El ascenso y caída de Alex Jones, ‘el conspiracionista más prolífico’ del actual EU
'Con Jones, el fascismo es un negocio'... Alex Jones en un mitin un día antes de la insurrección del 6 de enero de 2021. Foto: Jim Urquhart/Reuters

Delante de un micrófono y con las cámaras enfocadas en él, Alex Jones parecía estar cómodo en su primer día de testimonio. El delirante incitador y vendedor de conspiraciones subió tranquilamente al estrado de la sala del tribunal de Austin, Texas, con la camisa desabrochada y sin corbata, y se presentó ante el jurado con su característica entonación ronca.

“En realidad me siento bien porque tengo la oportunidad de decir lo que realmente está sucediendo en lugar de que las corporaciones mediáticas y los despachos de abogados de alto poder manipulen lo que realmente hice”, declaró Jones. “Mi gran frustración es que las personas digan que los ataco personalmente, cuando yo cuestiono todos los acontecimientos”.

Alex Jones, quien ha avivado el peligroso fuego de la desinformación y la desconfianza en la extrema derecha durante décadas, se enfrentó a un juicio la semana pasada para determinar la cantidad que le debe a las familias del tiroteo masivo de 2012 ocurrido en la primaria Sandy Hook, que durante mucho tiempo proclamó que se trataba de un engaño.

Afuera de la sala del tribunal, la semana pasada se estrenó un nuevo documental que lo retrata como un activista de la libertad de expresión. Durante todo este tiempo, Jones ha seguido difundiendo mentiras y desinformación a una enorme audiencia en internet.

Sin embargo, en el tribunal, fue sometido a un estándar diferente. Después de testificar durante dos días –incluyendo un riguroso contrainterrogatorio que dejó a Jones sudando y visiblemente incómodo– un jurado de Texas le ordenó pagar un total de 49.3 millones de dólares por daños y perjuicios causados a los padres de una de las víctimas del tiroteo de Sandy Hook. Todavía se enfrenta a varias demandas presentadas por otras familias.

La jueza, Maya Guerra Gamble, reprendió a Jones, después de que este dijera mentiras al menos dos veces en el estrado. “Parece absurdo instruirle de nuevo que debe decir la verdad cuando testifica, pero heme aquí: usted debe decir la verdad mientras testifica”, señaló la jueza. “Este no es su programa”.

Alex Jones intentó intervenir, alegando que él solo había dicho lo que creía que era la verdad.

Usted cree que todo lo que dice es verdad, pero no lo es. Sus creencias no hacen que algo sea verdad. Eso es lo que estamos haciendo aquí”, dijo la jueza.

El nuevo documental, Alex’s War, fue dirigido por Alex Lee Moyer y realizado con la colaboración de Jones. El documental narra su ascenso desde que era un presentador de televisión de acceso público hasta que se convirtió en el líder de las manifestaciones del 6 de enero de 2021, que desembocaron en una insurrección violenta en el Capitolio de Estados Unidos.

Jones comenta en el documental que creció siendo un lector voraz. Comenzó con los cómics y la ciencia-ficción, y su obsesión por los libros de historia nació cuando leyó Julio César, de Shakespeare. Menciona una serie de libros sobre la segunda guerra mundial y el régimen nazi que leyó en su juventud. Entre los libros que más influyeron en su forma de pensar, explica, se encontraba Nadie se atreve a llamarle conspiración, de Gary Allen, un destacado miembro de la sociedad ultraconservadora John Birch. El libro afirma que un grupo todopoderoso de empresarios, comunistas y socialistas intenta en secreto tomar el control del mundo.

No obstante, Alex Jones no salió a los medios de comunicación con sus teorías conspirativas hasta después de que en 1993 se produjera el asedio del complejo de la Rama de los Davidianos ubicado en las afueras de Waco, en Texas, a pocas horas al norte de Austin. La fallida redada, en la que murieron cuatro agentes federales y 82 civiles, suscitó un sentimiento antigubernamental en muchos círculos de extrema derecha. Para Jones, fue un llamado a la acción.

Comenzó a presentar un programa en el canal de televisión de acceso público de Austin, donde era una personalidad marginal que despotricaba sobre la inminente ley marcial, y empezó a desarrollar su personaje al aire que lo haría rico años más tarde.

Después de que el terrorista nacional Timothy McVeigh afirmara que hizo explotar una bomba en un edificio federal de Oklahoma City en 1995 como represalia por la redada de Waco, Alex Jones comenzó a entrevistar a personas que afirmaban que el gobierno había escenificado el ataque. Aparentemente incapaz de aceptar que compartía la misma opinión que McVeigh, justificó el atentado de Oklahoma como una operación de bandera falsa.

En 1996 trasladó su programa a la emisora de radio de Austin y ayudó a recaudar 93 mil dólares para conmemorar el recinto de la Rama de los Davidianos en Waco. Su programa fue cancelado en 1999 debido a que sus opiniones dificultaban que la emisora encontrara patrocinadores.

Sin embargo, en los inicios de internet, Jones instaló su estudio en una habitación libre de su casa en Austin y empezó a transmitir en línea con un nuevo nombre –Infowars– y vendió su programa a casi 100 emisoras de FM y AM en todo Estados Unidos.

Después de los atentados del 11 de septiembre, comenzó a difundir más teorías que sostenían que los ataques terroristas habían sido escenificados. Perdió parte de su difusión a causa de sus extravagantes opiniones, pero su popularidad siguió creciendo en internet.

“No lo hago por lo monetario. Lo hago por la verdad”, declaró Jones en su juicio el pasado martes, “y lo monetario llega con ello porque las personas se dan cuenta de que no estoy leyendo un guion. No estoy mintiendo como las corporaciones mediáticas a propósito“.

En su programa habitual Infowars, Alex Jones se muestra grandilocuente y animado. Se enfrasca en intensos ataques verbales sobre temas como los demonios y la política, el fluoruro presente en el suministro de agua y una conspiración global interconectada que es responsable de todo, desde el Covid-19 hasta el control de las armas.

Durante el gobierno de Obama, Jones incrementó sus críticas racistas y agresivas contra el primer presidente afroamericano de la nación. Su influencia y su audiencia siguieron creciendo, reforzadas por el movimiento nacionalista e intolerante de la “alt-right” y contribuyendo a su difusión.

Jones también siguió difundiendo teorías falsas sobre ataques terroristas, tiroteos masivos y grandes tragedias, asegurando que se trataban de eventos de bandera falsa en los que aparecían actores de crisis remunerados para promover la agenda de un nuevo orden mundial globalista. “Cuando digo que fue algo escenificado, quiero decir que ellos sabían que iba a suceder y se mantuvieron al margen y dejaron que ocurriera“, declaró Jones la semana pasada. “Eso es lo que pensé sobre Sandy Hook”.

Alex Jones pretende ser un defensor de la libertad de expresión, y que las mentiras que difunde están protegidas por la Constitución estadounidense. No obstante, entre los límites de la primera enmienda se encuentra el discurso que difama a una persona o que es peligroso.

“En algunos sentidos, no existe ninguna duda de que Alex Jones ejerce su derecho de la primera enmienda de expresarse y plantear cuestiones sobre los acontecimientos públicos”, señala Roy Gutterman, director del Tully Center for Free Speech de la Universidad de Syracuse. “Pero este caso también demuestra que la ley sobre la difamación sí limita las declaraciones falsas y potencialmente dañinas que pueden pronunciar algunos oradores”.

La organización Southern Poverty Law Center (SPLC), que rastrea los grupos de odio y extremistas que existen en Estados Unidos, califica a Jones como “el conspiracionista más prolífico de los Estados Unidos contemporáneos“. Michael Edison Hayden, periodista de investigación y vocero del SPLC, señala que la capacidad de Jones para influir en una enorme audiencia hace que su discurso sea peligroso. “Él es un divertido charlatán de feria, por lo que en cierta manera ignoramos muchas de las cosas que tenemos frente a nosotros sobre cuán odioso es”, señala Hayden. “Probablemente ha hecho más para promover la causa del odio en este país que casi cualquier otra persona aparte del mismo Donald Trump”.

Jones logró hacer crecer su plataforma Infowars a través de un lucrativo modelo de ventas en el que promociona en vivo productos especialmente fabricados, como una variedad de equipos de supervivencia y una línea de vitaminas y suplementos “sobrevalorados y poco efectivos”. Jones declaró la semana pasada que la empresa recaudó 165 millones de dólares en ventas entre septiembre de 2015 y diciembre de 2018. “Con Jones, el fascismo es un negocio”, comenta Hayden.

Conforme la audiencia de Infowars crecía en el periodo previo a las elecciones presidenciales de 2016, Jones también ganó un nuevo seguidor e invitado habitual: Trump. “Él refuerza su estafa a través del aumento del activismo extremista bajo el mandato de Trump y de alguna manera engancha su vagón de ventas al ascenso de Trump“, señala Hayden. “Para mí, ese es Jones en su forma definitiva, que simplemente pasa de este mundo libertario, empresarial y obsesionado con las conspiraciones y se convierte en algo que es mucho más de lo que nosotros llamaríamos fascista”.

Dan Friesen había escuchado sobre Alex Jones antes de las elecciones de 2016, aunque principalmente había visto sus videos sobre conspiraciones en los recovecos de internet, sin tomarlo excesivamente en serio. El comediante de Chicago se sorprendió cuando vio que Jones se alineaba con Trump.

“Solo pensé que era algo así como un tipo que estaba intentando hacer que el sistema rindiera cuentas, porque esa es la presentación de lo que representa el programa”, comenta Friesen. Empezó a investigar más sobre las transmisiones de Jones. “A medida que transcurría el tiempo, se hizo muy evidente que muchas de las cosas que hace son horribles. Encontré tantos problemas en su ideología, y también en la forma en que abusa de la información, que empecé a tomarlo con mayor seriedad“.

Ahora Friesen copresenta un podcast, Knowledge Fight, en el que analiza los programas de Infowars y la retórica de Jones. Friesen comenta que Alex Jones utiliza las mismas tácticas de desinformación para engañar a los oyentes. Con frecuencia, comparte en vivo un titular real de un medio de comunicación convencional, pero inventa lo que aparece en el artículo real. También utiliza con regularidad fuentes ilegítimas, aunque les dice a los oyentes que provienen del experto “más prestigioso”.

“Se trata de una auténtica farsa informativa”, señala Friesen. “No le importa nada, excepto lo que puede utilizar para defender la cuestión que pretende establecer”.

Friesen se desplazó a Austin la semana pasada para cubrir el juicio sobre el caso Sandy Hook para el podcast. Es un trabajo agotador, comenta, pero importante. Ha escuchado a oyentes que dicen que su podcast los ha ayudado a reconectar con miembros de su familia cuyas relaciones se han visto dañadas por las peligrosas teorías que difunde Jones.

“Cosas como las de Alex, son disparates y propaganda que tienen un efecto en el mundo real”, señala Friesen. “Las personas lo ven de una forma u otra, independientemente de que se le otorgue una opinión crítica adecuada”.

Las investigaciones sobre la participación de Jones en la insurrección del 6 de enero y los juicios por el caso del tiroteo de Sandy Hook podrían tener un impacto en Infowars, aunque es poco probable que Jones desaparezca por completo. Recientemente, el SPLC informó que un donador anónimo hizo una donación de 8 millones de dólares en bitcoins para Infowars, a pesar de que su empresa matriz se declaró en bancarrota durante el juicio.

“No sé qué podría detenerlo”, comenta Friesen. “Quiero decir, si toda tu existencia ha consistido en gritar, durante veintitantos años, y en disfrutar de esa atención, no sé cómo te puedes retirar“.

Al alinearse con Trump, la popularidad e influencia de Jones aumentaron rápidamente. Trump utilizó titulares falsos y engañosos de Infowars para respaldar su llegada a la presidencia. Jones expresó en su programa que Obama y Hillary Clinton eran demonios del infierno y que olían a azufre.

En 2017, Alex Jones ayudó a difundir la peligrosa teoría conspirativa QAnon, la cual plantea erróneamente que Trump estaba trabajando para derrocar a una camarilla caníbal, satánica y pedófila que controlaba en secreto el gobierno de Estados Unidos.

Durante los años siguientes, las plataformas tecnológicas comenzaron a prohibir las actividades de Jones y de Infowars por haber difundido información engañosa y discursos de odio contra una serie de grupos minoritarios. Twitter, Facebook, YouTube, Spotify y Apple, entre otras, retiraron sus contenidos y prohibieron sus cuentas.

Jones apoyó la campaña de reelección de Trump y organizó mítines “stop the steal” (“detengan el robo”) en todo Estados Unidos después de que Trump perdiera. Según el periódico New York Times, ayudó a recaudar fondos para los mitines del 6 de enero antes de la violenta insurrección. Ese día, participó en la marcha que se dirigió al Capitolio, y publicó un video de Infowars en el que decía:

“Tenemos que entender que estamos bajo ataque, y tenemos que entender que esto es una guerra del siglo XXI y estar en pie de guerra”.

Sus vínculos con otros grupos de extrema derecha que organizaron la insurrección lo han convertido en un testigo clave para el comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que investiga el ataque del 6 de enero. Jones demandó al Congreso cuando lo citaron para que entregara los registros de su celular y sus mensajes de texto, aunque al final habló ante el comité, invocando su derecho a la quinta enmienda de no prestar pruebas autoincriminatorias más de 100 veces, según indicaron sus abogados. Posteriormente, solicitó la inmunidad de los fiscales federales.

Durante el testimonio de Jones la semana pasada, los abogados de la familia afectada por el tiroteo de Sandy Hook presentaron pruebas que demostraban que Jones había mentido bajo juramento, aunque en última instancia admitió que el atentado fue “100% real”. Jones esquivó y encontró maneras de evadir las preguntas que no quería responder, mientras seguía denunciando a las “corporaciones mediáticas” cada vez que tenía la oportunidad.

No obstante, en el sexto día de testimonio, antes de que Jones subiera al estrado, los padres de la víctima de seis años, Jesse Lewis, comentaron a los miembros del jurado de qué manera Jones había hecho que la década pasada fuera aún más insoportable. Hablaron sobre el extenso trauma y el miedo casi constante a sufrir ataques por parte de los oyentes de Jones, que creen que ellos son actores pagados y que su hijo nunca existió.

“Alex era el que tenía el cerillo que inició el fuego”, declaró el padre del niño, Neil Heslin. “Tenía una voz importante y una plataforma y tenía poder”.

En ese momento, Alex Jones no se encontraba en la sala del tribunal sino en su estudio de Austin, calificando a Heslin como “lento” y esparciendo sus vanas teorías sobre el tiroteo ocurrido en 2012.

Cuando Jones regresó de su estudio esa tarde, Scarlett Lewis, la madre del niño, declaró que la pérdida de su hijo fue como perder un miembro. Todavía tiene “dolores fantasmas”, explica, como si debiera estar ahí, pero no está.

“Pasamos de tener un hijo asesinado y este recorrido imposible, de toda la vida… pero es algo que puedes procesar. Esto, yo no puedo”, señaló. “Es este factor que siempre está en el fondo, de miedo, (que) me impide sanar”.

Los padres declararon que el alcance de Jones llegaba más allá de los teóricos trastornados de internet. Lewis comentó que había recibido amenazas de muerte, así como correos electrónicos y llamadas telefónicas hostigadoras de parte de los oyentes de Jones. En una Navidad, un hombre se estacionó frente a la casa y comenzó a tomar fotos de ella y de la propiedad. En otra ocasión, alguien pasó en automóvil disparando una pistola y gritando “Alex Jones” e “Infowars“. Ahora Lewis duerme con un cuchillo y una pistola a su alcance.

“La verdad, la verdad es tan esencial para nuestro mundo. La verdad es en lo que basamos la sociedad”, declaró, dirigiéndose directamente a Jones desde el otro lado de la sala. “Creo que sabes que Sandy Hook es real y que ocurrió, pero no creo que comprendas en absoluto las consecuencias de salir al aire ante una gran audiencia y mentir… Me parece tan increíble que tengamos que hacer esto, que tengamos que implorarte –no solo implorar, castigarte– para que dejes de mentir”.

Heslin y Lewis solicitaban una indemnización de 150 millones de dólares, pero comentaron que se sentían satisfechos con el veredicto. La semana pasada también se supo que el abogado de Jones envió por error los mensajes de texto de Jones de los últimos dos años al abogado de Heslin y Lewis, Mark Bankston. El comité de la Cámara que investiga lo ocurrido el 6 de enero solicitó ver los mensajes.

Bankston comentó: “Dado que falta por decidir la indemnización por daños y perjuicios y que hay múltiples (otros asuntos legales pendientes), es evidente que el tiempo del Sr. Jones en el escenario estadounidense por fin está llegando a su término.