. En Bolivia, una cuenta de Facebook publicó un video en el que se afirmaba que la ivermectina podía “salvarte del Covid-19” y que se compartió al menos 285 mil veces.

El gobierno de Bolivia anunció en mayo de 2020 que distribuiría 350 mil dosis de ivermectina, a pesar de que el ministro de Salud del país, Marcelo Navajas, declaró ese mismo mes que la ivermectina era “un producto que no tiene validación científica en el tratamiento del coronavirus”.

También en Brasil, las ventas de ivermectina se dispararon, comentó la doctora Silvia Martins, profesora asociada de epidemiología en la Universidad de Columbia. “Al principio del Covid-19 la gente empezó a buscar una medicina milagrosa”, dijo Martins.

Las redes sociales y las plataformas de mensajería comenzaron a llenarse de falsedades y rumores sobre los tratamientos contra el Covid-19, como la ivermectina, continuó. “Incluso los médicos difunden ese tipo de información errónea, lo que para mí es espantoso”, señaló, y añadió que algunos médicos recetaron el fármaco de forma indiscriminada sin pruebas que apoyaran su eficacia.

La popularidad de la ivermectina en Brasil se vio favorecida por su contrincante presidente, Jair Bolsonaro, que se contagió de Covid-19 en julio de 2020 y se negó a vacunarse contra el virus. Bolsonaro promovió en repetidas ocasiones tratamientos contra el Covid-19 no probados, como la ivermectina, por encima de políticas como el uso de cubrebocas, el distanciamiento social o la vacunación. Brasil gastó millones de dólares en la producción y distribución de “Kits Covid” repletos de cócteles de pastillas que incluían ivermectina como parte de su campaña de salud pública, a pesar de las críticas de los expertos médicos de que no existían pruebas convincentes de que dichos kits fueran efectivos.

En junio de 2020, funcionarios y organizaciones del sector salud de toda América Latina comenzaron a argumentar en contra del uso de la ivermectina en la lucha contra el Covid-19. Ese mes, la Organización Panamericana de la Salud, una rama de la OMS, desaconsejó el uso del medicamento para el Covid-19. La Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil, que regula los productos farmacéuticos, emitió una declaración en julio de 2020 en la que afirmó que no existían pruebas concluyentes de que la ivermectina funcionara contra el coronavirus. El Ministerio de Salud de Perú retiró parte de su recomendación de utilizar ivermectina como tratamiento contra el Covid-19 en octubre de 2020, antes de retirarla por completo este año.

Pero gran parte del daño ya estaba hecho, comentó García. La ivermectina ofreció a la gente una falsa sensación de seguridad contra el virus, lo que dificultó que los funcionarios de salud pública desmintieran posteriormente las afirmaciones no comprobadas sobre el medicamento.

Muchos peruanos siguen confiando en la ivermectina, señaló el Dr. César Ugarte-Gil, epidemiólogo en la Universidad Cayetano Heredia, quien dirigió un ensayo clínico sobre la ivermectina junto con García. “Hace unas semanas, una persona me dijo que acababa de recibir dos dosis de la vacuna, pero que se sentía segura porque había utilizado la dosis ‘correcta’ de ivermectina“, dijo Ugarte-Gil.

La ivermectina se globaliza

Cuando una segunda ola de contagios se produjo el pasado mes de octubre, la desinformación sobre la ivermectina comenzó a extenderse a más y más países. Muchos empezaron a observar ecos de lo sucedido en Perú y otros lugares de América Latina.

Las organizaciones a favor de la ivermectina comenzaron a promover el medicamento en varios países, ganando atención con la ayuda de políticos y prominentes figuras de los medios de comunicación que cuestionaron la seguridad de las vacunas. Los grupos antivacunas y anticonfinamiento también se sumaron, alegando una conspiración mundial para suprimir la información sobre el medicamento.

Las autoridades de salud húngaras informaron que habían recibido informes de veterinarios sobre la demanda de ivermectina el pasado mes de noviembre. El interés de la población y la desinformación en línea fueron lo suficientemente abundantes como para que las autoridades del país emitieran un comunicado ante la preocupación de que los ciudadanos pudieran comenzar a tomar medicamentos formulados para caballos y ovejas. “Pedimos a los veterinarios que hicieran hincapié en el riesgo y recordaran a la gente los peligros de tratarse con medicamentos veterinarios“, señaló la Oficina Nacional de Seguridad de la Cadena Alimentaria de Hungría.

En Australia, el organismo regulador de los medicamentos del país prohibió a los médicos recetar ivermectina para usos “no indicados”, como el tratamiento contra el Covid-19, después de que las recetas se multiplicaran entre tres y cuatro veces. La ivermectina contó con prolíficos y controvertidos promotores en el país, entre ellos Craig Kelly, diputado, que se convirtió en defensor de la ivermectina y otros tratamientos no probados contra el Covid-19. Kelly ha compartido de forma rutinaria mensajes contra el confinamiento y a favor de la ivermectina a sus más de 40 mil seguidores en Telegram. En septiembre, un hombre que decía estar afiliado a un grupo de activistas médicos en contra del confinamiento se centró en una pequeña ciudad, con una población mayoritariamente indígena, para promover la ivermectina, comentando a The Guardian que consideraba la ciudad como una “placa de Petri” para probar el medicamento.

En Estados Unidos, los CDC informaron en agosto que las recetas de ivermectina se habían disparado en los últimos meses, alcanzando aproximadamente 88 mil en una sola semana a mediados de agosto. Seis meses antes, el senador republicano Ron Johnson, conocido defensor de la desinformación sobre las vacunas, mantuvo una audiencia en la que el Dr. Pierre Kory, defensor de la ivermectina, calificó el medicamento como “la solución al Covid-19”. Un video en YouTube del testimonio de Kory se hizo viral y recibió más de un millón de visitas antes de que la plataforma lo eliminara por violar sus políticas sobre la enfermedad. Más tarde, Kory apareció en el podcast de mayor audiencia de Joe Rogan, elogiando la ivermectina ante millones de oyentes. El medicamento se convirtió en un punto de encuentro de la derecha, y los presentadores de Fox News emitieron segmentos en los que sugerían que se estaba ocultando al pueblo.

Las tiendas de suministros ganaderos de Estados Unidos y Canadá han tenido que hacer frente a la escasez de ivermectina veterinaria. La dirección de salud de Islandia indicó a los ciudadanos en agosto que no consumieran una crema tópica que contenía ivermectina, después de que un paciente fuera hospitalizado. Las autoridades de Sudáfrica, Irlanda del Norte y otros países confiscaron millones de dólares en ivermectina traficada ilegalmente destinada para su venta en el mercado negro.

La Asociación Médica de Malasia, el principal órgano de representación de los médicos del país, advirtió en julio contra el uso de la ivermectina fuera de los ensayos clínicos, después de ver informes preocupantes sobre ventas ilícitas y desinformación en línea. “La Asociación Médica de Malasia considera que tiene la responsabilidad ante la población y la profesión de denunciar los peligros éticos y profesionales que implica la difusión de tratamientos no probados sin advertir sobre los peligros físicos”, comentó a The Guardian el Dr. Koh Kar Chai, presidente de la Asociación Médica de Malasia.

‘Veo la misma historia’

En los últimos meses, varios investigadores y análisis descubrieron nuevos problemas relacionados con la mala calidad de los estudios que analizan la ivermectina como tratamiento contra el Covid-19. En julio, una revista médica se retractó de un importante estudio a favor de la ivermectina de noviembre de 2020, después de que los investigadores expresaran su preocupación en relación con el plagio y la manipulación de datos, pero no antes de que se citara ampliamente y se consultara más de 150 mil veces. Los autores de una revisión de 14 estudios existentes sobre la ivermectina descubrieron que las pruebas no respaldaban el uso del medicamento para el Covid-19 fuera de los ensayos aleatorios bien diseñados. Además, se está llevando a cabo un riguroso ensayo clínico en la Universidad de Oxford para evaluar la eficacia del medicamento.

García y Ugarte-Gil señalaron que su investigación sobre la ivermectina en Perú estuvo obstaculizada porque muchos de los posibles participantes en el ensayo ya se habían automedicado. Una posible lección para futuras pandemias, dice Ugarte-Gil, es que el uso de fármacos sin pruebas sólidas que los respalden corre el riesgo de dificultar la evaluación por parte de los investigadores de la conveniencia de administrar dichos medicamentos en primer lugar.

García argumenta que, lejos de ser una “cura milagrosa”, el uso de la ivermectina no ha impedido que países como Brasil y Perú tengan una de las tasas de mortalidad per cápita por Covid-19 más altas del mundo.

En cambio, dice, resulta desconcertante ver cómo otros países se apresuran a adoptar la ivermectina después de la experiencia de Perú. “Veo la misma historia en Estados Unidos“, dice García. “Me parece que es una locura”.