Por qué la lucha mundial contra la polio no ha terminado
Un hombre afectado por la polio camina con muletas en el pueblo de Kosi, India. La interrupción causada por el Covid-19 ha provocado un descenso especialmente pronunciado de los índices de vacunación en la India. Foto: Altaf Qadri/AP

Cuando tenía ocho años, Anita Ghai fue enterrada hasta el cuello en una fosa de barro durante un eclipse solar, mientras presionaban a su madre para que cantara versos de las escrituras hindúes, aparentemente para curar a Ghai de la polio, enfermedad que contrajo a los dos años. “Todavía me siento culpable por lo que mi madre tuvo que soportar por mi culpa”, comenta Ghai, que ahora tiene 67 años y es decana de la Universidad Ambedkar de Delhi.

Estas pesadillas, pensó Ghai, se terminaron cuando en marzo de 2014 la Organización Mundial de la Salud declaró a la India –país que albergó la mitad de los casos de polio del mundo en 2009– libre de la enfermedad. Sin embargo, ocho años después, se está produciendo una preocupante secuencia de acontecimientos en todo el mundo. Pakistán ha sido testigo de una serie de nuevos casos, poniendo fin a un período de 15 meses sin un solo caso nuevo de polio. El virus natural de Pakistán ha provocado infecciones en Mozambique y Malawi, países anteriormente libres de la enfermedad.

En junio, la OMS informó sobre la existencia de casos de polio derivados de la vacuna –en los que un virus debilitado de la propia vacuna se propaga en el medio ambiente e infecta a las personas– en Eritrea, Ghana, Togo, Costa de Marfil, Israel, Yemén, Nigeria y la República Democrática del Congo. Y en julio, un paciente de un suburbio de Nueva York fue diagnosticado con polio derivada de la vacuna. Durante las últimas seis semanas, también se han encontrado rastros de esta forma del virus en muestras de aguas residuales en Calcuta y Londres.

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Trabajadores del sector salud con una caja de vacunas contra la polio en una estación de tren en Calcuta, India. Foto: Piyal Adhikary/EPA

Estos casos aparentemente sin relación entre sí evidencian una amenaza común: a nivel mundial, los niveles de vacunación contra la polio en 2021 cayeron a su nivel más bajo en 15 años, según datos de la OMS, con las iniciativas de inmunización interrumpidas durante el Covid-19. La India e Indonesia, dos de las naciones más pobladas del mundo, han sido testigos de descensos especialmente pronunciados en la cobertura de la inmunización.

Esto convierte a la reciente avalancha de casos en un canario en una mina de carbón, indican los expertos, alertando que esta enfermedad paralizante erradicada en la mayor parte del mundo podría reaparecer, sobre todo en regiones densamente pobladas, a menos que los países redoblen sus esfuerzos en materia de vacunación y control.

“Fue bastante aterrador”, comenta el virólogo T Jacob John, uno de los fundadores del programa de vacunación contra la polio en la India, respecto al rastro del virus encontrado en las alcantarillas de Calcuta. “Unos cuantos casos más como ese y podríamos haber estado contemplando un brote”.
No se trata únicamente de un escenario hipotético: en 2018, Papúa Nueva Guinea sufrió un brote de infecciones de polio derivadas de la vacuna, 18 años después de que el país fuera declarado libre de la enfermedad.

Hasta el momento, no hay pruebas de que los casos recientes representen una propagación incontrolada del virus, al menos en Estados Unidos, Gran Bretaña e India, indican los expertos. En Calcuta, los investigadores examinaron todos los barrios cercanos a los lugares en los que se habían encontrado rastros del virus, para comprobar que nadie estuviera potencialmente contagiado de polio.

El hecho de que las autoridades de salud hayan sido capaces de detectar los casos –y los rastros en las aguas residuales– pone de manifiesto la solidez de los sistemas de vigilancia en estos países. “Para mí es tranquilizador”, comenta Raman Bhatia, un veterano defensor indio de la vacuna contra la polio asociado a Rotary International, la organización estadounidense sin fines de lucro que constituye uno de los pilares de los esfuerzos mundiales de inmunización contra la polio.

Sin embargo, al igual que los niveles de vacunación, los controles periódicos de los casos de parálisis relacionados con la polio también disminuyeron en los últimos dos años. En Indonesia, los investigadores descubrieron que dicha labor de control se vio gravemente interrumpida durante la pandemia.

Esto supone una mala noticia, señala Luthfi Azizatunnisa’, investigadora de salud pública de la Universitas Gadjah Mada, con sede en Yogyakarta, y autora principal del estudio realizado en Indonesia. El país tiene zonas con baja cobertura de inmunización, explica. “Cuando el control queda interrumpido, jamás sabremos o podremos pasar por alto el poliovirus que circula en el ambiente o en la comunidad”.

En general, la carga mundial de la polio derivada del virus natural ha disminuido en un 99% desde 1988, cuando la enfermedad era endémica en más de 125 países e infectaba a 350 mil personas al año. En la actualidad, dichos países se han reducido a solo dos: Pakistán y Afganistán.

El aumento del número de casos de polio derivados de la vacuna ha reabierto el debate entre algunos expertos sobre las ventajas de los dos principales tipos de inmunización comúnmente utilizados contra la enfermedad.

El primero, conocido como la vacuna inactivada contra la poliomielitis (IPV), utiliza un virus inactivo y es inyectable. El otro, administrado por vía oral, se conoce como vacuna Sabin contra la Poliomielitis (OPV) y contiene un virus debilitado pero activo que, después de circular en una población, puede mutar y en ocasiones provocar brotes.

“Los países que utilizan exclusivamente la IPV no corren el riesgo de generar nuevos poliovirus circulantes derivados de la vacuna”, señala Walter Orenstein, exdirector del programa nacional de inmunización de Estados Unidos. Por esta razón, las naciones occidentales dependen casi por completo de las vacunas IPV. No obstante, estos países también podrían importar accidentalmente la polio derivada de las vacunas de los países en los que se utiliza la vacuna OPV, explica.

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Una niña es vacunada contra la polio y la difteria en Banda Aceh, Indonesia. De acuerdo con la OMS, cada año los programas mundiales de inmunización y vacunación previenen entre dos y tres millones de muertes. Foto: Hotli Simanjuntak/EPA

Las gotas son más fáciles de administrar en comparación con las inyecciones porque no requieren profesionales médicos cualificados, señala Jay Wenger, director del equipo de polio de la Fundación Bill y Melinda Gates. La vacuna OPV también es más potente que la IPV cuando se trata de frenar la transmisión del virus de la polio por vía oral y a través de las heces, según señaló Steven Wassilak, jefe asociado de ciencia de la División de Inmunización Global de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. “La OPV es conveniente en aquellos países en desarrollo en los que el saneamiento constituye un reto”, comenta.

John no se muestra convencido: en una carta publicada en la revista médica Lancet en julio, cuestionó la evidencia detrás de la idea de que el virus se propaga predominantemente por vía oral o fecal en los países más pobres.

Lo que es evidente es que, al igual que el virus natural, la polio derivada de la vacuna busca víctimas entre las personas no vacunadas. Aquellos que han recibido todas sus dosis son mayoritariamente inmunes al virus derivado de la vacuna, en caso de que lo encuentren en el aire o en el agua.

“El principal factor de riesgo de cualquier poliovirus –sea natural o derivado de la vacuna– es la baja cobertura de vacunación”, explica Zubair Wadood, epidemiólogo de la OMS radicado en Ginebra. “Si una población está completamente vacunada, estará protegida contra cualquier tipo de poliovirus”.

La amenaza aumenta si los niveles de vacunación disminuyen por debajo del 80%, dice John Ross, profesor auxiliar de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard. Eso crea una oportunidad para que “el poliovirus derivado de la vacuna circule, aumentando el riesgo de que vuelva a ser una forma virulenta”, señala.

Indonesia, país que utiliza una combinación de las vacunas OPV e IPV, podría ser particularmente vulnerable, sugiere Azizatunnisa. Los índices de vacunación contra la polio de este país cayeron drásticamente hasta el 68% en 2021, según datos de la OMS y UNICEF. La India también depende en su mayor parte de la vacuna OPV, aunque los índices de vacunación no han caído por debajo del 80%.

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Una trabajadora de salud camina por una calle estrecha llena de aguas residuales mientras se acerca a una casa para administrar una vacuna contra la polio, Lahore, Pakistán, 2020. Foto: KM Chaudary/AP

La desinformación y las teorías conspirativas alcanzaron nuevos límites durante la pandemia, lo cual también afectó los índices, explica Wassilak. “Hoy en día, ese es un reto que debemos afrontar para conseguir que los niveles de inmunización vuelvan a aumentar”.

Los países ricos no deberían dejar que sus vecinos más pobres se enfrenten solos al descenso de las cifras de vacunación, sino que los países y organismos donadores deben incrementar su apoyo a la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis, una alianza público-privada que incluye a la Fundación Gates, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la OMS, UNICEF, Rotary International y Gavi, la alianza para las vacunas, señala Wenger.

Para veteranos de la salud como Orenstein, se trata de una llamada de atención. “Todavía estamos en riesgo”, dice. Para pacientes como Ghai, las consecuencias de caer ante la enfermedad debilitante son más personales.

“Mis padres me enseñaron a nunca rendirme”, explica el profesor de Delhi. “No he dejado que la polio me derrote. El mundo tampoco debe permitirlo”.

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