‘Estaban furiosos’: los soldados rusos que se niegan a luchar en Ucrania
Muchos soldados rusos prefieren ser despedidos o transferidos antes que luchar en Ucrania. Foto: Alexander Nemenov/AFP/Getty Images

Cuando los soldados de una brigada de élite del ejército ruso fueron informados a principios de abril que debían prepararse para un segundo despliegue en Ucrania, el miedo se desató entre sus filas.

La unidad, estacionada en el lejano oriente de Rusia en tiempos de paz, entró por primera vez a Ucrania desde Bielorrusia cuando comenzó la guerra a finales de febrero y presenció amargos combates con las fuerzas ucranianas.

“Pronto se hizo evidente que no todos estaban de acuerdo con ello. Muchos de nosotros simplemente no queríamos regresar“, dijo Dmitri, un miembro de la unidad que pidió no ser identificado con su nombre real. “Quiero regresar con mi familia, y no en un ataúd”.

Junto con otros ocho soldados, Dimitri les dijo a sus comandantes que se negaba a reincorporarse a la invasión. “Estaban furiosos. Pero al final se calmaron porque no había mucho que pudieran hacer”, explicó.

Al poco tiempo lo transfirieron a Belgorod, una ciudad rusa próxima a la frontera con Ucrania, donde ha permanecido desde entonces. “He servido durante cinco años en el ejército. Mi contrato termina en junio. Cumpliré el tiempo que me queda y después me iré“, comentó. “No tengo nada de qué avergonzarme. No estamos en estado de guerra de forma oficial, así que no podrían obligarme a ir”.

La negativa de Dmitri a luchar evidencia algunas de las dificultades militares a las que se ha enfrentado el ejército ruso como consecuencia de la decisión política del Kremlin de no declarar formalmente la guerra contra Ucrania, prefiriendo en su lugar describir la invasión, que pronto cumplirá su cuarto mes, como una “operación militar especial“.

De acuerdo con las normas militares rusas, las tropas que se niegan a luchar en Ucrania pueden enfrentarse al despido, pero no pueden ser enjuiciadas, dijo Mikhail Benyash, un abogado que ha estado asesorando a los soldados que eligen esa opción.

Benyash explicó que “cientos y cientos” de soldados han contactado a su equipo para pedir consejo sobre cómo evitar que los manden a luchar. Entre ellos había 12 guardias nacionales de la ciudad de Krasnodar, en el sur de Rusia, que fueron despedidos tras negarse a ir a Ucrania.

Los comandantes intentan amenazar a sus soldados con penas de prisión en caso de que discrepen, pero nosotros les decimos a los soldados que simplemente pueden decir que no”, explicó Benyash, y añadió que no tenía conocimiento de la existencia de casos penales contra soldados que se negaran a combatir. “No existen motivos legales para iniciar un caso penal si un soldado se niega a luchar mientras está en territorio ruso”.

Por ello, muchos soldados han elegido ser despedidos o trasladados en lugar de entrar en “la trituradora”, señaló.

Un relato similar al de Dmitri fue el que ofreció al servicio ruso de la cadena BBC Sergey Bokov, un soldado de 23 años que a finales de abril decidió dejar el ejército tras combatir en Ucrania. “Nuestros comandantes ni siquiera discutieron con nosotros porque no fuimos los primeros en irnos”, comentó Bokov.

Refiriéndose a las leyes militares rusas, Benyash indicó que para los soldados sería más difícil negarse a luchar si Rusia declarara una guerra a gran escala. “En tiempos de guerra, las normas son completamente diferentes. En ese caso, negarse a combatir supondría penas mucho más severas. Podrían enfrentarse a penas de prisión”.

Aunque el número exacto de soldados que se niegan a luchar sigue siendo incierto, estas historias ejemplifican lo que los expertos militares y los gobiernos occidentales señalan como uno de los mayores obstáculos de Rusia en Ucrania: una grave escasez de soldados de infantería.

Moscú puso inicialmente cerca del 80% de sus principales fuerzas de combate terrestre –150 mil hombres– en la guerra en febrero, según dijeron funcionarios occidentales. Sin embargo, ese ejército ha sufrido un daño significativo, que se ha enfrentado a problemas logísticos, a una moral baja y a una resistencia ucraniana subestimada.

“Putin tiene que tomar una decisión respecto a la movilización en las próximas semanas”, dijo Rob Lee, un analista militar. “Rusia carece de suficientes unidades terrestres con soldados contratados para una rotación sostenible. Las tropas empiezan a agotarse, no podrán mantenerse así durante mucho tiempo“.

Lee explicó que una opción para el Kremlin sería autorizar el despliegue de unidades de reclutas en Ucrania, a pesar de las promesas anteriores de Putin de que Rusia no utilizaría ningún recluta durante la guerra. “Los reclutas podrían llenar algunos de los vacíos, pero estarán mal entrenados. Muchas de las unidades que supuestamente entrenan a los reclutas están luchando ellos mismos”, señaló Lee.

Pero sin batallones de reclutas, Rusia pronto podría “tener dificultades para mantener el territorio que actualmente controla en Ucrania, sobre todo cuando Ucrania reciba mejores equipos de la OTAN”, dijo.

Las autoridades rusas redoblaron discretamente sus esfuerzos para reclutar nuevos soldados cuando se hizo evidente que la victoria rápida en Ucrania era inalcanzable.

Una investigación realizada por el servicio ruso de la BBC reveló que el Ministerio de Defensa de Rusia llenó las páginas web de empleo con vacantes, ofreciendo a las personas sin experiencia de combate oportunidades para unirse al ejército con lucrativos contratos a corto plazo. Algunas grandes empresas gubernamentales recibieron cartas en las que las instaban a alistar a su personal en el ejército.

Rusia también recurrió a mercenarios para reforzar sus esfuerzos bélicos, desplegando combatientes del sombrío Grupo Wagner, vinculado al Kremlin.

No obstante, los analistas señalan que es poco probable que los reclutas voluntarios y los grupos de mercenarios supongan un aumento sustancial del número de nuevos soldados, en comparación con las cifras que aportaría una movilización parcial o total.

A pesar de las conjeturas previas, Putin no declaró formalmente la guerra contra Ucrania durante su discurso del Día de la Victoria, el 9 de mayo.

Andrei Kolesnikov, miembro senior del Carnegie Endowment, comentó que es posible que a las autoridades les preocupe que la movilización general provoque la enemistad de amplios sectores de la población que apoyan la “operación especial”.

Los rusos “pueden estar a favor del conflicto, pero en realidad no quieren luchar“, señaló, y añadió que una movilización general supondría “pérdidas colosales de soldados no entrenados”.

Y aunque la situación actual del conflicto les ofrece a los soldados rusos una vía legal para negarse a participar, algunos soldados se han quejado de que también ha provocado que no sean atendidos de forma adecuada.

Un sargento segundo dijo que resultó herido durante uno de los recientes ataques ucranianos en el territorio fronterizo ruso donde se encontraba. Sus superiores argumentaron que no debía recibir la compensación monetaria de hasta 2 mil 500 libras a la que tienen derecho legalmente los rusos heridos porque su lesión se produjo en territorio ruso, lo que significaba que no entraba en las normas de la “operación militar especial” de Rusia.

“Es injusto, estoy luchando en esta guerra igual que los demás en Ucrania, arriesgando mi vida”, dijo el soldado. “Si no recibo pronto la compensación a la que tengo derecho, lo haré público y lo convertiré en un gran problema”.