Niños con cámaras corporales evidencian la pobreza en Nueva Zelanda
El estudio analizó las imágenes captadas por las cámaras que portaban más de 150 niños en Wellington. Foto: Victoria Clark/Alamy

Cámaras corporales colocadas en más de 150 niños captaron el “vergonzoso” alcance de la pobreza infantil en Nueva Zelanda a través de los ojos de los niños en un estudio inédito en el mundo.

En el estudio dirigido por la Universidad de Otago, publicado en la revista New Zealand Medical Journal, participaron 168 niños de entre 11 y 13 años seleccionados de forma aleatoria de entre 16 escuelas de la ciudad de Wellington que portaron cámaras automáticas durante cuatro días. Las cámaras tomaban una foto cada siete segundos del día del niño fuera del horario escolar y durante el fin de semana.

“(Los niños) las usan todo el tiempo, así que simplemente siguieron con sus vidas”, comentó Louise Signal, autora principal del estudio y profesora de salud pública. “Jugaban a la pelota, se podía ver lo que comían, a dónde iban”.

Las fotos también captaron las condiciones de las viviendas de los niños, lo que había en sus refrigeradores y alacenas, el grado de probabilidad de que tuvieran un espacio privado y si estaban expuestos a perjuicios como las apuestas, el alcohol o los cuartos llenos de moho.

Se trata del primer estudio en el que se utilizan cámaras colocadas en los niños “para mostrar verdaderamente la realidad que se vive en la pobreza desde la perspectiva de un niño”, explicó Signal. Los datos de las cámaras también han generado estudios derivados, entre ellos, un análisis de la exposición de los niños a la comida chatarra y a las marcas.

Los investigadores compararon las imágenes captadas por los niños que vivían en los niveles más bajos y más altos de carencias.

Descubrieron que los niños que vivían en hogares más desfavorecidos tenían menos alimentos saludables a su disposición, menos recursos educativos, carecían de acceso a la tecnología o a espacios tranquilos para hacer sus tareas, con frecuencia vivían en casas llenas de moho y hacinadas, tenían menos oportunidades de practicar actividades físicas estructuradas y eran más propensos a estar expuestos a perjuicios como el alcohol.

“Es desgarrador y vergonzoso”, señaló Signal. “No existe ninguna excusa para un país con nuestro nivel de riqueza”.

“Siempre hemos dicho que somos un gran país dónde crecer, pero solo para algunos niños”.

El estudio fue realizado en 2014, y los resultados fueron recopilados y publicados esta semana.

La reducción del nivel de pobreza infantil es uno de los temas emblemáticos de la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern. En su recién creado cargo como ministra para la reducción de la pobreza infantil, presentó una legislación en 2018 que pretendía crear una responsabilidad política para los objetivos de reducción.

Las medidas de la pobreza infantil están comenzando a disminuir en Nueva Zelanda, según datos de Stats NZ, sin embargo, aproximadamente 150 mil 400 niños viven en situación de pobreza severa por ingresos, mientras que otros casi 600 mil viven en situación de pobreza por gastos de vivienda o por ingresos. Siguen existiendo grandes disparidades entre los niños maoríes y los pasifika, uno de cada cinco niños maoríes vive en situación de penuria material mientras que para los pasifika es uno de cada cuatro.

Desde que se recopilaron los datos del estudio, el gobierno ha realizado algunas mejoras en materia de vivienda, en los niveles de las prestaciones y en el pago del costo de la vida para las personas con bajos ingresos, indicó Signal. “Sin embargo, el problema de la pobreza infantil sigue existiendo en Aotearoa, perjudicando la salud y el bienestar de nuestros niños”.

“Esperamos que el hecho de compartir las vidas de los niños… quizás pueda motivar a los adultos a hacer de tripas corazón y ocuparse de ello. No vamos a conseguir una sociedad floreciente si no cuidamos a nuestros niños”.