‘Quería controlarme completamente’: las modelos que acusan a Gérald Marie de abuso sexual
Gérald Marie en su oficina de Elite Model Management en París en 1991. Foto: Rex/Shutterstock

En la primavera de 1980, Wendy Walsh y su madre volaron a París desde su casa en un suburbio de Toronto, Canadá. Walsh tenía 17 años y era una estudiante sobresaliente que destacaba en matemáticas. También era una aspirante a modelo cuyo aspecto rubio, de ojos azules y de chica agradable ya había llamado la atención; en un evento local de peluquería, un par de estilistas de un salón parisino se ofrecieron a enviar sus fotos a una importante agencia de modelos, Paris Planning. Se intercambiaron cartas y llamadas telefónicas, e invitaron a Walsh a París.

En las oficinas de la agencia, Walsh y su madre, Ellen, fueron presentadas al carismático jefe de 30 años, Gérald Marie. Marie se ofreció a llevarlas a comer. “Así que fuimos a un pequeño bistró al aire libre en la Place de la Madeleine, a la vuelta de la esquina de la agencia”, cuenta Walsh, hablando por teléfono desde su casa en Los Ángeles. “Fue la primera vez que comí un croque monsieur, y él me explicó lo que era. Ahora me doy cuenta de que es un elegante sándwich de queso a la parrilla. Y recuerdo claramente que adulaba a mi madre, lo que me sorprendió. Ella fue una mujer extremadamente bella en su juventud, pero el lupus le dejó cicatrices en la cara”.

“Se acercó y le acarició la mano, y algo en mi estómago de 17 años sintió: esto es raro”. Más tarde, en su habitación de hotel, Walsh recuerda que su madre dijo: “‘Oh, ese hombre es encantador, cuidará de ti‘. Lo recuerdo con una perspectiva adulta, y creo que esta es la forma en que creaba lazos con las familias. Atraía a las chicas convenciéndolas de que, de alguna manera, él sería ese guardián tan seguro de su hija adolescente“.

Dos meses después, en junio de 1980, Walsh se mudó a París. “Era joven, ingenua y me brillaban los ojos”, dice ahora. “No tenía ni un poco de miedo, porque confiaba en que todos los adultos iban a cuidar de mí y a convertirme en una modelo famosa“.

Wendy Walsh, ahora de 58 años, en su casa en Los Ángeles. Foto: Dylan Coulter/The Guardian

Walsh, que ahora tiene 58 años y es una respetada locutora de radio estadounidense, fue una de las docenas de aspirantes de toda Norteamérica y Europa que viajaron a París en el verano de 1980. En las décadas siguientes, miles de mujeres jóvenes fueron a trabajar con Marie y otras agencias, deseosas de triunfar como modelos. Pero pocas se convirtieron en estrellas, y muchas no recibieron el cuidado que la madre de Walsh hubiera esperado.

A las pocas semanas de su llegada a París, Walsh dice que fue violada por Gérald Marie. Una investigación especial de The Guardian descubrió que es una de las ocho mujeres que alegan haber sido violadas por Marie entre 1980 y 1998. Cuatro de ellas hablan por primera vez.

El mes pasado, la fiscalía francesa anunció que había comenzado una investigación sobre Marie, a raíz de una denuncia penal presentada por cuatro mujeres: tres exmodelos, que han participado en esta investigación, y Lisa Brinkworth, una periodista que dice haber sido agredida sexualmente mientras trabajaba de forma encubierta para la BBC. Marie, que a sus 70 años sigue trabajando en la industria del modelaje, niega las acusaciones. En una declaración al Sunday Times sobre la investigación francesa, señaló: “No sería apropiado que comentara en este momento sobre las acusaciones de delitos anteriores que se han hecho contra mí, aparte de dejar claro que las niego categóricamente“.

Cuando Wendy Walsh llegó a París en 1980, Marie llevaba cinco años en Paris Planning, supuestamente después de un breve paso por la televisión local como bailarín. Hijo de un administrador de un hospital, rápidamente se ganó la reputación de ser uno de los agentes más poderosos y bien conectados de Europa, un hombre que podía crear la carrera de una modelo con el chasquido de un dedo o una llamada a Vogue. En 1986, Paris Planning se fusionó con Elite Model Management, la agencia a la que posteriormente se atribuyó la creación de las supermodelos, y Marie se convirtió en su presidente europeo. Dirigió la agencia junto al fundador de Elite, John Casablancas, que tenía su sede en Nueva York; juntos, ayudaron a despegar las carreras de Naomi Campbell, Cindy Crawford y Helena Christensen, entre otras.

Pero detrás del brillo y el glamour del mundo de la moda de los 90, Marie se había ganado una reputación de predador. Varias exmodelos e informantes de la industria comentaron a The Guardian que su comportamiento abusivo era “un secreto a voces”, y que formaba parte de una cultura de explotación arraigada en el corazón del mundo del modelaje.

En París asignaron a Walsh al departamento de nuevos rostros de Paris Planning, y la enviaron a “visitas” con clientes potenciales. Por las noches, a la joven de 18 años le pedían que fuera a fiestas que podrían ayudar a su carrera. “Eran viejos y ricos playboys en apartamentos muy glamurosos con grandes cuencos de cocaína. Todos borrachos. No se hacía ningún negocio, no había fotógrafos”, dice.

Alrededor de seis semanas después, una agente le dijo a Walsh que Marie quería que se tiñera el cabello de color castaño y la enviaron a una peluquería. Esa tarde, la invitaron a una fiesta en la que estaría presente Marie. “Las únicas veces en que lo había visto había sido en la agencia, manteniendo reuniones”, recuerda Walsh. En la fiesta, en un pequeño departamento, encontró a Marie sentado en una cama. “Me dijo: ‘Ven aquí’, y pasó su mano por mi pelo, y dijo: ‘Esto es bueno, esto es lo que me gusta‘. Y pensé que era mi jefe, diciéndome que ahora iba a tener mucho trabajo”.

Al día siguiente, en las oficinas de la agencia, le dijeron a Walsh que Marie quería reunirse con ella de nuevo, esta vez en su departamento. “Con la sabiduría de un adulto, las reuniones de negocios no tienen lugar en los departamentos a las nueve de la noche”, comenta. “Pero cuando tienes 18 años y crees en todos los adultos que te rodean, simplemente haces lo que te dicen. Así que fui”.

“En París, tienes que presionar el interruptor de la luz al final de la escalera oscura, y después subir. Me paré frente a su puerta, y toqué y toqué hasta que las luces se apagaron después de tres minutos, y estuve dando vueltas buscando el interruptor. Esperé otros tres minutos y luego caminé hacia casa”.

De nuevo en su departamento, sonó el teléfono. Era su agente, diciéndole que Marie había estado ocupado y que debía regresar: él estaba esperando. Para entonces eran las 10 de la noche, y Walsh no tenía dinero para un taxi. “Y así, de nuevo, camino y camino durante 20 minutos por París de noche”.

Wendy Walsh en 1986. Foto: cortesía de Wendy Walsh

Walsh tocó a la puerta de Marie. Esta vez salió una joven modelo, sonriendo y riendo. “Le dio un beso en ambas mejillas y se despidió. Entonces entré y me dijo: ‘Oh, esa chica, es una de nuestras modelos, y tiene muchos problemas con su novio. Siempre vienen a mí por sus problemas con el novio'”.

Marie le sirvió una copa de champán y le ofreció aperitivos. Le dijo a Walsh que había escuchado que ella era católica, y que él también lo era. “Era como si lo que fuera a pasar estaba bien, porque él era una persona de confianza en mi club o tribu”. Entonces, en cuestión de minutos, “su mano estaba debajo de mi camiseta y me decía: ‘Eres la única modelo de la agencia con pechos grandes, me encanta‘. Todo lo que pensaba era: ‘Si hago enojar a este hombre, nunca volveré a tener trabajo‘”.

Walsh intentó poner excusas, diciendo a Marie que no tomaba la píldora, y negociando con él, como “una chica dulce, joven e ingenua que tiene miedo de la gente con poder, que intenta decir que no, pero no sabe cómo”. Alega que le quitó la ropa y la violó analmente. “Me dolió y recuerdo claramente una cosa: Enterré mi cara en la almohada y dije: ‘No‘. Olía al perfume de otra persona”.

Después, cuenta Walsh, Marie tomó un racimo de plátanos de su cocina, le dio uno y le preguntó si su compañera de cuarto era “la otra canadiense” (Walsh compartía vivienda con otra joven modelo de Toronto). Cuando ella dijo que sí, él se rió y le pidió que le diera a la chica un plátano de su parte, recuerda. Llegó a su departamento y le preguntó a su compañera de cuarto si también había tenido sexo con Marie. “Ese era el único lenguaje que tenía para ello en aquel entonces”, narra. Su compañera de cuarto dijo que sí. La siguiente vez que Walsh vio a Marie, estaba en la agencia con un amigo. “Me señalaba y se reía”, dice. “Fue el momento más humillante”.

Walsh cree que parte de la razón por la que Marie pudo abusar de nuevas modelos como ella fue la barrera del idioma. “No conocí a ninguna modelo francesa mientras estuve ahí. Nos eligieron específicamente porque no entendíamos el idioma, estaríamos lejos de casa y no sabíamos qué demonios estaba pasando. Él tenía el control total”.

Poco después de la violación, invitaron a Walsh a acompañar a su agente a un viaje a Montecarlo que parecía glamuroso. Pero una modelo más exitosa ya le había aconsejado que no viajara al sur de Francia, cuando tomó té en el jardín del patio de la veinteañera. La modelo más experimentada le advirtió que aquel era un mundo de hombres ricos y sus barcos, y que las modelos desprevenidas podían acabar siendo explotadas. “Ahí pasan cosas malas”, le dijo.

Jill Dodd nunca recibió la advertencia sobre las “cosas malas” que podían ocurrir en el sur de Francia. Marie invitó a la joven instructora de natación de 19 años a mudarse a París después de conocerla en su ciudad natal, Los Ángeles, en un viaje de búsqueda de talentos. Su agente californiano le dijo que era una gran oportunidad.

Jill Dodd en París en 1980. Foto: Cortesía de Jill Dodd

Al igual que Walsh, Dodd pasó la primavera de 1980 recorriendo el metro de París y asistiendo a las “visitas” organizadas por Paris Planning. Pero al cabo de varias semanas, empezó a acumular deudas con la agencia, que no solo le cobraba los honorarios, sino que también los gastos de un hotel de mala muerte y su vuelo desde California. Después de un largo día de rechazos, Dodd recuerda que lloró en una esquina al anochecer, sintiéndose agotada.

El 23 de abril de 1980, Marie invitó a Dodd, que entonces tenía 20 años, y a su compañera de cuarto a salir a bailar. Se sentía esperanzada: pasar tiempo con su jefe podría ser bueno para su carrera. Había visto cómo Marie enviaba a las chicas que le gustaban “directamente a Vogue sin ni siquiera una entrevista”. En la discoteca, recuerda haber bailado torpemente, observando a su jefe con su chaqueta de cuero negra. Era un bailarín seguro de sí mismo y ella pensó que se veía sexy, una persona diferente al gerente “malhumorado” que había conocido en la oficina. En la madrugada, Dodd y su compañera de cuarto regresaron al departamento de Marie. Cuando su amiga se fue, ella se quedó. Dodd dice que Marie la besó y recuerda que disfrutó de la atención.

“En esa época solo había tenido un novio serio”. Cuando Marie se ofreció a darle un baño de burbujas en su bañera de mármol, ella aceptó, y después se unió a él en su dormitorio para ver una película de John Wayne. Pero “de repente”, cuenta, Marie la violó. “Fue muy rápido”, dice. Ella gritó: “Alto“, pero él no lo hizo.

En los días siguientes, Marie le dijo a Dodd que quería ser su novio, y le garabateó una nota (vista por The Guardian) en la que decía: “Quiero que te comportes cuando esté fuera… ¡no lo olvides! Con cariño, Gérald”. “Era tan inmadura, y aunque fuera una violación, estaba confundida”, dice ahora. “Me dije: ‘¡Oh, sí le gusto! Es tan poderoso‘”.

Poco después, cuenta Dodd, descubrió que Marie había intentado tener relaciones sexuales con su compañera de cuarto; la excompañera, que habló con The Guardian bajo condición de anonimato, lo confirma. Añadió que, meses después, Marie lo intentó de nuevo. Esta vez, alega, la engañó para que se quedara a solas en una habitación con él; ella sintió que la única salida era practicarle sexo oral. “Este hombre tenía el control de tu vida. Así que le haces creer que lo estás disfrutando, y luego te largas“.

Cuando invitaron a Dodd a Montecarlo ese verano, aprovechó la oportunidad para tomarse un descanso de las “visitas”. En su primera noche, acudió a una fiesta en la que su agente de Paris Planning le presentó a Adnan Khashoggi, el multimillonario traficante de armas saudí, del que se decía en aquel momento que era el hombre más rico del mundo. Al día siguiente, dice Dodd, ella y su agente fueron invitados a pasar la noche en el yate de Adnan, y se les ofreció elegir algo de un armario lleno de vestidos de alta costura para la noche. Ese fue el comienzo de una “relación” entre Dodd y Khashoggi: “Fui básicamente una de sus esposas del Harem durante casi dos años“, revela ahora.

Pero era una relación mucho más transaccional de lo que ella creía. “No fue hasta el final de nuestra relación cuando descubrí que había pagado para conocerme“, dice Dodd. “Fui elegida por Adnan de entre un montón de fotos”. Describe que se dio cuenta de ello cuando uno de los asistentes de Khashoggi entró una noche en su habitación de hotel con un portafolio de fotos de mujeres. Dice que el asistente revisó abiertamente las fotografías, preguntándole a quién le gustaría conocer, y discutiendo tarifas de entre 35 mil y 50 mil dólares. Afirma que Khashoggi, quien murió en 2017, admitió más tarde que le había pagado a Paris Planning para que se la presentara. “Todo era una fachada. Me habían manipulado y utilizado”.

Ann Maguire se encontraba en su primera sesión de modelaje, en Roma, cuando fue reclutada por Marie. Maguire, originaria de Virginia, medía 1.70 metros, tenía unos llamativos ojos azules y verdes, pómulos altos y cejas gruesas; con frecuencia la comparaban con Brooke Shields. Acababa de cumplir 18 años y era nueva en el mundo de la moda.

“Yo era la atleta, siempre deportista. Nunca antes me había puesto rímel”, declara. Cuenta que Marie la colmó de cumplidos y la hizo sentir como “un millón de dólares”. La invitó a París y le prometió que le conseguiría trabajo de inmediato. Maguire firmó con Paris Planning, y el 31 de enero de 1980 se mudó a la habitación libre de Marie: es una de las varias exmodelos con las que The Guardian habló que estuvieron alojadas en su departamento. (Aunque Maguire, Walsh y Dodd trabajaron para Paris Planning en 1980, nunca se conocieron ni escucharon las historias de las demás).

Ann Maguire en 1985. Foto: Robert Christian

Maguire, que ahora tiene 60 años, decidió hablar por primera vez de lo que ocurrió después. Al principio, dice, Marie fue encantador. “Ponía buena música y arreglaba buenas comidas, todo ese tipo de cosas… Luego, cuando se convirtió en una amistad, empezó a abusar de eso”. Denuncia que Marie la violó varias veces mientras vivía en su departamento, y que por las noches él ignoraba sus súplicas para que se detuviera y “se metía en la cama conmigo”. Recuerda que él “presumía” de otras modelos con las que mantenía una relación sentimental, besándolas delante de ella, o bromeando con que su cepillo de dientes estaba en su baño. En su libreta de entonces, que aún conserva, garabateó: “Pelea con Gérald” y “¡Demasiado gordo!”.

Eventualmente, Maguire estalló. “Dije: ‘Vete al carajo, voy a conseguir mi propio departamento'”. Pero después de mudarse a un departamento con otras modelos, cuenta que su trabajo se detuvo. Empezó a tocar la guitarra en la calle, y un día regresó a casa y encontró una nota de Paris Planning diciéndole que no podía seguir viviendo ahí. Faltaban todos sus zapatos y su pasaporte, que cree que Marie se los llevó: “Quería controlarme por completo“. Comenzó a dormir en una banca frente al Louvre.

Un agente de la agencia le organizó una estadía con otro hombre que, dice, también abusó sexualmente de ella. Ahora, Maguire desearía haber denunciado las violaciones a la policía, pero no lo consideró en su momento “porque tenía miedo de no volver a trabajar“. Explica: “Pensé que se reirían de mí. ‘Estás viviendo en su casa, ¿qué esperabas?’ Tampoco hablaba lo suficientemente bien el francés como para explicarlo”.

En una de varias llamadas telefónicas conmigo, Maguire llora; asegura que es una época de su vida que preferiría olvidar. Regresó a su hogar en Virginia y no volvió a modelar durante al menos otro año.

Otra ex modelo, EJ Moran, cuenta que cuando tenía 20 años fue violada tan violentamente por Marie que temió por su vida. Ahora, con 61 años y como escritora, todavía le tiene miedo. Una tarde de verano de 1981, cuando cumplía 22 años, la llamó un agente de Paris Planning para decirle que tenía que asistir a una cena con Marie de inmediato. ” Realmente no quería ir”, recuerda. “Pero me sentí obligada (por el agente)”. Dodd y Walsh coinciden en que la misma mujer organizó sus encuentros nocturnos con Marie, y las envió a fiestas a las que no querían ir.

EJ Moran en 1981. Foto: cortesía de EJ Moran

El agente “desapareció bruscamente justo después de la cena”, recuerda Moran, y Marie la convenció de que subiera a su departamento, que estaba al otro lado de la calle, para que le pudiera mostrar los videos promocionales de las modelos más famosas de la agencia. “Los VCR eran una novedad en los años 80”, explica. Moran recuerda que llevaba “unos zapatos de tacón color lavanda, una blusa blanca y un suéter verde bosque”, así como “unos mom jeans”. De repente, dice, Marie la violó. “Antes de darme cuenta, me tiró en la cama. Sacó la palma de su mano abierta y me golpeó la cara contra la cama”.

Después, recuerda Moran, el “elegante y encantador” Marie regresó y le pidió que se quedara a dormir. Ella se excusó diciendo que tenía que cambiarse los lentes de contacto; tenía miedo de que, si no era educada, él la volvería a lastimar. En los días siguientes, recibió una llamada del agente que le dijo que tenía un trabajo bien pagado por catálogo en Bélgica y que tenía que tomar un tren. Moran dice ahora que cree que esto fue “un mensaje”: que si “juegas a este juego y te quedas callada, conseguirás todo este trabajo”. Otras mujeres que declararon a The Guardian que fueron abusadas sexualmente por Marie recuerdan haber recibido ofertas de trabajo lucrativas en los días siguientes.

Diez años después, en 1991, la industria del modelaje alcanzó sus años dorados, y Marie se encontraba firmemente al frente de ella. Las supermodelos Naomi Campbell, Linda Evangelista y Cindy Crawford habían firmado con Elite Model Management, entonces dirigida por Marie junto con el presidente de Elite US, John Casablancas. Elite tenía oficinas en todo el mundo, desde Tokio hasta Londres; supuestamente en ese momento Marie tenía casas en Manhattan, Saint-Tropez, Ibiza y París. También llevaba más de cuatro años casado con Evangelista, y le dijo a un entrevistador que había dejado a su anterior novia, la modelo estadounidense Christine Bolster, “a la hora” de haber conocido a Evangelista.

En 1991, la pareja fue una de las celebridades invitadas a la final de Look of the Year, el concurso internacional de modelos de Elite, en Nueva York. Evangelista llevaba su cabello en un impactante bob rojo con un abundante fleco, y sobresalía por encima de Marie, que llevaba un traje negro y corbata, con el cabello peinado hacia atrás. Evangelista se unió a Naomi Campbell para entregar un premio, mientras que Marie se sentó con sus compañeros del jurado Casablancas y Donald Trump entre el público.

Shawna Lee, entonces con 15 años, en París en 1992. Foto: cortesía de Shawna Lee

La estudiante canadiense Shawna Lee, de 15 años, fue una de las finalistas de Look of the Year el año siguiente. En las semanas previas al concurso de 1992, Elite la envió a París desde su ciudad natal, a las afueras de Toronto, para que fuera ampliando su portafolio. Ya había visitado la ciudad en primavera, alojándose en el departamento de Marie y Evangelista mientras ellos estaban de vacaciones. “Ella era mi ídolo”, dice ahora Lee. “Paseaba por su departamento y veía esas sesiones que había hecho con (el fotógrafo de Vogue) Peter Lindbergh, así que obviamente era muy emocionante”. Esta vez, la alojaron en un departamento con otras modelos; pero después de una noche en el club nocturno Les Bains Douches, Lee terminó de regreso en el departamento de Marie, donde la violó, una acusación publicada como parte de una investigación de The Guardian sobre Look of the Year en marzo.

Hablando más recientemente desde su hogar en Toronto, donde trabaja como artista de maquillaje, Lee añade: “Lo más asqueroso es que me pidió que me pusiera la playera de Linda para dormir, y luego abalanzarse sobre mí”.

Evangelista se divorció de Marie en 1993, después de separarse de él un año antes. En exclusiva para The Guardian dijo: “Durante mi relación con Gérald Marie, no sabía nada de estas acusaciones sexuales contra él, por lo que no pude ayudar a estas mujeres. Al escucharlas ahora, y basándome en mis propias experiencias, creo que están diciendo la verdad. Me rompe el corazón, porque se trata de heridas que tal vez nunca cicatricen, y admiro su valor y su fuerza para hablar hoy”.

En su momento, Lee confió en una compañera modelo, y esto llegó a Marie. Ella dice que él la llevó a su oficina y la reprendió por “ir por ahí diciendo que te había violado“, sugiriendo que su carrera estaría en juego. Cuenta que él le dijo: “¿Qué otra cosa vas a hacer? ¿Regresar a casa y hacer hamburguesas?” Otros empleados de la agencia se enteraron: “Se entendió que lo mejor para mí era esconderlo bajo la alfombra”.

Al menos cinco mujeres con las que habló The Guardian afirman haber sufrido conductas sexuales inapropiadas por parte de otros hombres que trabajaron con o para Marie. Lee dice que después de que Marie la violó, un cazatalentos de Paris Elite y amigo de Marie le dijo que los dos hombres habían estado compitiendo por ver “quién iba a conseguir tu virginidad”. Añade que el cazatalentos estaba “algo enfadado porque él (Marie) lo consiguió primero”.

Lee, que entonces tenía 15 años, empezó a tener una relación sexual con el cazatalentos, que en aquel momento pensó que era consensuada. Como adulta, no está tan segura: “Definitivamente fue un abuso de poder“. The Guardian ha hablado con otras dos exmodelos de Elite, que entonces tenían 15 y 17 años, que alegan haber sido agredidas sexualmente por el mismo cazatalentos, y con una, que entonces tenía 19 años, que dice que la violó.

La modelo sueca Ebba Karlsson en 1989. Foto: cortesía de Ebba Karlsson.

La modelo sueca Ebba Karlsson, que tenía 20 años en 1990, alega que ese año fue violada por otro cazatalentos de Elite y que, días después, le presentaron a Marie. Karlsson cuenta que cuando llegó a su oficina, lo primero que hizo fue bajar las persianas. “Había una ventana entre su despacho y el de otras personas de la agencia”, explica. Dice que después Marie la llevó a ver los portafolios de modelos famosas a las que representaba y le preguntó si sabía lo que habían hecho para tener éxito. Entonces, dice, “de repente, su mano estaba dentro de mi vagina. Fue tan rápido y abrupto que me quedé totalmente helada“. Tras el encuentro, se sentó en la “primera silla disponible” y lloró, sintiéndose “avergonzada y en estado de conmoción”.

En otra ocasión, Karlsson aceptó ir a un “casting” en el departamento de Marie. Le había dicho que tenía mucho potencial cinematográfico porque hablaba varios idiomas. Las otras modelos que estaban ahí parecían más jóvenes que ella, describe, quizás de 16 o 17 años, y algunas vivían en su departamento. “Algunas estaban enfermas, tenían resfriados o algo así, y no tenían buen aspecto”. A ella y a las demás les dijeron que se quitaran la ropa, que se pusieran tacones altos y que luego caminaran y posaran para Marie y otros dos hombres. “Querían ver nuestros pechos. Y no sé si esa era la práctica común, pero era como un mercado de carne. Fue horrible”.

Nunca se concretó una película, y Karlsson regresó a Suecia tan pronto como pudo, regresando a su trabajo en Body Shop. “Marie me quitó mi poder“, dice Karlsson. “Antes era poderosa, podía protegerme. Pero después, solo fui como una hoja que temblaba”.

En 2011, la supermodelo Carré Otis publicó unas memorias, Beauty, Disrupted, que incluían afirmaciones de que Marie la violó repetidamente cuando tenía 17 años. En una entrevista con The Guardian, Otis dice que todo empezó alrededor de 1986, el año en que Paris Planning se fusionó con Elite. Ella se alojaba en el departamento de Marie y Evangelista; eran los primeros días de su relación con la supermodelo. “Linda era quizá un poco mayor que yo”, recuerda Otis. “Ella estaba ascendiendo, ya era una estrella en el cielo”. Pero cuando Evangelista estaba fuera de la ciudad, “él me atacó en medio de la noche”, dice. “Estaba enferma y tenía fiebre. Ese fue el comienzo de muchos ataques de este tipo”.

Posteriormente, Otis se convirtió en una modelo de enorme éxito y estuvo casada con el actor Mickey Rourke, su coprotagonista en la película Wild Orchid de 1989. Pero a mediados de la década de 1980, al igual que las demás mujeres entrevistadas para esta investigación, seguía recorriendo los caminos en busca de trabajo. En su libro, Otis escribe que Marie le dijo que tenía que bajar más de peso, dándole “un pequeño frasco de cristal de color café con cocaína todos los días… esta era la clave para el control de peso de las modelos“. Narra: “Me dejó muy claro que, si quería lograrlo, tendría que aguantar sus insinuaciones. Eso continuó hasta que realmente dije que no, y entonces mi trabajo se detuvo”. Otis es una de las cuatro mujeres cuyas denuncias desencadenaron la investigación francesa, junto con las de Karlsson, Dodd y la periodista Lisa Brinkworth.

La modelo y actriz Carré Otis. Foto: Getty Images

Otis comenta que también sufrió abusos por parte de otras personas relacionadas con Marie o su agencia. Denuncia que un peluquero la violó en su habitación de hotel en un rodaje organizado por Elite. Ella cree que Marie y otros agentes de Elite ganaban dinero enviando a las modelos a viajes en los que “no había trabajo real”, o a fiestas con hombres ricos que no tenían ninguna conexión con la industria. “Definitivamente me prostituyeron“, asegura. Para Dodd, que dice haber sido agredida sexualmente en una fiesta a la que la envió Paris Planning, y por otro hombre en una sesión fotográfica organizada por la agencia, esto era “evidente” en 1980. “Había todas estas ofertas de: ‘Si vas a este viaje, tienes que acostarte con el fotógrafo‘”, indica. “Se hablaba de ello en voz alta”.

Era precisamente este tipo de viaje, a Montecarlo, el que Wendy Walsh se negó a realizar, en el verano de 1980. En su lugar, la joven canadiense de 18 años escribió a sus padres desde París, una carta que ellos conservaron y que ella tiene ahora. Al leerla ahora, su desilusión es evidente: “Me niego a frecuentar sus círculos sociales y a actuar como una prostituta para conseguir trabajo“, escribió en lo que Walsh describe como su “letra arremolinada de niña pequeña”. “Por desgracia, aunque me encantaría que no fuera así, he descubierto que este negocio funciona a un nivel totalmente social. Si no cooperas, pasan por encima de ti”.

Marie Anderson, que trabajó para Elite entre 1983 y 1990, dice que para entender cómo fue posible que Marie se saliera con la suya respecto a su supuesto comportamiento, hay que comprender el “control total” que tenían las agencias de modelos durante esa época. “Era como una mentalidad de culto”, asegura. Anderson, que trabajó para Elite Chicago, primero como agente y después como vicepresidenta, recuerda que al menos seis modelos diferentes le contaron que Marie se había comportado de forma sexualmente inapropiada con ellas, pero le hicieron jurar guardar el secreto, “aterrorizadas” de que dejaran de conseguir trabajo si se quejaban. Recuerda haber escuchado a Trudi Tapscott, ejecutiva de Elite en Nueva York de 1984 a 1991, y a otra agente, suplicando entre lágrimas a Marie y a Casablancas que dejaran de acostarse con las modelos menores de edad, en algún momento a finales de los 80. Anderson dice que solo podía advertir a las demás que no trabajaran en París: “Ojalá hubiera podido hacer más”.

Tapscott, que todavía es cazatalentos de modelos, comenzó a trabajar para Elite a los 23 años. Comenta: “Yo era apenas un poco mayor que las modelos, y también me dejé llevar por el glamur. En ese entonces no teníamos el lenguaje necesario para saber que eso estaba mal, y aunque lo tuviéramos, ¿a quién se lo íbamos a denunciar? Éramos como una familia y no había un departamento de recursos humanos; esta fue la cultura que protegió a estos hombres. Me arrepiento enormemente de no haber hecho más en su momento“.

Gérald Marie con concursantes de Elite Model Look en Niza en 2001. Foto: Pascal Guyot/AFP/Getty Images

La mayoría de las modelos que hablaron con The Guardian no le contaron a sus agentes sobre los supuestos abusos sufridos, por miedo a que Marie se enterara. Walsh habla en términos de “grilletes psicológicos“. “Estaba atrapada por el hecho de que me habían endeudado desde el principio”, explica. “Y luego tenías a tus padres en casa con brillo en los ojos diciendo: ‘¡Mándanos fotos, cariño, cuéntanos cómo te va, queremos contarle a todo el mundo sobre nuestra famosa niña! Y simplemente no querías defraudar a tus padres. No querías ser un fracaso. Qué horrible situación en la cual colocar a una adolescente“.

En 1999 pareció que el supuesto comportamiento de Marie lo había alcanzado cuando una investigación de la BBC supuestamente lo filmó diciendo que esperaba seducir a las concursantes de Elite Model Look (el nuevo nombre de Look of the Year), además de ofrecer a una periodista encubierta dinero a cambio de sexo. A raíz de las acusaciones, lo suspendieron de Elite; en una entrevista en aquel momento, dijo: “Estoy destruido… estoy acabado“.

Sin embargo, Elite interpuso una demanda por difamación contra la BBC, alegando que el reportaje estaba “editado de forma deshonesta”; la agencia consiguió argumentar que Marie fue objeto de una trampa por parte del equipo. El caso se resolvió, la BBC se disculpó y admitió que su representación fue injusta. El video desapareció y se restituyó a Marie, quien siguió dirigiendo Elite Model Look durante muchos años más.

Después de años de mala gestión financiera, Elite se vio obligada a declararse en bancarrota en 2004, dividiéndose en dos agencias separadas, propiedad de diferentes entidades corporativas, que aún operan. Se cree que Marie siguió trabajando con la división neoyorquina de Elite, Creative World Management, hasta una fecha tan reciente como 2011. La empresa se negó a realizar comentarios, pero un vocero comentó a The Guardian en marzo que la empresa condena el tipo de “comportamiento deplorable” que supuestamente ocurrió en Elite en el pasado.

Por su parte, un vocero de Elite World Group dijo: “Encontramos estos supuestos actos criminales indignantes y aborrecibles. El contrato de Gérald Marie con Elite Model Management finalizó en diciembre de 2010, y se vendió la empresa en 2011 a sus actuales propietarios, Elite World Group, para quienes nunca ha trabajado Marie. Elite World Group se compromete a proporcionar un entorno seguro para nuestros modelos, y no tolera ninguna forma de abuso, acoso, discriminación y/o sesgo de género”.

En 2012, Marie se unió a Oui Management, una prestigiosa agencia parisina cuyas modelos encabezan campañas de Louis Vuitton y portadas de la revista Vogue. Sigue siendo un accionista de Oui, que está registrada en Reino Unido: en los documentos de la empresa presentados en agosto de este año se afirma que Marie sigue siendo una “persona con un control significativo” sobre Oui Management Ltd.

Marie con su entonces esposa, Linda Evangelista, en el concurso Elite Look of the Year de 1991 en Nueva York. Foto: Ron Galella/Getty Images

Aunque Marie ha afirmado que se ha retirado, fuentes de la industria que trabajan con Oui Management dicen que hasta hace poco tiempo ejercía un papel “práctico”. Una de las fuentes mostró a The Guardian correos electrónicos que indican que Marie acompañó a las modelos en los castings con fotógrafos el año pasado. En la página de LinkedIn de Marie, que eliminó recientemente, figuraban sus responsabilidades en la “floreciente nueva” agencia como cazatalentos y gestor de talentos. Oui Management declaró a The Guardian que en la actualidad Marie no es un empleado.

Actualmente casado con una modelo rusa, Marie divide su tiempo entre París y su casa en Ibiza, que de acuerdo con un periódico local tiene “la mejor bodega de vinos franceses de la isla”. En respuesta a las nuevas acusaciones formuladas por The Guardian, sus abogados manifestaron que estaba “extremadamente afectado por las acusaciones formuladas contra él, que refuta con la mayor firmeza… Tiene la intención de participar activamente en la revelación de la verdad en el marco de la investigación penal abierta”.

¿La cultura depredadora de la industria del modelaje en los años 80 y 90 es cosa del pasado? Tanto Anderson como Tapscott afirman que sigue existiendo una presión para “quedarse callada”, que también se aplica a los agentes. Anderson comenta: “Ya no puedo conseguir trabajo en el gremio del modelaje, porque me han condenado al ostracismo por hablar de estas cosas“. Añade que “dice mucho” que Marie siga vinculado con una agencia en la actualidad. “Es la prueba viviente de que la mentalidad de culto sigue existiendo, y que el código de silencio permanece”.

Mientras tanto, las ocho mujeres que hablaron con The Guardian dicen que, incluso 30 o 40 años después de sus supuestos abusos, el impacto en sus vidas es duradero. Walsh, Dodd, Lee y Otis lucharon contra los desórdenes alimenticios consecuentes, y varias denunciantes después experimentaron problemas con el alcohol o las drogas.

Otis dejó París en 1987 y se mudó a una granja en el norte de California durante varios meses para estar “lo más lejos posible del (modelaje)”. Pero cuando su dinero comenzó a escasear, contactó a una pequeña agencia en San Francisco y consiguió algunos trabajos. “Se sintió seguro, estable y normal”, dice. “Sabías que ibas a salir a las cinco”. A partir de ahí, su carrera despegó. En 1988, realizó una sesión para la portada de Vogue estadounidense con Evangelista, la primera en la que aparecían dos modelos, en la que posaron juntas en una playa griega con sudaderas y gorras negras a juego, sonriendo y riendo. (No existen sugerencias de que Evangelista estuviera al tanto de las acusaciones contra su esposo en ese momento). En 1991, Otis se convirtió en el rostro de Calvin Klein y se unió a Evangelista como una de las modelos más reconocidas del mundo; a diferencia de muchas otras mujeres con las que The Guardian habló para esta investigación, ella encontró el éxito sin Gérald Marie.

Dodd, que ahora tiene 60 años, se convirtió en una exitosa empresaria (es la fundadora de la marca de surf Roxy) y vive con su esposo y sus tres hijos en el campo del norte de California. “Salí adelante“, dice, aunque recalca que los años posteriores no fueron fáciles.

Walsh recuerda que en 1980 llamó llorando a sus padres para pedirles que la llevaran a casa en verano y después a la escuela. “Estaba sentada en el sótano de mi madre, sufriendo depresión, sin saber lo que era eso en ese momento”, cuenta. “Solo comía y lloraba”. Dice que ahora lo cuenta, “porque creo que esto sigue siendo un problema para las chicas de la industria hoy en día, y tiene que acabar”.

Después de titularse en periodismo y, más tarde, de obtener un doctorado en psicología clínica, Walsh se convirtió en una exitosa locutora. En 2017 fue la primera mujer en hacer públicas las acusaciones de acoso sexual contra el presentador de Fox News, Bill O’Reilly. Walsh contó en una investigación del New York Times que, cuando fue una invitada habitual en The O’Reilly Factor en 2013, él faltó a su oferta verbal de asegurarle un puesto lucrativo después de que ella rechazó una invitación a su suite de hotel. Más tarde fue despedido por Fox después de que se descubrió que le había pagado a cinco mujeres decenas de millones de dólares para solucionar varias demandas por acoso sexual. En aquel momento, O’Reilly comentó que las acusaciones no tenían fundamento. “Nunca he maltratado a nadie”, dijo, y añadió que había resuelto los asuntos en privado para proteger a sus hijos de la publicidad.

Actualmente, Walsh es una psicoterapeuta cualificada y conduce el programa de radio Dr. Wendy Walsh. “La gente dice: ‘¿Cómo fuiste tan valiente para decir “no” a este hombre poderoso que te ofreció un trabajo importante en la televisión de Estados Unidos?, explica. “Y lo que dije en todas las conferencias de prensa es que soy una mujer de cierta edad, que he tenido cierta experiencia de vida. Pero lo que realmente quería decir es que aprendí por las malas. Lo que pasó con Gérald Marie me preparó para lo que pasó con Bill O’Reilly, 30 años después. Lo que aprendí a los 18 años fue que nunca debía ir a las habitaciones privadas de cualquier hombre poderoso, independientemente de que poseyera tu sueldo o no”.

Este texto se publicó en The Guardian el 17 de Octubre de 2020.

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