Viva la vulva: por qué debemos hablar de los genitales femeninos
De cerca y personalmente: solo el 9% de las pacientes pudo nombrar correctamente las partes de la vulva. Ilustración: Anna Kiosse/The Observer

Si tienes una vulva entre las piernas, ¿podrías identificar las siete estructuras distintas frente a un espejo? Si tu pareja tiene una vulva, ¿puedes identificar las suyas?

Para más de la mitad de la población, la vulva es una parte importante de su cuerpo; una salida y una entrada, un lugar de placer y, con frecuencia, de dolor, que habla sobre la función y la necesidad humanas básicas. En 2021, puede parecer que nos encontramos al borde de la emancipación de la historia de opresión y repugnancia que rodea a los genitales femeninos. El auge del mercado de los juguetes sexuales, una mayor sensibilización sobre los ciclos hormonales y la complicada realidad de la menstruación, una mayor atención al placer femenino y la evolución de los diálogos sobre la menopausia apuntan a un progreso real. Sin embargo, la sociedad sigue sin entender completamente lo que hay ahí abajo (clítoris, labios mayores, labios menores, abertura uretral, abertura vaginal, periné y ano, por cierto), con consecuencias tangibles.

En marzo de 2021, un grupo de ginecólogos y epidemiólogos publicó los resultados de un estudio en el que se realizaron encuestas a pacientes en las salas de espera de un hospital del Reino Unido. Se pidió a los participantes que escribieran los nombres de las diferentes partes de la vulva con sus propias palabras (“orificio de la pipí” y “orificio del trasero” fueron aceptados para la uretra y el ano respectivamente). Solo el 46% identificó que hay tres “orificios”, mientras que casi la mitad dejó la sección de identificación en blanco. Solo el 9% escribieron los nombres de forma correcta de las siete estructuras.

“Realizamos la investigación porque nos preocupaba el número de pacientes que expresaban su confusión en torno a la naturaleza de sus problemas en las clínicas de ginecología”, comenta la doctora Dina El-Hamamsy, residente senior de obstetricia y ginecología en Cambridge y una de las coautoras del estudio. “Esto resulta especialmente cierto en el caso de las pacientes que han tenido un prolapso de órganos pélvicos, algo que puede ocurrir después de dar a luz por vía vaginal”. El prolapso ocurre cuando órganos como el útero o la vejiga se desplazan de su sitio y presionan la pared vaginal, lo que suele ser visible al mirar la vulva.

El 51% de los participantes identificó correctamente la uretra y el 37% el clítoris. Las mujeres eran más propensas a nombrar correctamente la vagina y el ano en comparación con los hombres, pero no hubo diferencias para las demás estructuras. Los resultados coinciden con un estudio similar realizado por Eve Appeal en 2014. De las mil mujeres entrevistadas en ese entonces, solo la mitad de las que tenían entre 26 y 35 años pudieron identificar la vagina con precisión, y el 65% dijo que tenía problemas para usar las palabras vulva o vagina. El problema sigue siendo tan sorprendente como siempre.

Existen numerosas y complejas emociones en torno a la vulva: cómo debe ser, qué debemos hacer con ella, de qué debemos hablar. El-Hamamsy considera que el diálogo público debe evolucionar desde la sensibilización sobre el cuerpo hasta la identificación clara de los riesgos de una mala educación. “Las pacientes pueden venir y decir que se sometieron a una reparación de la vejiga, pero no reparamos la vejiga, sino la pared vaginal”, señala. “Es preocupante que la gente no sepa si fue operada por un prolapso. Pasar por esta cirugía es un acontecimiento importante en la vida de alguien”.

Esta situación plantea cuestiones críticas sobre la confianza y el consentimiento. Si confiamos en los médicos para que nos ayuden a tratarnos cuando hay un problema, es fundamental conceptualizar los posibles riesgos y beneficios. Si no lo entendemos, ¿estamos dando nuestro pleno consentimiento?

Como dice Stephanie Shoop-Worrall, epidemióloga en la Universidad de Manchester que trabajó en el estudio, el pleno consentimiento depende de “ser capaz de tener una conversación sobre lo que exactamente está mal y lo que te va a pasar”. Si una persona ha estado “dando vueltas por el sistema durante meses y después se la entrega a un especialista, puede que simplemente acepte lo que ese especialista le sugiera“, comenta.

Este intercambio puede ocurrir cuando la formación médica en ginecología ha sido limitada. “Los estudiantes de medicina solo pasan por una rotación superficial de obstetricia y ginecología, a menos que quieran especializarse”, dice El-Hamamsy.

El conocimiento es inextricable en la educación, en otras palabras, de dónde proviene la información, quién nos la dio y en qué contexto. Kate Moyle es una psicoterapeuta psicosexual que vive en Londres y está especializada en el trabajo con personas que tienen problemas con su sexualidad y sus relaciones. Una “gran parte” de su trabajo, explica, es educativa. “Esto significa hablar de las diferentes partes del cuerpo, explicar sus funciones, ver diagramas o modelos anatómicos y explicar cómo funciona nuestro cuerpo. La comprensión proporciona empoderamiento”.

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‘El clítoris es un órgano sexual primario. La vagina es una estructura distinta que tiene un propósito completamente diferente. Pero en realidad solo nos enseñan sobre esta última’. Ilustración: Anna Kiosse/The Observer

La gente va a terapia porque no sabe cómo comunicar sus necesidades o sentimientos sobre las partes de su cuerpo que son vulnerables. Moyle cree que “la falta de una educación formal y holística y de espacios seguros en los cuales explorar estas dinámicas” sustenta la desconexión con nuestro cuerpo y lo que ocurre cuando lo compartimos con otras personas.

“La educación sexual se ha centrado durante mucho tiempo en la reproducción, la procreación y cómo prevenirla”, comenta. No se ha incluido el placer femenino. “El clítoris es un órgano sexual primario. La vagina es una estructura distinta que tiene un propósito completamente diferente. Pero en realidad solo nos enseñan sobre esta última. Para los hombres, la estructura y el propósito se superponen en cierto modo”. (La estructura completa del clítoris, por cierto, no fue descubierta hasta 1998). Moyle elabora un extenso historial de sus clientes, rastreando sus experiencias vitales desde la infancia. “Las personas están marcadas por los primeros mensajes que recibieron sobre su cuerpo y el sexo. Si no tienes a alguien que corrija los espantosos comentarios que escuchas en el patio de recreo a los 10 años, puedes interiorizar esa ansiedad durante años. El cuerpo recuerda”.

Cuando no nos enseñan a mantener conversaciones abiertas sobre las necesidades y los miedos, esto puede conducir a la insatisfacción. El sexo es íntimo y vulnerable, y nuestro instinto cuando experimentamos ansiedad es la evasión. Cuando reprimimos fuertes sentimientos, estos suelen resurgir de forma más potente. La evasión es un elemento común. La doctora Fiona Reid, especialista en ginecología de Manchester y coautora del estudio junto con El-Hamamsy, señala que todavía hay “muchas personas a las que no les gusta el concepto de sus genitales, punto final”. Una frase habitual que la gente utiliza en su clínica es “no veo ahí abajo”. Esto ocurre en todos los rangos de edad. “Puede ser desde niños de 14 años hasta pacientes de edad avanzada”.

Pongo la cabeza entre las manos cuando me dice esto a través de Zoom. “Lo sé”, suspira. Pienso en todas las personas que entrevisté para mi libro, Hormonal, sobre las hormonas femeninas y las relaciones entre la mente y el cuerpo. Y pienso en el peso psíquico de la ignorancia, la culpa y la vergüenza que se manifiesta en la vida de las personas, porque nos ha costado conectar con lo que es nuestro, o no hemos sido educados para ello. Con frecuencia, esa vergüenza responde a una falta de comprensión anatómica básica.

Cuando publiqué un tuit en el que pregunté por el conocimiento de las personas sobre sus vulvas, recibí algunas respuestas interesantes. Muchas dijeron que todavía sentían aprensión por la palabra. “Es algo que nunca uso”, dice Sarah, de 46 años, de Liverpool. “Todavía, incorrectamente, uso vagina para toda la zona, pero hace tiempo que defiendo la reivindicación de ‘concha'”.

“Nunca me enseñaron que la vagina solo es la parte interior. No se hablaba sobre cómo llamar a tus propias partes”, dice Olivia, de 35 años, partera del Servicio Nacional de Salud (NHS) del sur de Londres. “No fue hasta que me convertí en partera que me sentí cómoda usando ‘vagina’ y ‘vulva’ con las personas que dan a luz“. Le pregunto qué fue lo que hizo que le resultara más fácil. “Supongo que porque usamos estas palabras de forma puramente anatómica. Pasamos el día alrededor de la gente en un momento muy vulnerable, lo que probablemente provoca que el personal sea más abierto”.

Una respuesta llamó mi atención: la de Elizabeth, también de 35 años, que vive en Coventry y fue a una escuela católica. “Fui físicamente consciente de mi vulva y mi clítoris a los nueve años, pero me avergonzaba que me gustaran las sensaciones”, dice. “No sabía nada de la anatomía de mi vulva hasta que fui mucho mayor. En mi escuela hablaron de la concepción y eso fue todo. Ni siquiera sabía que orinaba por la uretra; creía que salía del clítoris”.

Si las implicaciones de una educación deficiente son tan graves, ¿qué se debe hacer? Para las personas que padecen incontinencia, prolapso, vulvodinia (dolor persistente e “inexplicable” en la vulva), vaginismo (cuando los músculos vaginales se tensan cada vez que se intenta la penetración), es crucial que existan más mensajes públicos que indiquen que no debemos limitarnos a sobrellevar la situación. Desgraciadamente, en el cruce del capitalismo y el patriarcado existe toda una serie de productos que ayudan a captar, o a ocultar, lo que no debería gotear u oler, obstáculos, quizás, para entender realmente cómo funcionamos, o para examinar con los profesionales cualquier problema.

Sarah Tyler es una fisioterapeuta especializada en salud pélvica, con sede en un consultorio privado en Hertfordshire. Ella se especializa en la evaluación y el tratamiento de muchos de los problemas mencionados anteriormente. Con un examen interno, ofrece planes guiados para reacondicionar los músculos del suelo pélvico relacionados con la función urinaria, intestinal y sexual.

“Es sorprendente lo mucho que este tipo de fisioterapia puede ayudar a la gente”, comenta. “Pero con frecuencia atiendo a personas que llevan años sufriendo, creyendo que sus problemas solo forman parte del hecho de tener bebés o envejecer. No tienen por qué estar así”.
Naturalmente, se trata de un trabajo emocional. “Dos tercios de mis clientes lloran conmigo. Se trata de algo tan grande. La gente se sienta con los ojos muy abiertos, asimilando la información que nunca se le ha dado”. El acto de tranquilizar, considerar el tacto y el diálogo puede ser tanto terapéutico como fortalecedor para las personas que han experimentado un trauma sexual o de nacimiento. “La gente se puede desconectar bastante de sus vulvas y vaginas, así que nuestro enfoque es pausado, con énfasis en el consentimiento y en poder parar cuando quieran”.

Un descubrimiento común para Tyler es algo llamado “suelo pélvico hipertónico”, cuando los músculos del suelo pélvico se ponen demasiado tensos y no son capaces de relajarse. Esto puede hacer que cualquier tipo de penetración sea dolorosa, pero también está relacionado con la incontinencia por estrés, la cistitis intersticial, la candidiasis crónica y el estreñimiento. Esta tensión se basa en la emoción; cuerpos ansiosos que tienen miedo de dejarse llevar. Mientras habla, soy consciente de que estoy tensando mi propio suelo pélvico. Que mi suelo pélvico pueda “contener” mi ansiedad es algo que nunca había considerado. “Curiosamente, he visto más suelos pélvicos hipertónicos durante el transcurso de la pandemia que en los ocho años que llevo realizando este trabajo. El cuerpo constantemente se aprieta, inconscientemente”, dice.

Moyle suele consultar a fisioterapeutas especializados en salud pélvica, con resultados “enormemente útiles”, pero comenta que la gente no suele saber que existen. La fisioterapia de la salud pélvica está disponible en el Servicio Nacional de Salud, sin embargo, la oferta es escasa. Muchas personas que sufren dolor o tienen problemas con sus vulvas y vaginas no pueden permitirse recurrir al sector privado, lo que suscita la pregunta: ¿dónde más se producen estos importantes diálogos? Shoop-Worrall señala que, en el análisis de los datos de su estudio, “el número de etiquetas anatómicas correctas estaba asociado a la educación superior y a la etnia blanca”. Si el estatus socioeconómico y la etnia están relacionados con las lagunas de conocimiento, resulta abrumadora la necesidad de una reforma educativa obligatoria.

Yoan Reed es una especialista independiente en relaciones y educación sexual (RSE) y cofundadora de Outspoken Sex Ed, una organización que brinda orientación a los padres cuando hablan con sus hijos sobre el sexo, el cuerpo y las relaciones. Ella considera que es necesario empezar a educar a los niños sobre su cuerpo, con la terminología correcta, desde una edad muy temprana. “Me di cuenta de la falta de conocimiento sobre el cuerpo femenino cuando trabajaba como partera“, dice. “Tuve un número desproporcionado de embarazos adolescentes en mi lista de casos y me sorprendió el bajo nivel de comprensión sobre anatomía y reproducción. Por eso me dediqué a la educación”.

En 2015 se estableció la obligatoriedad de los programas de relaciones y educación sexual en las escuelas del Reino Unido. Desde hace tiempo se debería haber actualizado debido a la forma en que el aprendizaje de los niños se ve influenciado. (Más de un tercio de los niños de entre 8 y 11 años poseen teléfonos inteligentes, y el 20% ya utiliza las redes sociales). Cuando el Gobierno propuso, en 2019, incluir la enseñanza sobre las relaciones entre personas del mismo sexo, se encontraron con protestas y críticas. Pero a partir de septiembre de 2020 se volvió obligatoria la enseñanza de RSE en todas las edades, aunque las escuelas primarias pueden decidir por sí mismas qué enseñar.

“El reto es conseguir un enfoque escolar completo”, dice Reed. “Todos tenemos que ser conscientes de nuestro propio lenguaje, emociones y experiencias. Yo vengo de Dinamarca, donde el conocimiento sobre el cuerpo, ver cuerpos desnudos y normalizar la variación, se produce desde muy jóvenes. La cultura es diferente”. Es una firme defensora del uso de la palabra vulva con los niños. “De niña aprendí que era la palabra adecuada para mi anatomía. No quita la inocencia y no tiene que ver con el sexo. La idea de que corrompemos a los niños al utilizar términos anatómicos no contribuye al empoderamiento del cuerpo. Si tienen las palabras adecuadas, pueden decir si sienten que algo no está bien”.

Al presidir grupos de discusión para padres de niños en edad para asistir a la escuela primaria, Reed ha escuchado comentarios sobre cómo resulta “más fácil hablar de las partes íntimas de los niños que de las niñas, porque son visibles”. Existe una larga historia de desigualdades de género e ideas de dominación que deben desaparecer. Dejar de lado el clítoris es un gran error”.
Reed también reconoce que, aunque el Reino Unido es multicultural y, en general, tolerante, existen “muchos mitos” por desmantelar. “En este país no había nada que comprometiera a los padres en su responsabilidad como primeros educadores. El gobierno sigue otorgando derechos a los padres para que retiren a sus hijos de la educación sexual, pero con este derecho viene la responsabilidad, algo que es necesario apoyar”.

Si queremos saber cómo luce una cultura igualitaria y abierta, Holanda es uno de los países más igualitarios del mundo, con una tasa de fecundidad adolescente muy baja. Se puede trazar una línea directa con la educación. En Holanda, el plan de estudios de educación sexual, Kriebels in Je Buik (Mariposas en tu estómago), comienza con los niños de cuatro años hablando sobre la reproducción, su propio placer, los límites y las diferencias entre los cuerpos masculino y femenino. Las investigaciones han mostrado que los niños que reciben una educación inclusiva son menos propensos a acosar a otros y más proclives a intervenir cuando sus pares femeninos o LGBTQ+ son atacados, mientras que los jóvenes de Holanda generalmente reportan altos niveles de satisfacción sexual. Es difícil discutir con resultados tan claros en materia de salud pública.

Después de nuestra conversación, Reed me envía por correo electrónico unas obras de arte realizadas por un grupo de niñas de quinto y sexto grado en un reciente taller de “úteros y vulvas”. Con limpiadores de pipas fluorescentes, pompones y brillantina, representan labios, clítoris, ovarios, aberturas uretrales, aberturas vaginales, úteros y trompas de Falopio. Hay algunos ojos saltones. Son alegres. Un sentimiento desconocido se apodera de mí: la esperanza.