‘El belly dance se esconde en Egipto’: una intérprete espera que la Unesco lo declare patrimonio de la humanidad
Aunque está profundamente arraigada en la cultura egipcia, la danza árabe comienza a ser asociada con la cultura de los clubes nocturnos, y muchas bailarinas se enfrentan al estigma social. Foto: Patrick Baz/AFP/Getty Images

A medida que un pequeño flujo de turistas regresa a Egipto, los clubes nocturnos flotantes a lo largo del Nilo retoman su actividad.

Y las bailarinas de belly dance o danza árabe vuelven a estar muy demandadas. Los deslumbrantes espectáculos nocturnos atraen a visitantes de todo el mundo, en particular de los países árabes del Golfo, y las bailarinas, enfundadas en reveladores vestuarios, se presentan con un completo respaldo musical tradicional.

Sin embargo, aunque muchas bailarinas se alegran de regresar al trabajo, existe una creciente inquietud por el hecho de que se esté asociando esta forma de arte a la cultura del alcohol y los clubes nocturnos. Consideran que la danza árabe, profundamente arraigada en la historia egipcia, es cada vez más considerada como una danza de striptease, y que esta asociación está complicando la vida de las bailarinas.

“Lo que observamos con mayor frecuencia es que están ocultando esta danza en estos cabarets y bares clandestinos”, dice la bailarina egipcia Amie Sultan. “Una familia egipcia común que quiera ir al teatro a ver un espectáculo nunca verá esta danza”.

Como parte de una estrategia para cambiar la percepción sobre esta forma de arte tradicional, Sultan inició una campaña para que la danza árabe egipcia sea incluida en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco.

Aunque la danza es muy popular –es habitual ver a las bailarinas de danza árabe en las bodas musulmanas y cristianas, y las estrellas de la danza son celebridades en sí mismas–, Sultan comenta que con frecuencia las consideran más como trabajadoras sexuales que como artistas. En la conservadora sociedad egipcia, las bailarinas se enfrentan a un intenso estigma social, e incluso corren el peligro de ser enjuiciadas por vestir un vestuario considerado demasiado promiscuo por las autoridades. “Una madre contratará a una bailarina para la boda de su hijo“, explica Sultan, “pero nunca dejará que su hija sea bailarina“.

Nacida en Singapur, Sultan comenzó su carrera como bailarina de ballet. Cuando en 2014 se centró en la danza árabe, se sintió sorprendida por una cultura en la que las artistas compiten por vestir vestuarios más reveladores y con frecuencia se someten a cirugías estéticas y aumentos de busto.

“Ni siquiera me gusta el término ‘danza del vientre‘”, dice Sultan, que ahora enseña lo que prefiere llamar danza egipcia.

La danza del vientre, dice, “es un término inventado por los colonialistas franceses en Egipto. Lo llevaron a Francia y lo llamaron danse du ventre (danza del vientre), pero nunca lo llamamos así en árabe”.

Su curso para jóvenes bailarinas sigue una línea similar a la del ballet. A las alumnas se les enseña a bailar al estilo de las estrellas de la “edad de oro” del cine egipcio, como Samia Gamal y Naima Akef, y a distanciarse de los estilos más sexualizados existentes en los clubes nocturnos, donde, señala Sultan, las tradiciones se han diluido con otros estilos de baile.

Asociar la danza árabe con el trabajo sexual puede complicar la vida de las bailarinas. Las mujeres que intentan iniciarse en esta profesión corren el riesgo de distanciarse de sus familias, tener un alojamiento inseguro a merced de arrendadores sospechosos y sufrir acoso sexual.

Se tiene conocimiento de que representantes sin principios presionan a las bailarinas para que se dediquen al trabajo sexual. Las bailarinas también pueden incumplir las estrictas normas del gobierno sobre la vestimenta. En 2019, una mujer rusa fue condenada a un año de prisión por infringir el código de vestimenta.

El profesor de danza Ali Abdelfattah explica que las bailarinas de danza árabe experimentan un estigma que no afecta a otros bailarines profesionales. “El ballet es considerado como algo agraciado”, dice, “pero cuando la gente ve a las bailarinas de danza árabe, se plantea un montón de interrogantes. No es una buena imagen”.

Abdelfattah comenta que la mayoría de sus alumnos asisten a sus talleres sin el conocimiento de sus familias.

Debido a las dificultades a las que se enfrentan los egipcios, muchas personas que bailan en clubes, cabarets y bodas proceden del extranjero, especialmente de Rusia y Sudamérica. Lurdiana, una bailarina brasileña que trabaja en El Cairo, cuenta que la reclutaron para la danza árabe en Sharm el-Sheikh. “Necesitan bailarinas aquí”, dice.

Incluso dentro de la industria, las bailarinas de danza árabe se enfrentan a dificultades. El exrepresentante de Lurdiana explicó en una ocasión su preferencia por las bailarinas extranjeras. “Dijo que si una chica egipcia trabaja como bailarina de danza árabe, significa que no viene de una buena familia y que no tiene una buena educación”, comenta. “Piensan que solo lo hace porque quiere conseguir dinero y no tiene otras opciones. No pueden imaginar que lo haga simplemente porque le gusta”.

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